Thomas Hobbes tenía razón

¿Se ha sentido más agobiado últimamente? ¡Normal! El mundo se está cayendo en pedazos y la información que consumimos día con día no ayuda. ¿Es egoísta darse un pequeño descanso de todo lo que llega a nuestros ojos y oídos sólo para evadir un poco la realidad? Puede ser, pero a la vez lo que realmente tendríamos que reflexionar ante toda esta explosión de información es sobre la incapacidad de desarrollar pensamiento crítico que tanta falta nos hace como sociedad. Estamos constantemente siendo bombardeados sobre la catástrofe que es estar vivos y lo asumimos de momento, uno tan fugaz como la estrella que se llevó todos los deseos de nuestra infancia, porque después toda esa catástrofe se nos olvida ver más allá de los encabezados, sin verificar fuentes, sin realmente tener curiosidad o un ápice de espíritu de investigación. No es de sorprender que los índices de ansiedad y depresión vayan en aumento, pero ¿qué tanto es culpa de nuestras propias decisiones? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo discernir? ¿Por qué la apatía crece y crece y a un año de pandemia sigue habiendo gente que le importa un carajo el otro, incluso si este mismo es de su propia familia?

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El texto anterior lo tomé de una publicación de una amiga de Facebook. Estaba ilustrado con dos noticias contradictorias, que son las que siguen:

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El enojo o malestar de la persona que escribió el texto es totalmente entendible y compartido por mí y por algunos más sobre los que hemos charlado sobre este asunto. El tema de los medios y la veracidad de su información es algo que ya hemos hablado aquí y que se se ha tratado en todos los ámbitos; así que no creo necesario ahondar demasiado en ello. La verdad es que, por el momento, hay que desconfiar de todos ellos en la misma medida (aún de aquellos que dicen lo que a nosotros nos gusta; tal vez especialmente de ellos, ya que posiblemente sean los que vamos a citar en algún momento).

El tema de la responsabilidad personal y social también lo hemos tratado aquí y lo que se ve a lo largo y ancho del mundo no hace más que reafirmar lo que ha dicho Thomas Hobbes (y que hace que la discusión con Jean-jacques Rousseau quede saldada para siempre): «El hombre es un lobo para el hombre».

Ante la ley

 

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William Blake – Newton

 

«Cuando un león come a un hombre, y un hombre come un buey, ¿por qué el buey está más hecho para el hombre que el hombre para el león?» Es una pregunta que se hizo ya en 1656 Thomas Hobbes en Questions Concerning Liberty, Necessity, and Chance. Esa pregunta que coloca en el centro del debate cuál es el lugar que los hombres tenemos dentro de nicho ecológico conocido como Tierra, recién está comenzando a plantearse seriamente ahora, trescientos cincuenta años después de que fuera formulada por el filósofo inglés.

La frase de Hobbes me recordó de manera inmediata a otra de William Blake que ya he citado aquí un par de veces; pero sólo lo hizo de manera tangencial, ya que sólo poseen en común las referencias zoológicas. Dijo Blake en su Proverbios del infierno: «La misma ley para el buey y el león es opresión».

En sentido estricto, son diametralmente opuestas. De todos modos, la unión de ambas frases sirve para pensar el tema de la ecología y de nuestro lugar dentro de la comunidad animal. Por un lado tenemos a Hobbes, quien nos recuerda que no somos más que un tipo específico de animal; en muchos casos no mejor ni peor que muchos otros. Blake, en cambio, nos recuerda que si bien estaría de acuerdo con su coterráneo, tampoco debemos exagerar en los asuntos de la igualdad animal. La moral es un imperativo que, cuando se exagera en sus límites, pasa a ser bastante dañina, así que hay que tener mucho cuidado con dónde trazamos el límite.