Resurrección

 

Max Ernst, Interiores, Exteriores, las fases de la noche 1946

Max Ernst, Interiores, Exteriores, las fases de la noche 1946

 

El siguiente poema pertenece al poeta checo Vladimir Holan. Como todo gran poema, es engañosamente simple; es un microcosmos, un mundo o como queramos (intentar) explicarlo. Decir que las cosas no son de un modo, del modo que siempre creímos (decirle “no” a Dios) sino que son de otra manera, más sencilla y que está aquí mismo es, en síntesis, la poesía.

 

Resurrección

 

¿Que después de esta vida tengamos que despertarnos un
día aquí
al estruendo terrible de trompetas y clarines?
Perdona, Dios, pero me consuelo
pensando que el principio de nuestra resurrección, la de
todos los difuntos,
lo anunciará el simple canto de un gallo…

Entonces nos quedaremos aún tendidos un momento…
La primera en levantarse
será mamá… La oiremos
encender silenciosamente el fuego,
poner silenciosamente el agua sobre el fogón
y coger con sigilo del armario el molinillo de café.
Estaremos de nuevo en casa.

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Giro

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Para L.

Giro

 

Acariciando valles, declives suaves

de perfecta simetría

sintiendo en las yemas los límites imposibles

de tu territorio

yo giro en torno a ti,

país errante.

 

Hundiendo mi conciencia

en la calidez de tus profundidades

encallando mis dedos en el bosque oscuro

de tus cabellos

Sol de palidez, yo giro en torno a ti

como un satélite ebrio en una órbita ebria.

 

Recorriendo con mis manos las utópicas columnas

que sostienen tu templo

y el altar de tu boca

yo giro en torno a ti como un profeta,

diosa alada

y giro…

giro…

giro…

No te cambio diez ayeres…

 

Max Ernst - My Friend Pierrot

Max Ernst – My Friend Pierrot

 

 

Disfraz

.
Me disfrazo con mi nombre
y salgo a la calle
listo para encallar mi nave
en la luz de lo posible.

.
Mi sombra, lista, se apresta a brillar y se adelanta
cómplice, en esta ciudad opaca                                                                                                        donde
no te cambio diez ayeres
por un hoy
o un medio mañana.

Extraña simbiosis

 

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Otro año que paso el día de muertos en este magnífico y extraño país (esas dos cosas parecen alternarse de manera constante por aquí y no me acostumbro del todo a ello. Tal vez sea que es imposible, para alguien que no ha nacido en esta tierra, poder acostumbrarse a ello. O lo entiendes o no lo entiendes; no parece haber un término medio en este asunto).

No voy a volver a tocar el tema del significado de este día tan especial; un poco porque ya lo hice antes, otro poco porque esa información puede encontrarse en otros sitios y otro poco más por lo que dije antes: por más que intentemos entenderlo siempre habrá algo que se nos escapará y que, vaya ironía, siempre tendremos la sensación de que eso que se nos escapa es, precisamente, lo esencial.

Entonces sólo les compartiré un poema de mi querida Julie Sopetrán (otra eterna enamorada de esta tierra), el cual pueden encontrar, entre otras muchas cosas de esa relación amorosa, en su sitio Magias de México.

EN LA CALLE – Calaca

Tres amigos se encontraron
para hablar de cualquier cosa;
se sentaron en un banco
dejando abierta la losa…
Sin un pelo en la cabeza
deshuesados y sonrientes;
se lo pasaban fetén
viendo pasar a la gente.
Uno de ellos se fijaba
en una guapa mozuela;
que perdía sus andares
por la estrecha callejuela.
El del centro suspiraba
recordando su vivencia;
y hasta quería volver
al sueño de la existencia.
El tercero acobardado
mirando al suelo pensaba;
que era mejor estar muerto
que mirar lo que pasaba:
un niño muerto del hambre
un político ladrón,
un emigrante sin casa
y cuántos… sin corazón.
Los tres se sintieron tristes
y a la tumba regresaron;
la losa quedó cerrada
y del mundo, se olvidaron.

 

Voy a llevarme este poema para cuando pase esta noche en el cementerio. De eso se trata esta incomprensible simbiosis: pasar una noche en el cementerio no es, como los extranjeros solemos pensar, una idea fantasmagórica, u oscura o demoníaca o terrorífica. Aquí esto es vida. Vida. De eso se trata.

Una buena noticia

La publicación de un libro de poemas es siempre una buena noticia; si además esa publicación es de un amigo y además si, dejando lo más importante para el final, el libro es pode más bueno, el asunto ya se torna maravilloso.

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En julio de este año hablé de ExpoemasEl último libro de poemas de Xabier Novella Tortajada. No voy a repetir lo que dije en ese momento (releo esa entrada y reafirmo lo que allí dije, así que modestamente allí los remito); sólo quiero hacerlos partícipes de la buena noticia de que el libro y está a la venta y que puede conseguírselo con facilidad. Pueden visitar el sitio de Xabier y la entrada específica aquí.

También puede acceder al sitio oficial de la editorial aquí.

Y por último, espero que disfruten de un poeta que suele romper los moldes y las formas y que no lo hace por darse aires de hipermoderno o algo por el estilo, sino porque sabe manejar con particular destreza esa materia prima que es la palabra y hacer que ella diga y haga lo que él quiere que diga y que haga, lo cual hoy es ya un más que poderoso argumento a favor del poeta.

 

Collage de mí mismo

Algunos de los que por aquí pasan saben de mi costumbre de hacer collages; esa forma de arte o juego que consiste en recortar fotos o imágenes y de hacer con ellas alguna otra  imagen o, directamente, alguna otra cosa. Hoy les comparto, entonces, dos collages, de los cuales el primero es muy sencillo y sólo está aquí para ilustrar al segundo.

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Collage de mí mismo

 

A veces pego un pedacito
de mí
sobre una foto tuya
no sólo los labios
(bien sabes que siempre
estuve lejos de Bécquer).
A veces es una mano
la punta de mi nariz
a veces sólo recorto
un pedacito de camisa
o de pantalón
y los pego en un paisaje campestre
y sólo lo hago
porque luce bien.

Me gusta verme allí
como centavos
sobre la mesa de luz
vistos desde lejos
es decir como fragmentos
de formas indefinidas.
Como el que soy ahora
jueves veintiséis
de octubre
un pedacito de mí
apartado
del yo mayor, abarcador,
un pedacito
sin forma definida
pero que de algún modo
forma parte de todo
de todo
de todo
lo que me rodea.

 

Adiós al columpio

 

Adrián

 

Adrián Camargo es director de cine y poeta o poeta y director de cine, vaya uno a saber. También puedo decir, por fortuna, que somos amigos y que además de esos dos temas señalados: el cine y la poesía, compartimos una tercera que completa nuestras charlas: la fórmula 1. Hace unos días tuve el placer de presentar su libro Todavía es mañana; presentación que se hizo online y en vivo dentro del ciclo de presentaciones organizadas por la Sociedad de Escritores Michoacanos.

De su primer libro de poemas, Clavicordio, (2002) les comparto un texto que desde el título señala las dos pasiones de Adrián; esas dos pasiones que se suman en su trabajo y que a veces es difícil de distinguir.

 

Las alas del deseo

 

Cuando el niño era

soñó que un racimo de ángeles

le dictaban las pocas palabras

que tenía para nombrar al mundo.

 

Cuando el niño era

no escatimaba en caminar

por entre los tristes lazos de la lluvia

y se atrevía a escuchar los murmullos

que los humanos pensaban a su alrededor.

 

Cuando el niño era

se escurrió entre los ojos de una mujer

y de un zarpazo cayó del columpio.