Flores de invierno y otros dos poemas de Louise Glück

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Hace un par de semanas se hizo público el Premio Nobel de Literatura, el cual este año le fue otorgado a la poeta Louise Glück. Digo desde ya que no conocía ni siquiera de nombre a dicha señora y, por supuesto, nunca había leído algo de ella, ni siquiera en una antología o en una revista. Así que busqué algo de información y me encuentro con que su obra en español está circunscrita a la editorial Pre-Textos, sita en Valencia (y al margen: ¿no podrían haber trabajado un poco más las portadas de los libros? Parecen ediciones del año cuarenta del siglo pasado).

El hecho de no saber quién era Louise Glück no me molestó en lo absoluto (desde Sócrates para acá soy más que consciente que es —y siempre será— mucho más lo que ignoro que lo que sé o lo que pueda aprender en el camino); al contrario, hasta pensé que, con suerte, podría sucederme lo mismo que me pasó cuando ganó el Nobel Wislawa Szymborska, de quien nada conocía y que después pasó a ser, como digo siempre, la mejor de todas. ¿Sería este un caso similar? ¡Cabía la posibilidad! Y tan solo eso ya era bueno de por sí.

¿Y qué pasó? Pues bueno, aún me falta mucho, sin duda, una golondrina no hace verano y un libro no hace una obra completa, así que ya veremos. Por ahora sólo digo, con la modestia del caso (con la modestia del que sabe que no sabe) que Glück no está nada mal, pero que Wislawa sigue siendo la mejor. Les comparto aquí tres poemas de su El iris salvaje, para comenzar a echarle un vistazo y ver qué les parece.

FLORES DE INVIERNO

¿Sabes qué era, cómo vivía? Conoces
la desesperación, entonces
el invierno debería tener sentido para ti.

No esperaba sobrevivir,
con la tierra oprimiéndome. No esperaba
despertar de nuevo, sentir
mi cuerpo sobre la tierra húmeda
capaz de responder de nuevo, recordando
después de tanto tiempo cómo abrirme de nuevo
a la luz fría
de la primera primavera…

asustada sí, pero de nuevo entre ustedes
gritando sí riesgo alegría.

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AMOR BAJO LA LUZ DE LA LUNA

A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación
a otra persona, a eso lo llaman
alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma.
(Lo que significa que para entonces adquirieron una.)
Afuera, la tarde de verano, todo un mundo
arrojado a la luna: grupos de formas plateadas
que podrían ser árboles o edificios, el angosto jardín
donde el gato se esconde para revolcarse en el polvo,
la rosa, la coreopsis y, en la oscuridad, la cúpula dorada del capitolio
transformada en aleación de luz de luna,
forma sin detalle, el mito, el arquetipo, el alma
llena de ese fuego que en realidad es luz de luna,
tomada de otra fuente, y brilla
unos instantes, como brilla la luna: piedra o no,
la luna sigue estando más que viva.

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EL ESPINO

Al lado tuyo, pero no
de tu mano: así te miro
andar por el jardín
de verano: las cosas
que no pueden moverse
aprenden a mirar. No necesito
perseguirte a través
del jardín; en cualquier parte
los humanos dejan
señal de lo que sienten, flores
esparcidas en el polvo del camino, todas
blancas y doradas, algunas
levemente alzadas
por el viento de la tarde. No necesito
seguirte adonde estás ahora,
hundido en la ponzoña de este campo, para
saber la causa de tu huida, de tu humana
pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa
dejarías caer todo aquello
que has acumulado?

al viento crudo del nuevo mundo.

La geopolítica del Nobel

Nobel Overview

Los Premios Nobel tienen el prestigio de lo clásico, de lo tradicional; pero todos sabemos que muchas veces han pecado tanto por acción como por omisión. Si bien es muy difícil para los no especialistas poder determinar quién ha merecido y quién no este premio en las categorías demasiado especializadas, tales como química, medicina o física; en materia de categorías humanistas ya podemos acercarnos un poco nosotros mismos. Sin ir más lejos, no hace falta ser un especialista en nada para saber o para darse cuenta de que el Premio Nobel de la Paz otorgado a Barack Obama es una burla lisa y llana a toda la humanidad. Otro premio parecido (tan solo requiere un poquito de investigación, pero nada del otro mundo) es que se le otorgó, en la misma categoría, a la Madre Teresa de Calcuta. Entrando en tema y ya abocándonos a los Premios Nobel de Literatura, sin necesidad de ir a verificar la lista de ganadores podría nombrar a algunos que fueron claramente otorgados con fines políticos: Pearl Buck, ganadora del premio en XXXX; Winston Churchill, ganador del premio en XXXX; y Alexander Solyenitzin, ganador del premio en XXXX, son algunos de ellos. Pearl Buck tiene algunas novelas que pueden leerse, pero uno no va a encontrar gran literatura allí. Recuerdo Viento del este, viento del oeste; una linda novelita rosa, pero nada más. Claro, las historias de Buck narraban amores delicados y tortuosos (y nada más, allí había menos erotismo que en una fábula de Esopo) entre un personaje norteamericano y un personaje japonés. Pearl Buck, por lo tanto, era la candidata ideal para un premio post segunda guerra mundial. Algo parecido sucedió con Winston Churchill, siendo éste uno de los grandes carniceros del Siglo XX, mal podía dársele el Premio Nobel de la Paz; así que le sacudieron el de literatura, para compensar. ¿Alguien ha leído a Churchill o siquiera alguien ha visto un libro de Churchill? De manera indirecta yo conocí a uno que sí lo leyó: en Cómo el ajedrez se parece a la vida (libro, por otro lado, bastante interesante), Garry Kasparov dice que es un gran admirador de los libros de Winston Churchill. Yo, por lo pronto, no conozco a ningún otro. Solyenitzin fue premiado en plena guerra fría y es otro que en menos de una década cayó en el olvido. Si le preguntamos a alguien al azar seguramente no sabrá quién es y si le preguntamos a alguien de cierta edad tal vez recuerde un título: El archipiélago Gulag. ¿Algo más? Pues no, nada por aquí, nada por allá. Solyenitzin fue premiado porque hablaba mal de la Rusia comunista, no por sus valores literarios.

Nobel Map

Y por fin llego a la actual ganadora: Svetlana Alexievich. Me animo a decir, de entrada nomás, que Alexievich es el mismo caso de Solyenitzin: fue premiada porque critica a Rusia y eso es todo. Aclaro, también desde el principio, que de ninguna manera estoy diciendo que Alexievich mienta, nada de eso; creo que su Voces de Chernóbil expone el costado más duro y cruel de la ex Rusia comunista y que en ese sentido el libro es válido y digno de aplauso. Lo que sí digo es que sus valores literarios no son tan altos como para ser merecedor de un premio que, supuestamente, debe ir a manos de la excelencia y de los más altos valores estéticos y artísticos. Sigo. Hagan un ejercicio: vayan y miren los titulares que informan sobre el premio del que estoy hablando. Verán que todos, casi sin excepción, hacen hincapié en que Alexievich es una crítica del sistema político ruso. Verán que sólo nombran a Voces de Chernóbil y, a lo sumo, a algún que otro título que ya nadie recuerda. Y claro está, lo primero que se publica es Voces de Chernóbil. Lo que se dice, una buena campaña de prensa que apunta a un solo tema. ¿Cuántos libros hay que critican a occidente en general o a alguno de sus integrantes en particular como Estados Unidos o Europa? ¿Cuántos libros hay que critican al capitalismo como teoría económica, social y política? Muchos, muchos más que los que critican a Rusia, pero ya se sabe, no hay que quedar mal con los amigos.

Por último: creo que Svetlana Alexievich es una herramienta publicitaria útil para tiempos políticos complejos. Me parece que van a publicarse dos o tres títulos más de ella (sobre todo para aprovechar el empujón publicitario gratuito) y que será olvidada en un plazo más o menos breve. Perdón, digo que en un plazo más bien breve. Si voy a hacer predicciones, al menos trataré de acercarme un poco más a lo que realmente pienso.

nobel Medal

Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexievich

Voces de Chernobil - Svetlana AlexievichVoces de Chernóbil es el primero de los libros de Svetlana Alexievich ―la última ganadora del Premio Nobel de literatura― que se publica en español y de quien presumo no se publicarán muchos más. Y no es que el libro sea malo, nada de eso; sino que tengo la fuerte sensación de que éste es otro de esos Nobel más políticos que literarios; pero de eso hablaré mañana. Hoy, vamos con el texto. Voces de Chernóbil es un trabajo de investigación sorprendente: Alexievich entrevistó a más de quinientas personas para este trabajo, y nos presenta esas entrevistas sin las preguntas, sólo con las respuestas o sólo con los largos fragmentos que la gente va hilando una vez que empieza a hablar de su experiencia en la zona devastada por el desastre nuclear. Los capítulos se presentan como monólogos, pero muchas veces se nos brindan varias voces en el mismo capítulo, formando así una polifonía que se enriquece y que acerca mucho esta investigación periodística a lo literario. Aun así,  la monotonía temática hace que el texto, al avanzar las páginas, se torne algo reiterativo, algo, valga la redundancia, monótono. Otro punto que juega en contra (pero en el que poco o nada puede hacer Alexievich) es en el de la dureza de lo que se cuenta en Voces de Chernóbil. Hace falta, a veces, tomar un poco de distancia del libro, ya que las dolorosas experiencias sufridas por los habitantes de la zona afectada (la cual mucho mayor que la que suponemos los legos) son por momentos demasiado fuertes como para sumergirse en ellas por el tiempo que lleva recorrer estas 346 páginas. Cualquier persona con un mínimo de empatía deberá hacer no una, sino varias pausas si quiere terminar de leer este volumen.

Comencé diciendo que no creo que vayan a publicarse muchos más libros de Svetlana Alexievich (y si se publican, no creo que sean grandes éxitos de ventas); Voces de Chernóbil es un buen texto, no cabe duda de ello; pero se agota en sí mismo. El estilo es interesante, pero no me parece que sea demasiado apto como para sostener un volumen tras otro. Habrá que ver qué otras cosas tiene para presentarnos la periodista galardonada; tal vez esté equivocado y esté hablando algo apresuradamente; pero tengo la leve sospecha de que no estoy muy errado. Algunas razones extra, mañana.