Manuscritos medievales bordados

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Encontré estas deliciosas fotos pero, lamentablemente, no encontré demasiada información al respecto. Seguramente no sea algo demasiado común, de allí que, entonces, lo que pueda encontrarse sea en exceso limitado.

Como bien se sabe, los manuscritos en la edad media estaban hechos con pergaminos, los cuales se confeccionaban con pieles de animales, especialmente cordero, aunque no exclusivamente. Es posible que el cuchillo del artesano que preparaba este material, al querer raspar alguna imperfección, haya deshecho la delicada pieza o haya producido algún corte el que, con el paso del tiempo, se haya agrandado aún más. Sea como haya sido, podríamos decir que estos agujeros en estos manuscritos de la Edad Media no son , exactamente, una carencia. Podríamos decir que, de algún modo, sirven a la obra.

 

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De todos modos, las reparaciones no son tan comunes como los agujeros, y este parece ser un caso bastante excepcional. En este manuscrito conservado en Uppsala, Suecia (posiblemente pertenezca al siglo XIII o XIV), los defectos están arreglados o, al menos, enmascarados por bordados. Esto fue realizado por las monjas que hicieron la adquisición de la obra en 1417 (las imagino inclinadas sobre el libro, trabajando con infinita paciencia mientras charlaban de vaya uno a saber qué. ¿Amarían tanto a los libros o tendrían demasiado tiempo libre? Tal vez las dos cosas…). Se trata de un bordado en seda, cuyos colores, como se nota, han sabido pasar los siglos.

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Manuscrito medieval cosido 103

La hora fragante.

1229285440836_fEl gran naturalista sueco Carl Linnaeus (Carlos Linneo, 1707-1778) gran conocedor del mundo vegetal y a quien debemos una clasificación de los seres vivos que aún se utiliza, observó que determinadas flores se abrían siempre a la misma hora; entonces pensó realizar un reloj floral, utilizando principalmente plantas silvestres.

Esta idea fue pronto aplicada por los jardineros de los palacios europeos, y en muchos de ellos se hicieron estos fascinantes relojes.  El  reloj se hacía por medio de divisiones en forma de arco, en que se sembraban plantas correspondientes que se abrían o se cerraban en las horas específicas. Así, en un día de Sol se podía saber qué hora era mirando Las flores.

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En este reloj floral se han elegido las siguientes flores:

Para dar la 1, el clavel silvestre, que cierra a las 13 horas.
Para las 2, la pimpinela escarlata, que cierra a las 14 horas.
Para las 3, el amargón, que cierra a las 15 horas.
Para las 4, Ia corre-huela, que cierra a las 16 horas.
Para las 5, el nenídar blanco, que cierra a las 17 horas.
Para las 6, la oreja de gato, que abre a las 6 horas.
Para las 7, la caléndula africana, que abre a esa hora.
Para las 8, la pelusilla ratonera, que abre a esa hora.
Para las 9, el cardo, que entonces se cierra.
Para las 10, la lampsana, que cierra a esa hora.
Para las 11, la estrella de Belén, que abre a esa hora.
Finalmente para las 12, la pasionaria, que abre al mediodía.

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Billete de cien coronas suecas con la imagen de Carl Linnaeus.

De Linnaeus se ha dicho mucho y bueno; por ejemplo, Jean-Jacques Rousseau dijo: «No conozco a un hombre más grande en la tierra»; Goethe escribió: «Con la excepción de Shakespeare y Spinoza, no conozco a nadie que me haya influido más intensamente». El autor sueco Strindberg escribió: «Linnaeus era en realidad un poeta que se convirtió en naturalista». Entre otros cumplidos, Linneo fue llamado «Princeps Botanicorum» («Príncipe de Botánicos»), «El Plinio del Norte» y «El Segundo Adán». Como se ve, no le faltaron admiradores ni tampoco títulos honoríficos. Lo del reloj a mí me sabe a poesía pura. El resto se los dejo a los especialistas.

 

Seis libros en uno.

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No todos los días se ve un libro que se puede leer en seis formas completamente diferentes, y este pequeño libro de la Biblioteca Nacional de Suecia es, sin duda, una maravillosa anomalía. Según el historiador de libros medievales Erik Kwakkel, este texto del siglo XVI tiene seis pares de ganchos estratégicamente colocados que hace posible que los seis libros sean perfectamente unidos en una solo. Este volumen en particular contiene textos devocionales, incluyendo el de Martin Luther Der kleine Catechismus, que fue impreso en alemán entre los años 1550 y los años 1570.

A pesar de que podría ser difícil mantener el orden de lectura en este libro, no se puede ignorar que la ingeniería del mismo es toda una hazaña. En la era de la Kindle, del Nook y del iPad, es un buen recordatorio del ingenio artesanal; y una clara muestra de por qué los libros no desaparecerán.

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