El ombligo patriota

 

Banderas

 

Hace unos días les pedí a varios amigos españoles que me brindaran sus puntos de vista sobre el tema de la independencia o separación de Cataluña. No voy a hablar de ello ahora; lo que esos amigos me dijeron quedará entre nosotros y, además, no soy la persona indicada para tocar ese tema que me resulta lejano (aunque no por ello del todo incomprensible). Lo que sí voy a dejar a continuación es una serie de citas en referencia al concepto de nacionalismo, el cual me parece una de las enfermedades emergentes en este siglo XXI.

Insisto en que no deben considerarse estas citas en referencia a lo que ocurre en Cataluña; sólo es que un tema impulsó al otro y eso no significa que estén relacionados entre sí.

«Los pueblos son la ilusión de que las cosas van juntas de algún modo». Anne Carson (a propósito de su libro La vida de los pueblos).

«Quiero ser un ser humano, nada más y nada menos. … No creo que podamos dejar de odiarnos unos a otros, pero ¿por qué animarlos a mantener las viejas etiquetas con su historia de odio milenaria?» Isaac Asimov.

«Los patriotas siempre hablan de morir por su país, y nunca de matar por su país».  Bertrand Russell.

«Si yo supiera algo que pudiera servir a mi nación pero arruinaría a otro, no lo propondría a mi príncipe, porque soy primero un hombre y sólo entonces un francés… porque necesariamente soy un hombre, y sólo accidentalmente soy francés» Montesquieu.

Y el que tal vez sea el más lúcido de todos los conceptos sobre el patriotismo:

«El patriotismo es su convicción de que este país es superior a todos los demás países porque usted nació en él». George Bernard Shaw.

Anuncios

Elogio de la duda

From ? to !

La filosofía, como bien se sabe, no tiene entre sus funciones la de darnos respuestas sino que, por el contrario, está destinada a crear preguntas; a obligarnos a ver el mundo desde la óptica de un niño (la edad de los “porqués” es, en un filósofo, eterna y, como bien lo estableció Nietzsche, el niño es el verdadero ente creador, el verdadero germen del superhombre).

Es Heiddeger quien sintetiza la idea cuando dice: “La pregunta es la devoción del pensar”. La pregunta es siempre la formulación de una duda y una duda es siempre el principio de un avance. Siempre será mejor —al menos en el campo intelectual— un hombre que dude que uno lleno de certezas. De éste último sólo podremos estar seguros de que intentará imponernos sus puntos de vista o sus creencias a como dé lugar, y ya todos sabemos lo que sucede cuando estas personas tienen el poder para hacerlo.

Por último, dos citas relacionadas entre sí y que suman una faceta extra al tema. Por un lado tenemos a Oliver Wendell Holmes, quien se preguntó: “¿Por qué no puede alguien darnos una lista de las cosas que todo el mundo piensa y nadie dice, y otra lista de cosas que todo el mundo dice y nadie piensa?” y a Charles Lindbergh, quien resume la idea preguntando: “¿No es extraño que hablemos menos de las cosas que pensamos más?”.

Tres pasiones

 

Bertrand Russell (1)

 

Bertrand Russell es uno de los hombres más lúcidos que ha pisado la Tierra. Para asegurarnos de ello sólo debemos leer cualquiera de sus libros (al menos los que los legos podemos leer, ya que los volúmenes de Principia mathematica reúnen un trabajo sólo apto para especialistas). Su Por qué no soy cristiano me ha acompañado por más de treinta años y lo sigue haciendo a menudo. Pero hoy quiero compartirles parte de la introducción a su autobiografía; prólogo escrito de su puño y letra el 25 de julio de 1956. No hay persona en este mundo —más allá de sus creencias, de sus ideas políticas, de sus inclinaciones personales— que pueda leer este texto y no decir “espero que cuando me llegue el momento yo pueda decir lo mismo”. Este fragmento es una muestra de esa lucidez de la que hablé al principio. Aquí está:

Para qué he vivido:

«Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad.

Estas tres pasiones, como grandes vendavales, me han llevado de acá para allá por una ruta cambiante, sobre un profundo océano de angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

He buscado el amor, primero, porque comporta el Bertrand Russell (2)éxtasis, un éxtasis tan grande, que a menudo hubiera sacrificado el resto de mi existencia por unas horas de ese gozo. Lo he buscado, en segundo lugar, porque alivia la soledad, esa terrible soledad en que la conciencia trémula se asoma al borde del mundo para otear el frío e insondable abismo sin vida. Lo he buscado, finalmente porque en la unión del amor he visto, en una miniatura mística, la visión anticipada del cielo que han imaginado santos y poetas. Esto era lo que buscaba, y, aunque pudiera parecer demasiado bueno para esta vida humana, esto es lo que – al fin – he hallado.

Con igual pasión he buscado el conocimiento. He deseado entender el corazón de los hombres. He deseado saber por qué brillan las estrellas y he tratado de aprender el poder pitagórico en virtud del cual el número domina al flujo. Algo de esto he logrado, aunque no mucho.

 

 

El amor y el conocimiento, en la medida en que ambos eran posibles, me transportaban hacia el cielo. Pero siempre la piedad me hacía volver a la tierra. Resuena en mi corazón el eco de gritos de dolor. Niños hambrientos, victimas torturadas por opresores, ancianos desvalidos, carga odiosa para sus hijos, y todo un mundo de soledad, pobreza y dolor convierten en una burla lo que debería ser la existencia humana. Deseo ardientemente aliviar el mal pero no puedo y yo también sufro.

Esto ha sido mi vida. La he hallado digna de vivirse, y con gusto volvería a vivirla si se me ofreciese la oportunidad».

Esos atorrantes

 

Bansky
Bansky

Estoy en una reunión con algunos amigos, de esos que siempre están por ahí, de los que nunca fallan; de esos que aparecen cuando les da la gana y se quedan mientras se les antoje. Yo los dejo deambular libremente por donde quieran. En general suelen dejar todo desordenado, pero no creo que nadie quisiera la pulcritud si ello implicara su ausencia.

—La ética es la mujer más guapa del universo.  —Dice José mientras mezcla las cartas, sonríe con picardía y comienza a jugar un solitario sobre la cama.

—La moral se esgrime cuando se está en la oposición; la política, cuando se ha obtenido el poder. —Le sale al encuentro José Luis mientras se prueba mis camisas y luego las deja tiradas en el piso.

—Me someto a la ética, pero no comprendo por qué es más glorioso bombardear una ciudad sitiada que asesinar a alguien a hachazos. —Dice Fiódor mientras calienta un sándwich de sobre la estufa y deja el piso lleno de migas.

Yo no digo nada y me limito a recostarme en lo que queda libre de la cama mientras le robo la mitad del sándwich a Fiódor y le subo el volumen a Saint-Saëns y su Danse macabre.

 

Nota: las citas corresponden, en orden, a José Saramago, José Luis López Aranguren y Fiódor Dostoievsky. Saint Säens no dijo nada pero prometió volver a aparecer pronto.

 

 

No dejarnos atrapar

escape

Dejo otro fragmento de Desencajados, de Darío Sztajnszrajber. y lo dejo porque sí, sin excusa alguna; sólo porque dialoga conmigo (y espero que también lo haga con ustedes, claro) y porque me empuja, por fortuna, a pensar:

“Somos amantes de lo que no cierra. Somos redes, rizomas, coincidencias, contingencias, azares, desvíos. Nos unen nuestras diferencias. Nos une el compartir de casualidad, y por un rato, un mismo sendero. Perdernos en la apertura, abrirnos a la perdición, habitar las paradojas, habitar los pasillos; huir del peor de los encierros, huir de nosotros mismos. No dejarnos atrapar, romper la linealidad, romper la ruptura; salir, siempre salir. No hay recetas para salvarse. Por ahí ni siquiera hay salvación, sino escape, huir, escapar; no dejarnos atrapar”.

Romper las reglas

image11

La tradición es el eterno miedo a lo porvenir; es cegar a Jano sólo por el lado que conviene al temeroso y así establecer con pompa y circunstancia sus reglamentos arcaicos. Romper con las reglas no siempre se reduce a un mero acto de rebeldía vacío e improducente; no pocas veces esa rebelión tiene una base que la justifica y la fortalece y así es que hacer estallar a la tradición se convierte en una fuente de vida, en un acto libertario, en una muestra de respeto hacia aquellos que vendrán tras nosotros. La tradición fija conceptos, ideas, historias, lazos, costumbres; la rebelión rompe con todos y cada una de estos tópicos. Donde la tradición fija un concepto, la rebelión abre las puertas a lo novedoso y a los nuevos contactos con los otros; donde la tradición fija una idea, la rebelión se recrea en flamantes conceptos provenientes, tal vez, del otro lado del planeta; donde la tradición fija una historia, la rebelión abre mil nuevas posibilidades y derroteros; donde la tradición fija un lazo, la rebelión lanza infinitas botellas al mar del lenguaje y de la amistad; donde la tradición fija una costumbre, la rebelión nos regala a cada momento un nuevo platillo, una nueva costa, un nuevo abrazo, un nuevo horizonte. José Ingenieros, Hacia una moral sin dogmas, 1917.

Hacer volar todo por el aire, romper con el pasado, crear de manera constante las posibilidades de futuro, eso es lo que me gusta del párrafo anterior. La historia (el pasado) sólo como referencia y enseñanza, nunca como meta; el futuro como opción inevitable y, por lo tanto, creación obligada. En el medio, el cambio constante.

Cinco citas sobre el cielo.

Sistine-heavenly-bodies

 

“Es curioso que todos los credos prometen un paraíso que será absolutamente inhabitable para cualquier persona de gusto civilizado”. Evelyn Waugh.

“He leído descripciones del paraíso que harían que cualquier persona sensata dejara de querer ir allí”. Montesquieu.

“En el cielo falta toda la gente interesante”. Friedrich Nietzsche.

“De los placeres de este mundo el hombre por el que más se preocupa es de las relaciones sexuales, sin embargo, éstas se han dejado fuera de su cielo”. Mark Twain.

“No quisiera ningún paraíso donde no se tuviere el derecho a preferir el infierno”. Jean Rostand.