Mi fetiche.

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Wilhelm Gallhof, The Coral Necklace, c.1917 

El fetichismo, según la definición tradicional, es una parafilia en la cual la fuente de placer se encuentra en un objeto más que en en la relación propiamente dicha. Como todo en esta vida, es algo perfectamente normal e inocente siempre y cuando no se sobrepasen ciertos límites. Cada cual tendrá su objeto fetiche preferido, ello es casi inevitable. Habrá alguno que dirá yo no hago esas cosas o algo por el estilo y tal vez sea cierto; si ese es el caso lo único que diré es que se está perdiendo de una parte interesante del goce erótico. Por mi parte me declaro un ferviente fetichista de los collares de perlas. No como el del cuadro de Gallhof; sino de perlas blancas y cortos, casi una gargantilla, diría. La única palabra que se me ocurre al pensar en la razón por la cual me siento atraído por una mujer que sólo vista un collar de perlas es elegancia; no creo que haya otra que pueda describir esa imagen: no entiendo cómo una persona puede estar tan vestida y desnuda al mismo tiempo. Por suerte mi salud mental es buena: un collar de perlas abandonado sobre un mueble o en su estuche de terciopelo me parece anodino y algo un poco tonto; ahora, vistiendo un cuello delicado es otra cosa muy diferente, esas perlas cobran brillo y vida y transmiten estas virtudes a todo el cuerpo que adornan.