No dejarnos atrapar

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Dejo otro fragmento de Desencajados, de Darío Sztajnszrajber. y lo dejo porque sí, sin excusa alguna; sólo porque dialoga conmigo (y espero que también lo haga con ustedes, claro) y porque me empuja, por fortuna, a pensar:

“Somos amantes de lo que no cierra. Somos redes, rizomas, coincidencias, contingencias, azares, desvíos. Nos unen nuestras diferencias. Nos une el compartir de casualidad, y por un rato, un mismo sendero. Perdernos en la apertura, abrirnos a la perdición, habitar las paradojas, habitar los pasillos; huir del peor de los encierros, huir de nosotros mismos. No dejarnos atrapar, romper la linealidad, romper la ruptura; salir, siempre salir. No hay recetas para salvarse. Por ahí ni siquiera hay salvación, sino escape, huir, escapar; no dejarnos atrapar”.

Romper las reglas

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La tradición es el eterno miedo a lo porvenir; es cegar a Jano sólo por el lado que conviene al temeroso y así establecer con pompa y circunstancia sus reglamentos arcaicos. Romper con las reglas no siempre se reduce a un mero acto de rebeldía vacío e improducente; no pocas veces esa rebelión tiene una base que la justifica y la fortalece y así es que hacer estallar a la tradición se convierte en una fuente de vida, en un acto libertario, en una muestra de respeto hacia aquellos que vendrán tras nosotros. La tradición fija conceptos, ideas, historias, lazos, costumbres; la rebelión rompe con todos y cada una de estos tópicos. Donde la tradición fija un concepto, la rebelión abre las puertas a lo novedoso y a los nuevos contactos con los otros; donde la tradición fija una idea, la rebelión se recrea en flamantes conceptos provenientes, tal vez, del otro lado del planeta; donde la tradición fija una historia, la rebelión abre mil nuevas posibilidades y derroteros; donde la tradición fija un lazo, la rebelión lanza infinitas botellas al mar del lenguaje y de la amistad; donde la tradición fija una costumbre, la rebelión nos regala a cada momento un nuevo platillo, una nueva costa, un nuevo abrazo, un nuevo horizonte. José Ingenieros, Hacia una moral sin dogmas, 1917.

Hacer volar todo por el aire, romper con el pasado, crear de manera constante las posibilidades de futuro, eso es lo que me gusta del párrafo anterior. La historia (el pasado) sólo como referencia y enseñanza, nunca como meta; el futuro como opción inevitable y, por lo tanto, creación obligada. En el medio, el cambio constante.

Cinco citas sobre el cielo.

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“Es curioso que todos los credos prometen un paraíso que será absolutamente inhabitable para cualquier persona de gusto civilizado”. Evelyn Waugh.

“He leído descripciones del paraíso que harían que cualquier persona sensata dejara de querer ir allí”. Montesquieu.

“En el cielo falta toda la gente interesante”. Friedrich Nietzsche.

“De los placeres de este mundo el hombre por el que más se preocupa es de las relaciones sexuales, sin embargo, éstas se han dejado fuera de su cielo”. Mark Twain.

“No quisiera ningún paraíso donde no se tuviere el derecho a preferir el infierno”. Jean Rostand.

Oh, melancolía.

Silent Lake by Shufu Miyamoto

Lago silencioso, de Shufu Miyamoto.

«Aparte de mis numerosas amistades aún tengo un confidente íntimo: mi melancolía. Constantemente me hace señas en medio de mis alegrías o de mis trabajos, y entonces me llama a un lado y la obedezco, aunque corporalmente continúe en mi sitio. Mi melancolía es la más fiel amante que he conocido. ¿Qué tiene, pues, de extraño que la corresponda con todo mi amor?»
Søren Kierkegaard, “Diapsálmata” Editorial Gredos.

Algunas notas sobre el mar.

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Nací y viví casi toda mi vida a orillas del mar. Es inevitable que aquellas cosas que vivimos en la infancia nos marquen de manera definitiva (La patria es la infancia, dijo alguna vez Rainer Maria Rilke) y es por eso que el mar será siempre un compañero inevitable allí donde me encuentre aunque esté rodeado de montañas, como sucede en este mismo momento. Todo esto viene a cuento porque hoy iré a visitarlo, aunque no sea el mar frío de mi Atlántico Sur, sino el cálido Océano Pacífico. Sé que voy a disfrutarlo tal como lo disfruta un niño o tal vez sea precisamente eso: que jamás podré estar frente al mar si no es sintiéndome como un niño; como el niño que fui o como el niño al que nos vemos convertidos al estar frente a él. No hay modo de escapar de esa sensación; frente al mar todos nos sentimos pequeños, diminutos, insignificantes, nulos. Recuerdo también algunas palabras sobre el mar desde ese otro mar que es la literatura:

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Mar: No tiene fondo. Imagen del infinito. Provoca grandes pensamientos. A la orilla del mar, siempre hay que tener buena vista. Cuando se lo contempla, siempre hay que decir: “¡Cuánta agua! ¡Cuánta agua!”. (Gustave Flaubert. Diccionario de lugares comunes).

O también:

«¡Hombre libre, siempre adorarás el mar!
El mar es tu espejo; contemplas tu alma
En el desarrollo infinito de su oleaje,
Y tu espíritu no es un abismo menos amargo».

(Las flores del mal, Charles Baudelaire)

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Por último, un modesto aporte personal:

Mar

El mar no es el mar
El mar no es hombre
No es dios ni espejo del cielo

El mar es la mar
Es diosa, mujer
Mujer con voz de murmullo constante
Que en cada ola dice una sílaba
Única e irrepetible
Sílabas todas que hablan para mí
Único caminante de la orilla de sus costas
Que busca y buscará hasta encontrar
La espuma blanca de sus muslos
O la caracola dormida de su boca.

Horizonte de arena
Silencio nocturno, Mar
Quiero yacer en ti
Vivir en ti
Morir en ti
Que tus brazos me acunen en mi último sueño
Y me dejen ir, ya para siempre,
A habitar la calidez de tus profundidades.

Pero no aún
Aún queda mucho por andar
Por caminar a tus pies
O sumergirme en tu abrazo de agua
Y seguir las corrientes eternas
Que recorren el mundo, mi mundo
De parte a parte
De día en día.

El mar no es el mar
El mar no es hombre
No es dios ni espejo del cielo
El mar es la mar
Es diosa, mujer
Mujer amante
Que me cobija, me calma
Me sugiere, atrapa, seduce
Me desvela
Me desnuda.

 

Con la anuencia de Al-Shafi’i

Al-shafi

Hoy encontré esta sentencia de Al-Shafi’i (un jurista musulmán que vivió entre 767 y 820. Sus enseñanzas jurídicas llevaron a la formación de la escuela Shafi’i de la Fiqh de la que tomó su nombre) y me vino maravillosamente bien para compartir unas notas personales que andaban dando vueltas en una de mis libretas pero que nunca había compartido porque, aunque sigo pensando que son válidas, el tono era demasiado nietzscheano, si se quiere; y ya se sabe que hoy en día nadie puede hablar con ese tono sin que se lo tilde de inmediato de intolerante o algo peor. Así que amparado en esa brillante sentencia de un jurista musulmán de hace mil doscientos años, dejo a continuación lo que escribí un día indeterminado del último año:

El problema es que hoy la ignorancia está mal vista; pero en lugar de eliminarla volviéndose sabio, el hombre común opta por el recorrido más corto y práctico de negarla o, peor aún, de trastocarle el nombre llamándola sentido común. No es un problema no saber cómo incide la eclíptica, no saber qué es o cómo funciona la Teoría de la Evolución ni desconocer el cúmulo de cosas que todos, invariablemente, desconocemos. El problema radica en que las personas se niegan a decir “no sé”; un simple y sencillo “no sé” y terminan enfrascadas en interminables y estériles discusiones sobre los asuntos más triviales creyendo que están hablando de sentido último de la vida. Las tonterías del pensamiento mágico, los excesos del feminismo, la recursiva hipocresía de las religiones, la ignorancia política, científica, histórica, el facilismo utilitario. A esto se suma, como corolario inevitable, una intolerable tendencia a la mentira como recurso que cumple la función de ocultar lo que no se conoce como también ―y esto es infinitamente peor―, para engañar a quienes nos rodean con el fin de obtener algún tipo de beneficio.  Es entonces cuando uno opta por construir una torre que se bien dista mucho de ser marfílea, sirve para el mismo propósito: mantenerse a salvo de la mediocridad general en la que la sociedad parece sentirse plenamente conforme.

Sólo son cosas.

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Revisando mi libreta de apuntes encontré esta cita que me parece impecable, sencilla, lúcida, honesta. Lamentablemente no tomé nota, cuando la transcribí, del autor. De todos modos, lo que importa es la cita en sí, lo que dice y lo que nos hace decir. Si alguien sabe a quién pertenece, que nos comparta dicha información; aunque la verdad, si el autor es honesto consigo mismo, mucho no debería importarle que la comparta aquí sin darle el debido crédito.

“Las cosas sucediendo en el mundo a nuestro alrededor no giran alrededor nuestro, y no son parte de una historia. Solamente están sucediendo. A menudo todo es al azar, pero para lidiar con este caos, intentamos darle sentido como parte de una historia. Creamos significado donde no existe ninguno. Pensamos que la otra persona tiene malas intenciones hacia nosotros cuando en realidad sólo están pensando sobre sus propias historias”.