El círculo de la historia

Margaret Bourke-White. Bread Line during the Louisville flood, Kentucky - 1937

Margaret Bourke-White. Bread Line during the Louisville flood, Kentucky – 1937

La fotografía de Margaret Bourke-White es un clásico del período conocido como La gran depresión. En realidad se trata de la inundación que tuvo lugar en Louisville en 1937 y la imagen se ha transformado en icónica al señalar la contradicción propia de toda publicidad y de todo sistema político. La leyenda del cartel publicitario del fondo dice: «No hay estilo de vida como el americano», mientras en la parte superior del rótulo puede leerse «El nivel de vida más alto del mundo»; frente a él, una larga cola de personas espera para recibir una hogaza de pan.

Estas contradicciones sociales son moneda corriente en cada texto de historia que se precie, pero siempre se las considera dentro del marco de lo inevitable del devenir histórico y uno lee esas páginas con menor o mayor desagrado y sigue adelante, adentrándose en los vericuetos de las diversas corrientes humanas.

¿Pero qué ocurre cuando la historia no nos habla desde una página de un libro sino que la encontramos aquí, a la vuelta de la esquina? La Historia, apoyada en una pared cualquiera no nos dice «Esto sucedió»; sino «Esto sucede» y las sensaciones ya no son ni podrán ser las mismas.

 

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La foto anterior es de hace un par de días y muestra a una familia pobre, que pide limosnas en una calle de México mientras que al fondo se ve un ajetreado centro de acopio de comida para las víctimas del terremoto que asoló la ciudad. Está muy bien, claro, que la sociedad coopere para ayudar a las víctimas de la reciente tragedia ¿Pero qué sucede con aquellos que son víctimas diarias de ese terremoto constante que es el capitalismo? ¿Y cuántas personas de las que hoy donan a manos llenas (y lo publican en las redes, claro) pasaron ayer al lado de un pobre sin extender la mano para dejar caer siquiera una moneda? ¿Se es más invisible o se tiene menos hambre o necesidad por la miseria diaria que por el desastre azaroso? ¿Y qué pasará mañana cuando la capital mexicana se levante otra vez sobre sus pies? ¿Seguirán diciendo «Estos son pobres porque quieren»?

No, no hace falta esperar a que eso ocurra. Eso mismo es lo que ya están diciendo algunas personas en las repugnantes redes sociales. Como antes, como siempre, parece que así como hubo, hay y habrá ciudadanos de primera y de segunda clase.

Mientras tanto la historia sigue apoyada en la pared y con su dedo índice dibuja en el aire la forma de un círculo que parece ser eterno.

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Moral de centavos

Pobreza y lujo

Todo lo que se come sin necesidad se roba al estómago de los pobres”. Dijo alguna vez el Mahatma Gandhi en lo que tal vez sea la cita más concisa sobre la inequidad en la distribución de la riqueza. Pero al ver una foto como la que ilustra esta entrada, no se puede menos que recordar, tal vez como complemento a la primer cita, aquellas palabras de Henri Grouès, más conocido como el Abate Pierre: “Las principales ciudades del mundo están afectados por dos plagas: el lujo excesivo y la miseria”.
Claro, hay que diferenciar la miseria económica de la miseria moral; ya se sabe que usar el mismo término para dos asuntos diferentes no siempre es lo más adecuado. Es entonces que uno se pregunta ¿No es acaso la miseria moral hija de los excesos de lujo? Creo que, aunque esto no sea siempre así, hoy en día el porcentaje es tan alto que bien podemos responder a esa pregunta con un rotundo “Sí”, sin temor a equivocarnos.

Otra muestra de “doble estándar”

Con poco tiempo para escribir y para no desaparecer otra vez del mapa sin aviso, les dejo un artículo que me hicieron llegar (alguno ya imaginará quién) y al que suscribo hasta la última palabra. Está tomado del sitio El Corunio, el cual acabo de conocer y al que chequearé más a fondo.

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La Clase Media no se droga, sino que “sigue un camino de autodestrucción”. El señor de Clase Media que se droga, nunca se droga, sino que está en una permanente transición entre algo nunca especificado, pero que no parece preocupar a nadie, y la liberación total de algo que cuando ocurre se publicita mostrándolo como un héroe. Porque el señor de Clase Media que se drogaba es un héroe por haber superado esa condición, a diferencia de los negritos villeros, que se la pasan yendo de granja terapéutica a celdas infames, y roban para seguir drogándose. El señor o señora de Clase Media que se droga nunca tiene muy claro si se está drogando o “teniendo una inquietud social” que en algún país que cita dicen que hace bien y la practican los hombres sabios. Pero cuando es encontrado muerto o muerta en su departamento neoyorquino, rodeado de jeringas y bolsas con droga, muere de “una causa no determinada”, y hay que hacer autopsias y larguísimos análisis hasta que su agente arregla con la prensa que murió porque se confundió y se tomó una aspirina con el aguarrás que habían dejado los pintores. Y van presos los pintores. El pibe pobre, muerto por la Bonaerense, será drogón por siempre, y delincuente. Sin demasiadas pruebas. Por lo tanto, no merecerá justicia. Ni el ni sus familiares cuando intenten explicar lo que en realidad ocurrió. El famoso encontrado muerto siempre será “un talentoso que nos deja un legado que nunca olvidaremos”, aunque haya hecho dos películas o un solo disco. Y recibirá una cobertura mediática de fotos suyas en las redes sociales, adosadas a un moño negro con frases como “nunca te olvidaremos”, y una señora en Fiambalá y un adolescente en Namibia sentirán que perdieron algo, aunque la misma industria que hizo millonario al famoso había decidido que no haya cines en Fiambalá o en Namibia. Los amigos y la familia del famoso, los amigos y la familia del señor o señora de Clase Media que se drogaba dirán que no sabían que se drogaba, y se resaltará en ellos la actitud caballeresca de no revelar que sabían que se drogaba, pero mientras pudiera estar de pie y produciendo dinero, no iban a inquietarse demasiado. Los amigos y la familia del chico pobre muerto por la Bonaerense, cuando digan que no sabían si se drogaba, recibirán por respuesta que no se preocupaban por él. Su madre será una pésima persona sobre la que nadie se explicará “porqué no internaba a su hijo”. La familia del señor de Clase Media que se drogaba dirá que sus frecuentes internaciones fueron porque “tuvo un fuerte cuadro febril” o “se tenía que hacer el periódico chequeo” que nadie se hace. Y los periodistas dirán que repreguntar significa en este caso “no respetar el dolor”. Moral Blue. La usamos para muchas otras cosas. Todo el tiempo.

Nota: cuando se habla de “la Bonaerense”, se hace referencia a la Policía de la Provincia de Buenos Aires, también conocida como Policía Bonaerense. Su fama se deduce del texto.

Vidas en la basura

bukowski

A veces, cuando uno anda corto de tiempo, deja de lado el libro que está leyendo y toma otro que le permita unos minutos de lectura y que luego irá otra vez a su estante en la biblioteca. Hoy tomé un libro de poemas de Charles Bukowski mientras terminaba el café. Encontré, como siempre me pasa con este autor, cosas que no sé muy bien por qué me gustan, estando Bukowski bien lejos del estilo de escritor de mis preferencias. Y tal vez no debería darle muchas vueltas al asunto; si gusta está bien, si no, no; y nada más.

Vidas en la basura.

el viento sopla fuerte esta noche
y es un viento frío
y pienso en los muchachos
desocupados.
espero que algunos de ellos tengan
una botella de tinto.
es cuando estás en la mala
que te das cuenta de que
todo
tiene dueño
y de que hay cerraduras en
todas las cosas.
así funciona la democracia:
agarrá lo que puedas, tratá de mantenerlo
y agregale algo
si es posible.
así funciona la dictadura
también
sólo que ellos esclavizan o
destruyen a sus
desamparados.
nosotros simplemente
olvidamos
a los nuestros.
en cualquier caso
es un viento
muy
frío.