Del miedo a envejecer

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Leo a Susan Sontag: “El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente”.

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En un primer momento me pareció una frase plena de sentido y que encerraba no sólo una gran verdad, sino también, alguna enseñanza (lo cual no ocurre siempre, por otro lado). Pero luego de pensarlo un rato me di cuenta de que tal vez lo opuesto sea más correcto. Tal vez cuando comenzamos a vivir la vida que queremos es cuando empezamos a tener miedo a la vejez (el cual es  un miedo secundario; a lo que se teme de la vejez, digámoslo de manera directa, es a la peor de sus consecuencias: a lo que se teme es a la muerte). Si uno no vive la vida que desea o que esperaba ¿qué es lo que pierde? Pero si uno vive una vida plena o, al menos, está comenzando a vivir del modo en que siempre quiso hacerlo, con la compañía de aquel a quien ama, realizando esas cosas que le dan tanto placer; es entonces en ese momento en que uno no quiere envejecer. Es en ese momento cuando uno dice «No. Ahora no quiero dejar esto».

La cosa más deseable, según Susan Sontag

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Hoy, luego de una charla sobre la costumbre de llevar un diario y sobre la utilidad y el encanto de éstos, busqué estas notas de la entrañable Susan Sontag; uno de esos autores que se me hace imprescindible revisitar cada tanto. Según su hijo, los diarios de Susan Sontag no eran unos diarios al uso: la autora los usaba como libro de anotaciones sobre ideas, listas, propósitos… Es decir que Sontag entendía los diarios como una bitácora donde todo tenía cabida y lugar; lo cual es el modo correcto de llevar un texto de estas características (en inglés, además, hay una distinción extra entre el Diary y el Journal, términos ambos que nosotros traducimos, a falta de términos más precisos, como diarios).

“Creo que…

(A) Que no hay dios personal o vida después de la muerte
(B) Que la cosa más deseable en el mundo es la libertad de ser fiel a uno mismo, es decir, Honestidad
(C) Que la única diferencia entre los seres humanos es la inteligencia
(D) Que el único criterio de una acción es su efecto último en hacer a la persona feliz o infeliz
(E) Que está mal privar a un hombre de la vida [comentarios ‘f’ y ‘g’ están desaparecidos.]
(H) Creo, además, que un Estado ideal (además de ‘g’) debe ser de carácter fuerte y centralizado con control gubernamental de servicios públicos, bancos, minas, transporte + y subvenciones de las artes, un salario mínimo satisfactorio, ayuda a los discapacitados y anciano[s]. La asistencia del Estado a las mujeres embarazadas sin distinciones como las de hijos legítimos + ilegítimos”.

Con estas palabras extraídas de su diario personal Susan Sontag apuntaba ya -a la edad de 14 años- su pasión por la listas. Unas listas que escribía meticulosamente sobre todo lo que tenía que leer, escuchar, intentar o evitar ser… y en las que ya podía observarse su innegable apego a la transformación personal, a su propia auto-revisión y a un carácter estricto en cuanto a cómo quería desarrollarse y quién pretendía ser. “Honestidad” e “inteligencia” fueron dos de los vocablos más mencionados en sus discursos y, tanto en sus textos como en su implicación social, Sontag demostró ambas cualidades en cada acción emprendida. De allí que se haga imprescindible, entonces, volver una y otra vez a sus palabras.

Del miedo a envejecer

Leo a Susan Sontag: «El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente».

la-juventud-y-la-vejez

En un primer momento me pareció una frase plena de sentido y que encerraba no sólo una gran verdad, sino también, alguna enseñanza (lo cual no ocurre siempre, por otro lado). Pero luego de pensarlo un rato me di cuenta de que tal vez lo opuesto sea más correcto. Tal vez cuando comenzamos a vivir la vida que queremos es cuando empezamos a tener miedo a la vejez (el cual es  un miedo secundario; a lo que se teme de la vejez, digámoslo de manera directa, es a la peor de sus consecuencias: a lo que se teme es a la muerte). Si uno no vive la vida que desea o que esperaba ¿qué es lo que pierde? Pero si uno vive una vida plena o, al menos, está comenzando a vivir del modo en que siempre quiso hacerlo, con la compañía de aquel a quien ama, realizando esas cosas que le dan tanto placer; es entonces en ese momento en que uno no quiere envejecer. Es en ese momento cuando uno dice «No. Ahora no quiero dejar esto».

Susan Sontag, Diario

Dentro de la enorme amplitud que nos brinda la literatura, cada uno tiene, sin duda, sus preferencias; algunos preferirán la poesía, otros las novelas (y dentro de éstas cualquiera de sus subcategorías), otros preferirán los ensayos y otros los textos históricos o biográficos. Para mí, los diarios son una fuente inagotable de placer. Sé que los diarios escritos por autores reconocidos son escritos con el fin de que sean leídos en algún momento; aunque sea después de su muerte (como en el caso de Bioy Casares, por ejemplo). Es decir que soy consciente de que esos diarios no son en un cien por ciento escritura despojada de la mirada del lector; es decir, escritura condicionada de antemano. Pero aun así, encuentro en los diarios cierta libertad, al menos, temática, ya que no de tono y estilo. Leer un diario de un autor que apreciamos nos permite adentrarnos, entonces, en parte de su privacidad; en parte de esa vida que ya conocimos a través de su ficción (la cual, si hilamos fino, bien sabemos que nos es totalmente ficción); pero no nos vayamos por las ramas, cosa que los que me conocen saben que hago con suma facilidad. Entonces vuelvo a la tierra y sólo digo Susan Sontag. Eterno amor platónico borgeano, y algunos fragmentos de sus diarios.

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El miedo a la vejez surge del reconocimiento de que no se está viviendo ahora la vida que se quisiera. Equivale en un sentido a insultar al presente.

Escribo para definirme; un acto de creación propia; parte del proceso de llegar a ser; en diálogo conmigo misma, con los escritores vivos y muertos que admiro, con los lectores ideales.

Sola, sola, sola. El muñeco del ventrílocuo sin el ventrílocuo. Tengo la mente agotada y el corazón dolido. ¿Dónde está la paz, el centro?

Quiero ser capaz de estar sola, de que me parezca reparador; no una mera espera. Hipólito dice bienaventurada la cabeza que se ocupa de algo más que de su propio descontento.
Sentimentalismo. La inercia de las emociones. No son ligeras, optimistas: soy sentimental. Me aferro a mis estados emocionales. O ¿son estos los que se aferran a mí? Arte = un modo de ponerse en contacto con la propia locura.

Mis faltas: —censurar a otros por mis propios vicios —convertir mis amistades en aventuras —pedir que el amor incluya (y excluya) todo. Cuando detecté envidia, me abstuve de criticar; no sea que mis motivaciones fueran impuras, y mi juicio poco menos que imparcial. Fui benevolente. Era maliciosa sólo sobre los desconocidos, la gente que me era indiferente. Parece noble. Pero, por lo tanto, rescaté a mis “superiores”, a aquellos que admiraba, de mi desagrado; de mi agresión. La crítica quedaba reservada sólo para los que estuvieran por “debajo” de mí, a quienes no respetaba… empleé mi poder crítico para confirmar el status quo.

El “deseo” intelectual es como el deseo sexual. 6,085 ejemplares se han vendido de Contra la interpretación 1,915ejemplares quedan de la primera edición.

Otro texto clave: La deshumanización del arte de Ortega.

Cada época tiene un grupo de edad representativo, -el nuestro es la juventud-, el espíritu de la época es estar en la onda, ser deshumanizado, juguetón, sensación, apolítico.

Mi perspectiva no está refinada, es insensible: este es mi problema con la pintura. Otro proyecto: Webern, Boulez, Stockhausen. Comprar discos, leer, trabajar un poco. He sido muy perezosa. No conceder entrevistas hasta que no parezca tan clara + experta + directa como Lillian [Hellman] en The Paris Review

No se aprende de la experiencia; porque la sustancia de las cosas siempre está cambiando.

La única transformación que me interesa es la transformación absoluta; aunque sea minúscula. Quiero que el encuentro con una persona o una obra de arte cambie todo.

Mi mayor deleite de los últimos dos años ha provenido de la música popular (los Beatles, Dionne Warwick, las Supremes) + la música de Al Carmines [actor, compositor, director, reverendo]

En el próximo apt. tendré muchas plantas, agrupadas.

Un problema: la precariedad de mi escritura –es exigua, de una oración a otra– demasiado arquitectónica, discursiva.

Los textos son objetos. Quiero que afecten a los lectores; pero de todos los modos posibles.

Llego todas las noches a las 2:00 o 3:00. El NYTimes es mi amante.

Me gusta sentirme tonta. Así es como sé que hay algo más en el mundo que yo.

Susan Sontag

Queremos tanto a Susan…

Bueno, yo, al menos, la quiero. Me enamoré de ella por textos breves, mínimos, como sus diarios, artículos sueltos o reportajes; luego accedí a alguno de sus libros, los cuales no son sencillos, aunque tampoco lleguen al galimatías de un Heidegger, por ejemplo. Sus magníficos textos —sobre todo aquellos que no son de ficción—, requieren cierta atención y una lectura pausada, meditada, analítica; pero eso sí, antes de comenzar ya tendremos la certeza de que saldremos de ellos mejores, más cultos (no es una palabra agradable, pero es justa), con más armas para entender lo que nos rodea. Y, como si fuese necesaria una razón extra, recuerdo que, cuando Susan murió, en 2004, las radios de extrema derecha cubanas y republicanas se regodearon con el hecho y aprovecharon, como suelen hacer cuando alguien ya no puede defenderse, falseando datos y circunstancias. «Todo aquel que despierte el odio de esta gente no puede ser tan malo» me dije. Y aun hoy sigo pensando lo mismo.

Susan Sontag