La montura de los poetas

Odín y Sleipnir (1)
Todos conocemos por su propio nombre a algunos de los caballos más famosos: Rocinante, Babieca, Bucéfalo. También sabemos que en las diversas mitologías existen muchos y poderosos caballos que servían bien a sus poderosos amos; caballos como Burak, Pegaso o los unicornios. Pero hay uno en particular que merece un lugar aparte. Se trata de Sleipnir; el caballo gris de ocho patas que le fue regalado a Odín por Loki, luego de aquella aventura con el gigante de piedra que construía una muralla para proteger a los dioses en el Asgard. Sleipnir era el mejor de los caballos y se dice que era montado hasta para llegar al mismísimo Hel (el reino del submundo). Sus ocho patas eran símbolos de los ochos vientos provenientes de los ocho puntos cardinales y tenía runas grabadas en los dientes.
Hasta aquí nada que no sea común en estas historias mitológicas; pero como dije, SleipnirOdín y Sleipnir (2) merece un lugar aparte, y esto es por un detalle que tal vez no sea menor. Sleipnir no sólo era el caballo de Odín, el respetado dios nórdico; sino que también era quien llevaba a los poetas al cielo. Cuando un poeta moría su alma accedía al cielo nórdico, al mismo Asgard, montado en este fabuloso animal gris (hasta el color parece ser un símbolo en sí mismo, lejos de toda dualidad que me sabe a demasiado vulgar).
Que los dioses brindasen a los poetas un lugar destacado en su cielo es un detalle que magnifica a ese cielo y a esa mitología; que el más poderoso de los dioses prestara a su mejor montura para trasladar el alma de cada uno de ellos a su última morada es algo que nos hace desear haber sido hijos de ese dios o de esa cultura.