Óyela de nuevo.

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Como todos sabemos y declaramos y afirmamos cada vez que tenemos la oportunidad de hacerlo, lo importante se encuentra en las cosas pequeñas; en esos mínimos detalles que nos hacen sentir que la vida está allí donde no suelen enseñarnos que está. Luego de un delicioso fin de semana con mucha lluvia y de un lunes que no parece ser menor en precipitaciones, esa agua que siempre nos evoca algo lo hizo hoy conmigo al recordarme este poema de Seamus Heaney. Sólo eso: un poema para un día lluvioso y un recordatorio de dónde se halla eso que solemos llamar lo importante.

El palo de lluvia

Voltea el palo de lluvia y lo que pasa
Es una música que nunca imaginaste
En los oídos. En un tallo de cactus,

Aguacero, embestida a la esclusa, derrame,
Resaca. Y como si el agua tocara la gaita
Te quedas quieto: lo mueves otro poco

Y un diminuendo corre por todas las escalas
Como una coladera que dejara de gotear. Y viene
De nuevo, un salpicar de gotas desde las hojas frescas;

Luego, perlas sutiles sobre pasto y margaritas;
Luego, briznas esplendorosas, casi alientos de aire.
Voltéalo para el otro lado. Lo que pasa

No sufre merma por haber pasado ya
Una, dos, diez, mil veces antes.
¿Qué más da si toda la música que rezuma

Es caída de arena o semillas secas por un cactus?
Eres el hombre rico que entra al cielo
Por el oído de una gota de lluvia. Oye, óyela de nuevo.

Palabras, palabras, palabras.

lectura

Hace un tiempo Danioska habló del placer que encuentra en las palabras y de cómo encuentra ese placer, sobre todo, en la poesía. Claro está; Danioska es un verdadero animal poético y es lógico que ella encuentre allí su fuente de placer. Por otra parte, recuerdo haber dicho en aquella oportunidad que yo, en cambio, solía encontrar ese placer en la filosofía (aquí alguien se sumó y tergiversando mis conceptos o no entendiéndolos en absoluto dijo que yo había equiparado la filosofía a la poesía; lo cual es una tontería que nunca salió de mi teclado). Tomé nota de esto último y pensé en responder de inmediato; pero una cosa lleva a la otra y acá estamos, meses después y seguimos con el pescado sin vender. Y, como dije, una cosa lleva a la otra y así, me encontré hace poco con este poema que aúna ambos términos de este espectro y que me hizo recordar a la entrada aquella. En síntesis: que uno encuentra placer o sentido (lo que tal vez sean la misma cosa) donde puede. Dejo aquí, entonces, Las primeras palabras; de Seamus Heaney (poeta irlandés ganador del Premio Nobel, etc., etc.).

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Las primeras palabras

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Las primeras palabras se contaminaron.

Como agua de río por la mañana

Que fluye entre la suciedad

De noticias y primeras planas.

Yo solo abrevo en el significado

De las honduras del cerebro,

Donde abrevan las aves y las hierbas y las piedras.

Que todo fluya en ascenso

Rumbo a los cuatro elementos,

Rumbo al agua y la tierra y el fuego y el aire.