En algún apartado rincón…

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«En algún rincón apartado del Universo, perdido en el flamear de innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro sobre el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue aquél el minuto más arrogante y mentiroso de la historia universal; pero tan sólo fue un minuto. Tras algunos suspiros de la Naturaleza el astro se congeló y los animales inteligentes perecieron».

Friedrich Nietzsche. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral.

 

De vez en cuando se hace necesaria una verdad de parte de uno de los filósofos pesimistas para devolvernos nuestra estatura y lugar. Nada menos pretencioso que nos recuerden que somos nada en un todo inconmensurable y que todos nuestros actos heroicos así como nuestras miserias, no son nada más que polvo en el viento.

Dostoievski y Nietzsche, en diálogo

 

«¿Buscamos paz, tranquilidad y dicha? No; buscamos sólo la verdad, aunque ésta fuese repulsiva y horrible. Aquí se separan los caminos de los hombres: ¿Quieres paz espiritual y felicidad? Cree; ¿quieres ser un apóstol de la verdad? Entonces busca».

 

Decisiones

 

La frase de Nietzsche es terminante: aquí se separan los caminos de los hombres. Claro, en estos tiempos donde el mediocre quiere igualarse con el genio a fuerza de decretos y normativas, ya que alcanzar la excelencia por medios lícitos les parece algo demasiado trabajoso; esta palabras caen como un traje de plomo sobre los hombros demasiado tiernos de los hombres y mujeres actuales. También está claro que la cita no sólo es válida para los aspectos religiosos; sino que puede (y debe) ser considerada dentro del ámbito de cualquier  disciplina: desde al arte al deporte y desde la ciencia a la política. Sólo hay dos formas de actuar: o se apunta alto y se intenta —a veces infructuosamente, sabiendo que el sabor del intento es todo lo que nos quedará— o se hace necesario conformarse con la mediocridad. En ese sentido, recuerdo estas otras palabras de Fiodor Dostoievsky, que se asemejan mucho a las de Nietzsche:

«¿Qué objeto tiene nuestra agitación? ¿Qué buscamos? ¿Qué deseamos? Ni nosotros lo sabemos. Es más, si nuestros deseos se cumpliesen, no nos sentiríamos felices».

La insatisfacción como motor del cambio, la incógnita perpetua como aliciente, la conciencia de la finitud y la falencia reconocidas como parte integral de lo que somos, la voluntad como destino. Ésa es la actitud que puede tomarse ante una las incógnitas de la vida (la cual no es más que una sola: ¿Qué somos? Todo lo demás no es más que una paráfrasis de esta pregunta). De manera constante hay dos puertas frente a nosotros; y a nadie podemos delegar la decisión y la responsabilidad de cuál abrimos y atravesamos.

El delito de la lectura

Los fascismos temen, como todos bien sabemos. No hay nada más asustadizo que un fascista y, como bien nos lo señaló Bertold Brecht, no hay nada más peligroso («No hay nada más peligroso que un burgés asustado», dijo; y si cambiamos «burgués» por «fascista» la frase es igualmente válida). Encontré una prueba de esto en la siguiente imagen, la cual me llegó hace unos pocos días. En ella podemos ver un folio legal que dice:

«En registro efectuado por las fuerzas del Orden Público, en el domicilio de Paulino Martinez Taboada, le han sido encontradas dos tomos de “ASÍ HABLABA ZARATUSTRA” y manifestándome dicho Delegado que el expresado individuo se halla detenido en la Carcel de este partido á su disposición, le adjunto los expresados libros á los efectos procedentes.

                                                Acuseme recibo.
!!Viva España!!
Vigo 24 de Agosto de 1936
El comandante Militar.»

 

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Debo reconocer que sentí no poco placer al ver que los libros que tanto peligro entrañaban para las autoridades no eran otros que dos ejemplares de Así hablaba Zaratustra. También entiendo el carácter de su miedo, el cual no es otro que el miedo eterno de todo fascista: el miedo al pensamiento libre.

Esta fotografía me pareció toda una declaración de principios. Aún el resto de la página, la parte que se encuentra en blando, nos está diciendo algo.

 

Sobre los propósitos de año nuevo

 

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Una vez al año, generalmente un poco antes de esta fecha, comienzan a hacerse los famosos planes o proyectos para el año que comienza. Eso es un tópico común, el cual se olvida, en general, a los pocos días. Pero este fragmento que compartiré, es digno de ser considerado como un marco de referencia para poner en práctica no éste, sino todos los años; tanto el que comienza ahora como el que comienza el primero de febrero o el quince de agosto o cuando sea.

 

Con ocasión del año nuevo

Todavía vivo, todavía pienso: tengo que seguir viviendo, tengo que seguir pensando. Sum, ergo cogito: cogito, ergo sum. Hoy en día todo el mundo se permite expresar su deseo y su más querido pensamiento: pues bien, también yo quiero decir lo que hoy desearía de mí mismo y qué pensamiento fue el primero que me corrió este año por el corazón, ¡un pensamiento que será para mí fundamento, aval y dulzura de toda la vida ulterior! Quiero aprender cada vez más a ver lo necesario de las cosas como lo bello: así seré uno de los que hacen bellas las cosas. Amor fati: ¡sea este a partir de ahora mi amor! No quiero hacerle la guerra a lo feo. No quiero acusar, no quiero acusar ni tan solo a los acusadores. ¡Mirar a otro lado sea mi única negación! Y, en general y en definitiva: ¡quiero, algún día, ser solo alguien que dice que sí!

Friedrich Nietzsche. La ciencia jovial, Libro cuarto, parágrafo 276.

Amor fati significa literalmente «amar al destino», aunque personalmente prefiera decir «amar lo que sucede». Es necesario emanciparse de los tormentos que orbitan fuera de nuestro propio centro de gravedad, para poder afirmarse en un pie de voluntad y superación.
El «sí a la vida» es un No a la fealdad, a la culpa, a la acusación y al resentimiento. El «sí a la vida» es un sí al pensamiento, a la creación y a la superación. ¡Menudo propósito para comenzar cada día!

Amigos así

 

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En estos tiempos donde opinar diferente (a quien sea y por lo que sea) puede ser motivo de ruptura permanente; donde la paciencia es una bomba que tiene la mecha corta; donde la diferencia es señalada como defecto o falencia; donde la discusión ha vencido al debate y la opinión al argumento, bien vendría leer a menudo este fragmento de Friedrich Nietzsche que dejaré a continuación. Hago la aclaración de que no sé de quién está hablando el filósofo alemán (la cita la tomé de una fotografía de una página que me pasaron, pero he perdido los datos; sólo recuerdo que se encuentra en el primer volumen de las Obras completas, editadas por Gredos); pero tampoco importa demasiado; lo que importa es lo que se señala en ella:

«No trabajábamos mucho, al menos en el significado práctico de la palabra, y sin embargo, cada día que pasábamos juntos suponía para nosotros un día de enriquecimiento. Por primera vez aprendí que una amistad en vías de formación podía tener una base ético-filosófica. […] Discutíamos a menudo porque había una cantidad enorme de cosas en la que no estábamos de acuerdo. Pero en cuanto la conversación se hacía más profunda, las diferencias de opiniones desaparecían y sólo percibíamos una armonía plena y serena […]. Pienso con deleite en las horas que pasamos como artistas, alejados por un momento de la desazón y de la ansiedad de la voluntad de vivir, abandonados a la contemplación pura».

 

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Primera reacción: decir ¡Qué tiempos aquellos! Segunda reacción: volver a poner los pies en la tierra y reconocer que Nietzsche y quien haya sido su amigo forjaron esa relación y que eso también puede hacerse hoy también. Yo he tenido la suerte de encontrar amigos así, pero noto, no sin cierta tristeza, que esto es cada vez más difícil. De todos modos, si estamos de acuerdo en que puede hacerse, deberíamos poner manos a la obra y dejar de quejarnos. A debatir se aprender, a aceptar las diferencias, también.

 

Nota al margen: Por tiempo indeterminado estaré sin conexión a internet, así que responderé a sus comentarios en cuanto pueda. Dejaré varias entradas programadas, así que éstas se subirán aunque no esté aquí. Pasaré a visitarlos en cuanto me sea posible.

Poesía, filosofía y heavy metal, todo en uno

Hace un par de día me topé con el poema de Ella Wheeler Wilcox Los vientos del destino, poema que fue publicado allá por 1919:

 

Los vientos del destino

Un barco zarpa para el Este
y otro para el Oeste,
soplando para ambos los mismos vientos,
es el timón del marino y no el viento
el que determina el camino a seguir.

Los vientos del destino son como los vientos del mar,
mientras viajamos a través de la vida.
Son los actos del alma los que determinan el rumbo
y no la calma o la tempestad.

 

Este poema, insisto, fue publicado en 1919; es decir 19 años después de la muerte de Friedrich Nietzsche, de quien veo expuesto aquí parte de su pensamiento. Wilcox nos habla de la responsabilidad personal en nuestros actos; de nuestra decisión a la hora de tomar el rumbo de nuestra vida. Ella, como buena poeta, lo hace de un modo sutil y elegante; el filósofo alemán lo había hecho con toda la fuerza de su decisión, con todo su «filosofar a martillazos», como él gustaba llamar a su estilo:

«No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada»; «Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos”» o su famoso «Lo que no me mata, me hace más fuerte».

 

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Esa misma idea la retomará más tarde Jean-Paul Sartre, quien diría: «El hombre está condenado a ser libre, ya que una vez en el mundo, es responsable de todos sus actos» o el bellísimo «Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él»; frase que no nos deja la menor posibilidad de escapar de nuestra responsabilidad.

Por último, hace unos días escuchaba una canción llamada Delusion Pandemic y oigo que el cantante se larga con el siguiente speech: «Ahora es el momento en que todo puede cambiar / Tú eres completamente responsable de tu propia vida / y nadie vendrá a salvarte de ti mismo. / Así que deja de culpar a tus problemas o cualquier otra cosa / No importa nada / cuán injusto crees que es el mundo / es solo lo que haces / aquí y ahora / justo este puto instante que es el que importa. / Es tu elección: hundirte o nadar».

El lenguaje corresponde, por supuesto, a una banda de heavy metal; pero no está nada mal; sobre todo considerando que el mensaje es exactamente el mismo y que no es el que está de moda; es decir, quejarse por todo y considerar que el mundo está aquí para nosotros cuando ya sabemos que al mundo no le importa lo más mínimo nuestra existencia.

Un filósofo del siglo XIX; una poeta contemporánea de él, que escribe al otro lado del mar, y una banda de hevy metal en el siglo XXI hablan de lo mismo, a su modo y a su buen entender: Somos responsables de nuestras decisiones, nos guste o no. A nadie podemos cargar con nuestras responsabilidades y quien no quiera verlo está condenado a una vida de oveja, de masa, de nada, en suma. Me voy, por cierto con Nietzsche, quien nos da el último martillazo cuando nos recuerda que «Cada uno alcanza la verdad que puede soportar».

Todos en capilla

 

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Queridos hermanos, estamos aquí reunidos para compartir la palabra de nuestros apóstoles y esparcir la buena nueva a los cuatro puntos cardinales. Abramos nuestros libros y leamos el versículo de nuestro apóstol Friedrich Nietzsche, quien nos dice:

«No es la falta de amor, sino la falta de amistad lo que hace a los matrimonios infelices».

¿Qué es lo que nos dicen estas palabras, hermanos míos? Hoy el amor es considerado como un sentimiento maravilloso y mágico que se encuentra de forma azarosa cuando dos personas se encuentran y algo inexplicable ocurre entre ellos. Esa tonta idea es hija de Hollywood y de sus fantasías más que de la realidad. Así las personas olvidan que el amor es un sentimiento que se construye con base en diversos ingredientes y que debe hacerse día a día, momento a momento. Respeto, amistad, paciencia, diálogo, lealtad son algunos de ellos y si alguno falla no habrá guión ni Hollywood que salve al matrimonio del desastre.
El apóstol, en otro versículo notable, también nos dice:

«La esencia de todo bello arte, todo gran arte, es la gratitud».

 

Ruth

 

El significado etimológico de amistad no ha podido ser determinado de manera fehaciente; pero se cree que proviene del latín amicus (amigo) y éste de amore (amar). Por su parte, gratitud proviene de la cualidad de gratus (agradable, bien recibido, agradecido). Como se ve, todos estos términos están estrechamente relacionados y se solapan y enriquecen los unos a los otros.
Ahora, si unimos ambas ideas podemos decir que un buen matrimonio es aquel que se construye día a día, tal como se hace como con toda buena obra de arte. Se construye con el objetivo consciente de lograr una obra bella y sólida de la que se puede estar plena y orgullosamente agradecido.
No olvidemos que también el término matrimonio significa algo más que la unión de una pareja tradicional; también el término incluye a toda unión sentimental honesta: familiar, amistosa y, hasta podríamos decir, laboral. El amor, hermanos, se construye, no se encuentra a la vuelta de la esquina.

Que la paz esté con vosotros.