Teoría del yo

Teoría del viaje - Michel OnfrayHace varios meses me regalaron Teoría del viaje, este pequeño volumen de Michel Onfray del que hoy les traigo un breve fragmento. Como todos sabemos, hay libros que se nos vuelven esenciales por diversos motivos; para mí Teoría del viaje es uno de ellos. Desde el momento mismo en que lo recibí me adentré en él y he vuelto a hacerlo infinidad de veces (y seguiré haciéndolo, estoy seguro). Con un trasfondo filosófico inevitable —se trata, después de todo, de Michel Onfray— y con la delicadeza de la prosa poética, el filósofo francés despliega toda una serie de maravillosas y acertadas reflexiones sobre el viaje y el viajero. El fragmento que les dejo hoy reúne esas características:

“No se escogen los lugares predilectos, ser es requerido por ellos. En el registro elemental de los filósofos presocráticos, cada uno puede descubrirse portador de una pasión por el agua, la tierra o el aire, circulando el fuego por el cuerpo mismo del viajero. Los nómadas empedernidos proceden de un elemento que los recoge, los contiene, los anima y federa sus entusiasmos: el mar y las olas de los navegantes, las montañas y las llanuras de los caminantes, el éter y el azul de los aviadores, esos tres puntos cardinales orientan un movimiento sobre el globo en rotación bajo los dedos o sobre los mapas recorridos en su totalidad y escrutados al detalle”.

Me detengo en un par de detalles: al comienzo de la cita, Onfray no cae en el lugar común de invertir los términos para crear un mero juego de palabras. No dice “”No se escogen los lugares predilectos, ser es escogido por ellos”, que es lo que haría un mal escritor; sino que se es requerido por ellos. Esa sutileza marca, también, una diferencia en la idea en sí. El viajero es alguien que se adentra en el mundo, no alguien que va a la conquista de él (conquista que hoy en día se circunscribe a una mera fotografía). Después, luego de citar indirectamente a los filósofos presocráticos, Onfray nos distingue en viajeros de agua, de tierra o de aire (el fuego, por otra parte, es el formador de todo viajero). Esa división, más poética que científica, tampoco es descabellada. Jugando con ella me reconozco más cercano al agua que a cualquiera de los otros elementos, los cuales no por ello son dejados de lado, por supuesto; pero es el agua la que me ha detenido más tiempo a lo largo de mis viajes; es el agua la que me ha impulsado, a veces, a viajar hacia determinado sitio en detrimendo de otro.

Viajar

Dije que Teoría del viaje se ha transformado en uno de esos libros que nos resultan esenciales. Sé que voy a volver a él y que encontraré un nuevo fragmento que me resultará casi imposible de no compartir. Y es que la lectura también es un viaje que me resulta indispensable, y compartirlo es una forma de invitarlos a que viajen, aunque sea por un breve tiempo, conmigo.

Expoemas, de Xabier Novella

Geo Matrix - Corey Ench

Geo Matrix, diseño fractal – Corey Ench

Acabo de recibir, con no poco placer y algarabía doméstica, Expoemas, último libro de poemas de Xabier Novella Tortajada. Debo aclarar algo desde el inicio de esta entrada: Xabier Novella, en pleno uso de su inconciencia, le pidió a este modesto compañero que le escribiera unas palabras a modo de prólogo para este volumen. Es entonces que no voy a ser, lo que se dice, un dechado de objetividad, aunque por suerte, luego de la relectura que acabo de realizar, tampoco me voy a ver en la necesidad de falsear una sola de mis palabras; y eso es porque el libro de Xabier ha mantenido sus virtudes o, mejor dicho y como es lógico en toda relectura, ha ganado en sentidos o en capas de sentidos.

Dije, con respecto a Expoemas, entre otras cosas, lo siguiente:

“Todo acto poético es un retorno a la lengua perdida de Babel; a aquella lengua común que todos podíamos entender y compartir, lengua que era, por sobre todas las cosas, creadora de sentido. En un mundo donde el lenguaje se ha visto forzado a estancarse en el más banal de esos sentidos múltiples, es el poeta quién lo recrea una y otra vez forzándolo, quebrándolo, subvirtiéndolo si es necesario”.

Expoemas - Xavier Novella

“Ex poemas es, sí, un libro de poemas, pero es también un acto poético en sí mismo. Excede el marco de lo que tradicionalmente llamamos «libro» para convertirse en una obra totalizadora, en un objeto que nuclea poesía, juego, historia, ciencia, mitología y otras muchas disciplinas que funcionan —vuelvo a la misma imagen— como puertas infinitas. No hay guía ni brújula aquí que puedan ayudarnos; sólo tenemos que volver a disfrutar de esa lengua de Babel que nos propone Novella; volvernos niños y recrear el placer lúdico y estético puro. Xabier Novella se hermana con aquellos versos que Dylan Thomas nos regalara no hace tanto tiempo: “La pelota que arroje / cuando jugaba en el parque / aún no ha tocado el suelo”. Ésa es la idea: volver a la fuente; a la fuente del idioma y del juego. Volver, en síntesis, a la poesía pura”.

La poesía es, junto con la música, la más alta de las formas artísticas. Xabier juega (otra vez esa palabra) con ambos géneros mucho más de lo que suelen hacer los poetas actuales y pasados, para quienes la música es parte del ritmo del verso y poco más. Xabier usa la página toda para desplegar imágenes, para jugar con la tipografía, para obligarnos a recorrerla en su totalidad y así poder lograr la comprensión final: forma y contenido son una y única cosa en este poemario. De allí la idea que se tiene al terminar la lectura: “Volver, en síntesis, a la poesía pura”.

Pueden visitar el blog de Xabier, Metáfora de un grito, aquí.

La historia interminable

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En una página de su El infinito viajar, Claudio Magris narra la historia (tal vez apócrifa) de un hombre que, durante la guerra civil española y para protegerse de esa violencia o de otra violencia personal, se ocultó en la Biblioteca pública de Madrid a lo largo de varios meses. Magris se imagina a ese hombre protegido por las altas paredes de libros, de donde sólo saldría por la noche para buscar algo para comer y adonde volvería cuanto antes.

No deja de parecerme por demás atractiva esta idea de separarse del mundo pero, al mismo tiempo, estar rodeado de toda la historia de la humanidad. Me sabe a historia con toques de isla desierta; ya sea con los tesoros de Stevenson o con alguno de esos chistes que aparecen en los periódicos. Las variantes que podemos crear pueden ser infinitas: desde la historia del hombre que nada sabe pero que por aburrimiento comienza a leer hasta convertirse en un sabio; la historia del hombre que encontró en uno de esos libros la respuesta a su problema personal; o tal vez la historia del hombre que quedó para siempre allí, un eterno bibliotecario entre esos libros que resultaron ser, más que una protección, una celda. Tal vez en esta misma historia estamos representados todos nosotros.

 

Magia

Hay un poema dando vueltas por la red que me parece estupendo para los niños que comienzan a leer. No sé quién es el autor, pero no importa demasiado; sólo importa el hecho de que es así como debe hacerse para que los niños se acerquen a la lectura. Hace unos pocos días estuve ayudándole a un muchacho de catorce años —lo necesitaba para un trabajo escolar— a leer El poema del Mío Cid; y no pude menos que preguntarme cómo es posible que aún se les obligue a leer textos como ese en la escuela. A esos libros se llega luego de haber leído durante mucho tiempo, nunca son los adecuados para comenzar a leer. ¿Qué clase de formación les brindamos a nuestra juventud si como primera lectura le arrojamos por la cabeza El Quijote o Hamlet? La literatura debe ser la única materia que se enseña de atrás para adelante. ¿Se imaginan si en matemática comenzaran con ecuaciones de segundo grado para terminar enseñándoles a restar y a sumar?
Vuelvo al punto de partida: creo que el poema que dejo a continuación es un ejemplo de cómo se debe acercar la literatura a los más pequeños. No voy a hacer ningún comentario después; sólo deseo que despierte en ustedes al niño que todos llevamos dentro y que lo disfruten con simpleza, como si hubiesen vuelto a tener nueve o diez años.

Magia

Magia

Lee esto para ti. Léelo en silencio.
No muevas tus labios. No produzcas ni un sonido.
Léelo para ti. Escucha sin oír nada.
¿Qué cosa maravillosamente extraña, no?

¡AHORA HAZ ESTA PARTE FUERTE!
¡GRÍTALA EN TU MENTE!
DEJA TODO FUERA DE ELLA
Ahora, oye un suspiro. Un delicado suspiro.

Ahora, lee la siguiente línea con tu mejor voz rasposa de viejo:
“Hola, pequeño. ¿Tiene tu ciudad una oficina de correos?”
¡Sorprendente! ¿Quién era esa persona? ¿De quién era esa voz?
¡Seguro que no fue la tuya!

¿Cómo hiciste eso?
¡¿Cómo?!
Debe ser magia…

Lecturas ligeras y lectores pesados

Biblioteca de playa

Hace un par de días hablaba con una amiga de allende el Atlántico sobre las “lecturas difíciles” según el grueso de la opinión pública. Ella nombró a El nombre de la rosa como una de los libros que le habían encantado pero que, en general, recibían el mote de “pesados”. Eso me llevó a pensar en una costumbre argentina (aunque supongo que lo mismo ocurre en otras latitudes de nuestro planeta; estas “costumbres” están digitadas desde la industria, así que no me extrañaría que ustedes certifiquen que lo mismo ocurre por donde viven. De todos modos, uno debe hablar de lo que sabe, así que me limito a lo que conozco); decía sobre una costumbre argentina habitual una vez al año: las “lecturas de verano”.

Y es que se supone que en el verano la gente “no quiere nada complicado”; entonces las lecturas para la playa deben ser novelas ligeras o cuentos sin muchas palabras difíciles, no vaya a ser cosa que el lector se indigeste con un pensamiento o dos.

Biblioteca de playa (2)¿Qué tiene de malo leer a Nietzsche o a Carpentier en la playa? Me pregunto y, aunque sé la respuesta, me quedo esperando que alguien, al menos una vez, intente responderla con los argumentos opuestos. Claro que no tiene nada de malo; pero el asunto va por otro lado. El asunto es que la gente a la que no le gusta pensar no va a hacerlo nunca, pero debe justificar esa nulidad de alguna manera; es entonces que se curan en salud y ya antes de ir a comprar un libro largan esa frase vacía: “No quiero nada complicado, sólo algo para relajarme… estamos en verano ¿no?”

Tengo la sensación de que quienes buscan lecturas fáciles tienen el hábito de pensar fácil; y que muchas veces el libro de playa es el sustituto de la TV. Como no pueden llevarse el aparato al mar y como no pueden mantener quieta la mente un segundo (¡Horror de horrores! ¡Estar en soledad con uno mismo!) intentan fugarse de alguna manera. De allí que una novela de Sidney Sheldon les sea más conveniente que una de William Faulkner. Alguna vez habría que escribir un ensayo titulado La incompatibilidad del Premio Nobel con el sílice y el aire salado.

¿Qué puede un hombre hacer?

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“Con una falta tal de gente con la que coexistir, como hay hoy; ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?” Dijo, alguna vez, ese solitario recurrente que fue Fernando Pessoa y con quien no puedo menos que estar en un cien por ciento de acuerdo. No voy a caer en la demagogia de decir que es aquí, en este sitio, donde he encontrado lo que no siempre encuentro a mi alrededor de manera palpable. No voy a caer en la demagogia de decirlo de manera en extremo rosa, pero no quiero obviar esa verdad grande como un mundo. Es verdad que es aquí donde me siento más cómodo y acompañado. Claro, también hay algunos casos personales donde esto ocurre; pero si lo coloco en perspectiva con el resto de la gente con la que me encuentro día a día, éstos son un grano de arena en el desierto.
De allí, entonces, que uno le dé la razón a Pessoa y, ante la falta total de sensibilidad que se encuentra en el mundo diario que nos toca vivir, terminemos refugiándonos en esa charla interminable que es la lectura. Allí, tal como lo señala aquella cuarteta de Quevedo: “Retirado en la paz de estos desiertos, / Con pocos, pero doctos libros juntos, / Vivo en conversación con los difuntos, / Y escucho con mis ojos a los muertos”; volvemos siempre a estar con nuestros amigos.

No hay chip como el papel

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Es un tema bastante común y presente el cantar loas a las nuevas tecnologías. Recuerdo cuando no hace mucho se hablaba de la maravilla que significaba el poder tener toda la Enciclopedia Británica en un CD; por ejemplo. Ahora se habla de nubes donde podemos guardar no sólo una enciclopedia, sino toda nuestra historia: nuestros escritos, fotos, música, recuerdos, y lo que les venga en gana. Pero también recuerdo que los CD´s tuvieron una vida más bien breve y todos aquellos que tenemos una computadora hemos pasado por esa terrible experiencia que como es la de perder todas esas cosas simplemente porque el aparato se mojó o se cayó al piso el “le entró un virus”. Vamos, que las nuevas tecnologías son prácticas para comunicarse y todo eso, pero no mucho más. Para guardar información no hay ni habrá como el viejo y querido libro. No voy a volver a hacer las loas de sus virtudes; ya todos las conocemos; mejor apunto para el otro lado y mejor aún si pongo un ejemplo. Vean esta foto:

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La imagen de la derecha es la misma que la de la izquierda; la única diferencia es que la segunda fue subida y descargada de Instagram noventa veces. La pérdida de información que cada upload y cada download producen hace que la imagen se deteriore hasta lo irreconocible.
Ahora, la misma idea obtenida en Youtube. Este usuario se tomó el trabajo de subir un video y descargarlo repetidamente mil veces. El resultado es notable (abajo, a la izquierda podrán ver el número de repeticiones. No se preocupen; no están las mil; sino un resumen de ellas); es notable cómo en apenas cincuenta repeticiones ya no nos es posible entender nada:

Creo que ésta es un de las mejores pruebas de que si queremos, como sociedad, guardar información para el futuro, debemos volcarnos a hacerlo en formato de libro. Él ya nos dio sobradas pruebas de que puede atravesar el tiempo y seguir brindando la información con la misma certeza que el primer día.