Hoja de ruta (VII) Sincretismo a la boliviana. Copacabana (II)

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Antes de irnos de Copacabana, cosa que queríamos hacer cuanto antes en vista de lo mal que nos iban las cosas, subimos al mirador o ascenso del Calvario; es decir, a la elevación mayor de las que rodean al lago Titicaca (del cual no he tenido la oportunidad de hablar. Vayan entonces un par de datos apurados: el Lago Titicaca es el lago navegable más alto del mundo, a 3800 metros sobre el nivel del mar y tiene una superficie de 8562 km², lo que lo convierte en el 18° en tamaño. Se encuentra dividido entre Perú y Bolivia).

 

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Bien, el ascenso al cerro El Calvario no es demasiado exigente; pero para aquellos que no solemos vivir a casi cuatro mil metros sobre el nivel del mar, ya requiere un notable esfuerzo el solo acto de caminar, así que de todos modos ese ascenso se hace lento y pausado. A lo largo del camino se van siguiendo las catorce estaciones del calvario de Jesús. Llama la atención el fuerte sincretismo que no se oculta en lo más mínimo. Si en Copacabana, en la misma esquina de la iglesia podemos encontrar un cartel que dice «Area de bendicion de vehiculos. Solo dos carriles» (Sic) (Ver foto), a medio camino del ascenso podemos encontrar un altar donde puede leerse el siguiente cartel: «Bienvenidos a sagrado corazon de Jesus donde se sauman challan todos sus objetos deseados autos casas dólares etc.» (Sic, Sic, Sic) (Ver foto).

 

Ya en la cima, además de deleitarnos con la estupenda vista del lago Titicaca y de Copacabana, pudimos ver cómo un chamán oficiaba una ceremonia donde una familia SAMSUNG CAMERA PICTURESsaumaba fajos de billetes falsos y autitos de juguetes, los cuales pensamos que se trataba de juguetes de los niños, pero no, no era así. En esa ceremonia donde se conjuntaba la virgen María y la Pachamama, Jesús y el humo de hierbas locales en alguna mezcla precolombina, el acto de saumar a esos objetos tenía por objetivo el hacer que luego éstos se produjeran en la realidad. Así uno podía comprar en los muchos puestos ubicados en aquel sitio, una casa, un local comercial, fajos de billetes (depende lo que uno quisiera podía comprar un fajo más o menos voluminoso) o podía agenciarse coloridos diseños confeccionados con dólares dorados y la mismísima virgen María o billetes como el de la mano de Fátima, el que promete «Un millón de manos de Fátima de poder» y también «Limpieza pesada. Descarga absoluta».

 

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Con tanta moral desvirtuada, no me resultó extraño lo que vi un poco más tarde, al bajar de El Calvario. Hace tres años, cuando pasé por este sitio hacia el norte, vi a una anciana cruzar la plaza que rodeaba a la iglesia. Lo recuerdo porque en ese momento la plaza estaba desierta y la anciana caminaba doblada en un extraño ángulo de noventa grados. Su espalda estaba paralela al suelo y debía levantar mucho su cabeza para poder ver por dónde andaba. Ahora volvía a verla esquivando a los que festejaban la fiesta local y luego la encontré dentro de la iglesia, pidiendo limosna. La iglesia estaba llena y tuvimos que esperar a que salieran las autoridades: militares gordos y con cara de pocos amigos (un lugar común, pero eso fue lo que vi), damas vestidas con lo mejor de su vestuario, hombres mayores y jóvenes de impecable traje, niños con camisa y corbata, niñas pulcras y por demás correctas, curas que charlaban con el alcalde o con otras autoridades y mucha gente tomándose una selfie con la virgen. Pero nadie quien le diera a esa anciana una sola moneda. Es claro que esto debe ser así en un sitio donde sólo parece que se pide para uno mismo y nada más. Todo lo demás, eso de querer al prójimo como a uno mismo, hacer el bien sin mirar a quien, lo de que los pobres serán quienes recibirán el cielo y tonterías por el estilo parece que lo perdieron en alguna de las estaciones del calvario o será que tal vez nunca lo tuvieron y se olvidaron de pedirlo.

 

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Sincretismos a la mexicana II

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Hace poco hablé sobre la sorprendente capacidad de la que hacen gala los mexicanos a la hora de mezclar ideas, conceptos, culturas. La muerte es uno de esos temas y la especial relación que tienen con ella es también lo toqué en su momento (en noviembre, cuando se celebró la festividad del Día de Muertos). Esta particular relación de este país con la muerte les permite cosas que a otras culturas les sabría a curiosidad o, incluso, a cierta cercana exposición de mal gusto o de trato inadecuado. En mi caso particular me muevo más por el primero de los carriles; por fortuna mi curiosidad hace que vea todo con una mirada amplia y que jamás juzga a aquello que es diferente como un error. Por otra parte, sé que la muerte es un tema tabú para muchas personas o para muchas culturas, así que ir por caminando tranquilamente por una calle cualquiera y ver un negocio donde se venden ataúdes y éstos se exponen como si fuesen prendas de vestir en una vidriera no debe ser fácil de digerir para unos cuantos. Tampoco sería muy bien visto que una funeraria utilizara el humor para promocionarse, pero eso es lo que encontré en esta ciudad (me disculpo de antemano por la calidad de las fotos; las tomé apresuradamente y desde el punto donde me encontrara en ese momento; la cuestión era no perder la sam_6700ocasión de grabar esas imágenes). “Mamá, mamá ¿puedo jugar con
el abuelo? Bueno, pero luego lo vuelves a enterrar” Tú ríes, nosotros nos preocupamos. Funerales Santa Cruz
. O también: “El preventivo informa: cae una bomba en un cementerio. El saldo: cero heridos, todos muertos. Tú ríes, nosotros nos preocupamos. Funerales Santa Cruz”. Estos dos casos, como pueden ver, se encuentran en la parte trasera de dos transportes públicos; pero la empresa Santa Cruz también se promociona con carteles sobre las autopistas (ya pueden imaginarse los textos en esos casos).

La muerte, ese gran tema filosófico, esa gran incógnita humana. ¿Es correcto usar este tema de este modo? ¿Molesta a alguien o no? Yo, debo reconocerlo, lo tomo con humor; pero creo que sólo lo hago ahora, en este momento; tal vez mañana no me resulte tan gracioso.

Sincretismos a la mexicana

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Si hay algo de este país que no deja de asombrarme por su amplitud y ubicuidad es esa capacidad para mezclar cosas disímiles con la mayor naturalidad. Hace poco, en noviembre, en las celebraciones del día de muertos, vi dentro de una iglesia católica unas ofrendas de maíz y otros alimentos, lo cual es una tradición maya, no católica. Ahora me ha tocado ver algunas mezclas o cruzas más triviales —al menos hasta cierto punto— pero no por ello menos curiosas o interesantes. El día 12 de diciembre se celebra en todo México el día de la Virgen de Guadalupe y en Morelia algunos penitentes van de rodillas a lo largo de los 500 metros de la calzada Fray Antonio de San Miguel hasta el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. La imagen que tengo grabada, en particular, ocurrió en un momento en que caminando por la calzada paso al lado de un muchacho que iba de rodillas hacia el templo con su pequeño hijo en brazos; lo rodeaban personas que comían algodón de azúcar, que arrojaban vasos vacíos a un lado del camino y, como fondo de la imagen, a tan solo un par de metros, un disfrazado de Grinch esperaba a alguien que quisiera tomarse una foto con él.

Ayer pasé por la plaza central de Morelia y veo que ha sido decorada con motivos religiosos referentes a la navidad. En uno de los canteros veo un infierno hecho con luces rojas y maniquíes representando al diablo, a Cerbero y algunos penitentes. Todo muy bien, salvo que detrás de ese infierno tres payasos hacían sus gracias para ganarse unas monedas de los paseantes. Observé que desde mi punto de vista (el orden sería yo-infierno-payasos) esos payasos dejaban sin efecto a toda metáfora de castigo o de realidad infernal. Todo era una especie de burla sin demasiado sentido; pero pensé que si me hubiese ubicado en el otro extremo (es decir: yo-payasos-infierno) el sentido hubiese sido otro muy diferente. Ese infierno ya hubiese tomado la forma de una amenaza o tal vez de una metáfora de lo ridículo de la vida humana.

Sea como fuere; es decir, más allá de la lectura que yo haga en particular de cada hecho, no cabe duda de que México es un país que no dejará de sorprenderme jamás; y que debo estar más que agradecido por ello.

El consultorio de Dr. Acula

Y uno viene tonteando por las calles, mirando aquí y allá despreocupado, cuando la realidad o el surrealismo o el absurdo lo golpea en la frente y lo despierta de manera terminante con algo como esto:

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A lo largo de mi viaje me he encontrado con muchas muestras de sincretismo, sobre todo el que intenta aunar las ideas religiosas con la sociedad laica o con la ciencia. Muchas de ellas son, hasta cierto punto, comprensibles e inocuas; pero hay veces en que ese sincretismo es bastante más curioso o, me atrevería a decir, que al menos suena más peligroso. Esta imagen la tomé en la ciudad de Quiroga, en México, y la verdad es que me resulta preocupante pensar en las capacidades o métodos del pediatra en cuestión. Teniendo en cuenta de que la medicina moderna intenta ser lo menos invasiva posible, sobre todo con los niños ¿Qué métodos usará el Doctor Ignacio Fuentes para tranquilizar a sus pacientes cuando nos presenta a un ser agonizante y sufriente desde la misma imagen en la entrada? ¿Prescribirá antibióticos o padrenuestros? ¿Creerá en los virus o sólo en el pecado original? Malaventurados los niños que caigan es sus manos…