La historia de Nastagio degli Onesti

Durante el gótico italiano era frecuente, para plasmar una narrativa en un cuadro, repetir a los mismos personajes en la misma pintura. Así, podíamos ver en un primer plano a un personaje despidiéndose de su amada mientras a la izquierda un galeón entraba en escena; en la misma pintura podía verse a la derecha al galeón alejándose con una silueta pequeña pero similar a la que habíamos visto en primer plano, sobre cubierta. Entonces se entendía que todo eran partes de la misma historia: el galeón que llegaba y el que se iba eran el mismo, al igual que hombre sobre cubierta.

Quien utilizó de manera magistral esta técnica fue Sandro Botticelli, aunque para su época, Quattrocento, esta técnica ya había caído en desuso. De todos modos, Botticelli dejó un clásico en su representación de la historia de Nastagio degli Onesti, historia tomada del Decamerón, de Bocaccio.
El tema es el que sigue: Nastagio, joven noble, ha sido rechazado en sus pretensiones matrimoniales por Paola Traversari, de quien está enamorado. Triste, pasea sus penas a solas por el bosque cuando, de repente, presencia la aparición fantasmal de una mujer desnuda que huye desesperadamente de un jinete y su jauría. Estas acciones se recogen en el primer cuadro y se encuentran separadas por momentos gracias a los enmarques de los troncos de los árboles del bosque. El joven Nastagio aparece de tal modo dos veces.
01 - La historia de Nastagio - Botticelli

En el siguiente cuadro, Nastagio contempla horrorizado cómo los perros dan alcance a la mujer, a la cual el caballero mata y destripa, ofreciendo sus entrañas a los animales. Finalizado el suplicio, la mujer se levanta y la persecución se reanuda, como se observa en las figuritas del último plano del bosque. El caballero cuenta a Nastagio que la crueldad de ella ante sus peticiones amorosas provocó su suicidio y el tormento eterno de ambos.

02 - La historia de nastagio
En el tercer cuadro, Nastagio, notablemente impresionado, convoca a sus familiares y a su amada para un banquete en el mismo bosque donde apareció la terrible caza. Para ello, los árboles son talados y se crea un espacio, adornado con ricos doseles, que dan cobijo al ágape. En pleno banquete, la persecución se materializa de nuevo, espantando a los presentes. Cuando Nastagio explica la historia a Paola, ésta se conmueve y acepta ser su esposa.

03 - La historia de Nastagio
Los desposorios y el final feliz se relatan en un cuarto cuadro, que no está en el Museo del Prado sino en una colección particular suiza. Este cuadro, sin embargo, no se atribuye a Botticelli, sino a alguno de sus alumnos. Las diferencias son notables hasta para un lego como quien esto escribe. De todos modos, la historia se completa con él y es indispensable considerarlo dentro de la serie.
04 - la historia de nastagio

Pueden ver las obras con mayor detalle en el sitio oficial del Museo del Prado (pueden incluso agrandar las imágenes y moverse por ellas con facilidad).

El paisaje y la memoria

Hace más de un mes que terminé de leer Un hombre enamorado, de Karl Over Knåusgard y todavía encuentro notas que tomé en el momento de la lectura. El que dejo a continuación es un fragmento en el que Knåusgard habla sobre Varus, un cuadro de Anselm Kiefer (y del cual yo no sabía absolutamente nada). Cuando me encuentro con algo así en un texto, lo que hago es suspender la lectura y, ahora que tenemos la bendición de internet, busco aquello a que se hace referencia. Dejo el fragmento en crudo, sin tocar ni una coma y dejo también una reproducción del cuadro de Kiefer. He buscado el libro de Schama en español, pero aún no lo he encontrado.

Varus de Anselm Kiefer

—¿Has visto ese cuadro de Kiefer? Un bosque, no ves más que árboles y nieve, con manchas rojas entremezcladas, y luego están los nombres de algunos poetas alemanes, escritos en blanco. Hölderlin, Rilke, Fichte, Kleist. Es la mejor obra de arte realizada después de la guerra, tal vez en todo el siglo pasado. ¿Qué aparece en el cuadro? Un bosque. ¿De qué trata? Bueno, pues de Auschwitz. ¿Dónde está la relación? No trata de pensamientos, penetra en lo más profundo de la cultura, y no se puede expresar mediante pensamientos. El cuadro se titula Varus, que era un caudillo romano. Perdió una gran batalla en Germania. La línea va, pues, desde la década de los setenta hacia atrás, hasta Tácito. Es Schama quien lo señala en Paisaje y memoria.

SchamaCuando leo a Lucrecio, todo trata del esplendor del mundo. Y eso, el esplendor del mundo, es un concepto barroco que seguramente se extinguió con él. Trata de las cosas. Lo físico de las cosas. Los animales. Los árboles. Los peces. Si a ti te da pena que haya desaparecido la acción, a mí me da pena que haya desaparecido el mundo. Lo físico del mundo. Sólo tenemos imágenes de él. Con eso nos relacionamos. ¿Pero qué es el Apocalipsis? Los árboles que desaparecen en Sudamérica. El hielo que se derrite, el nivel de agua que sube. Si tú escribes para recuperar la seriedad, yo escribo para recuperar el mundo. Bueno, no este mundo en el que me encuentro. Precisamente no lo social. Los Gabinetes de Curiosidades del Barroco. Los Cuartos de Maravillas. Y ese mundo que está en los árboles de Kiefer. Es arte. Nada más.

 

Relación íntima

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Cuadro y materiales de trabajo de Anabutsa  Itcho

La pintura, en el antiguo Japón, estaba estrechamente relacionada con la caligrafía. No se podía ser un buen pintor si no se era, al mismo tiempo, un buen calígrafo; pero también se consideraba lo contrario; es decir que no se podía ser un buen calígrafo si no se era, al mismo tiempo, un buen pintor. Esto, claro está, es comprensible ante la delicadeza que requería un trazo como un ideograma; el cual debe transmitir, desde su misma imagen, una idea conceptual de lo que designa.

Pero hay un paso más que puede darse: los poetas tenían por costumbre ilustrar sus versos con dibujos, lo cual hace que el poeta sea, a su vez, calígrafo y pintor.

Durante muchos siglos fue costumbre que el poeta y calígrafo escribieran primero una estrofa y luego, en torno a ella, compusieran un cuadro. Las tres disciplinas debían ser, entonces, una única cosa; una única forma de arte. Me pregunto qué pasaría por la mente de uno de estos artistas; cómo verían su entorno y cómo lo sentirían dentro de sí. Una imagen que evoca un verso, un trazo que despierta una imagen, un sonido que se inscribe en el papel como un dibujo y al mismo tiempo como una idea… Se me hace imposible llegar siquiera a acercarme a ese pensar o a ese sentir (como ven ni siquiera sé cómo denominar a esa capacidad).

Ante tanta torpeza expositiva de quien esto escribe, es mejor un ejemplo; en este caso, un haiku de Matsuo Basho ilustrado por él mismo:

Amarillos pétalos de rosa
trueno—
una cascada…

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Narciso Reloaded

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Sátira del suicidio romántico – Leonardo Alenza

En su Sátira del suicidio romántico, Leonardo Alenza pinta con perfecta ironía lo que en otros tiempos se consideraba como algo digno, como el epítome del amor como cosa en sí, como objeto último y como valor absoluto. Sin duda, todos estamos de acuerdo en que esa costumbre es poco menos que ridícula; pero déjenme decirles que en lo personal considero a su contraparte como no menos ridícula y digna de ser pintada, también, con el pincel de la ironía o de la burla. Me refiero a que suicidarse por un amor es tan tonto como no suicidarse por ninguno. Perder la vida por una causa perdida es tan ridículo como no perderla por nada. Incluso creo que la versión moderna es peor; es más cínica y vacía; es más perniciosa, incluso. Cuando veo a la gente (y muchas veces a los jóvenes) hablar en contra del amor o incluso burlándose de él me parece que están cayendo en un pozo del que es más difícil salir porque sin que ellos lo sepan también es una forma de amor, pero más dañino: el amor a sí mismos y nada más; es decir, el viejo y conocido narcisismo. No querer morir por nadie ni por nada es lo mismo que decir que nadie vale tanto como yo. Entonces, si cambiamos un amor por otro; si cambiamos una no muerte por una vida que se parece a la muerte, no veo dónde está el negocio ni, tampoco, el valor que realmente debemos darle a la vida.

Tesoros escondidos III

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En dos oportunidades anteriores hablé sobre las pinturas escondidas en los bordes de libros antiguos. Ahora encontré unas nuevas imágenes y, como estos libros siguen sorprendiéndome como la primera vez, vuelvo a compartir con ustedes estos pequeños hallazgos.

fore-edge-painting-2La pintura oculta en estos libros obedecía a diversos motivos, desde el simple placer de poseer un volumen con características estéticas únicas hasta el mantener ciertas imágenes eróticas lejos de las miradas indiscretas. Sea como fuere, esa costumbre sólo podían permitírsela aquellos que podían pagar semejantes lujos y que así nos han legado maravillosos volúmenes con los cuales embellecer cualquier biblioteca.

Pueden ver un video sobre cómo se realizan estas escenas (y tal vez tengan un buen amigo acuarelista que les haga el favor de hacerles un buen trabajo) aquí. Claro está, ninguna valdrá lo mismo que una que nos haya llegado desde un par de centurias atrás; pero al menos alguno podrá darse algún gusto en particular y así también podrá deslumbrar a sus amigos mostrándoles alguna imagen personal y única.

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Por cierto, hablando de imágenes únicas llamo la atención, en particular, sobre la que cierra esta entrada. Debo decir que de las muchas que he visto —las cuales competían entre sí y cada una de ellas por un motivo particular— la que dejo a continuación sigue pareciéndome la más sorprendente de todas. En el extremo izquierdo del libro se ve a una pareja avanzar unos metros en el paisaje y a un perrito que corre hacia ellos. La pericia técnica para lograr ese detalle me parece que la eleva por sobre todas las demás.

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Aquí dejo, por si alguien quiere echar una mirada a otras imágenes y a parte de su historia, los enlaces a las dos entradas anteriores:

Tesoros escondidos

Tesoros escondidos II 

Fondos congelados

frozen-assets-diego-riveraCuando miro a mi alrededor a la realidad y a la historia mexicana, me parece ver que este país ha tenido más representatividad por parte de sus artistas que por parte de sus políticos. En lo personal, una parte importante de esta representatividad la encuentro en sus tres grandes muralistas: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros (y que me perdonen mis hermanos mexicanos si dejé a alguno de los importantes fuera; no se olviden que aún estoy aprendiendo y que no me van a alcanzar seis vidas para saber todo lo que hace falta saber de este país). Visitar en repetidas ocasiones el Palacio de Bellas Artes en la capital mexicana, recorrer cuando puedo los murales de Morelia o sorprenderme cuando encuentro un mural nuevo en una ciudad o un pueblo nuevo es un placer que por fortuna parece que no va a acabar nunca.

Ahora acabo de encontrar en la red este mural que no conocía de Diego Rivera y que se encuentra (creo) en Nueva York. Como siempre, me siento profundamente atraído por la calidad artística de Rivera, pero siento que el significado de la obra le suma un valor difícil de cuantificar. La descripción del mural que hace el curador del MOMA (Museum of Modern Art) nos explica a la perfección la intención de Diego Rivera:

“En Fondos congelados, Rivera conjugó su admiración por la arquitectura vertical característica de Nueva York con una vigorosa crítica a las desigualdades económicas de la ciudad. El extremo superior del tablero muestra una secuencia dramática de rascacielos en gran medida identificables, la mayoría terminados a pocos años de la llegada de Rivera a Nueva York. En la sección media, una bodega de acero y cristal sirve de refugio a hileras de hombres que duermen, destacando así a los trabajadores desposeídos que hicieron posible el crecimiento extraordinario de la urbe durante un periodo de crisis económica. En el extremo inferior, la sala de espera de un banco alberga a un guardia, un empleado y un trío de figuras ansiosas por inspeccionar sus bienes crecientes depositados en la bóveda que se encuentra atrás. La visión penetrante de Rivera sobre la ciudad —en la cual las masas avanzan pesadamente al trabajo, los desposeídos son embodegados y los ricos acumulan su dinero— tocó una fibra sensible en 1932, en plena era de la Gran Depresión”.

Quienes deseen ver el cuadro en mayor tamaño, pueden hacer clic aquí.

Sensación de belleza.

Constable - Cloud Study 1822

Constable, Cloud Study, 1822

Continúo con la lectura de La muerte del padre de Karl Ove Knausgård; novela algo despareja (de la que hablé hace poco) pero que en los momentos más logrados alcanza altos niveles de muy buena literatura (con un interesante cruce de estilos que van de la ficción a la memoria y al ensayo). Aquí les dejo una interesante fuga a las que Knausgård es tan afecto.

“Apagué el televisor, cogí un libro de arte de la librería que había encima del sofá, y me puse a hojearlo. Era un libro sobre Constable que acababa de comprar. La mayor parte de las ilustraciones eran esbozos de óleos, estudios de nubes, paisajes, mar.
Sólo con pasar por ellas la mirada, los ojos se me llenaron de lágrimas. Tan grande era el anhelo con el que me llenaron algunos de los cuadros. Otros me dejaron indiferente. Mi único parámetro respecto al arte pictórico eran las sensaciones que despertaba en mí. La sensación de algo inagotable. La sensación de belleza. La sensación de presencia. Todo recogido en momentos tan agudos que algunas veces resultaba difícil estar en ellos. Y completamente inexplicables. Porque al escrutar ese óleo de una formación de nubes del 6 de septiembre de 1822, no había nada en él que pudiera explicar la fuerza de mis sentimientos. Arriba, en el borde, un trozo de cielo azul. Debajo, un trozo de neblina blanquecina. Luego las nubes que se imponían. Blancas por donde les alcanzaba la luz del sol, de un verde claro por las partes más ligeras de sombra, de un verde profundo y casi negras por donde más pesaban y el sol quedaba más alejado. Azul, blanco, turquesa, verde, verde oscuro. Eso era todo. En el comentario al cuadro ponía que Constable lo había pintado en Hampstead «at noon», y que un tal Wilcox había dudado de la corrección de la fecha, ya que existía otro esbozo del mismo día de entre las 12.00 y las 13.00, que muestra un cielo muy diferente, más lluvioso, un argumento invalidado por los informes meteorológicos de la región de Londres de ese día, ya que el cielo era posible en ambos cuadros”.

Comparto la idea básica de Knausgård: Mi único parámetro respecto al arte pictórico eran las sensaciones que despertaba en mí. No hay otra manera de mirar un cuadro; te llega o no te llega. Luego podemos acceder a más información y de allí podremos seguir profundizando en las diferentes capas de sentido o expresión de la obra, pero la sensación primera es fundamental e inevitable; todo lo demás es verborrea de críticos o de farsantes del mercado.