¿Qué importa?

 

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Como bien se sabe, la filosofía no está entre nosotros para dar respuestas, sino para ayudarnos a hacernos las preguntas adecuadas o, siquiera, para hacernos preguntas. El siguiente fragmento, Repetición, de 1843, pertenece a Søren Kierkegaard:

«Uno introduce un dedo en el suelo para oler en qué país se encuentra. Introduzco mi dedo en el mundo, no huele. ¿Dónde estoy? ¿Qué significa decir: el mundo? ¿Cuál es el significado de esa palabra? ¿Quién me engañó y me dejó parado aquí? ¿Quién soy? ¿Cómo entré al mundo? ¿Por qué no me preguntaron al respecto, por qué no fui informado de las reglas y regulaciones, sino que me metí en las filas como si me hubieran comprado a un vendedor ambulante de seres humanos? ¿Cómo me involucré en esta gran empresa llamada actualidad? ¿Por qué debería estar involucrado? ¿No es una cuestión de elección? Y si me veo obligado a participar, ¿dónde está el gerente? Tengo algo que decir al respecto. ¿No hay gerente? ¿A quién debo presentar mi queja?»

Pleno de preguntas, el fragmento me parece estupendo, pero la verdad es que al final terminé respondiendo a casi todas las preguntas de la misma forma: ¿Qué importa? ¿Qué importa que todo esto sea un absurdo, un periplo sin meta ni brújula, una nada suspendida momentáneamente? ¿Qué importa quién soy si soy? ¿Qué importa si no hay gerente si ni siquiera necesitamos uno para ser felices? ¿Qué importa el absoluto sinsentido si existe el amor y el arte para pasar el rato?

El problema de todos.

sl29fo02Gracias a los buenos oficios de mi amigo José Agustín Solórzano, quien me recomendó la serie de novelas de Karl Ove Knausgård y que confía en mí tanto como para prestármelas; he comenzado la lectura del segundo de los siete volúmenes. En este caso se trata de Un hombre enamorado, libro en el que trata el tema de la paternidad propia, en contraposición a la paternidad sufrida en el primer volumen. Knausgård narra con detalle cada paso de sus hijos y de sí mismo en relación con ellos y eso me recuerda las críticas que solían hacérsele a Marcel Proust (con quien Knausgård ha sido comparado); pero no voy a detenerme en ello. En lo personal prefiero las páginas donde el escritor noruego se deja llevar por el estilo ensayístico, me gustan muchísimo esos largos párrafos donde analiza su vida y donde nos vemos representados todos en mayor o menor medida, porque si bien los vaivenes de sus hijas pueden ser triviales o no (según para quién) las reflexiones sobre la vida son las mismas que nos hacemos todos. En ese sentido, Karl Ove Knausgård, como buen escritor que se precie, es un hombre que es todos los hombres.

La primera de estas reflexiones la encontré en la página setenta y siete (sí, hasta aquí acompañé al escritor y sus niñas por un parque de diversiones y por una fiesta infantil) y en ella me vi a mí mismo un par de años atrás. El sinsentido de la vida y la obligación o la necesidad de continuar con ella parece ser un tópico común en la vida de un hombre de cuarenta años. Knausgård lo dice así:

“[…] Y la vida cotidiana se desarrollaba entremedias. Quizá por eso me resultaba tan difícil vivirla. La vida diaria con sus obligaciones y rutinas era algo que soportaba, no algo que me hiciera feliz, nada que tuviera sentido. […] De manera que la vida que vivía no era la mía propia. Intentaba convertirla en mi vida, ésa era la lucha que libraba, porque quería, pero no lo conseguía, la añoranza de algo diferente minaba por completo todo lo que hacía.

¿Cuál era el problema?

¿Era ese tono chirriante y enfermizo que sonaba por todas partes en la sociedad lo que no soportaba, ese tono que se elevaba de todas esas pseudopersonas y pseudolugares, pseudosucesos y pseudoconflictos a través de los que vivíamos nuestras vidas, todo aquello que veíamos sin participar en ello, y esa distancia que la vida moderna había abierto a la nuestra propia, en realidad tan indispensable, aquí y ahora? En ese caso, si lo que yo añoraba era más realidad, más cercanía, ¿no debería ser aquello que me rodeaba lo que perseguía? Y no al contrario, ¿desear alejarme de ello? ¿O acaso era ese rasgo de prefabricado de ese mundo a lo que reaccionaba, esa vía férrea tan rutinaria que seguíamos, que hacía todo tan previsible que nos veíamos obligados a invertir en diversiones para poder sentir un atisbo de intensidad?”

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La síntesis del absurdo la encuentro en esas cuatro categorías perfectas: “pseudopersonas y pseudolugares, pseudosucesos y pseudoconflictos”; y el final reconociendo la necesidad del entretenimiento para poder evadirse de esa realidad que resulta opresiva si no se le da un cauce creativo o personal. Al igual que en el primer volumen, Knausgård promete páginas más que interesantes entre estas más de seiscientas que tengo entre manos. Veremos qué es lo que me depara a continuación.

Mucho ruido y pocas nueces.

Jodorowsky

Hace poco leí una serie de artículos científicos sobre la tendencia del ser humano a creer en cualquier patraña. No voy a tratarlos ahora aquí, ya llegará el momento en que pueda ponerlos en orden y, sobre todo, sintetizarlos. Pero, ya que estamos en el tema de las patrañas y las síntesis, puedo dejar como ejemplo estas frases del farsante de Alejandro Jodorowsky que acabo de encontrar. Este tipo de frases son las que encontré en uno de los artículos. Si se leen una tras otra parecen tener un sentido profundo o, al menos, un cierto sentido. Si nos detenemos en ellas y analizamos lo que dicen podemos ver que en realidad es un cúmulo de sinsentido y palabrería hueca sin contenido alguno. Este tipo de frases inocuas sólo sirven para que estos individuos vendan miles de libros, dicten conferencias en los cinco continentes y se forren de dinero a expensas de ilusos o, peor aún, de gente que tiene –por el motivo que fuere–, la necesidad de hallar una respuesta espiritual o práctica a un problema determinado. Aquí las frases en cuestión:

1. “La angustia se produce cuando sientes que tu interior es invadido por algo que se siente exterior, pero en verdad escondes en ti”.
2. “Comprenderse a uno mismo significa sentirse mas allá de las palabras dejándose caer en el abismo de lo impensable”.
3. “Aunque no sabes qué es lo que buscas, lo que buscas te busca”.
4. “El intelecto siempre tiene la razón, pero la intuición nunca se equivoca”.
5. “La realidad se resume en dos palabras: permanente impermanencia”.
6. “Lo que debe suceder, sucede siempre en el momento en que debe suceder, de forma inesperada, como un milagro”.
7. “A veces perder es ganar y no encontrar lo que se busca es encontrarse”.
8. “El inconsciente, por su naturaleza colectiva, esconde significados en los nombres que el individuo, sin conocerlos conscientemente, padece”.
9. “Debajo de cada enfermedad está la prohibición de hacer algo que deseamos o la orden de hacer algo que no deseamos. Toda curación exige la desobediencia a esta prohibición o a esta orden”.
10. “Para llegar a lo que somos, debemos eliminar lo que no somos”.

Las citas pertenecen a su libro Psicomagia ¿Qué es la psicomagia? Bien, según el autor chileno, la psicomagia es una terapia que aúna al chamanismo, la psicología, la intuición, el misticismo, la filosofía oriental y el arte, con una finalidad curativa; propone resolver trastornos psicológicos y somáticos bajo la creencia de que los símbolos creados a partir de estas prácticas son entendidos por el inconsciente como hechos reales. La terapia, de acuerdo con Jodorowsky, consiste en recordar, dejar la mente en blanco para permitir que el alma sienta de nuevo, que sienta dolor, alegría, tristeza. Una vez identificado el sentimiento, es posible hacer consciencia acerca del problema para entonces romper el vínculo.
En síntesis: pura basura. Nada por aquí, nada por allá y mucha palabrería para decir precisamente eso: nada. Por desgracia los medios, siempre deseosos de cualquier cosa que sea estúpida y que no promueva el pensamiento crítico, adoran al farsante chileno y le brindan espacios en todo tiempo y lugar para que éste explaye sus estupideces a los cuatro vientos; y los idiotas, claro, contentos.