Pensar, hablar, catalogar

En Otras Inquisiciones, Borges escribe sobre una extraña taxonomía encontrada en una antigua enciclopedia china titulada Emporio celestial de conocimientos benévolos. Borges dice: “En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (e) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (l) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas”.

Dyirbal

Esta enumeración es, sin duda, fantástica, pero tiene algo de verdad, ya que diferentes Dyirbalculturas pueden clasificar el mundo de formas sorprendentemente diferentes. En Dyirbal tradicional, una lengua aborigen de Australia, cada sustantivo debe ser precedido por una variante de una de cuatro palabras que clasifican todos los objetos en el universo (pueden acceder a un detallado estudio de este lenguaje en este PDF de la Universidad de Harvard):

Bayi: hombres, canguros, zarigüeyas, murciélagos, la mayoría de las serpientes, la mayoría de los peces, algunos pájaros, la mayoría de los insectos, la luna, tormentas, arco iris, boomerangs, algunas lanzas, etc.

Balan: mujeres, zarihueyas, perros, ornitorrincos, osos hormigueros, algunas serpientes, algunos peces, la mayoría de los pájaros, luciérnagas, escorpiones, grillos, todo lo relacionado con agua o fuego, sol y estrellas, escudos, algunas lanzas, algunos árboles, Etc.

Balam: todas las frutas comestibles y las plantas que las llevan, tubérculos, helechos, miel, cigarrillos, vino, pastel.

Bala: partes del cuerpo, carne, abejas, viento, barras de comida, algunas lanzas, la mayoría de los árboles, hierba, barro, piedras, ruidos y lenguaje, etc.

George Lakoff, lingüista de UC-Berkeley, en su Women, Fire y Dangerous Things, de 1987, dice al respecto: “El hecho es que las personas de todo el mundo categorizan las cosas de una manera que aturde tanto a la mente occidental como a los lingüistas y antropólogos occidentales. Más temprano que tarde el lingüista o antropólogo acaba por levantar las manos y recurre a dar una lista; una lista que no nos sorprendería encontrar en los escritos de Borges”.

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Si, como algunos lingüistas creen hoy en día, el pensamiento está estrechamente relacionado con el lenguaje ¿Cómo pensarán los integrantes de la tribu Dyirbal? ¿Afectará esa forma de pensamiento a otros ámbitos de la vida social? El enlace que dejé más arriba, a un archivo PDF, relaciona este asunto con el problema del lenguaje y la violencia de género; pero podríamos extender este asunto a otros aspectos de la vida también. Quién sabe, tal vez encontremos la solución a alguno de nuestros problemas pensando como lo hace una lejana tribu australiana.

Anarquistas eran los de antes

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Varias veces he nombrado aquí al estupendo ensayo de Borges Kafka y sus precursores. Para ir directo al grano, diré que en ese ensayo Borges postula que cada lectura modifica a las posteriores pero, más importante, también a las anteriores. Se me ocurre un ejemplo que tal vez sea banal, pero que servirá: Cuando asistimos a una representación de Hamlet y aparece el fantasma del padre de ese personaje ¿Vemos y sentimos lo mismo que un espectador del teatro isabelino? Sin saber con exactitud qué es lo que sentían aquellas personas, podemos asegurar que las sensaciones y pensamientos son muy, pero que muy diferentes. En el siglo XXI, luego de haber visto decenas de películas de terror, luego de haber leído muchos cuentos y relatos de fantasmas y aparecidos, no vemos en ese espectro más que un atajo dramático o, tal vez, una mera curiosidad psicológica (¿Es real el padre de Hamlet o sólo es producto de la imaginación de los personajes?).

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Con esto quiero señalar, ahora, un aspecto personal de lo antedicho. Es decir que quiero contarles cómo esto es una realidad palpable para mí, no sólo una bella idea en un ensayo de Borges. Me explico. Sigo leyendo, como dije hace pocos días, con no poca fascinación, a Esquilo. Esta vez le toca a Agamenón (primera parte de La Orestea); tomo el libro, lo abro donde lo dejé la noche anterior y leo:

“Alguien dijo que las deidades no se dignan siquiera cuidarse de los mortales que pisotean el honor de lo inviolable. Ése no era un nombre piadoso. La maldición se revela en los frutos de las ilícitas osadías de quienes se muestran más orgullosos de lo que es justo, cuando en exceso sus casas rebosan sobrepasando la medida óptima. Tenga sin daño la riqueza, de modo que pueda bastarle, quien por su suerte ha logrado la sabiduría, pues no es un baluarte la riqueza para el varón que por buscar la saciedad da un puntapié grandioso altar de la Justicia, para hacerla desaparecer”.

¡Maravilloso! Pero no puedo dejar de ver en ese pasaje a todo el conglomerado neoliberal que nos rodea y nos ahoga. Claro, Esquilo habla del poder y del exceso de poder; habla de la hybris que impulsa a todo aquel que se deja arrastrar por la desmesura del dinero. Es cierto, un imbécil con poder es igual ahora que hace dos mil quinientos años.

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Continúo con la lectura y dos páginas después me encuentro con esto:

“Cosa grave es la voz de unos ciudadanos que sienten rencor. El gobernante paga la deuda cuando la maldición del pueblo se cumple”.

Diablos; menuda representación de un estado de revuelta popular… Luego, tan solo unas pocas líneas adelante, encuentro lo siguiente:

“Prefiero un bienestar que no provoque envidia. ¡Nunca sea yo destructor de ciudades! ¡Ni, prisionero, vea mi vida sometida a otro!

¿Pero no es ésta la síntesis del pensamiento anarquista? “Ni mandar ni ser mandados”, dice esta corriente filosófico-política ¿De dónde me sale esto de un Esquilo anarquista?
Como dije al principio (en realidad lo dijo Borges, ya lo sé): No puedo ni podré leer a los clásicos tal como fueron escritos; sólo puedo acceder a ellos a través de los ojos de un lector del Siglo XX (que es donde me formé) o del Siglo XXI (el cual es el que habito). Sea como fuere, leer a Esquilo es un placer exquisito; encontrarme con un Esquilo anarquista o socialista es algo que excede la mayor de las alegrías.

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Todo confluye

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Releo algunas páginas sueltas de un viejo diario personal y veo que la lectura de ciertos hechos implica un dolor o un desagrado que no hoy no merecen la pena pero que, inevitables, se hacen presentes cada vez que vuelvo a ellas. Por esa razón, desde hace años escribo en mis diarios sólo notas tangenciales o fragmentos de estilo casi ficcional; tal vez como forma de engañarme a mí mismo en una lectura futura. Al mismo tiempo leo, también, y para un trabajo personal, Ficciones, de Borges. Ese volumen contiene, como alguno recordará, La biblioteca de Babel; relato donde se nos muestra una biblioteca infinita. Por último, y de manera totalmente azarosa, llega mis manos este fragmento de Prosas apátridas, de Julio Ramón Ribeyro: “Podemos memorizar muchas cosas, imágenes, melodías, nociones, argumentaciones o poemas, pero hay dos cosas que no podemos memorizar: el dolor y el placer. Si nos fuera posible revivir el placer que nos procuró una mujer o el dolor que nos causó una enfermedad, nuestra vida se volvería imposible. En el primer caso se convertiría en una repetición, en el segundo en una tortura. Como somos imperfectos, nuestra memoria es imperfecta y solo nos restituye aquello que no puede destruirnos”.

Es por eso, me digo entonces, que la Biblioteca de Babel es un sitio terrorífico; es por eso que una memoria infinita sería una tortura insoportable (como en ese otro cuento de Borges, Funes, el memorioso). Es por eso que uno no debe dejar por escrito todo lo que ocurrió en el pasado; porque incurrir en ese error conlleva lo atroz de otorgarle a lo que debe ser olvidado el carácter o la posibilidad de la inmortalidad. Como bien lo sintetizó Robert Silverberg (y me disculpo por la cantidad de nombres y de citas; pero hoy mi mente anda por estos rumbos sin que pueda hacer nada por evitarlo): Todo confluye  en este instante del ahora. Y es nuestro deber hacer que este ahora no nos agobie con recuerdos que no merecen, siquiera, un sólo instante de atención.

El salvaje y yo

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
Jorge Luis Borges.

ef6da6925b4afe1547e66184151c9229Leo esta frase de Winwood Reade: “El salvaje, el hombre primitivo, vive en un mundo extraño, un mundo de providencias especiales y de interposiciones divinas, que no tienen lugar espaciadamente, muy de vez en cuando y en aras de una gran finalidad, sino a diario, casi a cada hora… La muerte, en sí misma, no es un evento natural. Tarde o temprano, los hombres enfurecen a los dioses y son asesinados. Para quienes no han vivido entre los hombres primitivos, es difícil entender con total perfección el alcance de su fe. Cuando se le señala que sus dioses no existen, el hombre primitivo se limita a reír, maravillándose, sin más, de que se haga tan extraordinaria observación… Su credo está en armonía con su intelecto, y no puede ser modificado si antes no se modifica su intelecto.”

Bien, estoy de acuerdo con esta explicación de Reade. No creo que nadie pueda oponerse a ella. El punto es que no veo razón alguna por la que esta frase no pueda ser aplicada a cualquier tipo de creyente. ¿Será porque el “salvaje” siempre es el otro? ¿Será porque uno siempre encuentra tan fácil justificarse que no puede ver ni siquiera un poquito más allá el alcance de sus propias palabras?

Cuando leí esto recordé los versos de Borges con los que abrí éste post. Si el salvaje siempre es el otro, ¿Qué sucede cuando el otro soy YO?

Como granos de arena

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Borges dice que Edgar Allan Poe creó no sólo el género policial; sino también a un nuevo tipo de lector: el lector de novelas policiales. Un lector que sospecha, que es sumamente incrédulo, un lector que siempre está intentando anticiparse al propio autor.

Creo que el primero que dijo que hay que leer sólo aquello que nos agrada fue Montaigne, en sus Ensayos. Esa idea la retomaría luego Emerson en su estética y de allí pasaría al infatigable Borges. Leer sólo lo que nos causa placer es uno de los grandes consejos que pueden dársele a un lector cualquiera, pero tal vez es el consejo ideal para un lector novato, quienes a veces suelen creer que hay que leer “lo que hay que leer”, idea que es una receta perfecta para perder adeptos a esta costumbre.

Uniendo las dos ideas y considerando, entonces, que cada cual lee lo que le gusta leer y que cada lectura modifica al lector; pienso que así tenemos lectores hedonistas, lectores sospechosos, lectores poéticos, lectores informativos, lectores lógicos, lectores caóticos, y quién sabe cuántos otros tipos diferentes.  Y también estamos, lo digo modestamente, quien como Cervantes leemos hasta los papeles que encontramos tirados en el piso. Lectores omnívoros, voraces, infatigables.

¿Y tú, qué tipo de lector eres?

Resurrección

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Dijo Jorge Luis Borges: “¿Qué es un libro en sí mismo? Un libro es un objeto físico en un mundo de objetos físicos. Es un conjunto de símbolos muertos. Y entonces llega el lector adecuado, y las palabras —o, mejor, la poesía que ocultan las palabras, pues las palabras solas son meros símbolos— surgen a la vida, y asistimos a una resurrección del mundo”.

¿Y si expandimos los horizontes borgesianos? ¿Y si todo fuese símbolo, no sólo las palabras? ¿Qué despertaría a ese mundo tan nuestro, tan privado, tan necesario? Pienso en una piel y unos labios y en el nombre que llevan tras de sí; pienso en un abrazo que me espera en el sur; pienso en una voz que no volveré a escuchar pero que me acompañaba desde el pasado lejano; pienso en el contacto con la piel peluda de un ángel en particular (los únicos ángeles que conozco caminan en cuatro patas y los llamamos perros); pienso en un paseo solitario por cualquier lugar; pienso en un cuadro de Renoir que vi en el Museo Soumaya; pienso en los árboles reverdeciendo en la primavera de Mar del Plata.

Cuánta poesía nos rodea, incontenible…

Elogio de la mierda.

Jorge Luis Borges, en uno de sus últimos libros (La cifra, 1981), publicó un poema titulado La prueba:

 

la_cifraDel otro lado de la puerta un hombre
deja caer su corrupción. En vano
elevará esta noche su plegaria
a su curioso Dios que es tres, dos, uno
y se dirá que es inmortal. Ahora
oye la profecía de su muerte
y sabe que es un animal sentado.
Eres, hermano, ese hombre, agradezcamos
los vermes y el olvido.

¡Genial! Cuando lo leí hice lo que suelo hacer cuando un texto me asombra: dejando mi índice como señalador vuelvo a mirar la portada del libro como para cerciorarme de que es verdad que quien escribió eso es quien creía que era. Y sí, era Borges. Volví a leer el poema con una sonrisa en mi rostro. Era la primera vez que encontraba en un poema a alguien sentado en el baño. Digámoslo sin más vueltas: era la primera vez que en un poema encontraba a alguien cagando. Y no sólo eso, sino que además, a partir de allí se extrapolaba toda una visión metafísica que bien le hubiese gustado a Nietzsche: poematizar a martillazos, por así decirlo.

menos01_manzoni2Marginalia: es bien conocida la obra del artista italiano Piero Manzoni Merda d´artista, la cual traigo aquí sólo de pasada, ya que su función e intención era bien otra. De todos modos, no está de más recordar que en materia de ideas escatológicas, la mierda ha sido un material bastante maleable. Pero como creo que la palabra, por lo general y en este caso en particular, es mucho más fuerte que la imagen, vuelvo a ellas y, otra vez, a la poesía.

Hace poco estábamos cenando con unos amigos en casa del amigo, maestro y poeta José Agustín Solórzano y yo hice referencia al poema de Borges diciendo, precisamente, que no conocía otro caso igual, lo cual no me dejó bien parado. José Agustín enseguida sacó de la biblioteca su volumen Versos, moscas y poetas (digo que no quedé bien parado porque yo había leído el libro y no tomé debida nota del poema) y a continuación nos leyó:

908-l-5-f-1(Escribir en un baño público cualquiera)

¿Acaso podría hacerse un poema
en el que el protagonistano hiciera
otra cosa más que repetir interminables
ve-ces la palabra caca?

—no lo sé—

si yo digo caca, querido lector
¿qué digo? ¿un bisílabo maloliente?
¿un producto fecal de mi imaginación?

no digo que esto es o debería ser un poema
digo que ese organismo autosuficiente
recién salido del vientre materno
arrojado al infinito torbellino del destino

tiene el derecho de ser observado
como se aprecia una pintura de Van Gogh
una rosa…

si yo digo caca, mi estimado amigo
no quise decir nada, si así lo desea
sustituya esa palabra por otra que sea de su agrado
por ejemplo: Sol, pipí, vagina o cartílago

no importa, porque si yo digo caca
estoy diciendo caca y sólo caca
caca, caca… ca-ca

disculpe la molestia que le he ocasionado
si es usted de los que padecen
la buena lectura y la afición
por las palabras esdrújulas y bajisonantes

si digo caca, lector ingenuo
no es por ser caco fónico
…mucho menos por no decir mierda

(ya dedicaremos el estudio más profundo
a esta otra palabra tan necesaria)

y ahora con su permiso
debo seguir practicando…

ca…caa

 

el-acoso-de-las-fantasiasPor último, en El acoso de las fantasías, el filósofo esloveno Slavoj Zizek, luego de citar a Luis Buñuel y a Lévi-Strauss se despacha con un análisis ideológico de los inodoros: “En un inodoro alemán tradicional, el agujero por el que desaparece la mierda cuando tiramos de la cadena está en la parte frontal, para que primero podamos olerla e inspeccionarla, no sea que presente síntomas de alguna enfermedad; sin embargo, en el típico inodoro francés el agujero se encuentra en la parte posterior, para que la mierda desaparezca lo más rápidamente posible; por último, el inodoro anglosajón (inglés o estadounidense) presenta algo así como una síntesis, una mediación entre esos dos polos opuestos: la taza del inodoro está llena de agua, de modo que la mierda flota en ella y resulta visible, pero no se presta a la inspección. No es de extrañar que Erica Jong, en el célebre repaso a los diferentes inodoros europeos con el que comienza su medio olvidada Miedo a volar, afirme burlonamente: «En los inodoros alemanes está la verdadera clave de los horrores del Tercer Reich. Un pueblo capaz de construir inodoros como esos es capaz de todo»”.

 

Desde las relaciones metafísicas de Borges, el ataque al arte de principios del siglo XX de Manzoni, la puesta en evidencia de una palabra que se mantiene oculta de Solórzano, el análisis ideológico de Zizek, la mierda es un elemento tan válido y práctico como cualquier otro a la hora de pensar o trabajar con él.

Y me retiro con un par de versos del poema de Solórzano, los que suenan perfectos para una retirada elegante a pesar de las circunstancias: disculpe la molestia que le he ocasionado si es usted de los que padecen la buena lectura. Si así lo desea sustituya esa palabra por otra que sea de su agrado por ejemplo…