Estúpidos en perspectiva

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Pocas cosas más patéticas que los eternos habitantes del mundo selfie. No hablo de quien se toma una foto a sí mismo cuando no tiene otra opción; sino de aquellos que hacen de ese acto una conducta que roza lo patológico o donde se borra el límite entre la necesidad de guardar un recuerdo y la estupidez absoluta (no voy a tocar el tema ahora, pero he visto selfies de entierros, en hospitales —con el agonizante enfermo de fondo—, en accidentes y en otras situaciones similares). Supongo que algo de ese hastío ante la estupidez absoluta es lo que hizo que el artista israelí Shahak Shapira se hartara de las “divertidas” selfies y otras fotografías supuestamente graciosas que los turistas se tomaban en el monumento a las víctimas del Holocausto en Berlin; así que decidió poner el asunto en perspectiva: utilizando el retoque fotográfico, saca a los turistas del contexto del bosque de columnas y los pone como parte integral de crudas imágenes de los campos de exterminio nazi. El resultado, cuyo título es Yolocaust, es por demás interesante (es bueno ver que el arte sigue interrogándonos, después de todo).

Aquí, una pequeña muestra. Como siempre, para ver las imágenes en mayor tamaño, pueden hacer clic sobre una de ellas.

Un mundo de perdedores.

Ser cool… Tomarse una foto con un funcionario público aunque ese funcionario público esté separado por una valla y esté rodeado de guardias de seguridad (alejados lo suficiente como para no salir en la foto, pero cerca como para romperte el cuello si piensas acercarte demasiado). Claro, también podemos ver a una asesina de guante blanco y aceptada socialmente porque se encarga de los otros, por ejemplo. Sea como fuere, lo grave del caso está a la izquierda de la fotografía. Un montón de descerebradas intentado una selfie que ni siquiera va a ser original (¿hay algo que lo sea en este mundo?). Y lo peor es que esas descerebradas y muchos otros de igual calibre son los que van a elegir a su (nuestro) presidente.

La democracia es una exageración de la estadística, dijo alguna vez Borges y, como siempre, tenía razón.