Las explosiones son primavera

Para L., mi estación favorita.

Las explosiones son primavera – Salvador Dalí

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Las explosiones son primavera

Las explosiones son primavera
como manchas de sangre en un fondo de nieve
o nubes en tono pastel abandonadas en el cielo
por un artista indisciplinado y olvidadizo.
Palabras que renacen, voces
desde lo alto de un árbol, en un nido
donde pichones hambrientos no dan tregua
a sus incansables padres.
Voluntad atareada, velo descorrido
(recuerdo rasgado de anteriores destellos)
polen viajero, brote y tallo
aire espejo
reliquia
voces de enamorados en promesas infinitas.

Todo es
porque todo es en sí mismo
Danza de abejas en un mundo que es todo panal
y almendros en flor.

Las explosiones son primavera
en los ojos de la noche que destellan más claros
en el terciopelo que los contiene
en la fuerza de la migratoria ballena y mariposa
en el tiempo que abre los glaciares
las almenas, la savia renovada
en el río que apalabra su descenso
lenguaje de furia incontenible, tintineo de caireles
que se vuelve órgano de catedral
y coda definitiva en los deltas o los mares.

Las explosiones son primavera
zumbidos invisibles de mosquitos en la noche
e inicio de insomnio
¿y por qué no? Ellos también tienen derecho
a su porción de alegría, a su parcela de vida
a esos renovados impulsos que son y serán y serán
por siempre ―ciclo infinito, devenir eterno―
las inevitables, y cíclicas, y necesarias, y delicadas
explosiones
de primavera.

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