Empezar a pensar

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Venimos de una semana de crueldad exacerbada y expuesta en sus formas más básicas. Desde los ataques varios y variados en Siria hasta el atentado religioso en Egipto. Podríamos intentar un análisis que nos ayudara a comprender la situación; podríamos banalizar lo que sentimos diciendo solamente “qué terrible…” antes de pasar a otro asunto; o podríamos al menos intentar pensar un instante en las razones íntimas de este actuar de ciertos grupos de personas. Ya que es bien poco lo que podemos hacer desde nosotros mismos, pensar no es algo que sea trivial. Para quien esto escribe, la razón la tiene, como casi siempre, Schopenhauer, de quien comparto un texto que es la síntesis perfecta de ese diagnóstico:
Arthur_Schopenhauer_by_J_Schäfer,_1859b“Cuando la punta del velo de Maya —la ilusión de la vida individual— se ha levantado ante los ojos de un hombre, de tal suerte que ya no hace diferencia egoísta entre su persona y los demás hombres, toma tanto interés por los sufrimientos extraños como por los propios, llegando a ser caritativo hasta la abnegación, pronto a sacrificarse por la salud de los demás.
Ese hombre, que ha llegado hasta el punto de reconocerse a sí mismo en todos los seres, considera como suyos los infinitos sufrimientos de todo lo que vive, y debe apropiarse el dolor del mundo. Ninguna angustia le es extraña. Todos los tormentos que ve y raras veces puede dulcificar, todos los dolores que oye referir, hasta los mismos que él concibe, hieren su alma como si fuese él la propia víctima de ello”.

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Eso es todo: la violencia se ejerce cuando no reconocemos en el otro a un ser equivalente a nosotros mismos (Schopenhauer incluye a todos los seres vivos en esa comparación. De allí su famosa frase: “Puede reconocerse el grado de civilización de un pueblo por cómo trata a los animales”). Ahora podemos seguir pensando en este problema. Ya sabemos por dónde podemos empezar: reconociendo a quienes se consideran por encima de los demás. En síntesis: todo fascismo, toda xenofobia, todo racismo, toda religión.

Sobre algunos lugares comunes

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Como bien dice Descartes “No hay nada mejor distribuido que el sentido común. Todo el mundo cree tener el suficiente”. Pero una cosa es el sentido común y otra muy diferente son los lugares comunes. Por desgracia la mayor parte de la gente suele confundir al segundo con el primero.
Durante estos últimos días me he visto en la obligación de realizar algunos trámites; y es muy interesante ver el comportamiento de las personas en lugares como hospitales, centros comerciales, bancos, o en la calle misma. Así que voy a puntualizar dos de los muchos mitos que pueblan nuestros días.

1. La vejez es fuente de sabiduría y bondad. Muy bonito pero totalmente falso. ¿De dónde sale la peregrina idea de que una persona que ha sido un absoluto bastardo a lo largo de toda su vida se transforma, por el simple hecho de sumar años y arrugas, en un ser pletórico de luz y sapiencia? ¿Y qué puede decirse de los más llanos y simples imbéciles? Veámoslo de otro modo: miremos a nuestro alrededor. Todos tenemos un compañero de trabajo o un vecino o un familiar que cada vez que abre la boca nos dan ganas de ahorcarlo por las barbaridades que dice ¿qué será de él cuando tenga ochenta años? ¿Se habrá convertido en un Lama de manera instantánea al soplar la última de las ochenta velas? Ese hombre o esa mujer que piensan que la Tierra tiene 6000 años de antigüedad y que cree en los fantasmas y en la astrología ¿se convertirán en amables Einsteins y Newtons cuando arranquen la hoja del almanaque correspondiente?

2. La violencia de género. Voy a empezar con la aclaración pertinente: quienes me conocen saben que lucho contra la violencia de género y que lucho por los derechos de las mujeres como si fuesen los míos propios; pero últimamente mes siento un poco saturado por el tema de la “violencia de género”. Soy plenamente consciente de que las mujeres han sido uno de los grupos que más ha sufrido la violencia masculina (pero no es el único ni el mayor. El grupo que más ha sufrido la violencia del hombre ha sido el de los niños. Lo ha sido y lo sigue siendo. A la mayor parte de la gente esto se le pasa por alto porque los niños también sufren de otra forma de violencia: el silencio); pero esta nueva puesta en escena de la “violencia de género” me parece perniciosa para todos, pero, sobre todo, para las misma víctimas. Primero: el exceso de noticias he imágenes y de publicidad contra este tipo de violencia generará, tarde o temprano, una saturación en la gente; y cuando esto ocurre las personas empiezan a mirar para otro lado. Además, no lo olviden queridas amigas feministas, que los diarios y los noticieros de T.V. viven mostrando escenas o noticias de manera constante porque está de moda; en cuanto el mercado se sature no van a mostrar una noticia de violencia de género ni siquiera en la página ocho. Segundo: gran parte de la población piensa en slogans, es decir, piensan de a la manera breve y fragmentada de los mensajes de T.V., de la radio y, sobre todo, de las publicidades; y el bombardeo constante de estas noticias monotemáticas hace que la gente comience a pensar en términos binarios: Hombre = machista/ violento/ abusador/ grosero/ bruto/ violador/ indiferente/ etc.; Mujer = víctima/ humilde/ paciente/ amorosa/ equilibrada/ sensible/ etc.                                           Vamos, las cosas no son tan sencillas ni en la matemática ni, mucho menos, en las relaciones humanas. Ni todos los hombres son de Marte ni todas las mujeres son de Venus (para nombrar, ya que estamos, a otra de las formas del no-pensamiento: los libros de autoayuda y su recetario de dos y sólo dos ingredientes).

Ya termino; pero antes de que comiencen a gritar, un pequeño pedido: si leen el principio de la entrada, verán que hablé de una distinción importante. Así que, por favor, protesten todo lo que quieran, pero lo único que les pido es que hagan gala de sentido común, no de lugares comunes.
Nota: La violencia de género no es un mito, lo sé; pero dejé el encabezado como está porque creo que, en la medida en que éste tema siga siendo tratado de la manera en que los hacen los medios hoy, pronto se verá visto inserto dentro de la nueva mitología social. Tal como pasa, por ejemplo (y la referencia la hago con respecto a la Argentina), con el tema de la delincuencia. o con el de la corrupción.

Las palabras y las cosas

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Sin pensamiento crítico es muy fácil detonar la barbarie larvada en el ser humano. Hace unos días se desato en Argentina una serie de hechos lamentables que recibieron el aplauso y el apoyo de cierto sector de la sociedad animalizada por el odio generado y generalizado por y desde los medios. También se sumaron, como siempre, algunos políticos de esos que, al no tener altura propia, no dudan en pararse encima de los muertos para que los vean mejor los que están más lejos. La profunda tristeza que provocan estos hechos no implica que no debamos seguir atentos y combativos. Por el contrario, es en estos momentos cuando más firmes nos deben encontrar.

Gracias a Claudia Snitcofsky por acercarme la cita. Por cierto, la oración que abre esta entrada también le pertenece: Sin pensamiento crítico es muy fácil detonar la barbarie larvada en el ser humano.

“E iban matando a todos los judíos que encontraban a su paso, y se apoderaban de sus bienes. . . -¿Por qué a los judíos? –pregunté. Y Salvatore me respondió: -¿Por qué no? Entonces me explicó que toda la vida habían oído decir a los predicadores que los judíos eran los enemigos de la cristiandad y que acumulaban los bienes que a ellos les eran negados. Yo le pregunté si no eran los señores y los obispos quienes acumulaban esos bienes a través del diezmo, y si, por tanto, los pastorcillos no se equivocaban de enemigos. Me respondió que, cuando los verdaderos enemigos son demasiado fuertes, hay que buscarse otros enemigos más débiles. Pensé que por eso los simples reciben tal denominación. Sólo los poderosos saben siempre con toda claridad cuáles son sus verdaderos enemigos.”

(Umberto Eco, El nombre de la rosa)

Eso es un hecho cierto

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Como hay poco o nada que agregar, les dejo el enlace a la página oficial del degenerado en cuestión y a su Tienda oficialya que parece que su odio a los africanos no le impide seguir haciendo negocios. En su página oficial también pueden ir al apartado «Socio colaborador», pero eso ya queda en manos de ustedes. 

Religión o muerte

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“Argentina por la vida” 

“Patria es la extensión del amor al prójimo”

“Religión o muerte”

Se aceptan explicaciones lógicas. Como no voy a recibir ninguna, mejor les propongo un juego: explicaciones (cualesquiera sean) o nuevos slogans para futuras campañas o banderas.

Sexo no, violencia sí

Cuando uno dice que “no ve televisión” suele recibir miradas de desconfianza. Miradas que llevan implícita, en su expresión, cierto desdén, cierta displicencia. Muchas veces se nota algo parecido al menosprecio; esas miradas suelen llevar consigo la expresión “vamos, todo el mundo mira televisión. Sólo que quieres darte aires de intelectual”; o algo por el estilo. En lo personal, termino de trabajar a las 22:00 Hs. Ceno, es cierto, frente al aparato de T.V., pero en cuanto puedo me retiro a mi habitación a leer. Y no porque quiera darme “aires” de intelectual ni nada por el estilo. Simplemente es que lo que se ve en la televisión es, sencillamente, vomitivo.

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Desde hace muchos años, es muy difícil ver películas donde el tema central no sea la violencia. Esto tiene relación con los individuos del post anterior: la cúpula católica. Al menos en mi país, Argentina, la iglesia católica se ha opuesto a la exhibición de cualquier filme que contuviera cualquier cosa relacionada con el sexo. Ya fuese un desnudo, pechos femeninos, caricias, sensualidad toda. Por supuesto que no estoy pidiendo que se muestren escenas de sexo explícito, sino simplemente de escenas que muestren a dos personas amándose y que jueguen un papel necesario en la película.

Ahora sí, si uno quiere ver cómo se deshace a una persona en mil quinientos pedacitos, encontrará, también, mil quinientas formas diferentes de hacerlo. Películas como El juego del miedo, Jeepers Creepers, La masacre de Texas, Destino final (y eso por no nombrar a esas clásicas series que ya todos conocemos) son sólo una muestra interminable de matanzas a cada cual más grosera, bizarra y explícita. Cabezas que revientan o son aplastadas, cuerpos mutilados, atravesados por todo tipo de elemento metálico, métodos varios de tortura. Es realmente cansador y aburridor ver una y otra vez la misma escena con las variantes del caso (de un película a otra de la misma serie lo único que varía es que cada vez las formas de matar se hacen más grotescas y explícitas).

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No voy a cometer el error de culpar de todo a la T.V.; pero vamos, no me van a decir que no hay cierta correlación entre la violencia que se nos muestra constantemente y la violencia que vivimos a diario en nuestras sociedades. Hay un canal —cuyo nombre, sinceramente, no recuerdo— que en una de sus publicidades destaca a varios asesinos seriales que se basaron en películas para cometer sus crímenes, como si imitar a un ídolo del deporte o de la canción se tratara.

La preguntas que siempre me hago son, como siempre, simples: ¿Qué mente enferma considera que un pecho femenino sea algo que debe esconderse? ¿Qué degenerado o enfermo considera que un joven no puede ver a una pareja amarse y sin embargo nada dice cuando un hombre viola y desgarra lenta, meticulosamente, a una mujer inocente e indefensa? ¿Qué patología sufre aquel que prohíbe una escena donde una mujer o un hombre se desnudan inocentemente y nada dicen cuando el cuerpo desnudo aparece descuartizado y en medio de litros y litros de sangre?

Seré simple, seré inocente, seré algo estúpido quizá; pero creo que si les enseñáramos a nuestros hijos el valor de amar, estaríamos bastante mejor. Y no me refiero a las vacías frases de amor de una tarjeta o de un cartelito de esos que aparecen en la red. Me refiero al verdadero acto del amor, al que incluye el cuerpo y el alma; los labios y el sentimiento, las manos inquietas y la bondad, la confianza ciega de entregarse a las manos del otro. Quizá con el paso del tiempo conseguiríamos una generación donde las personas verían la piel del otro como algo digno de acariciar, no un lugar donde marcar una cruz con un cuchillo de quince centímetros.

El «sunicuhijo»

Desde 1820 hasta la abolición de la pena de muerte en su Constitución de 1978, España utilizó un dispositivo de tortura denominado «el garrote vil». El prisionero era sentado de espaldas contra un grueso poste que tenía un orificio ubicado a la altura de su cuello. Por éste se introducía una soga que rodeaba su garganta y emergía del otro lado, donde se insertaba entre la soga un garrote que luego era rotado por el verdugo, hasta estrangular al condenado. Delante de éste se ubicaba un sacerdote, quien sostenía un crucifico frente a su rostro, para que la víctima rezara el Credo mientras el verdugo hacía girar el garrote y tensara la cuerda. El público habitual era tan entendido en este tormento que hasta calculaba el tiempo en el que se produciría la muerte y llegaban  a hacer apuestas. La experiencia mostraba que el promedio de sacrificados sólo alcanzaba a llegar al «sunicuhijo» del Credo. La oración iba (va) así: «Creo en un solo Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible, y en Jesucristo, su único hijo…», y hasta este punto dejaba de rezar el reo, por lo que el habla popular llegó a fundir estas tres últimas palabras en el mentado «sunicuhijo». Durante el espectáculo, no era extraño que quienes habían apostado que el condenado excedería el «sunicuhijo», alentara a la víctima a resistir y continuar rezando, para proteger su dinero; o que en el caso opuesto, lo insultara si lo veía sucumbir tempranamente.

Cereijido, Marcelino. Teoría general sobre los hijos de puta. Pág. 51

Más adelante, el garrote fue perversamente refinado, para pasar a consistir en un collar de hierro que, por medio de un tornillo, retrocedía hasta matar al acusado por asfixia. La variante denominada catalana incluía un punzón de hierro que penetraba por la parte posterior destruyendo las vértebras cervicales del condenado. El garrote, con sus refinamientos, fue instituido porque el ahorcamiento se consideraba excesivamente cruel, ya que el lapso de tiempo hasta la muerte era mucho más largo.
Fernando VII abolió, en 1828, la pena de muerte en horca y dispuso que, a partir de entonces, se ejecutase a todos los condenados a muerte con el garrote:
«en garrote ordinario los reos pertenecientes al estado llano, en garrote vil los castigados por delitos infamantes y en garrote noble los hijodalgo» —Real Cédula de 28 de abril de 1828
Cada tipo de ejecución llevaba aparejada una escenificación distinta, diferenciándose cada una principalmente por el modo de conducir al condenado hasta el garrote: los condenados a garrote noble iban en caballo ensillado, los de garrote ordinario iban en mula o caballo y los de garrote vil en burro o arrastrados. Es la denominación garrote vil la que ha prevalecido y hoy en día se suele usar este nombre para designar tanto al instrumento como a la pena de muerte que lo utiliza.
La ejecución se anunciaba con unos tambores con el parche flojo, no tirante, que se llamaban “cajas destempladas”, de donde ha quedado la expresión.
Fuente: wikipedia
Los últimos condenados por este sistema en España (el anarquista catalán Salvador Puig Antich, en la Cárcel Modelo de Barcelona, y el delincuente común de origen pretendidamente polaco Heinz Ches, en la de Tarragona) fueron ajusticiados el 2 de marzo de 1974.
Portada del periódico francés “Le monde liberetaire” haciendo referencia al garrote vil, pena de muerte medieval que Franco aplicó en España hasta 1974.