Lo que conviene

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Hay dos posturas contrapuestas en este mundo que nos rodea; una de ellas, determinista, dice algo así como que “todo está escrito” y que nada podemos hacer para cambiarlo. No hace falta ser extremista para ser determinista (aunque los hay, claro); sino que sólo alcanza con decir “la vida es así” o cualquier frase por el estilo. En la vereda opuesta se encuentran los partidarios del “libre albedrío”. Para ellos todo está abierto a nuestras posibilidades y podemos cambiar las cosas cuándo y cómo queramos.

Está bien, uno puede ser una cosa u otra y no hay problema en ello; pero hay un grupo de personas bastante molesto (tengo un par en mi familia que fueron quienes me impulsaron a escribir esto) que actúa del siguiente modo: es determinista en la derrota y partidario del libre albedrío en la victoria. Es decir que cuando las cosas les salen mal es por culpa de otros o del destino, mientras que cuando las cosas le salen bien es gracias a ellos mismos y a su enorme capacidad para… (lo que sea).

Libre albedrío

 

Es una postura cómoda, claro; pero además de ser irreal es por demás molesta para quienes los rodean. Sobre todo porque esas personas también tienen otra costumbre: no toleran que al otro le vaya bien. En ese caso no aplican el libre albedrío y si a alguien le va bien es “porque tiene suerte” y nunca porque hizo algo para conseguir eso; aunque por lo visto nunca se ha tenido tanta suerte como para nacer lejos de ellos. Y y es que no, todo no se puede…

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