Fortuna de la «Y»

Y-silver

Leo a Michel Onfray en su Las sabidurías de la antigüedad, luego de un párrafo donde nombra a varios filósofos y poetas de la Grecia antigua y sus diversos análisis: «Como eco a estas clasificaciones, los filósofos disertan sobre la «Y» jónica (pues en Asia Menor la «Y» corresponde a la épsilon de Grecia continental) por lo que tiene de simbólico: dos brazos, dos posibilidades, una elección, un empalme, una bifurcación. La letra propone un símbolo, un medio mnemotécnico, un recordatorio, un recurso filosófico; en el punto de unión, todavía parece todo posible, pero más allá se perfilan dos direcciones, con la consecuencia de separaciones cada vez más manifiestas. Al comienzo, nada es neto ni tajante; luego, a medida que se avanza, la diferencia se hace cada vez más clara; finalmente, dos universos…»

Nunca había visto a la Y de esta manera. Muchas veces los símbolos tienen un significado intrínseco (sobre todo en la matemática), otras veces nada significan, más allá de los convencionalismos que le atribuimos. Pero como bien dice Onfray, la letra propone un símbolo. En ese sentido, al menos, la Y parece tener personalidad propia.