¡Resistan! (Después de no pensar demasiado)

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No hace mucho hablé sobre las deficiencias de las democracias actuales y ahora, con el advenimiento de Donald Trump (que será todo lo que ustedes quieran, pero que ganó las elecciones legalmente), los adalides del apocalipsis están de parabienes. Lo peor es que tal vez tengan razón; al menos esta vez las probabilidades se acrecentaron de su lado. La foto con la que ilustro esta entrada la tomé de Twitter y corresponde al mismo día de la asunción Trump y, al verla, sentí que esa sola imagen sintetizaba lo que había dicho aquella vez: algo no anda bien en los sistemas democráticos actuales. ¡Nosotros somos más! ¡Resistan! Dicen el cartel arrastrado por el avión que quedó fuera de foco. ¿Pero es en serio que son más? ¿Entonces cómo es que ese tipo llegó adonde está? ¿No será porque ellos son menos pero saben moverse? ¿No será porque la mayoría se conforma con ser mayoría y pretende que las cosas se solucionen sin tener que mover un dedo, es decir, pretendiendo que todo el trabajo lo hagan los demás? Y esto vale para todos los países, claro, no es cosa ahora de sentirse un genio ante la proverbial estupidez norteamericana. Esto es un ejemplo del que debemos aprender para aplicarlo a nuestros propios países y a nuestros propios sistemas democráticos: nada se logra con la apatía, con la desidia, con el desinterés. Como bien dice el adagio popular: si quieres algo bien hecho hazlo tú; y si no lo haces pues grita y llora después, es tu derecho, pero no culpes a nadie por ello; y sobre todo, si formas parte de la mayoría, lo mejor es que hagas algo antes.

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La seducción de lo fútil

poesia

Dice Santiago Auserón: «Casi todos los filósofos me seducen, porque plantean un juego de lenguaje que se propone decir lo que el lenguaje coloquial no dice. Igual que los poetas, pero de otro modo, con pretensiones de sistema que están necesariamente destinadas a fracasar, pero que deben ser sostenidas hasta el límite de las fuerzas de cada pensador».

Me atrae esa idea de meta inalcanzable pero que debe ser perseguida a como dé lugar. En este mundo donde lo que no produce beneficio de manera tangible y rápida es desechado de manera inmediata, abocarse a una de estas tareas me sabe a rebelión; modesta tal vez, pero rebelión al fin y al cabo.

La paz es la peor cosa.

Demonstration in Taksim square and Gezi Park

[…]

La confusión es el dios
la locura es el dios
la paz permanente de la vida
es la paz permanente de la muerte.
La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible.
La paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.
No olvides las aceras,
las putas,
la traición,
el gusano en la manzana,
los bares, las cárceles
los suicidios de los amantes.

[…]

La gente que cree en la política
es como la gente que cree en dios,
succionan el viento a través
de popotes doblados.

[…]

Lo último que escribí, hace ya una semana, fue sobre la presentación de mi libro en un pueblo mágico delicioso llamado Metepec. Pensaba, a continuación, escribir sobre lo que allí había sucedido, lo cual fue estupendo; pero la realidad, como bien sabemos, a veces se encarga de torcer el camino. Y sólo bastaron unas palabras desubicadas para que no pudiera ni quisiera escribir sobre la presentación. En realidad no pude escribir nada durante días, ni sobre ese tema ni sobre ningún otro; y la razón principal es que me hartó la cobardía del anonimato y la excesiva presencia de esta modernidad líquida que torna todo igual al agua destilada. La paz permanente de la vida / es la paz permanente de la muerte, dice Bukowski en los versos que anteceden a mis palabras y hoy quiero cualquier cosa menos eso: paz.