Cuerpo y escritura

 

aaa

 

De La lectura como plegaria, de Joan-Charles Mèlich; una cita que puedo (querría) firmar con mi propio nombre:

17

(Cuerpo y escritura)

Cada vez estoy más obsesionado con escribirlo todo, con registrarlo todo. Sin escribir no podría vivir. Pero necesito cuadernos, una pluma y tinta color violeta. No puedo utilizar el ordenador porque tengo que sentir el cuerpo de la escritura, el olor de la tinta y la textura del papel. Escribir es un acto corpóreo: corporal y espiritual al mismo tiempo. No puedo separarlo de mi vida.

 

18

Escribir lo que nadie leerá. Ése es el momento en el que surge la escritura como forma de vida.

 

Eso mismo: la escritura como forma de vida. Síntesis perfecta a la que nada puede agregarse.

 

Anuncios

Tres citas (sin comentarios añadidos)

 

Barrie

Janez Šubic

«La vida de cada hombre es un diario en el que quiere escribir una historia y escribe otra; y su hora más humilde es cuando compara el volumen tal como es con lo que prometió hacer». J. M. Barrie.

«Cada día es una pequeña vida: cada despertar y levantarse es un pequeño nacimiento, cada mañana fresca es una pequeña juventud, cada ir a descansar y dormir es una pequeña muerte». Arthur Schopenhauer.

«Cada hombre es el centro del mundo, alrededor de cada uno parece girar voluntariamente, y cada hombre y cada día de su vida es el punto final y la culminación de la Historia: tras él, los siglos y los pueblos están hundidos y marchitados, y ante él no hay nada, sólo el momento, todo el gigantesco aparato de la Historia parece estar al servicio del apogeo del presente. El hombre primitivo considera como una amenaza cualquier cosa que perturbe este sentimiento de ser el centro, de estar en la orilla mientras los otros son arrastrados por la corriente, se niega a que le despierten y le enseñen, le parece odioso y hostil el despertar y el verse rozado por la realidad y se aparta con instinto amargado de aquéllos a los que ve acometidos por el estado de alerta, de los visionarios, problemáticos, genios, profetas, posesos».

Límites

 

Paul Klee - Adventure Ship

Paul Klee – Adventure Ship

 

Por la tarde fui al río para cuidar un poco la mercadería que estoy enviando por algunos arroyos y así poder volver a casa más tranquilo; cuando comenzó a llover con fuerza a nuestro alrededor; entonces desembarqué y me protegí, mientras vi al Rey que pasaba en su barcaza, descendiendo hacia el bajío para encontrarse con la Reina. No pude evitar pensar que había disminuido mi estima, aunque sea un poco, de un Rey que no era capaz de ordenar detenerse a la lluvia.

Samuel Pepys, Diario, 19 de julio de 1662.

Me encontré con esta estupenda cita de Samuel Pepys (quien fue un funcionario naval, político y célebre diarista británico.​ Es conocido sobre todo por el detallado diario privado que mantuvo entre 1660 y 1669, publicado más de cien años después de su muerte); la que me hizo ver que siempre hubo hombres que supieron poner las cosas en su lugar. Supongo que en pleno siglo XVII el Rey era el Rey y punto; pero en un destello de lucidez Pepys pudo ver al hombre detrás o debajo de toda esa suntuosidad; de toda la pompa y circunstancia. ¿Cuántos de nosotros aún sigue adornado a dioses menores sin poder ver debajo de todo ese ropaje al pequeño rey desnudo?

 

 

El vuelto de un billete de diez pesos

 

Witold Gonbrowicz

 

Los diarios de Witold Gombrowics son por demás famosos; por un lado por la propia biografía del autor (un polaco que se exilia en Argentina una semana antes del inicio de la segunda guerra mundial) como por las maravillosas entradas y las fugas que lo conforman. Gombrowics puede estar hablando de un hecho trivial y enlazar de manera inmediata un profundo tema psicológico, filosófico o artístico para cerrar la entrada con un retorno casi casual a lo que comió ese día o a las meras cuestiones climáticas.

He aquí un pequeño fragmento, a modo de ejemplo:

“Hoy, en este severo tiempo actual, no hay pensamiento ni arte que no nos grite con vozimg_art_10853_3138 destemplada: ¡no te evadas, no juegues, asume la partida, responsabilízate, no sucumbas, no huyas! Intenté entonces conocer esta vida auténtica, ser absolutamente leal ante la existencia. Pero no me fue posible. No me fue posible por la razón de que tal autenticidad resultó más ficticia que todos mis jueguitos, vueltas y saltos juntos. Debido a mi temperamento artístico no entiendo demasiado de teorías, pero tengo bastante olfato en lo que a estilo se refiere. Cuando apliqué a la vida la máxima conciencia, tratando de fundar en ello mi existencia, advertí que algo raro pasaba. ¡Qué se iba a hacer! No era posible. Es imposible asumir todas las exigencias del Dasein y al mismo tiempo tomar café con masas durante la merienda. Sentirse angustiado ante la nada, pero aún más ante el dentista. Ser una conciencia en pantalones que conversa por teléfono. Ser una responsabilidad que anda de compras por la calle. Cargar con el peso de la existencia significativa, darle sentido al mundo y dar vuelto de un billete de diez pesos”.

La referencia al Dasein relacionado con el café con masas me hizo reír mucho, pero no menos que la sentencia « Sentirse angustiado ante la nada, pero aún más ante el dentista». Esto me hizo recordar a aquella otra sentencia de igual tono y forma de Milan Kundera: “«Pienso, luego, existo» es la declaración de un intelectual que menosprecia los dolores de dientes”.

Hay que reconocer que Gombrowicz tiene algo de razón: ante las necesidades propias de la existencia, el filosofar no deja de ser una cuestión de segunda categoría. Mal que me pese, debo reconocer la certeza de este punto y aceptar que la filosofía es un maravilloso instrumento intelectual, pero nada más que eso: un instrumento que puede (y debe) ser dejado de lado cuando corresponda.

Nosotros mismos

 

José Naranja

José Naranja

Tengo, para mí, que el acto de llevar un diario es una de las mejores costumbres que se pueden tener si uno quiere recordar pero, sobre todo, si se quiere aprender sobre el mundo y sobre uno mismo. El diario, que muchos entienden en el sentido casi adolescente de la idea (“Querido diario, hoy fui a… y comí… etc.”) es algo trivial; pero el diario donde la escritura es la cuestión central y no sólo el modo en que transmitimos información, es algo totalmente diferente. El hecho de escribir es suficiente para que afloren de nuestro inconsciente cosas que ni siquiera sabíamos que estaban allí. Y esto no ocurre sólo con lo personal, sino con todo lo que nos rodea. Hace muchos años tomé la costumbre de escribir una crítica o reseña de los libros que iba leyendo y en poco tiempo noté que lo que escribía al terminar la lectura modificaba a la lectura misma. Poner por escrito mis ideas sobre ese libro hacía que no pocas veces modificara la idea que el libro me había dejado al llegar al punto final. La escritura en sí era una forma de crítica.

José Saramago dijo que “Escribir es hacer retroceder a la muerte, es dilatar el espacio de la vida”. Y ése es otro punto a favor del diario. Una fotografía es un buen recordatorio de un momento vivido; pero mucho mejor es un fragmento en un diario. Cuando leemos un fragmento de texto que evoca un momento de nuestra vida los sentidos todos (doy fe) toman parte de él, no sólo la vista. Un recuerdo escrito nos transporta de regreso en el tiempo; no sólo nos lo señala en el almanaque.

e474fdc87c90df2c44caa98526141306

José Naranja

Por último; y también de ese entrañable amigo de esta casa que es Saramago: “La literatura es lo que hace inevitablemente pensar. Es la palabra escrita, la que está en el libro, la que hace pensar. Y en este momento es la última escala de valores”.

El diario es literatura, por supuesto; es nuestra literatura personal y única y allí está el pensamiento, el sentimiento y, si lo dejamos avanzar un poco (y que él nos seduzca y nos enseñe) también allí estará nuestra escala de valores; es decir, nosotros mismos.

Algunas reflexiones sobre los titulares del diario de ayer

newspaper

“Dios les dio una cara y ustedes se hacen otra”.

A veces es por obligación social, vea. ¿Cuántas personas aceptarían o soportarían ver nuestra cara original, limpia, sin rastro alguno de maquillaje? Lo mismo hacemos nosotros con los demás. Si viéramos a los otros tal cual son no creo que hubiera relación humana posible; la mayoría saldría corriendo horrorizado de lo que tiene delante.

 

“¡Palabras, palabras, todo palabras!”

No podemos salir de ellas. Todo es texto. Nuestros pensamientos están hechos de palabras y todo lo que nos rodea es una decantación de ellas. Las palabras no sólo son el modo que hemos encontrado de comunicarnos, sino que es la única forma en la que podemos pensar. La muerte no es más que la ausencia de palabras.

 

“Morir, dormir… ¿dormir? Tal vez soñar”.

Morimos cada noche, renacemos en cada despertar. ¿Por qué preocuparnos tanto, entonces? Nada nos gusta más, a todos, que la cama y el sueño reparador. Morir, dormir… y ni siquiera soñar ¿Para qué? Suficientes sueños inconclusos ya tuvimos en esta parte de la vida.

 

“Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos ser”.

Optimismo a ultranza. Creo que la mayoría ni siquiera sabe lo que es, mucho menos lo que puede llegar a ser. De todos modos, la frase es bonita y muchos la van a repetir como si fuese una verdad tallada en piedra.

 

“Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay más de lo que puede soñar tu filosofía”.

Y así es como le abrimos la puerta a los charlatanes. Por ella entra cualquier imbécil al que se le cae la baba por el costado de la boca, dice esta frase y se cree con el derecho a que su imbecilidad tenga el estatus de verdad digna de ser respetada.

 

“No existe nada bueno ni malo; es el pensamiento humano el que lo hace parecer así”.

Quien dialoga con Horacio corre a una velocidad increíble. No sólo habla de filosofías que no conoce sino que ahora se mete con la neurofisiología. También acá le va mal, aunque tenga mucha prensa a su favor.

 

“Asume una virtud si no la tienes.”

A muchos les vendría bien fingir para tener lo que la naturaleza no les ha brindado. Tal vez empiecen fingiendo y terminen creyendo. Mientras tanto, habrán molestado bastante menos que lo habitual.

 

“Podría estar encerrado en una cáscara de nuez y sentirme rey de un espacio infinito”.

Así sí. Ése es el modo. Dejemos que caiga el telón y pasemos a otra cosa.

 

Los “titulares” del diario de ayer son citas del Hamlet de Shakespeare. Las “reflexiones” no son más que primeras impresiones (sin modificar) que nacieron a partir de ellas.

Música para vampiros

1) Nuevamente, y esta vez a mi pesar, la brújula de mi destino toma rumbos extraños. Una separación inesperada, una incógnita del presente que se extiende al futuro.

2) Ma agota la constante mentira del entorno humano, el permanente engaño, el incesante intento de conseguir ventajas sobre el otro, no importa cuánto cueste –en términos de dolor ajeno– y no importa, tampoco, de quien se trate. Lo mismo da un niño que un anciano que un hombre o una mujer que honestamente hacen su trabajo o esperan que otro lo haga.

3) Entonces uno se vuelve un caracol, un molusco bivalvo, trivalvo, polivalvo. levanta sus escudos y se queda allí, haciendo todo lo posible para protegerse de la tormenta. Uno evita a todo ser viviente y se rodea de objetos inanimados pero vivos: libros, arte, café, música, lápices, papel, pastillas para dormir.

4) Hoy estoy aquí, en mi ciudad de siempre, caminado solo por calles solitarias (las busco expresamente debido a las razones antes expuestas). Sin duda, he pasado demasiado tiempo de mi vida con la nariz metida entre las páginas de los libros y creo que esa es la razón por la cual soy incapaz de entender a las personas. Me resultan extrañas, confusas, cobardes, violentas (no toda violencia requiere de un golpe).

5) El ruido de la ciudad es música para vampiros. Será por ello que están tan de moda en el cine, en libros, en la T.V.