El producto de un armario.

ropa

 Leo en La belleza convulsa, de Francisco Umbral: “¿Hasta tal punto influye el atuendo en las ideologías? Hasta tal punto. El revolucionario, el progresista, el disconforme, el ácrata se visten de una determinada forma por rechazo y asco del uniforme burgués. Elijen otro uniforme pana, lana y cuero—, pero, cuando menos, un uniforme de mejor gusto. Luego la policía —el Estado, en última instancia, cualquier Estado— cataloga a los individuos según la ropa, cataloga indumentarias, hace contraespionaje de los trajes, uno queda ya reducido a su ropa, constreñido en su guardarropa, es sólo el producto no de una doctrina, unos libros o una revolución, sino el producto de su armario”. Aunque suene exagerado (no deja de ser parte de una obra literaria) uno no deja de pensar que hay mucho de verdad en ello. Si sumamos, también, los perfumes y los accesorios —anteojos, relojes, cadenas, pendientes y demás—, la cosa parece ser más certera aún. ¿Alguno aceptará que, al menos en parte, es lo que viste o que viste para ser?