Todos en capilla IX

 

horizonte

 

Queridos hermanos feliz estoy de verlos aquí, prestos a compartir la palabra del apóstol quien hoy nos trae su Regla número 4, la que se titula Sobre la relación entre las pretensiones y las posesiones y que reza así:

«Los bienes que a alguien nunca se le había pasado por la cabeza pretender, no los echa en absoluto de menos, sino que está plenamente contento sin ellos. Otro, en cambio, que posee cien veces más que aquél, se siente desgraciado porque le falta una cosa que pretende. También a este respecto cada uno tiene su propio horizonte de lo que a él le es posible alcanzar. Hasta donde se extiende, llegan sus pretensiones. Si un objeto cualquiera dentro de este horizonte se le presenta de tal manera que puede confiar en obtenerlo, entonces se siente feliz; en cambio es infeliz si surgen dificultades que le privan de la perspectiva de tenerlo. Lo que se halla fuera del alcance de su vista no ejerce ningún efecto sobre él. Esta es la razón por la cual el pobre no se inquieta por las grandes posesiones de los ricos, y por la que, a su vez, el rico no se consuela con lo mucho que ya posee cuando no se cumplen sus pretensiones. La riqueza es como el agua de mar: cuanto más se beba, más sed se tendrá».

Sí, la famosa dicotomía sobre la felicidad y el poseer aquí se condensa en sus términos y se reduce hasta el absurdo, si se quiere. Pero es así cómo se evidencia más y más el carácter secundario, efímero y totalmente trivial de las posesiones materiales cuando éstas ahogan al espíritu. Ese horizonte del que habla el apóstol es algo más que la mera línea que delimita el alcance de nuestra mirada; es también una metáfora de todo lo que puede, en nuestra vida, tener límite y tasa y eso no es más que… todo; absolutamente todo. Nos guste o no este carácter definitivo, allí está aunque nos pese. Aprender a convivir con él es lo único que podemos hacer.

Podéis ir en paz, y que no les pese esta finitud; si es necesario, incluso, podéis verla como una liberación, lo cual ciertamente es.

Ocupar el presente

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A raíz de algunos comentarios sobre el post La conquista de la felicidad (en el cual transcribí un texto de Bertrand Russell) por éste y otros medios, me he dado cuenta de que son varias las personas que han cambiado o están en medio del cambio o están planeando cambiar siguiendo este rumbo: el de encontrar la felicidad en otro ámbito que no sea el que nos han venido metiendo en la cabeza desde el primer llanto; es decir, el de las compras compulsivas, el del deber por sobre el placer, el de la constante búsqueda de novedades y, sobre todo, el de las posesiones (ya sean objetos, dinero, mascotas o personas). Muchos nos hemos dado cuenta de que aquella expresión que jugaba en el límite de la contradicción o de la paradoja y que comenzó a usarse en la decoración, en la gastronomía y en el arte y que decía menos es más podía ser muy útil para ser aplicada en nuestra vida diaria. Hace un tiempo escribí un post titulado Despojarse de todo y, al menos hasta hoy, continúo en la misma brecha, en el mismo camino y no es sólo un capricho sino que cada vez estoy más convencido de sus beneficios. Me falta tan solo un paso pequeño y creo que voy a lograr llegar a la mínima expresión. Como todos los que por aquí pasan saben, mi pasión son los libros, así que en cuanto pueda comprar mi e-reader, todo lo que necesito cabrá, al fin, en una mochila. Ésa idea es la que más me ilusiona e impulsa: saber que todo mi hogar pueda caber en una mochila y que nada me atará ni aquí ni allá ni en lado alguno me parece la síntesis perfecta.

Alguno podrá decir, como lo dijeron aquella vez, que hay mucho de postura en esto; pero puedo asegurarles, honestamente, que nada está más alejado de la verdad. Llevar adelante esta idea implica, en muy poco tiempo, entrar en un círculo virtuoso, en un círculo de ganancia inmediata. Por ejemplo: hay muchas menos preocupaciones y mucho más tiempo libre y, en consecuencia, más tiempo para uno mismo; para el ocio creativo o para el ocio contemplativo; es decir, simplemente, para ocupar el presente.