Pulsión de vida

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 El artista sirio Tammam Azzam y su personal versión de “El beso”, la conocida obra de Gustav Klimt en las paredes derruidas de un edificio en Siria.

Más allá de las reproducciones en serie de Andy Warhol, de las magnificaciones de Roy Lichtenstain, más allá de Miró, de Dalí o de las infinitas versiones de La Gioconda o de La última cena, ésta recreación (re-creación) de la obra de Klimt es la que más efecto ha logrado transmitirme. Me ha hecho detenerme en ella y darle mil vueltas a toda la amplia gama de significados que implica. Desde el primer móvil, el arte, hasta los modos y las consecuencias del compromiso y el activismo, éste nuevo “El beso” nos lleva, obligados si no estamos ciegos, a nuevos niveles de sentimiento y pensamiento. Desde las recreaciones que Francis Bacon hiciera de ciertos cuadros de Velázquez que no me sentía tan sacudido por una obra de arte.

“El arte ha cambiado su origen en el ritual por otro origen: la política. Eso, de algún modo, lo hace menos autónomo. De este modo, la obra de arte tiene nuevas funciones. Igual que el prehistórico que pintaba las paredes de su cueva no era conciente de que estaba haciendo arte, ya que su función era otra, quien crea que hoy hace arte, tal vez, le verán en la posteridad como poseedor de otra función principal. Además, hay que recalcar cómo las nuevas formas de transmisión han cambiado la propia transmisión”. Prólogo a La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica, de Walter Benjamin.