Tres pasiones

 

Bertrand Russell (1)

 

Bertrand Russell es uno de los hombres más lúcidos que ha pisado la Tierra. Para asegurarnos de ello sólo debemos leer cualquiera de sus libros (al menos los que los legos podemos leer, ya que los volúmenes de Principia mathematica reúnen un trabajo sólo apto para especialistas). Su Por qué no soy cristiano me ha acompañado por más de treinta años y lo sigue haciendo a menudo. Pero hoy quiero compartirles parte de la introducción a su autobiografía; prólogo escrito de su puño y letra el 25 de julio de 1956. No hay persona en este mundo —más allá de sus creencias, de sus ideas políticas, de sus inclinaciones personales— que pueda leer este texto y no decir “espero que cuando me llegue el momento yo pueda decir lo mismo”. Este fragmento es una muestra de esa lucidez de la que hablé al principio. Aquí está:

Para qué he vivido:

«Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad.

Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque comporta el Bertrand Russell (2)éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de ese gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que la conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que – al fin – he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas y he tratado de aprender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

 

 

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, victimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal pero no puedo y yo también sufro.

Esto ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad».

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Querer volver a ser niño

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Shaun Tan es un notable artista gráfico que ha creado las portadas de numerosos libros y que también ha ilustrado de manera magistral a clásicos infantiles, entre otros. En Los huesos cantores, recopila 75 esculturas que representan a otros tantos cuentos de los hermanos Grimm (Los huesos cantores toma su título de uno de los cuentos; el que habla sobre el hueso de un muchacho asesinado que, una vez tallado en una flauta, canta el destino y la injusticia). Cada escultura está fotografiada por el propio Tan y está acompañada de un breve texto del cuento. Juntos, fragmento y escultura, nos ponen en situación de quiénes son los personajes de la historia y se complementan en significado y connotaciones.

Shaun Tan (15)
Las esculturas tienen una altura de entre 10 y 30 cm. y están realizadas, según explica el propio autor, con papel maché y arcilla de secado al aire y pintura además de otros materiales como madera, pátina de hierro y de bronce, papel de aluminio, pan de oro, alambre, papel, hilo, tela, arena, azúcar y sal, arroz, flores o caramelos entre otros.
El libro tiene varios apartados. El primero de ellos es una breve explicación de quiénes eran y cómo crearon su obra los hermanos Grimm. Interesante historia que demuestra lo importante de su obra y el esfuerzo y las dificultades que se les presentaron en el camino. La contribución de los Grimm a la literatura infantil es importantísima y con esta introducción se hace latente su esfuerzo por conseguir su obra y el paralelismo con su vida personal.

Shaunh Tan
Al finalizar estas páginas, nos encontramos un epílogo del autor en el que explica el impacto de los cuentos de los hermanos Grimm en su vida y cómo se inspiró para crear estas esculturas. “A la hora de crear mis propias ilustraciones para Los huesos cantores, me he inspirado en gran medida en las tallas de piedra de los inuit y en las estatuillas de arcilla precolombinas (…). En estas manifestaciones se da una maravillosa mezcla de fantasía y realidad (…)”.

Una pequeña galería de sus trabajos en este libro. Para ver las imágenes en mayor tamaño, deben hacer clic en una de ellas. También pueden visitar la página personal de Shaun Tan aquí.

 

Buscar en el universo

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Umberto Eco dijo a fines del siglo pasado: el verdadero conocimiento radica en saber qué es lo que vale dentro del enorme cúmulo de información del que se dispone hoy. Otros pulieron la idea y de allí el concepto de analfabetismo funcional. Ya no importa si se sabe escribir o no, sino que ahora una persona culta es aquella que puede diferenciar y separar lo útil de lo inútil; es decir, y hablando en buen castellano, la paja del trigo.

Antes, Diderot se había anticipado a todos los demás: “A medida que pasan los siglos, la masa de obras crece sin cesar, y se puede prever un tiempo en el que será casi tan difícil educarse en una biblioteca como en el universo y casi tan rápido buscar una verdad subsistente en la naturaleza, como perdido entre un inmenso número de libros”.

Notable la anticipación del filósofo francés en pleno Siglo XVIII. Entre tantos miles y miles de volúmenes que se escribieron y se escriben ¿Cómo podremos ver lo que realmente vale la pena? Creo que aquí es cuando se abre la puerta a lo paradójico: la red, la misma que guarda todo y que lo multiplica hasta el hartazgo, es la que puede permitirnos, mediante sus buscadores y sus algoritmos, encontrar lo que necesitamos; pero eso sigue implicando que somos nosotros, en última instancia, quienes debemos saber qué es lo que estamos buscando. ¿Cómo salir de este atolladero?

Una soledad demasiado ruidosa

Una soledad demasiado ruidosa (1)

Llegué a Una soledad demasiado ruidosa, de Bohumil Hrabal gracias a la recomendación de Adrián Camargo; escritor, director de cine, poeta y mejor amigo, con quien tuve el gusto de compartir algún viaje presentando nuestros respectivos poemarios.

Debo reconocer que a Hrabal apenas lo recordaba por alguna portada, nunca por haberme adentrado en sus libros, así que queda aquí el agradecimiento a Adrián por la presentación. Voy a ser breve porque quiero dejar algunas citas de la novela, ya que es preferible que el autor hable por sí mismo antes que la torpe exposición de quien esto escribe. Sólo para brindar algo de perspectiva, diré que el protagonista de la novela es Hanta, un hombre que lleva treinta y cinco años trabajando en una prensa recicladora de papel. Allí llegan cargamentos enteros de libros que Hanta se llevará consigo o que colocará con las hojas expuestas en las pilas de papel reciclado. La metáfora de la literatura como forma de escape al comunismo que sufría la Checoslovaquia de Hrabal es evidente; de allí que apenas en la página 4 ya nos encontremos con algo así:

“Los libros me han enseñado, y de ellos he aprendido que el cielo no es humano en absoluto y que un hombre que piensa tampoco lo es, no porque no quiera sino porque va contra el sentido común.”

Una soledad demasiado ruidosa (6)

Pero no todo es una metáfora de la libertad bajo un régimen dictatorial.  A lo largo de las páginas vamos a encontrarnos con escenas variadas que incluso llegarán hasta rozar el surrealismo. Como muestra de la pluma de Hrabal, vaya este fragmento del segundo capítulo, donde Hanta habla de la muerte de su madre:

“Cuando murió mi madre, lloré por dentro, pero por fuera tenía los ojos secos. Al salir del crematorio vi que el humo trepaba por la chimenea hacia el firmamento, era mi madre que subía al cielo, y yo, que ya hacía diez años que trabajaba en mi cueva con papel viejo, bajé a la cueva del crematorio y me presenté diciendo que yo hacía aquel mismo trabajo, sólo que en vez de cadáveres humanos liquidaba cadáveres de libros, me quedé allí hasta que se acabó la ceremonia, vi cómo quemaban cuatro cadáveres al mismo tiempo, mi madre era la tercera, sin parpadear miraba de hito en hito el último elemento humano, a un empleado que separaba los huesos de las cenizas y los molía en un molinillo manual, así trituró también a mi madre, luego depositó los últimos restos suyos en una lata y yo sólo miraba, con los ojos fuera de las órbitas, como cuando veía alejarse los trenes que llevaban espléndidas bibliotecas hacia Suiza y Austria, a corona el kilo. Me venían a la memoria fragmentos de poemas de Sandburg que dicen algo así como que del hombre, al final, apenas queda nada más que el fósforo suficiente para una caja de cerillas, y el hierro suficiente para forjar un clavo donde colgarse”.

Una soledad demasiado ruidosa (7)

Por último, un notable fragmento del capítulo 6, donde Hanta se horroriza ante unos niños que rompen libros en lugar de leerlos y donde se compara este acto con la muerte sistematizada en una línea de montaje:

“[…] una maestra con un grupo de niños acababa de llegar al palacio de cristal iluminado por el sol; yo suponía que se limitarían a observar cómo se prensaba papel viejo, pero no, la maestra cogió un libro, atención, ¡crac!, arrancó las páginas, los niños lo comprendieron de sobra y todos tomaron libros con sus deditos, los libros se resistían, pero al fin y al cabo la fuerza de las manitas infantiles pudo más, las frentes se alisaron y pronto romper libros fue pan comido, mientras los obreros sonreían y los animaban… Todo eso me recordó mi visita a la granja industrial de Libuš; al igual que aquí los niños arrancaban las páginas de las cubiertas, allí eran jóvenes obreras quienes extirpaban con movimientos hábiles hígados y pulmones y corazones de pollos vivos colgados en un cinta transportadora, como si nada, todas las muchachas estaban alegres como unas pascuas, ignorando las miles de jaulas llenas de pollos vivos pero alicaídos… Algunos habrían podido escapar, y clo clo, picoteaban tan contentos, sin que se les ocurriese la posibilidad de liberarse, de huir lejos de la cinta con ganchos en la que las chicas colgaban del cuello a sus hermanitos. Eché un vistazo abajo, donde los niños aprendían a romper libros: en general se salían con la suya con tanto acaloramiento que se tuvieron que quitar las chaquetas y las camisas, sólo un niño y una niña se hicieron daño con algunos libros rebeldes […] Al final del largo pasillo me detuve; no pude resistir la tentación de desenvolver los paquetes para ver cuáles eran esos libros que habían ejecutado su venganza hiriendo los dedos de los niños: se trataba de Alicia en el país de las maravillas en dos tomos, saqué un ejemplar y comprobé que había salido en un tiraje de ciento cincuenta mil ejemplares, así que más de un cuarto de millón de Alicias luchaban con los deditos de los niños…”

Soy consciente de que los fragmentos que compartí aquí son algo extensos para lo que habitualmente es una entrada en un blog, pero creo que la pluma de Bohumil Hrabal merece que se la presente con la extensión que se merece; ya que como el mismo personaje dice en las páginas finales “cada objeto amado es el centro del paraíso terrenal”; y esta novela bien puede ser ese objeto.

Teoría del yo

Teoría del viaje - Michel OnfrayHace varios meses me regalaron Teoría del viaje, este pequeño volumen de Michel Onfray del que hoy les traigo un breve fragmento. Como todos sabemos, hay libros que se nos vuelven esenciales por diversos motivos; para mí Teoría del viaje es uno de ellos. Desde el momento mismo en que lo recibí me adentré en él y he vuelto a hacerlo infinidad de veces (y seguiré haciéndolo, estoy seguro). Con un trasfondo filosófico inevitable —se trata, después de todo, de Michel Onfray— y con la delicadeza de la prosa poética, el filósofo francés despliega toda una serie de maravillosas y acertadas reflexiones sobre el viaje y el viajero. El fragmento que les dejo hoy reúne esas características:

“No se escogen los lugares predilectos, ser es requerido por ellos. En el registro elemental de los filósofos presocráticos, cada uno puede descubrirse portador de una pasión por el agua, la tierra o el aire, circulando el fuego por el cuerpo mismo del viajero. Los nómadas empedernidos proceden de un elemento que los recoge, los contiene, los anima y federa sus entusiasmos: el mar y las olas de los navegantes, las montañas y las llanuras de los caminantes, el éter y el azul de los aviadores, esos tres puntos cardinales orientan un movimiento sobre el globo en rotación bajo los dedos o sobre los mapas recorridos en su totalidad y escrutados al detalle”.

Me detengo en un par de detalles: al comienzo de la cita, Onfray no cae en el lugar común de invertir los términos para crear un mero juego de palabras. No dice “”No se escogen los lugares predilectos, ser es escogido por ellos”, que es lo que haría un mal escritor; sino que se es requerido por ellos. Esa sutileza marca, también, una diferencia en la idea en sí. El viajero es alguien que se adentra en el mundo, no alguien que va a la conquista de él (conquista que hoy en día se circunscribe a una mera fotografía). Después, luego de citar indirectamente a los filósofos presocráticos, Onfray nos distingue en viajeros de agua, de tierra o de aire (el fuego, por otra parte, es el formador de todo viajero). Esa división, más poética que científica, tampoco es descabellada. Jugando con ella me reconozco más cercano al agua que a cualquiera de los otros elementos, los cuales no por ello son dejados de lado, por supuesto; pero es el agua la que me ha detenido más tiempo a lo largo de mis viajes; es el agua la que me ha impulsado, a veces, a viajar hacia determinado sitio en detrimendo de otro.

Viajar

Dije que Teoría del viaje se ha transformado en uno de esos libros que nos resultan esenciales. Sé que voy a volver a él y que encontraré un nuevo fragmento que me resultará casi imposible de no compartir. Y es que la lectura también es un viaje que me resulta indispensable, y compartirlo es una forma de invitarlos a que viajen, aunque sea por un breve tiempo, conmigo.

Expoemas, de Xabier Novella

Geo Matrix - Corey Ench

Geo Matrix, diseño fractal – Corey Ench

Acabo de recibir, con no poco placer y algarabía doméstica, Expoemas, último libro de poemas de Xabier Novella Tortajada. Debo aclarar algo desde el inicio de esta entrada: Xabier Novella, en pleno uso de su inconciencia, le pidió a este modesto compañero que le escribiera unas palabras a modo de prólogo para este volumen. Es entonces que no voy a ser, lo que se dice, un dechado de objetividad, aunque por suerte, luego de la relectura que acabo de realizar, tampoco me voy a ver en la necesidad de falsear una sola de mis palabras; y eso es porque el libro de Xabier ha mantenido sus virtudes o, mejor dicho y como es lógico en toda relectura, ha ganado en sentidos o en capas de sentidos.

Dije, con respecto a Expoemas, entre otras cosas, lo siguiente:

“Todo acto poético es un retorno a la lengua perdida de Babel; a aquella lengua común que todos podíamos entender y compartir, lengua que era, por sobre todas las cosas, creadora de sentido. En un mundo donde el lenguaje se ha visto forzado a estancarse en el más banal de esos sentidos múltiples, es el poeta quién lo recrea una y otra vez forzándolo, quebrándolo, subvirtiéndolo si es necesario”.

Expoemas - Xavier Novella

“Ex poemas es, sí, un libro de poemas, pero es también un acto poético en sí mismo. Excede el marco de lo que tradicionalmente llamamos «libro» para convertirse en una obra totalizadora, en un objeto que nuclea poesía, juego, historia, ciencia, mitología y otras muchas disciplinas que funcionan —vuelvo a la misma imagen— como puertas infinitas. No hay guía ni brújula aquí que puedan ayudarnos; sólo tenemos que volver a disfrutar de esa lengua de Babel que nos propone Novella; volvernos niños y recrear el placer lúdico y estético puro. Xabier Novella se hermana con aquellos versos que Dylan Thomas nos regalara no hace tanto tiempo: “La pelota que arroje / cuando jugaba en el parque / aún no ha tocado el suelo”. Ésa es la idea: volver a la fuente; a la fuente del idioma y del juego. Volver, en síntesis, a la poesía pura”.

La poesía es, junto con la música, la más alta de las formas artísticas. Xabier juega (otra vez esa palabra) con ambos géneros mucho más de lo que suelen hacer los poetas actuales y pasados, para quienes la música es parte del ritmo del verso y poco más. Xabier usa la página toda para desplegar imágenes, para jugar con la tipografía, para obligarnos a recorrerla en su totalidad y así poder lograr la comprensión final: forma y contenido son una y única cosa en este poemario. De allí la idea que se tiene al terminar la lectura: “Volver, en síntesis, a la poesía pura”.

Pueden visitar el blog de Xabier, Metáfora de un grito, aquí.

La historia interminable

Imagen 2

En una página de su El infinito viajar, Claudio Magris narra la historia (tal vez apócrifa) de un hombre que, durante la guerra civil española y para protegerse de esa violencia o de otra violencia personal, se ocultó en la Biblioteca pública de Madrid a lo largo de varios meses. Magris se imagina a ese hombre protegido por las altas paredes de libros, de donde sólo saldría por la noche para buscar algo para comer y adonde volvería cuanto antes.

No deja de parecerme por demás atractiva esta idea de separarse del mundo pero, al mismo tiempo, estar rodeado de toda la historia de la humanidad. Me sabe a historia con toques de isla desierta; ya sea con los tesoros de Stevenson o con alguno de esos chistes que aparecen en los periódicos. Las variantes que podemos crear pueden ser infinitas: desde la historia del hombre que nada sabe pero que por aburrimiento comienza a leer hasta convertirse en un sabio; la historia del hombre que encontró en uno de esos libros la respuesta a su problema personal; o tal vez la historia del hombre que quedó para siempre allí, un eterno bibliotecario entre esos libros que resultaron ser, más que una protección, una celda. Tal vez en esta misma historia estamos representados todos nosotros.