Una que no filmó Disney

felix-saltenPocos saben que Felix Salten, el autor del tierno e inocente y huefanito Bambi escribió, en 1906, una novela pornográfica que se editó, en su momento, de forma anónima. La novela se tituló Josephine Mutzenbacher – The Life Story of a Viennese Whore, as Told by Herself (Josephine Mutzenbacher – La historia de una prostituta vienesa contada por ella misma. En inglés llevaría el título más práctico de Memoirs of Josephine Mutezenbacher).

La forma empleada en Josephine Mutzenbacher es la  de la narración en primera persona, en forma de libro de memorias. La historia está contada desde el punto de vista de una mujer de 50 años de edad, cortesana vienesa ya retirada que mira hacia el pasado y narra las aventuras sexuales que disfrutó durante su desenfrenada juventud en Viena. Contrariamente a lo que se supone debido al título, la casi totalidad del libro tiene lugar cuando Josephine tiene entre 5 y 12 años de edad, antes de que realmente se convierta en una prostituta con licencia en los burdeles de Viena. El libro comienza cuando ella tiene cinco años y termina cuando tiene doce años y se encuentra a punto de entrar en el servicio profesional en un burdel. Aunque el libro hace uso de muchos eufemismos anatómicos para referirse a los genitales y 1935ca_memoirs_of_josephine_mutzenbacher_01_thumbal comportamiento sexual en sí (lo que hoy hace que esas descripciones suenen más pintorescas que antaño), su contenido es totalmente pornográfico.

Claro, el asunto, más que la novela en sí (de la cual puede encontrarse alguna versión en PDF por allí), es si hoy se estaría hablando de ella de no ser por el hecho de que el autor es el mismo de esa tierna historia que todos conocemos por demás. Creo que la reflexión se abre más sobre nosotros que sobre Felix Salten, de quien Harold B. Segel (un amigo personal del escritor) escribió alguna vez: “Para aquellos que lo conocimos, el carácter de Felix era más parecido al de Bambi”. Vaya uno a saber…

Todo lo que necesitas es…

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Como todos sabemos, hay una enorme diferencia entre el acto pornográfico y el acto erótico. En el acto pornográfico todo tiende a un único fin: el placer físico (de allí que en una película de inmediato, luego de la eyaculación, se llega al fin de la escena o, incluso, de la película misma) La misma etimología de la palabra nos lo indica; pornográfico proviene del latín porne (prostituta), de allí que en lo pornográfico sólo prime, como dije, lo físico. En el acto erótico, por el contrario, el objetivo es el placer compartido, el placer transformador del dos en uno y del uno en dos. En un verdadero acto erótico no puede primar nunca el egoísmo, ya que si esto ocurre de inmediato se reduce lo erótico a lo pornográfico. De allí, entonces, que lo accesorio sea, en el cabal sentido de la palabra, secundario. Me refiero a esas cosas que la normativa tradicionalista considera como necesarias y hasta fundamentales: matrimonio, heterosexualidad, amor. El primero de estos términos no requiere mucho análisis; ya se sabe que no es necesario un documento religioso o civil para poder disfrutar de un acto erótico pleno y maduro y tampoco que estos documentos aseguren una felicidad per se. Todos conocemos (o incluso hemos vivido) situaciones que nos han probado empíricamente lo que digo: matrimonios que han reducido la pasión a lo pornográfico y relaciones casuales o consensuadas de manera adulta y madura cuyo afecto mutuo supera con creces a lo moralmente establecido. El tema de la heterosexualidad tampoco requiere mucho análisis. Ya las sociedades civiles se están moviendo en un sentido integrador y evolucionado mientras que sólo quedan retrasados los eternos moradores del conservadurismo más extremo. Por último, el término amor sí requiere un pequeño comentario. La raíz etimológica de la palabra amor nos enseña que éste proviene de amma (madre); es decir, lejos (o lejanamente emparentado) con el significado del amor judeo-cristiano, aquel sentimiento limitado por normas y medidas varias (la mayor de las cuales es esa subordinación a ese otro amor mayor: el que proviene y debe ir hacia dios. Ya se sabe, dentro de la ideología de los tres grandes monoteísmos todo lo humano se ve reducido a la nada). Amor, entonces, es entrega, compromiso, respeto. El amor está más cerca de lo erótico que de lo pornográfico. Cuidar del otro, cuidar del placer del otro, sentir placer por el placer del otro es la norma que nos lleva al siguiente término que ha sido apropiado por las religiones pero que no les pertenece de manera exclusiva. Me refiero a comunión. Uno puede lograr esa comunión con el otro sin estrellas, cruces ni lunas sobre la cabecera de la cama. Sólo se necesita afecto, cariño, respeto. En suma: amor y ganas de pasarla bien.

Eróticos o pornográficos. La decisión, como siempre, en nuestra.