El tránsito posible

Mueren las sombras
en la vida, o la vida
muere en las sombras

Xavier Novella

En mi lugar de trabajo tengo, entre varias imágenes personales, algunas reproducciones de obras de arte que, por una u otra razón, tengo que «tener a mano»; por decirlo de algún modo (algo exagerado, por cierto). Una de ellas es este cuadro poco conocido de René Magritte, de 1935, títulado La condición humana.

 

René Magritte - la condición humana - 1935

Magritte sintetiza en él las ideas de dos grandes filósofos ―Platón y Schopenhauer―, modificándolas y uniéndolas, logrando una síntesis perfecta de esas ideas; con el agregado de que utiliza para ello la misma herramienta de la que se está hablando (es decir que dice todo lo que esos filósofos dijeron pero sin una sola palabra; sino que utiliza a la pintura ―o, por qué no, al arte en sí mismo― como un metalenguaje último, que no necesita más explicaciones que su sola presencia para ser comprendido).
En la pintura vemos, desde dentro, la boca de una caverna. A la izquierda una fogata, frente a nosotros la luz clara del paisaje y, en medio, un cuadro que recrea la parte del paisaje que no vemos (figura recurrente en la obra de Magritte, por cierto). Todo esto es una referencia directa a Platón y su alegoría de la caverna; aquella famosa forma de dar a entender lo que significa el conocimiento verdadero, que se encuentra en el capítulo VII de su República. (No dejaré aquí una explicación de esa alegoría por ser demasiado conocida y porque extendería en exceso esta entrada. Si alguien quiere recordarla o conocerla, puede ir aquí, en particular al apartado Historia).
Dos mil años después de que Platón escribiera esa alegoría, llegaría Arthur Schopenahuer a exponer su teoría estética (tercera parte de El mundo como voluntad y representación), la cual, sintetizándola, dice que el arte es una de las dos herramientas que tenemos para poder correr el velo de Maya; es decir, una de las dos formas que tenemos de poder olvidar por un instante este mundo de miserias para acceder a una forma superior de existencia. Es aquí cuando Magritte introduce al filósofo alemán en su cuadro. En la alegoría de la caverna platónica, el salir a la luz es simplemente salir al exterior de la caverna, es ver la realidad bajo la luz del sol. En Schopenhauer eso no alcanza. Es necesario, además, tener una visión estética de lo que tenemos delante nuestro para poder apreciar aquello que se presenta ante nuestros ojos.

«El tránsito posible pero excepcional desde el conocimiento común de las cosas individuales al conocimiento de las ideas se produce repentinamente, cuando el conocimiento se desprende de la servidumbre de la voluntad y del sujeto deja así de ser un mero individuo y se convierte en un puro y desinteresado sujeto del conocimiento, el cual no se ocupa ya de las relaciones conforme al principio de razón, sino que descansa en la fija contemplación del objeto que se le ofrece, fuera de su conexión con cualquier otro, quedando absorbido por ella».

No es posible explicar el párrafo anterior sin dañarlo. Es tan perfecto en su síntesis que todo añadido es superfluo. Lo único que puede hacerse es, creo, lo que hizo René Magritte: con las armas y el lenguaje del arte nos dice que la única manera de salir de la caverna es a través del arte. Él es una de las formas de liberación.

De la otra, hablaremos en otro momento.