Kafka. Diarios y dibujos

Franz Kafka, además de los típicos datos y observaciones que habitualmente suelen incluirse en los diarios y donde también escribió las historias que luego fueron publicadas y recibidas como parte de ese canon occidental que no lo reconoció en vida, dejó una parte importante de una afición que le desagradaba mostrar, más aun, que los fragmentos que iba escribiendo: sus dibujos; los que reflejan casi la misma angustia que sus escritos. Algunos de ellos han hecho su camino hacia las portadas de sus libros, pero otros han sido olvidados como parte de la obra del autor, que acaso tiene que verse completa y en el contexto de la Praga que habitó, esa de la que dijo que nunca lo dejaba ir, “esa querida pequeña madre, con garras afiladas”.

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el pensador .

 El pensador

“Progresivamente, intentaré agrupar lo que hay en mí de indudable, luego lo creíble, luego lo posible, etc. Es indudable mi avidez por los libros. No tanto por poseerlos o leerlos como por verlos, por convencerme de su permanente existencia en los estantes de una librería. Si en alguna parte hay varios ejemplares del mismo libro, cada uno de ellos me alegra. Es como si dicha avidez partiese del estómago, como si fuese un apetito descaminado. Los libros que yo poseo me dan menos gusto; en cambio me alegran ya los libros de mis hermanas. El deseo de poseerlos es incomparablemente menor, casi inexistente.” (Diarios)

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«Esta tarde, mientras estaba acostado en la cama, alguien hizo girar rápidamente una llave en la cerradura; durante un instante tuve cerraduras por todo el cuerpo, como en un baile de disfraz; aquí y allá, con breves intervalos, abrían o cerraban una de las cerraduras». (Diarios)

Gustav Janouch describió en su libro Conversaciones con Kafka, que cuando alguna vez sorprendió al escritor a medio garabato, Kafka inmediatamente lo destruiría en pedacitos para que nunca nadie pudiera ver su trabajo, con un obvio resultado de sorpresa en su interlocutor las veces que ocurrió. La explicación lo hace una actitud más razonable:

«Estos dibujos son los remanentes de una pasión vieja y enraizada. Por eso trato de esconderlos de ti… No está en el papel; la pasión está en mí. Siempre quise aprender a dibujar. Quería ver y poder aprehender lo que había visto.»

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