Miniso o el arte de vender vacío

 

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Jeff Koons

 

En La salvación de lo bello, Byung-Chul Han analiza cómo el concepto de belleza es entendido en la actualidad. Allí dice que hoy lo que prevalece es lo pulido, lo pulcro, lo suave, lo brillante, lo liso. Ésa es la característica de nuestro tiempo y, como toda característica temporal, se extiende a los conceptos; en este caso, el concepto de belleza. Podríamos ejemplificar esto con el arte de Jeff Koons, por ejemplo; o con la extendida práctica de la depilación definitiva. Todo esto no es más que el imperativo de la positividad que impera en el siglo XXI; ya que ni lo liso ni lo pulido, dañan. La estética dominante se basa en la capacidad de amoldarse, de no resistir y no se limita a las superficies exteriores. La comunicación actual, por ejemplo, es igual de pulida que el exterior de nuestros teléfonos. Los mensajes son anodinos, amables, correctos y positivos. No hay que molestar al prójimo de ninguna manera. Todo debe ser light y los me gusta cumplen con esa normativa a la perfección.

Hace un par de meses abrió en Morelia una tienda llamada Misino, la cual es el ejemplo perfecto de lo que nos dice Byung-Chul Han. Lo primero que me llamó la atención fue un afiche de propaganda, al que de inmediato le tomé una foto. Algo que vengo diciendo desde hace tiempo (pero que no tocaré aquí porque merece su propio espacio) es que ahora nadie parece esconderse para hacer lo que antes era motivo de vergüenza. Por ejemplo el afiche en cuestión es éste:

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¿Pero es que nadie se da cuenta de lo que les están diciendo? Me pregunté en aquel momento y, al mirar a mi alrededor vi que no, que nadie se daba cuenta y que no les importaba en lo más mínimo. «Entré a Miniso buscando una cosa. Salí con seis, bueno ocho. OK, ya, diez» y luego el inevitable hashtag: #nosabiaquelonecesitaba. Eso es: no sabías que lo necesitabas porque realmente no lo necesitabas. Y es que eso es lo que vende Miniso: cosas innecesarias o, si lo son, cosas que pueden encontrarse en cualquier otra tienda cinco veces más baratas. Miniso es la quintaesencia de la modernidad: venden basura innecesaria y cara; pero… bonita. Sí, todo en Miniso es bonito. Y también todo es pulido, pulcro, suave, brillante, liso.

También Miniso miente, por supuesto; y no sólo lo hace en sus carteles publicitarios. También lo hace en su página web, donde leo: « En MINISO creemos que la naturaleza tiene un poder mágico; disfrutamos de lo que la naturaleza nos brinda, aprendemos y creamos a partir de ella. Debido a esto, perseguimos una filosofía de vida simple y natural, diseñamos y fabricamos productos excelentes a precios honestos, teniendo en cuenta los recursos de la tierra, el medio ambiente y el reciclaje. En MINISO dejamos de lado todo aquello que es extravagante y antinatural para volver a los simple y lo sencillo». Una burda mentira de cabo a rabo. Alguien que fabrica cosas innecesarias no puede decir que está preocupado por el medio ambiente. Alguien que vende un bolígrafo a ocho veces el precio regular no puede hablar de «precios honestos».

 

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Ahora esa empresa acaba de abrir una tienda en pleno centro de Morelia. Ayer fui allí a verificar unas cosas para poder escribir esta entrada y, al salir, el empleado —un joven de poco más de veinte años, como todos los empleados de esta tienda— me saluda con un arigato que fue la cereza sobre el postre. No solo a estos chicos les deben pagar dos pesos, sino que, además, los hacen saludar en un idioma extranjero y en una situación absurda aunque, eso sí, pulida, lisa, brillante. ¡Viva la modernidad!

El dodo y el unicornio

 

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Barbara Longhi – Lady With The Unicorn, 1605

 

Si se considera que la existencia promueve esta condición (es decir: la misma condición de la existencia) y la unidad, entonces la inexistencia tendrá, hablando informalmente, este problema: nos obliga a hablar de una nada. Si un objeto inexistente fuera siempre una huella en la arena, podríamos referirnos a él por su molde, su lugar negativo. Pero generalmente el mundo se cierra sin mucho rastro alrededor de cosas que han pasado su tiempo y han dejado de existir, y con frecuencia ni siquiera queda un mundo para sostener el molde: piense en dodos extintos y en unicornios que nunca existieron; no queda un nicho vacío en nuestro mundo «real» para el primero y nunca hubo uno para el segundo. ¿Qué tipo de enfoque nos permite, entonces, hablar de cosas que definitivamente y definitivamente no están en ninguna parte, ni ahora ni nunca? ¿A qué nos referimos cuando decimos: esto no existe?

Eva Brann, The Ways of Naysaying, 2001.

La pregunta que plantea Brann al final del párrafo anterior no es menor, aunque lo parezca en un acercamiento primero. No es casual que la pregunta se haya formulado en el año 2001, cuando todo parecía carecer de un sentido o, peor aún, cuando todo parecía tener el mismo valor de sentido. La pregunta, decía, no es menor aunque lo parezca porque hoy estamos pagando el alto precio de las consecuencias no respondidas en su momento a esta cuestión. En el mismo ejemplo que la autora alemana nos brinda en su texto debería ser la base sobre la que se debería edificar la respuesta: equiparar a una especie extinta con una que es sólo una creación de la mente humana sólo puede ser respondido (insisto: considerando a esto como a una pregunta seria, cosa que cuesta considerar, por momentos) usando el método científico. Es entonces cuando nos damos cuenta de que la pregunta es, en realidad, una tontería a la que se le ha dado demasiada importancia y por la que hoy nos vemos inmersos en este estado de cosas, donde vale lo mismo el astrólogo que el astrónomo y donde pesa lo mismo el argumento que la opinión.

 

Los espacios vacíos

 

Ernest Proctor - The Day's End, 1927

 

¿Cómo pintar el cansancio y esa sensación de agotamiento que te hace pensar que te quedarás dormido en cualquier lugar y sin embargo llevar esa idea más allá, a incluir algo más que la monotonía que condujo a ello? Si existe alguna manera, se encuentra aquí, en una pintura de Ernest Procter titulada: The Day’s End, de 1927. ¿Cuánto de esto es una representación personal? La obra emula el símbolo zodiacal piscis, con ambos personas señalando direcciones opuestas. La desnudez tiene menos que ver con la sensualidad que con decir lo que yace debajo de la apariencia externa. La pintura dice: «Así es como me siento. Esto es lo que soy».  El arte se trata de escuchar en los espacios correctos; y generalmente esos espacios correctos son los intersticios, los espacios vacíos, lo que no está del todo dicho.