Algunas razones por las cuales el capitalismo (desgraciadamente) no morirá

Nota previa: el siguiente texto contiene una pequeña, muy pequeña dosis de humor negro. Si el lector carece de tolerancia a él, tal como otros carecen de tolerancia a la lactosa o al gluten, será mejor que pase de largo. De lo contrario, se ruega no molestar.

Creo que el primer atisbo de que el capitalismo es algo genético lo tuve cuando vi a ese tipo, correctamente protegido por el inevitable pasamontañas, vendiendo ladrillos para así poder manifestarse mejor. ¿Será una ironía? Me pregunté, y tal vez lo fuera, pero no quise acercarme a preguntarle porque, sinceramente, temí la respuesta, además de que él tenía los ladrillos y yo ninguno. Comprarle uno antes no hubiese servido para nada, él seguía estando ―maldita sea la carrera armamentista― con el mayor poder bélico. Sin demasiadas opciones, seguí caminando. Más adelante, debajo de unos portales de piedra caliza, una adivina le leía las cartas a un iluso. Hija de los tiempos, ella había acondicionado el lugar con una mampara divisoria y estaba bien protegida por su cubrebocas y sus anteojos (¿y era eso una peluca o así tenía realmente el pelo?). Me dije que no estaría muy segura de sus capacidades anticipatorias si no podía prever el estado de salud de quien tenía adelante; pero quién sabe, tal vez, como dice el refrán «En casa de herrero, cuchillo de palo» y ella, tan sagaz para ver el futuro ajeno, no era capaz de ver el propio. Yo no lo sé y tampoco aquí pude preguntar nada. Ella estaba ocupada en lo suyo yo preferí salir de largo.

Un ladrillo pasó volando a centímetros de mi nariz y se estrelló, haciéndola mil pedazos de diamantes diminutos, contra una vidriera enorme de una tienda que no sé cómo se llama. Un muchacho y una muchacha pasaron corriendo por delante de mí, en la misma dirección en que lo había hecho el ladrillo unos segundos antes y, pidiéndome disculpas por el casi golpe, se metieron rápidos en el local. Me pareció bien que se disculparan. Revolucionarios, pero educados. Iba a decirles que todo estaba bien cuando veo salir a la chica con una botella de Coca Cola en la mano. Pensé en decirle que era demasiado romper una vidriera por una Coca Cola y, de paso, explicarle que la revolución es otra cosa, que ella implica un cambio radical de… pero no pude, ser fueron corriendo delante de un policía que los siguió unos metros, pero que pensó que una Coca Cola no valía la pena (o tal vez sí, porque volvió sobre sus pasos y también se metió en el local para tomar un par, una para él y otra para su compañero. A mí nadie me convidó ninguna. Ni el revolucionario ni el antirrevolucionario. Mejor así. El azúcar no me sienta bien).

Las ciudades están transformándose en centros turísticos locales, sin duda. Hay un millón de cosas que nunca había visto antes. Por ejemplo, un árbol parece sacado de una copia modesta y de mal gusto de una película de Tim Burton. Sus ramas están llenas de púas en la parte superior. ¿Estarán por filmar alguna película? Pregunto, sin darme cuenta, en voz alta, y me dicen que no; que esas púas fueron colocadas allí por la gente adinerada del lugar, así los pájaros no pueden posarse y, por ende, no ensuciar sus autos con esa mala costumbre que tienen algunos pájaros de comer y cagar, con perdón de la expresión. Y vamos, que es entendible, uno no tiene un Lexus o un Porsche para que un gorrión te deje su firma sobre el capot recién encerado…

No tengo que dar ni dos pasos para encontrarme con otra vidriera rota. Allí un televisor encendido que nadie ha robado aún (prefieren llevarse los que están en sus cajas, por lo que veo. El que está encendido ya tiene uso) nos regala con algunas noticias que, al menos para mí, son poco menos que curiosas. «Es un dilema moderno para los ultra ricos: un yate espera, pero ¿cómo alcanzarlo de manera segura sin exponerse a las masas plagadas de gérmenes? Dilema para los que vuelan alto: cómo viajar de forma segura a su yate». Dice la primera de ellas y me digo que esa pobre gente debe estar pasándola realmente mal. Pero la noticia siguiente me conmueve sobremanera: Una pareja de Youtubers que había adoptado a un niño chino con autismo, lo devolvió luego de haber hecho una buena suma de dinero con él online, como se dice ahora. ¡Qué desgracia! Tener que devolver a tu hijo adoptado… también, tener la mala suerte de que te salga chino y autista… ¿Habrán devuelto también el dinero? Vaya uno a saber… pobrecita, lo que debe sufrir esa madre, se la ve tan compungida… Me pregunto si aún debería llamársele así, madre. No tengo ni idea, pero tal vez debería llamársele de otro modo.

Suena mi celular y lo maldigo. No hay modo de pasear por una ciudad o por donde sea sin que alguien te encuentre en cualquier momento y en todo lugar. Es L., quien me pide que camino a casa compre más cubrebocas y alcohol en gel. Y que no tarde demasiado (esto último lo dejo aquí para que vean el alcance del machismo actual). Por suerte encuentro una máquina expendedora que ahora ya no vende golosinas y refrescos (esos se consiguen, por lo visto, a pedradas en los cristales); sino que vende todo tipo de elementos de higiene. Veloces para los negocios los muchachos. Sigo en el teléfono y le pregunto a L. si no necesita una cama que se convierte en ataúd. Lo estoy viendo ante mí y parece útil. No repetiré sus palabras, sólo diré que no lo compré. Me excuso diciendo que sólo le digo lo que veo, las mujeres suelen comprar cosas que los hombres no. Diferentes visiones, que le dicen. OK, tampoco repetiré lo que dijo. ¿Un juguete con forma de coronavirus, hecho en China? Ése sí, para que juegue el perro. ¿Una bandera norteamericana o israelí para quemar? Parece que una empresa irakí le encontró la vuelta al asunto y está vendiendo un montón. Además están baratas. Que no, que nosotros no hacemos esas cosas. ¿Una bolsa con cierre para muerto, a sólo doscientos pesos? L. a veces tiene una boca… que para qué les cuento. Decidí cortar la comunicación e ir directo a casa.

Un último susto: un hombre apunta con un arma directamente a la cabeza de una mujer. El susto dura sólo un segundo: está tomándole la temperatura, cosa que está muy bien. La señora tiene que comprar sus Gucci y Gucci no quiere que sus clientes le ensucien los tejidos. Una mano lava a la otra, dicen.

Les dejo una galería con algunas imágenes que he juntado a lo largo de estos días. Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. Para verlas en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

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Tres incógnitas sobre la comezón

 

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¿La comezón es una causa o un síntoma? Ésa es la primera de las dudas que los hombres tienen al respecto de este tema y es una pregunta que no le interesa a nadie. La segunda de las incógnitas ya es más general y no hay persona en el mundo que no lo haya sentido en carne propia. Le digo a Lourdes: «ahí, ahí… un poco más arriba, no… más a la derecha… sí, ¡sí! ¡No! Te pasaste… más abajo. ¡No tanto! Más arr…». No hay caso, es imposible. ¿Cómo puede ser que no podamos ser rascados con precisión por otra persona? A veces se acercan al punto nodal de la comezón pero de inmediato se alejan en ese mismo sentido. Nunca aciertan con el lugar exacto ni, tampoco, con la intensidad; ya que a veces sentimos que nos están pasando lo que bien podría ser una pluma de cisne y otras veces sentimos que nos están arrancando la piel con un instrumento de jardinería. Sin embargo, nosotros podemos hacerlo con precisión en ambos sentidos: precisión geográfica y precisión de intensidad. Salvo, claro —y he aquí los verdaderos casos que pueden llevarnos al borde de la desesperación—, que no podamos realizar el acto por nosotros mismos porque, por ejemplo, tenemos un brazo enyesado, o que, como suele ocurrir en gran porcentaje de los casos (un verdadero misterio médico), que la comezón se presente en medio de nuestra espalda. En el primero de los casos no tenemos más opción que recurrir a un tercero (el cual, como ya se ha determinado, nunca podrá realizar la actividad como corresponde); en el segundo de los casos, lo mejor que podremos hacer es imitar a los osos y buscar un buen árbol, si es posible de corteza rugosa y, realizando movimientos verticales de manera alternada, llevar a cabo la tarea por nosotros mismos; algo que, como bien se sabe, es la única manera de hacer bien las cosas.

La tercera y última incógnita aún está abierta a debate y, por supuesto, se aceptan colaboraciones al respecto con el fin de intentar responderla. Esa pregunta es la siguiente: ¿Por qué nunca nos pica en dos lugares al mismo tiempo?

Correo literario, Wislawa Szymborska

 

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Acaba de llegar a mis manos un breve volumen que contiene las críticas literarias que Wislawa Szymborska escribió a lo largo de casi veintiún años en el semanario Życie literackie (Vida literaria), de su natal Polonia. Muchos saben que con respecto a Szymborska y su poesía siempre digo lo mismo: es la mejor de todas (y hasta ahora nada ha aparecido como para que cambie mi parecer al respecto). Algo de su fina ironía pude ver al leer algunos de sus reportajes y su discurso en la recepción del Premio Nobel; pero nada como este volumen. Por momentos me encontré riendo abierta y francamente ante las respuestas que Szymborska da a los escritores que enviaban sus trabajos para ser considerados para su publicación (nada sabemos de esos textos, sólo podemos acceder a la crítica que de ellos se hace. De todos modos, también puede ser parte del juego el pensar en qué podrían haberle mandado a esa revista a lo largo de todo ese tiempo). Les compartiré algunas de esas críticas, a modo de ejemplo.

 

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Portada de Correo Liteario y portada de el semanario Życie literackie (Vida literaria)

 

G.O. Es verdad que Nerón tenía un carácter nauseabundo, que se entregaba al libertinaje y a la grafomanía, pero que comiera patatas fritas es algo de lo que no se le puede acusar. A pesar de que patata rima muy bien con fogata.

Ludomir, Olsztyn. Por los poemas que nos envía, hemos llegado a la conclusión de que está usted enamorado. Alguien dijo que todos los enamorados son poetas. pero probablemente es una exageración. Le deseamos todo tipo de éxitos en su vida personal.

Welur, Chelm. «Díganme si mi prosa revela talento». Sí, revela. Pero por suerte para usted todavía sin consecuencias penales.

L.W., Cracovia. Nos dedicamos a valorar los poemas de amor, pero no damos consejos en cuestiones del corazón. En privado, por qué no, pero en esta columna tenemos que defender los intereses de la poesía, que resulta que florece mejor en un terreno de sentimientos mal depositados y en un ambiente de cierta incomodidad psíquica. En pocas palabras, si quueremos leer buenos poemas, insistimos en al menos un desengaño amoroso por cabeza. un verdadero talento sabrá qué hacer con él. Cordiales saludos.

Pegaz, Niepolomice. Pregunta usted si la vida tiene algún balor. El diccionario de ortograía contesta que no.

Meri, Cracovia. La descripción de la sesión espiritista ganaría seguramente se si hubiera compadecido usted mínimamente de los destinos de los espíritus célebres. Sócrates, invocado desde el más allá para que doña Zofia pueda enterarse de a qué números jugar en la lotería, despierta más bien compasión y suscita una trascendental reflexión sobre si realmente merece la pena ser Sócrates cuando los vivos son incapaces de rendirle el debido respeto. ¡menos mal que los espíritus no existen! De lo contrario, sería imprescindible publicar urgentemente un manual metafísico de buenos modales.

«Homo», Trzebinia. Pregunta usted qué opinión tenemos sobre Homero. hasta ahora, la mejor posible. ¿Por? ¿Ha pasado algo?

Roland, voivodia de Lublin. La cuestión del sinsentido de la vida es difícilmente desarrollable con la rima «lucha-babucha». Mejor explicarla por señas.

Baska. «Mi novio dice que soy demasiado guapa para escribir buena poesía. ¿Qué piensan de los poemas que adjnuto? Creemos que es usted, efectivamente, una chica muy guapa».

Tomasz K., Chelm, regióon de Lublin. «He escrito por casualidad veinte poemas. Me gustaría verlos publicados»… Desgraciadamente, tenía razón el gran Pasteur cuando dijo que el azar favorecía a los espíritus preparados. Las musas le pillaron a usted en paños menores, espiritualmente hablando.

Leo W., Gdansk. Apreciamos las novelas con digresiones, sobre todo si son digresiones filosóficas. Y más todavía si quien las hace es «un científico de endiablado talento», com define usted a su personaje principal. Desgraciadamente, el peso específfico de esas digresiones es más bien nulo. Lo peor es que ese científico tiene en su cabeza un patético galimatías. Corregimos sólo aquello que puede explicarse con frases cortas: 1) Carlos Linneo no era romano, era sueco; 2) la filosofía de Epicuro no tiene nada que ver con el epicureísmo en el sentido coloquial del término; otra persona quizá no, pero un intelectual ambicioso debería saberlo casi antes de nacer; 3) Ptolomeo no era un cretino, sino un sabio que se equivocó. Como es apenas el inicio de la novela, que abundará, seguramente, en más divagaciones, le indicamos amablemente que entre la filosofía de Descartes y la ideología de Cartesius no hay grandes divergencias. Se lo decimos sólo por si acaso.

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Como bien se señala como subtítulo de este ejemplar de Editorial Nórdica, estos breves comentarios bien pueden ser un Correo literario o cómo llegar a ser (o no llegar a ser) escritor. No pocas veces lo que dice Szymborska nos impulsa a tomar una hoja en blanco y ponernos a escribir; y varias otras nos hacen pensar que mejor sería dedicarnos a otra cosa. A pesar de los años, de la distancia temporal y del desconocimiento de la obra de la que se habla, los consejos literarios a veces pueden aplicarse con independencia de quién esté hablando o de quién esté leyendo.

Esperemos, al menos, no ser dignos de comentarios como los que dejé más arriba. Creo que con eso ya podríamos darnos por satisfechos.

¿Dónde está Calvin?

El siguiente texto lo tomé del Chemistry World Blog y, si bien no es más que una tontería curiosa, me gustó porque nos muestra ese aspecto poco conocido de esos hombres que son los científicos (de hecho, no puedo menos que imaginar las escenas que siguen como un fragmento de un capítulo de The Big Bang Theory):

Melvin Calvin fue un químico reconocido por sus trabajos complejos para evaluar el impacto de todo, desde la luz, el pH, el dióxido de carbono y el oxígeno en la fotosíntesis. Se hizo acreedor por ello al Premio Nobel en el año 1961. También era conocido por su poco sentido del humor. Parece que lo estricto era su forma de conducta general; tanto en su trabajo como en su vida privada.

Según John Kilcoyne, era un hombre serio con poca paciencia para bromas. Esto contrastaba con su estudiante graduado A. T. Wilson; un hombre con mucho de lo que los sajones llaman bromista práctico. Wilson hizo una apuesta con el secretario del departamento de que podía colar la imagen de un hombre pescando en uno de los reactores en el diagrama sin que su supervisor se diera cuenta. Wilson ganó su apuesta y el pescador todavía está en el diagrama. Calvin nunca se enteró. Aquí les dejo el diagrama en cuestión, por si quieren descubrir dónde está el pescador en cuestión (Para ver el diagrama en mayor tamaño, pueden ir aquí:

 

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Dicho esto (y mientras hago tiempo para que la respuesta quede un poco más abajo) y dejando las gracias un poco a un lado, hay que decir que el malhumorado Malvin Calvin es un hombre digno de estar al lado de algunos de los otros gigantes de las ciencias químicas. La mayoría de los científicos asociarán instantáneamente a Calvin con el famoso ciclo bioquímico, nombrado en su honor, que él elucidó. En la década de 1950, cuando Calvin llevó a cabo su trabajo, poco se sabía acerca de los detalles de la fotosíntesis y la idea de que el dióxido de carbono era la materia prima para hacer alimentos azucarados de las plantas no fue ampliamente aceptada. Los mecanismos de fotosíntesis que ayudó a resolver todavía nos parecen mágicos hoy en día; Es absolutamente increíble que una planta pueda tomar aire literalmente delgado y convertirlo en compuestos orgánicos que almacenan energía. Pero, de manera interesante, hoy enfrentamos un desafío análogo en la forma de la tarea aparentemente imposible de generar energía limpia a bajo costo. Parece claro que necesitamos más héroes de la química de al menos el mismo calibre que Calvin para abordar este problema. Y lo que con lo arduo del trabajo que inevitablemente tomará, un poco de sentido del humor probablemente ayudaría también.

Por cierto, el pescador se encuentra aquí:

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Una lista para irresponsables rimadores

Encontré este extracto de una de las libretas de anotaciones de Jorge Luis Borges. La lista que contiene hace referencia a un concurso de poesía llevado a cabo en 1963, donde el escritor argentino formaba parte del jurado. La lista, al menos la parte a la que podemos acceder, es una muestra del típico humor borgesiano:

 

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Hubiese sido muy interesante haber podido tener la lista completa, pero por más que busqué no encontré ningún sitio que la tuviera. De todos modos algún día la encontraré; aquí en la red tarde o temprano todo termina apareciendo.

Por el momento me gustaría jugar un poco con la lista. Lo más obvio que se me ocurre es utilizarla para criticar los libros que uno lee, incluso los libros de los amigos (sobre todo aquellos a los que uno les reconoce buen sentido del humor). Otro uso podría ser el de exponer nuestro estado de ánimo a través de ella. Hoy, por ejemplo, me siento un poquito 28; pero más que nada, 31…

A viajar sin temor

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Mi querida Danioska me pasó este mapa hace cosa de un mes, pero me demoré en escribir la entrada por la falta de datos, eso hasta que ayer, al fin, encontré algo. Allí vamos:
Este mapa de la “Tierra de la Ternura” fue ideado por la noble francesa Madeleine de Scudéry, para su novia Clelia, en 1653. (Pueden acceder al mapa en mayor tamaño en este sitio) Aquí podemos ver por qué es tan difícil mantener una relación ¡encontrar el curso correcto es casi imposible! Una pareja que comienza su relación en Nueva Amistad, en la parte inferior, puede tomar cualquiera de las cuatro caminos que se abren frene a sí. Dos de ellos se mantienen cerca del Río de inclinación: Uno de ellos pasa por Complacencia, Sumisión, Pequeños Cuidados, Asiduidad, Prontitud, Grandes Servicios, Sensibilidad, Ternura, Obediencia y Amistad Constante para llegar a “Licitación por Reconocimiento” (ustedes disculparán mi torpe traducción; si alguien quiere corregirme le estaré más que agradecido). Continúo: El otro camino atraviesa Gran Espíritu, Versos Agradables, Carta Galante, Carta Amorosa, Sinceridad, Gran Corazón, Honestidad, Generosidad, Exactitud, Respeto y Bondad para llegar a “Sobreestimación“. Pero hay otros dos caminos más peligrosos: Uno pasa a través de Indiscretion, Perfidia, Injurias, y Travesuras para terminar en el Mar de la Enemistad; El otro pasa a través de Negligencia, Desigualdad, Tibieza, Ligereza y Olvido para llegar al Lago de la Indiferencia. Pero para aquellos amantes que anden lo suficiente puede esperarlos un resultado feliz más allá de El Mar Peligroso, alcanzando las Tierras Desconocidas.

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Aún peor es esta visión, el “Mapa o Carta del Camino del Amor, y Puerto del Matrimonio” (pueden verlo mejor en este sitio) publicado por “T.P. Hidrografista, a su Majestad Hymen, y al Príncipe Cupido”, en 1772. El viajero tiene que encontrar el camino desde el Mar de la Vida Común a la izquierda, hasta el Puerto de la Felicidad y la Tierra de la Promesa, a la derecha, y la única manera de llegar es por el Puerto de Matrimonio, en el que se esconden las Arenas del Dominio Femenino y el desastroso Remolino del Adulterio. La explicación en la parte inferior del mapa describe el curso traidor:
Desde el Mar de la Vida Común entramos en el Camino del Amor por el Estrecho del Ciego. Nos dirigimos primero a Dinero, Lujuria y, a veces, a Virtud; pero muchos buques se pierden en el Remolino de Belleza. Desde este camino hay muchos puntos de navegación, sin embargo, algunos navegantes ni siquiera se dirigen a través de estos y amarran en Arroyo del Sueño Rápido. Los que siguen llegan a la Ceremonia del Cabo, pasan al Puerto de Matrimonio a través del Estrecho de Fruición y llegan al Cabo Éxtasis. Se debe tener cuidado de mantenerse inmóvil a estribor para que no caer sobre las rocas hundidas que se mezclan con el Cabo del Arrepentimiento; un buen piloto también se mantendrá alejado de las Rocas de Los Celos. Algunos, al fin, han pasado el Estrecho Placentero (entre el Cabo Fidelidad y el Cabo del Sentido Común) y han llegado a salvo a Puerto Felicidad,
El mapa proporciona un consejo general: “Tu Virtud debe ser tu Piloto; Tu Compás, la Prudencia; la Paz, tu Mar; Tu Ancla, la Esperanza; Tu edad, tu Estiba; Tu Amor; tu Verdadero Curso, puesto aun así, bajo constante prueba. Tu Lastre, El Sentido; y la Razón pura, el Blanco de Tus Miradas”.

¡Buenas singladuras, navegantes!

Ridículo

absurdo

Otra vez El arte de viajar, de Alain de Botton y otra vez Flaubert; aunque esta vez relacionado con el querido dibujante argentino Caloi. El fragmento que sigue es parte de una carta dirigida por Gustave Flaubert a Louise Colet, fechada el 21 de agosto de 1846:
“Lo que me impide tomarme en serio, aunque yo sea de carácter más bien circunspecto, es que me siento ridículo, no con esa ridiculez relativa de la comicidad teatral, sino con la ridiculez intrínseca de la misma vida humana, y que se desprende de la acción más simple o del gesto más común. Nunca, por ejemplo, dejo de reírme cuando me afeito, pues me parece un acto completamente estúpido. Todo esto es muy difícil de explicar […]”
Alguna vez leí una anécdota sobre un profesor quien decía que un recurso muy útil para enfrentarse a una crisis de ansiedad es amasarse el culo como si fuera pan. La ansiedad y el miedo hunden muy frecuentemente sus raíces en una percepción excesivamente seria y rígida de la existencia. La capacidad de encontrar el absurdo en los momentos trágicos —o en los cotidianos, como explica Flaubert— nos lleva directamente a la risa.
Y aquí entra Carlos Loizeau, alias Caloi, el entrañable (y extrañado) dibujante argentino que alguna vez plasmó la misma idea de manera maravillosa:

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Todo dicho: desde la inmensidad del universo hasta un perro que nos huele el culo; desde Flaubert reconociendo lo ridículo de la vida diaria hasta ese ignoto profesor que sabía bien la diferencia entre lo sublime y lo ridículo, cada cosa posee su lugar en este mundo; de nosotros depende no darle más importancia de la que realmente tiene.

Cuestión de estilo.

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El Juez Arthur Gilbert, del Tribunal de Apelaciones de California, considera que la papelería legal podría ser más interesante si se escribiera en los estilos de autores famosos. Propuso, con impecable humor, algunos ejemplos (las traducciones son mías, así que disculpen la osadía):

Ernest Hemingway:

Estaba ocupado e inconmovible. Miré por la ventana en la que el viento movía la parte superior de los árboles y muy por debajo, la calle, blanca de luz de sol, y los coches avanzando poco a poco. Pude sentir que aquí no había nada bueno, no había nada que uno pudiera hacer. Pilar, mi secretaria, me miró y sus ojos me dijeron que esto era tan malo como cuando los toros corren hacia ti y no hay ningún lugar para subir y tú sabes que vas a ser pisoteado pero sabes que hasta que lo hagan se puede vivir una buena vida, una vida corta, pero feliz. Y cuando le pregunté sobre el archivo me dijo: “¿Qué archivo, inglés?” Yo sabía que los toros estaban sueltos y no había ningún sitio donde ir; no hubo ayer, no habría mañana, pero eso fue entonces y ahora estamos aquí, Señoría. Hubo un tiempo en que todo era bueno, pero ahora es un momento en el que todo es malo y puede que alguna vez sea bueno otra vez, y si no se puede, es una jodida lástima.

T.S. Eliot:

Treinta días para responder.
Ha sido el mes más cruel.
Muerte, decadencia agonizante, una descripción adecuada.
Mi cerebro, seco, ahora no resplandece,
El solicitante, después de haber sido anestesiado sobre una mesa
Esperó la respuesta.
Pido alivio,
No con una explosión, sino con un gemido.

James Joyce:

El tiempo está OhayúdameDios creptando YodijeSíohsísísísísísísí! necesito alivio ahoradesdeignominioso defecto por defecto la culpa-d de toda culpa es mía ohayúdameelatrapadoenelprocedimiento. Alivio.

William Faulkner:

Benji había tomado el archivo y se fue con él a lo largo de la cerca y lo perdió a través de los espacios en la cerca donde las flores se arrugan. Eso es lo que dijeron. Empecé a llorar. Caddie, que olía como los árboles, y Quentin, que sólo olía, llegaron a encontrar el archivo, pero no gemí hasta que madre gritó a Dilsey por traerme un pastel barato de la tienda. Dilsey me llevó a la cama. Quentin dijo a Caddy que tuvo que responder. Tenía que encontrar el archivo. Caddy no sabía que Benji había tomado el archivo y Benji no podía saber que había tomado el archivo, ya que esto está escrito desde el punto de vista de Benji, cuyo coeficiente intelectual es de 17.

Un vino en París.

Brendan Brehan

El poeta Brendan Behan trabajó mucho tiempo como pintor de casas. Mientras estaba en París, se le encargó pintar un cartel en la ventana de una cafetería para atraer a los turistas de habla inglesa. Behan pintó:

Come in, you Anglo-Saxon swine
And drink of my Algerian wine.
‘Twill turn your eyeballs black and blue
And damn well good enough for you.

Las estrofas dicen algo así como “Entra, cerdo anglosajón/y bebe mi vino de Argelia/hasta que los ojos se te tornen negro y azul/es endemoniadamente bueno para ti”.

“Al menos me pagaron por ello”, dijo más tarde. “Pero me fui del lugar antes de que el patrón consiguiera traducir mi obra”.

(La anécdota la cuenta la esposa de Behan; Beatrice, en Mi vida con Brendan, 1973.)