El cartero llama dos veces XVIII

Hace pocos días, como muchos sabrán, murió Chuck Berry, el mítico músico norteamericano que cambió la historia de la música con su creatividad desbocada y sus riffs que aún hoy siguen siendo una marca que se inserta, como un ADN cultural, en muchas de las canciones que se escriben hoy en día.

Chuck Berry

Lo que no muchos saben es que la música de Chuck Berry es una de las pocas piezas que han tenido el honor de viajar fuera del sistema solar, en busca de un deseable contacto con otra civilización. En el disco de oro que viaja adosado a la nave espacial Voyager 1, un fragmento de Johnny B. Goode podría oírse con solo poner la púa sobre el surco de ese LP.

La carta que dejo a continuación es la que le enviaron Carl Sagan y Ann Druyan (responsables del contenido multimedia del disco y del proyecto Voyager) en reconocimiento por su arte y en agradecimiento por haber sido parte de esa pequeña gran aventura humana.

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“Cuando alguien dice que su música va a vivir para siempre, por lo general puede estar seguro de que están exagerando. Pero Johnny B. Goode está en los registros interestelares de la Voyager, conectados a la nave Voyager de la NASA, ahora a dos mil millones de millas de la Tierra y con destino a las estrellas. Estos registros durarán mil millones de años o más.

“Feliz 60 cumpleaños, con nuestra admiración por la música que le has dado a este mundo …”. -Go Johnny, go.

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Astucia romántica

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Una historia curiosa de dos amantes pobres, cuyo sistema de correspondencia se confinaba a una ingeniosa cifra de manchas de tinta en el exterior de una carta (o de un sobre, para ser más precisos), es contada por el poeta Samuel Taylor Coleridge. Según él, en uno de sus paseos en el distrito de los lagos, vio al cartero ofrecer una carta a la sirvienta en una posada de una aldea que, después de mirar cuidadosamente la dirección, devolvió el documento al cartero, diciéndole que no podía tomarla, ya que era demasiado pobre para pagar el franqueo. Entonces Coleridge dio un paso adelante y dando al cartero el chelín requerido para la carta, se la entregó a la muchacha. Para su sorpresa, ella no pareció tan contenta como él había esperado; entonces, cuando el cartero estaba fuera de la vista, explicó el asunto confesando al poeta que toda la carta consistía en su dirección y ciertas manchas y marcas exteriores y que ése era el método adoptado por su amante y por ella misma para mantenerse al día. Una correspondencia que no pagaba el franqueo requerido. Sólo espero que esos dos pobres muchachos hayan visto compensadas sus carencias económicas con otras riquezas. Ante bolsillos vacíos, prefiero imaginarlos ricos en caricias y noches compartidas. Abiertos a inventar o creer cualquier posible final, me quedo con ese, sencillo y tan pobre de ideas como ellos de monedas, pero que tal vez justifique al mundo entero.

El cartero llama dos veces XVI.

HA Schultz

Ha Schultz es un artista conceptual nacido en Alemania, en 1939. Una de sus obras más conocidas es su ejército de basura, el cual se ha expuesto en numerosos sitios del mundo entero. Aquí algunas imágenes (como siempre, pueden agrandar las imágenes haciendo clic sobre una de ellas):

Pero no es de esta obra de la que quiero hablar, sino de otra muy particular, su Love Letters Building (Edificio de Cartas de Amor). Para esta obra el artista alemán lanzó una convocatoria donde solicitaba cartas de amor con el objetivo de “regresar en el tiempo” y recordar la época en la que los e-mails no existían y el cariño quedaba grabado en un hoja de papel que se inmortalizaba y viajaba entre mundos. La respuesta del público fue impresionante, pues llegaron más de 150 mil cartas, en hojas que fueron pruebas de que el amor viene en tamaño y color distinto. Cerca de 35 mil de las cartas recolectadas fueron utilizadas para cubrir el exterior de la oficina postal, creando una masa de color blanco, naranja, rojo y azul mientras que otras 115 mil se exhibieron en el interior del mismo.

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Schult es un artista de la simplicidad que en una hoja de papel revivió el romanticismo de la palabra escrita y la trascendencia de un gesto de amor. La intimidad que habita en cada hoja, la sensualidad y fuerza de las curvas que forman palabras, han sido por años la máxima expresión de amor. Todos los sentimientos explotan uno a uno frente al lector para comunicar en silencio las pasiones y el deseo que habitaba en el interior del autor. La felicidad se convierte en tinta; la esencia de un amor se inmortaliza en el tiempo para revivir cada vez que un par de ojos desee navegar entre las bellas palabras que fueron escritas sólo para ellos.

Hoy la costumbre y el deseo de escribir una carta ha cesado, con las herramientas tecnológicas y la inmediatez de los mensajes, escribir una carta a mano es obsoleto, pero eso aumenta su valor. La fría pantalla jamás podrá suplir a la ternura que representa cada letra sobre una hoja. Es por esto que un artista conceptual ha hecho de las cartas de amor un arte.

Love Letters Building. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas:

Las nuevas relaciones y el sentido común

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Las relaciones de pareja actuales se están moviendo, desde no hace mucho tiempo, hacia una dirección que siempre me ha parecido lógica, sana y estimulante. Me llama mucho la atención que se haya tardado tanto tiempo en conseguir, siquiera, llegar cerca de esta lógica; y digo “llegar cerca” porque falta mucho camino por andar todavía. Aún así los primeros pasos ya se han dado y no creo que esto vaya a ser una moda pasajera ni mucho menos. Creo que es el principio de una forma de relacionarse más adulta, madura y responsable. Hace poco, la escritora canadiense Isabelle Teissier escribió una carta para una columna del diario norteamericano The Huffington Post. La misma lleva por título “Quiero estar soltera, pero contigo” y se ha convertido en todo un fenómeno (como dicen ahora “viral” y como detesto esa palabra en este contexto, prefiero no usarla), ya que toca el tema de las nuevas relaciones y se plantea si puede haber un punto intermedio entre una relación amorosa y la libertad de la soltería.

La carta tiene poco valor literario, ya que está escrita con ese estilo típico del periodismo free lance gringo; es decir un estilo como para que me entienda todo el mundo; pero no carece de valor filosófico y sociológico. Así que aquí se la dejo, para que la aprueben o la rechacen, pero espero que sea cual fuere su actitud y forma de pensar, éstas provengan de una decisión personal, madura y pensada, no que sea hija de dogmas ajenos o de ideas preconcebidas por otros.

“Quiero estar soltera contigo.

Quiero que vayas a tomarte una cerveza con tus amigos, para que al día siguiente tengas resaca y me pidas que vaya a verte porque te apetece tenerme entre tus brazos y que nos acurruquemos. Quiero que hablemos en la cama por la mañana de todo tipo de cosas, pero algunas veces por la tarde; quiero que cada uno haga lo que quiera durante el día.

Quiero que me hables sobre las noches que sales con tus amigos. Que me digas que había una chica en el bar que te ponía ojitos. Quiero que me mandes mensajes cuando estés borracho con tus amigos para que me digas chorradas, sólo para que puedas estar seguro de que yo también estoy pensando en ti.

Quiero que nos riamos mientras hacemos el amor. Que empecemos a reírnos porque estamos probando cosas nuevas y no tienen sentido. Quiero que estemos con nuestros amigos, para que me tomes de la mano y me lleves a otra habitación porque ya no puedes aguantarte más y tienes ganas de hacerme el amor ahí mismo. Quiero intentar permanecer en silencio porque hay gente y nos pueden oír.

Quiero comer contigo, que me hagas hablar sobre mí misma y que tú hables sobre ti. Quiero que discutamos sobre cuál es mejor, la costa norte o la costa sur, el barrio occidental o el oriental. Quiero imaginar el apartamento de nuestros sueños, aun sabiendo que probablemente nunca vivamos juntos. Quiero que me cuentes tus planes, esos que no tienen ni pies ni cabeza. Quiero sorprenderme diciendo: “Toma tu pasaporte, que nos vamos”.

Quiero tener miedo contigo. Hacer cosas que no haría con nadie más, porque contigo me siento segura. Volver a casa muy borracha después de una buena noche con amigos. Para que me tomes la cara, me beses, me uses como tu cojín y me abraces muy fuerte por la noche.

Quiero que tengas tu vida, para que decidas irte de viaje unas semanas por puro capricho. Para que me dejes aquí, sola y aburrida, deseando que salte tu carita en Facebook diciéndome “hola”.

No quiero que siempre me invites a tus juergas, y no quiero invitarte siempre a las mías. Así, al día siguiente puedo contarte cómo fue la noche y tú puedes contarme la tuya.

Quiero algo que sea simple y, a la vez, complicado. Algo que haga que, a menudo, me haga preguntas a mí misma, pero que, en el momento que esté contigo en la misma habitación, desaparezcan todas las dudas. Quiero que pienses que soy guapa, que estés orgulloso de decir que estamos juntos.

Quiero que me digas te quiero y, sobre todo, poder decírtelo yo a ti. Quiero que me dejes andar por delante de ti para que puedas ver cómo se mueve mi culo de lado a lado. Para que me dejes arañar las ventanas de mi coche en invierno porque mi culo se contonea y eso te hace sonreír.

Quiero hacer planes sin saber si al final los realizaremos. Estar en una relación clara. Quiero ser esa amiga con la que adoras quedar. Quiero que sigas teniendo el deseo de tontear con otras chicas pero que me busques a mí para terminar la noche juntos. Porque quiero ir contigo a casa.

Quiero ser esa a la que le haces el amor y después te quedas dormido. La que te deja en paz cuando estás trabajando y a la que le encanta cuando te pierdes en tu mundo de música. Quiero tener vida de soltera contigo. Porque nuestra vida de pareja sería igual que nuestras vidas de solteros de ahora, pero juntos.

Un día, te encontraré”

El cartero llama dos veces XV

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Alejandra Pizarnik y Julio Cortázar. Dibujo de Matías Roldán.

Hace unos días alguien me pasó el texto de algunas de las cartas que cruzaron Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik. Buscando más información encontré mucho material, el cual no pude cortar de ninguna manera. Todo lo que encontré vale la pena y todo estará aquí. Entonces, comencemos:

Sin duda, algunas de las dedicatorias más conmovedoras que se conservan en la biblioteca de Julio Cortázar, son las que encontramos en los libros de la poeta argentina Alejandra Pizarnik. «A mi Julio», se lee en Nombres y figuras. «Muchos besos en la frente. […] de los ojos azules (Te extraño) Tu amiguita dés lettres».

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Alejandra Pizarnik y el matrimonio Cortázar (Julio y Aurora Bernárdez) se conocieron en París y casi desde el primer momento ambos ejercieron sobre ella un papel protector, un tanto paternal o fraternal, casi de hermanos mayores. Las dedicatorias de Pizarnik muestran cómo a lo largo del tiempo su situación personal se va deteriorando, en lo que se convierte en un estremecedor testimonio de la depresión y la locura:

A mis queridos Aurora y Julio, este pequeño Árbol de Diana prisionera —esta promesa de portarme mejor a partir de hoy —25 de febrero de 1963— y esta otra de hacer poemas más puros y hermosos —si me esperan.

Y sobre todo y ante todo, un inmenso y minucioso abrazo (es decir: 2) de Alejandra.

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En Noche compartida escribe: «Besos infinitos a mis amiguitos Julio y Aurora y Aurora y Julio de su Alejandra». Y acompaña la dedicatoria con una pegatina casi infantil.

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Las dedicatorias van cambiando con el paso del tiempo, se vuelven desordenadas y un tanto caóticas.

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Aquí comienza el texto que me pasaron hace unos días; aquí comienzan las cartas más conmovedoras que he leído en mucho tiempoy que me conmueven cada vez que las leo.

Ya en La pájara en el ojo ajeno se aprecia claramente cómo la enfermedad se presenta de un modo demoledor. Toda la página es un caos de notas, postdatas y comentarios desordenados que muestran una Alejandra que se coloca al borde del precipicio.

Su letra, nerviosa, no es fácil de interpretar. Utilizo la transcripción que de la página hizo Blanca Berasategui para El Cultural:

Julio este textículo les parece joda. Solamente vos sabés que el más mínimo chiste se crea en momentos en que la vida est à l’auteur de la morte. Muy tuya Alejandra.

Julio fui tan abajo. Pero no hay fondo
Julio, creo que no tolero más las perras palabras
La locura, la muerte. Nadja no escribe. Don Quijote tampoco.
Julio, odio a Artaud (mentira) porque no quisiera entender tan sospechosamente bien sus posibilidades de la imposibilidad.

PS
Me excedí, supongo. Y he perdido, viejo amigo de tu vieja Alejandra que tiene miedo de todo salvo (ahora, oh Julio) de la locura y de la muerte. (Hace dos meses que estoy en el hospital. Excesos y luego intento de suicidio —que fracasó, hélas)

PS En el hospital aprendo a convivir con los últimos desechos. Mi mejor amiga es una sirvienta de 18 años que mató a su hijo. Empecé a leer Diarios. Te apruebo mucho políticamente. Tu poema de Panorama es grande porque me hizo bien (lo leí en el hospital).

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La notable respuesta de Julio Cortázar fue la siguiente:

París, 9 de septiembre de 1971

Mi querida, tu carta de julio me llega en septiembre, espero que entre tanto estés ya de regreso en tu casa.

Hemos compartido hospitales, aunque por motivos diferentes; la mía es harto banal, un accidente de auto que estuvo apunto de. Pero vos, vos, ¿te das realmente cuenta de todo lo que me escribís? Sí, desde luego te das cuenta, y sin embargo no te acepto así, no te quiero así, yo te quiero viva, burra, y date cuenta que te estoy hablando del lenguaje mismo del cariño y la confianza –y todo eso, carajo, está del lado de la vida y no de la muerte. Quiero otra carta tuya, pronto, una carta tuya. Eso otro es también vos, lo sé, pero no es todo y además no es lo mejor de vos. Salir por esa puerta es falso en tu caso, lo siento como si se tratara de mí mismo. El poder poético es tuyo, lo sabés, lo sabemos todos los que te leemos; y ya no vivimos los tiempos en que ese poder era el antagonista frente a la vida, y ésta el verdugo del poeta. Los verdugos, hoy, matan otra cosa que poetas, ya no queda ni siquiera ese privilegio imperial, queridísima. Yo te reclamo, no humildad, no obsecuencia, sino enlace con esto que nos envuelve a todos, llámale la luz o César Vallejo o el cine japonés: un pulso sobre la tierra, alegre o triste, pero no un silencio de renuncia voluntaria. Sólo te acepto viva, sólo te quiero Alejandra. Escribíme, coño, y perdoná el tono, pero con qué ganas te bajaría el slip (¿rosa o verde?) para darte una paliza de esas que dicen te quiero a cada chicotazo.

—Julio

Cortázar a Pizarnik

Poco más de un año después, el 25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik aprovechó un permiso del psiquiátrico donde se encontraba internada y se suicidó con una sobredosis de Seconal Sódico. Julio Cortázar escribiría un breve texto como despedida:

Alejandra
Puesto que hades no existe, seguramente estás allá,
último hotel, último sueño,
pasajera obstinada de la ausencia.
Sin equipajes ni papeles,
Dando por óbolo un cuaderno
O un lápiz de color.
– Acéptalos barquero: nadie pagó más caro
el ingreso a los Grandes Transparentes,
al jardín donde Alicia la esperaba.

—Julio Cortázar

Luego, antes de finalizar ese mismo año, 1972, escribiría un último poema en homenaje a esa amiga a quien no pudo rescatar de sí misma:

AQUI ALEJANDRA

Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
pegada te reclamo.
Ya es la noche, vení…
Ya sé, es difícil, es tan difícil encontrarse
es tanteste vaso es difícil, es tanteste fósforo…
quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo,
cómo se puede estar
cuando no hay nada más
que la niebla de los cigarrillos, como vivís,
de qué manera abrís los ojos cada día
No puede ser, decís, no puede ser.
Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así,
Alejandra, acurrucate aquí,
bebé conmigo, mirá…
No te vayas, ausente, no te vayas,
jugaremos, verás, ya verás…
¿Ves bicho? Así. Tan bien y ya…
No pienses más en las ventanas
el detráses masel afuera
Llueve en Rangoon– Llueve en Rangoon–Y qué
Aquí los juegos…
Aquí, bichito. Quieta.
No hay ventanas ni afuera
y no llueve en Rangoon.
Aquí los juegos.

—Julio Cortázar, 1972.

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Pocas veces escribir una entrada (o transcribir en gran parte, para ser exactos)  me ha dejado con una sensación de cansancio tan fuerte, tan profunda. He leído cada texto varias veces y he sentido a cada lectura con la misma intensidad que la primera vez. Pero valió la pena, creo que dejar esto aquí fue para mí, más que necesario, imprescindible (a veces éste sitio no es más que una bitácora personal; un cajón donde guardo esos papeles que no puedo llevar conmigo; si a lo largo de esa marcha alguien comparte estas lecturas, mejor). Debería agradecer a quien me pasó las cartas finales, las cuales me llevaron a encontrar las dedicatorias y los libros; pero no tomé debida nota del nombre y se me traspapeló. En lugar de agradecimientos, entonces, dejo aquí la debida disculpa. ¡Abrazo, seas quien fueres!

El cartero llama dos veces XIV

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1984 es probablemente una de las novelas de inclinación política más conocidas, un poco por su adherencia al género distópico (atractivo en sí mismo), pero quizá sobre todo porque por mucho tiempo se ha recibido como una suerte de relato profético sobre un futuro al que las sociedades humanas se encaminan inevitablemente. Si bien este se encuentra ligado indeleblemente a las condiciones de su época (en especial la amenaza de la dominación totalitaria como efecto de la Segunda guerra mundial), entre sus párrafos se encuentran elementos que Orwell vislumbró como consecuencias sutiles de dicha situación, por ejemplo, la conformación de bloques supranacionales y el estado cotidiano de hipervigilancia a los ciudadanos, acaso lo más acertado en su ominoso pronóstico.

Como parte del libro George Orwell: A Life in Letters, editado por Peter Davison, se dio a conocer una carta fechada en 1944 en la que el escritor expone una suerte de diagnóstico de su época que, a la postre, se traduciría en su célebre novela. En el documento se encuentran ya algunas de las ideas más importantes que aproximadamente tres años después Orwell volcaría en 1984.

La carta es interesante más allá del mero hecho histórico o anecdótico, tiene algunos interesantes puntos para leer al hoy desde ese Orwell de ayer que siempre nos deja pensando un rato más.

Orwell

.

Para Noel Willmett

18 de mayo de 1944

10a Mortimer Crescent NW 6

Estimado Sr. Willmett:

Muchas gracias por su carta. Usted pregunta si el totalitarismo, el culto al líder, etc., están realmente en auge en tanto aparentemente esto mismo no sucede en este país y en Estados Unidos.

Debo decir que creo, o temo, que tomando al mundo como un todo, estas cosas van en incremento. Hitler, sin duda, pronto desaparecerá, pero solo a expensas de fortalecer a Stalin, los multimillonarios anglo-americanos y toda suerte de pequeños führers del tipo de de Gaulle. Todos los movimientos nacionales, en todos lados, incluso aquellos nacidos como resistencia a la dominación alemana, parecen adoptar formas no democráticas para agruparse a sí mismos en torno a un führer sobrehumano (Hitler, Stalin, Salazar, Franco, Gandhi, De Valera, son todos ejemplos varios) y siguen la teoría de que el fin justifica los medios. En todas partes del mundo los movimientos parecen ir en la dirección de las economías centralizadas que pueden “funcionar” en un sentido económico pero no están organizadas democráticamente, mismas que tienden a establecer un sistema de castas. Con esto vienen los horrores del nacionalismo emocional y una tendencia a descreer de la existencia de la verdad objetiva, dado que todos los hechos tienen que encajar con las palabras y las profecías de algúnführer infalible. En cierto sentido la historia ya dejó de existir: por ejemplo, ya no hay tal cosa como una historia de nuestro tiempo que pueda ser universalmente aceptada, y las ciencias exactas se encuentran amenazadas en tanto la necesidad militar deja de mantener a la gente a raya. Hitler puede decir que los judíos comenzaron la guerra y, si sobrevive, eso se convertirá en la historia oficial. No puede decir que dos y dos son cinco porque, en la práctica, digamos, en balística, dos y dos tienen que ser cuatro. Pero si sobreviene el tipo de mundo que temo, un mundo donde dos o tres súper-estados sean incapaces de conquistarse el uno al otro, dos y dos podrían ser cinco si el führer así lo desea [1]. Esa, tanto como entiendo, es la dirección en la cual nos estamos moviendo actualmente, aunque, claro, el proceso es reversible.

En cuanto a la inmunidad comparativa de Gran Bretaña y los Estados Unidos, pese a lo que los pacifistas, etc., quizá digan, aún no nos hemos vuelto totalitarios, y esto es un síntoma sumamente esperanzador. Creo muy profundamente, como expliqué en mi libro El león y el unicornio, en el pueblo inglés y su capacidad pata centralizar su economía sin destruir la libertad en el proceso. Pero debemos recordar que Gran Bretaña y Estados Unidos no lo han intentado realmente, no han conocido la derrota o el sufrimiento severo, y hay algunos malos síntomas al momento de hacer el balance de los buenos. Para empezar, hay una indiferencia general al declive de la democracia. ¿Se ha dado cuenta, por ejemplo, que nadie en Inglaterra de menos de 26 años ha votado y que según se puede entender la gran masa de población de esa edad no les importa esto? En segundo lugar está el hecho de que los intelectuales son más totalitarios al juzgar a la gente común. En términos generales la intelligentsia inglesa se ha opuesto a Hitler, pero solo a cambio de aceptar a Stalin. Muchos de ellos están perfectamente listos para los métodos dictatoriales, la policía secreta, la falsificación sistemática de la historia [2], etc., en tanto sientan que todo eso está de “nuestro” lado. De hecho, la afirmación de que en Inglaterra no tenemos un movimiento fascista significa que los jóvenes, en este momento, buscan su führer donde sea. No podemos estar seguros de que eso no cambiará, tampoco de que el común de la población no piense de aquí a diez años como ahora piensan los intelectuales. Espero [3] que no, incluso confío en que no, pero si pasa, será a costa de una lucha. Si simplemente se proclama que todo eso es por el bien y no reconoce los síntomas siniestros, solo se ayuda a acercar el totalitarismo.

Usted también pregunta: si pienso que el mundo tiende hacia el fascismo, ¿por qué no apoyo la guerra? Es una elección entre demonios —me imagino que todas las guerras lo son. Sé lo suficiente sobre el imperialismo británico como para que no me agrade, pero lo apoyaría frente al nazismo o al imperialismo japonés como el menos malévolo. Del mismo modo, apoyaría a la URSS frente a Alemania porque pienso que la URSS no puede escapar completamente de su pasado y conserva suficiente de las ideas originales de la Revolución para hacer de ello un fenómeno mucho más esperanzador que la Alemania nazi. Pienso y he pensado desde que la guerra comenzó, ahí por 1936, que nuestra causa es la mejor, pero tenemos que empeñarnos en hacerla la mejor, lo cual implica crítica constante.

Suyo sinceramente,

Geo. Orwell

[1] Antecedente de 1984.

[2] y [3] Cf. 1984, p. 72, “Si hay esperanza, escribió Winston, esta se encuentra entre los proles”.

El cartero llama dos veces XIII

Jung - JoyceEn 1932, el psicoanalista suizo Carl Gustav Jung escribió una pieza en gran medida crítica sobre el tema de Ulises, la innovadora, polémica, y famosa novela de James Joyce, para el Europäische Revue. Del el ensayo de Jung:

“Leí la página 135 con desesperación en mi corazón, para caer en el sueño dos veces en el camino. La increíble versatilidad del estilo de Joyce tiene un efecto monótono e hipnótico. Nada sale al encuentro del lector, todo se aleja de él, dejándolo abierto, expuesto, después de la lectura. El libro es siempre una cuesta hacia arriba y a lo lejos. Insatisfecho con uno mismo, irónico, sarcástico, virulento, despreciativo, triste, desesperado y amargo […] Sí, admito que siento que me han puesto en ridículo. El libro no me encontraría a mitad de camino, nada en él hizo el menor intento de ser agradable, y siempre da al lector una sensación irritante de inferioridad”.

En septiembre de ese año, Jung envió una copia de su artículo a Joyce, junto con la siguiente carta. Joyce se sintió, al mismo tiempo, molesto y orgulloso. 

ulises Estimado Señor:

Su Ulises ha presentado al mundo un problema psicológico sumamente perturbador, similar a aquellos para los que he sido llamado, en varias ocasiones, como una supuesta autoridad en asuntos psicológicos.

Ulises resultó ser una nuez excesivamente dura y que ha obligado a mi mente no sólo a los esfuerzos más inusuales, sino también a las peregrinaciones más extravagantes (hablando desde el punto de vista de un científico). Su libro en su conjunto me ha dado un sinfín de problemas, similares a los que yo he estado meditando durante unos tres años. Pero debo decirle que le estoy profundamente agradecido a usted mismo, así como a su opus gigantesco, por lo mucho que aprendí  de él. Probablemente nunca voy a estar muy seguro de si me gusta, porque me resulta demasiado perturbador para los nervios y la materia gris. Tampoco sé si va a disfrutar de lo que he escrito acerca de Ulises, pero yo no podía dejar de decirle al mundo lo mucho que me había aburrido, cómo me quejé, cómo maldije y cómo lo admiré. Las 40 páginas sin aliento, sin parar, al final, es una cadena de verdaderos duraznos psicológicos. Supongo que sólo la abuela del diablo sabe tanto acerca de la verdadera psicología de una mujer. Yo no.

Bueno, me atrevo a recomendarle mi pequeño ensayo, como un intento divertido de un perfecto desconocido que se extravió en el laberinto de su Ulises y llegó a salir de nuevo por pura buena suerte. En todo caso es posible deducir de mi artículo lo que Ulises ha hecho a un psicólogo supuestamente equilibrado.

Con la expresión de mi más profundo agradecimiento, quedo de usted, querido señor,

                                                                     Atentamente

C.G.Jung

 

No deja de ser interesante la certera mirada de Jung sobre sí mismo tanto como sobre la obra de Joyce. Saber que se disfruta de algo pero que, al mismo tiempo, eso que tenemos entre las manos es tan complejo y exquisito que nos obliga a enormes esfuerzos, al mismo tiempo nos permite suponer que es muy probable que algo se nos escape, que inevitablemente algo quede fuera de nuestro alcance, tal vez para siempre.