Thoreau, el taoísta

 

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El Tao Te King comienza con estos versos, bastante enigmáticos para los occidentales, pero para nada contradictorios para los nacidos por allá, por el lejano oriente:

El Tao que puede llamarse Tao
no es el verdadero Tao.
El nombre que se le puede dar
no es su verdadero nombre.
[…]
Su identidad es el Misterio.
Y en este Misterio
se halla la puerta de toda maravilla.

 

Todo el libro de Lao Tsé se maneja en esos términos. Parece (sigo siendo un hombre occidental y cada vez que lo leo debo hacer un esfuerzo consciente para dejar de lado mis prejuicios de lectura y comprensión, cosa que cada vez que me acerco a este volumen me cuesta menos, pero que nunca pude erradicar del todo) que nos está diciendo algo de manera clara y directa y de inmediato nos sacude con un pensamiento paradójico. Ahora, leyendo (releyendo, éste es otro al que vuelvo una y otra vez) a Thoreau, me encuentro con estas palabras:

«Veo, huelo, gusto, oigo ese Algo al que estamos unidos y que es al mismo tiempo nuestro hacedor, nuestra morada, nuestro destino y nosotros mismos; la única verdad histórica, el hecho más notable que puede ser el tema preciso y no solicitado de nuestro pensamiento, la verdadera gloria del universo, el único hecho que un ser humano no puede dejar de reconocer ni en cierto modo olvidar, ni del cual puede prescindir». Thoreau, Diario íntimo (Dreiser; 1980, p. 76. La cursiva es mía).

¿Qué es ese Algo para lo cual Thoreau no encontró otra palabra con la que poder explicarse? Algo. Me atrevo a decir que ese pronombre indeterminado con mayúscula no es otra cosa que el Tao; ese otro gran indeterminado que nos viene del oriente. Thoreau luego se embarca en un intento infructuoso (como todo intento de querer transmitir lo intransferible) que sólo nos acerca a lo que quiere decir. Thoreau nos habla de la naturaleza sin poder usar más que metáforas; porque, en definitiva, el Tao que puede llamarse Tao / no es el verdadero Tao.

 

Tato

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Tres citas (sin comentarios añadidos)

 

Barrie

Janez Šubic

«La vida de cada hombre es un diario en el que quiere escribir una historia y escribe otra; y su hora más humilde es cuando compara el volumen tal como es con lo que prometió hacer». J. M. Barrie.

«Cada día es una pequeña vida: cada despertar y levantarse es un pequeño nacimiento, cada mañana fresca es una pequeña juventud, cada ir a descansar y dormir es una pequeña muerte». Arthur Schopenhauer.

«Cada hombre es el centro del mundo, alrededor de cada uno parece girar voluntariamente, y cada hombre y cada día de su vida es el punto final y la culminación de la Historia: tras él, los siglos y los pueblos están hundidos y marchitados, y ante él no hay nada, sólo el momento, todo el gigantesco aparato de la Historia parece estar al servicio del apogeo del presente. El hombre primitivo considera como una amenaza cualquier cosa que perturbe este sentimiento de ser el centro, de estar en la orilla mientras los otros son arrastrados por la corriente, se niega a que le despierten y le enseñen, le parece odioso y hostil el despertar y el verse rozado por la realidad y se aparta con instinto amargado de aquéllos a los que ve acometidos por el estado de alerta, de los visionarios, problemáticos, genios, profetas, posesos».

Fundido a negro

 

Cuenta Borges, en algún lado, que siendo niño su padre le enseñó cómo funcionaba la memoria. Para ser más gráficos, su padre puso una pila de diez monedas entre ellos y le explicó que el recuerdo de algo era como la primera de las monedas; el segundo recuerdo (la segunda vez que ese recuerdo viene a nuestra mente) es como la segunda moneda pero, entre una y otra hay una pequeña diferencia: la mente no es perfecta y, si bien recuerda mucho, no recuerda todo y en ese segundo recuerdo algo se ha perdido, algún pequeño detalle es diferente. La tercer moneda ya es diferente a la segunda y bastante más diferente a la primera y la cuarta… Bueno, ya entienden cómo va el asunto; caemos, al final, en una bonita paradoja: cuando más recordamos una cosa es cuando más la olvidamos (porque es cada vez más distinta de lo que realmente fue) y cuando menos recordamos una cosa, en realidad el recuerdo es más sólido (porque está casi sin modificar).

Todo esto viene a colación a raíz de un video que acabo de ver. Se trata de la canción The Spoils, de Massive Attack y, más que la canción en sí (aunque el ritmo lento y la vocalización algo ayudaron, es cierto) lo que motivó mi posterior tristeza fue la historia narrada en las imágenes. Como no puedo evitar leer todo lo que cae frente a mí bajo el cristal de la filosofía, dejo aquí mi impresión de esta película (porque es, si queremos, una película completa).

Ella comienza como lo que es: un recuerdo completo en su mente. Poco a poco se desvanece; lentamente, lentamente, el recuerdo se torna más equívoco. Él la recuerda en diferentes ángulos, bajo diferentes luces de colores, en diferentes situaciones y todo esto va cambiando la imagen que tiene de ella. Su memoria se deforma en la medida en que poco a poco pierde sus características y se desintegra por completo. Ella está perdida en un rincón oscuro de su mente, en ese rincón donde todo se marchita; ella está siendo olvidada y nada podrá cambiar eso. De un rostro a un sentimiento, de una forma a un color, de unas facciones a un objeto informe. Y al final se va, se desdibuja, se pierde, como nos perderemos todos, para siempre.

 

Mientras no llenen de barro mi boca

 

La vida, ese sinsentido tan maravilloso y extraño, ha dado lugar a incontables ensayos, pensamientos, aforismos, canciones, poemas… he leído uno de estos últimos en No vendrá el diluvio tras nosotros, de Joseph Brodsky y, del mismo modo en que no puedo evitar sentirme plenamente reflejado en ese poema, tampoco puedo evitar querer compartirlo aquí, con todos ustedes porque, a pesar de todo este sinsentido, uno no puede menos que estar agradecido.

 

NI-59

 

Yo he entrado en la jaula en lugar de la fiera,
he grabado el apodo y la pena a hierro en prisión,
junto al mar he vivido, he jugado a la ruleta,
he comido en traje de frack con quién sabe Dios.
Asomado a un glaciar, medio mundo habré visto,
zozobrado tres veces, dos de ellas lograron rajarme.
Del país que me ha dado sustento he huido.
Quienes me han olvidado llegan a ser ciudad.
Me he perdido en estepas que el grito del huno recuerdan,
he llevado lo que ahora de moda suele estar,
he cubierto almiares de negro sudario, he sembrado centeno,
agua seca tan solo no he llegado a probar.
He abierto a mis sueños a pupila del guardia, siniestra,
he comido el pan del exilio sin dejar la corteza.
He prestado mis cuerdas a todas las voces, además del aullido;
he pasado al susurro. Y cuarenta en el día de hoy he cumplido.
¿Qué decir de la vida? Que resulta que es larga.
Que no soy solidario más que con el dolor.
Pero mientras no llenen de barro mi boca,
de ella sólo habrá de brotar gratitud.

24 de mayo de 1980

 

 

Nota al margen: Por tiempo indeterminado estaré sin conexión a internet, así que responderé a sus comentarios en cuanto pueda. Dejaré varias entradas programadas, así que éstas se subirán aunque no esté aquí. Pasaré a visitarlos en cuanto me sea posible.

Apuntes de salitre o la pasión a flor de piel

Hace unos pocos días he recibido, con no poco placer, el libro de María Jesús Beristain Apuntes de salitre, el cual había estado esperando con no pocas expectativas. Muchos de los que aquí pasan conocen a María por los escritos en su blog ; pero es muy diferente leer la obra de alguien de manera fragmentaria a tener todo un volumen con sus trabajos (en este caso, con sus poesía). Vamos, entonces, al libro en sí mismo.

 

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En una primera lectura veo que la mayor parte de los poemas de Beristain son, podría decirse, poemas de amor; pero eso sólo ocurre, como dije, en una primera lectura, la cual, como bien se sabe, sólo es apta para hacerse de una idea general de lo que tenemos entre manos. En una lectura posterior, más pausada, veo que si bien el eje central de los poemas son la visión romántica de un estado espiritual (ya vemos aquí que no podemos decir “poemas de amor”, con tanta simpleza) los versos de la poesía de Apuntes de salitre exceden la idea de un amor presente (presente y ausente al mismo tiempo y uno que ha brindado no pocas satisfacciones a la poeta). En estos poemas la evocación de aquella pasión no se convierte en lacrimógenos versos, sino en precisas metáforas de orgullosa vida; vida vivida (si se me permite la aliteración) con la misma pasión con que se ha amado. Los poemas de María Jesús Beristain son un ejemplo de pasión vital; de deseo de vivir a pesar de ya haber vivido algo (y bien, por fortuna). Esa pasión por la vida es la misma pasión que se siente en el amor y ambos términos pueden ser cambiados haciendo que todas las expresiones que así se obtienen son igualmente válidas: la pasión por la vida es la misma que la pasión del amor; la pasión del amor es la misma que la de la vida y aquí, en Apuntes de salitre encontramos la unión (como corresponde a toda poesía) en la síntesis metafórica: cada verso, desde el más romántico hasta el más sensual, nos remiten —aunque están escritos con un hombre en particular en la pluma de la poeta— con la misma intencionalidad, a la vida misma. Abro el libro al azar y leo:

 

Adagio

 

¡Cuánto musgo
detenido
llevo esta mañana
ensortijado
en las pestañas…!

 

Cada vez que intento esconderme
del adagio ardiente de tus manos
una música de algas extraviadas
me invade
y un terror deliciosísimo
me diluye,
abismal y diversa, entre tus dedos
de infinitos senderos…

 

 

Vale este poema como ejemplo de lo que digo. Si el poema sólo tuviese como destinatario a alguien en particular, no tendría más valor que el de una mera nota o carta en la que se establecería un diálogo privado; pero la poeta, a pesar de que parta de una subjetividad imposible de soslayar, habla de aquello que excede a lo meramente personal. Es entonces que Apuntes de salitre es una oda a la vida desde la pasión y con toda la pasión (y la sutileza) que la poeta puede volcar en una página. Valga, como otro ejemplo, este poema (y ustedes juzgarán a quién se lo escribe María Jesús Beristain o cuáles son los alcances de su poesía):

 

Pretil de piedra

 

Mira la piedra el poeta,
más allá se recuesta en el pretil
y saborea
la humedad de unos labios
en el silencio de las horas,
siesta de pétalos de seda
salvaje,
laberinto de sombras
ávidos lazos de sangre y sueños
cautivos
de un jardín sin dueño.

 

María Jesús Beristain

 

Apuntes de salitre puede leerse, entonces, como lo que es: un libro de poemas donde la autora nos invita acceder a lo más íntimo de sí (cada poema es hijo de una subjetividad insoslayable, ya lo dije); pero también puede (y creo que debe) leerse como un libro que nos abre las puertas a algo que va más allá. En mi caso encontré una pasión entre contenida y desbocada (¡vaya paradoja!) por la vida. ¿Qué encontrará cada uno de los otros lectores? Vaya uno a saberlo. Pero eso es lo bello de la poesía y de los libros: dialogamos en la lectura de cada verso, de cada página y, en ese sentido, cada poema de Apuntes de salitre es una charla que mantenemos con María Jesús Beristain y  con su pasión por la vida.

 

Breve ensayo sobre el sentido de la vida (Parte V)

 

trébol

 

Para finalizar con esta serie; sólo dejaré una última cita porque es tan poderosa que cualquier añadido sería un exceso. Pertenece a Richard Dawkins y se encuentra en su libro Destejiendo el arco iris:

 «Nosotros vamos a morir y eso nos convierte en los afortunados. Mucha gente nunca va a morir porque ellos nunca nacerán. Las posibles personas que podrían haber estado aquí en mi lugar pero que de hecho nunca verán la luz del día excede en número a los granos de arena del desierto del Sahara. Por supuesto aquellos fantasmas sin nacer incluyen poetas más importantes que Keats y científicos más importantes que Newton. Nosotros sabemos esto porque el conjunto de posibles personas permitidas por nuestro ADN excede  masivamente al conjunto de personas reales. A pesar de estas asombrosas posibilidades, somos TÚ y YO, en nuestra normalidad, los que estamos aquí. Nosotros, los pocos privilegiados que ganamos la lotería de la vida en contra de todas las probabilidades ¿Cómo nos atrevemos a lloriquear por nuestro inevitable regreso a ese estado anterior del cual la inmensa mayoría nunca ha despertado?»

Breve ensayo sobre el sentido de la vida (Parte IV)

Universe

 

No sé quién es el autor de la siguiente cita, pero debemos agradecerle la lección de humildad:

«Antes de juzgar a otros o de pretender ser el dueño de la verdad, considera lo siguiente: puedes ver menos del 1% del espectro electromagnético y oír menos del 1% del espectro acústico, Mientras lees esto, estas viajando a 220 kilómetros por segundo a través de la galaxia. El 90% de las células de tu cuerpo poseen su propio ADN microbiano; por lo tanto no son «tú». Los átomos en tu cuerpo son 99.9999999999999999% espacio vacío y ninguno de ellos es el mismo que con los que naciste, pero todos ellos se formaron dentro de la misma estrella. Como ser humano, tienes 46 cromosomas, dos menos que un orangután o un gorila y apenas dos más que un antílope. La existencia del arcoíris depende de fotorreceptores cónicos en tus ojos, para los animales sin conos, el arcoíris no existe; por lo tanto, cuando ves un arcoíris, en realidad lo estás creando. Esto es bastante sorprendente, especialmente si consideramos que toda la belleza de los colores que puedes ver representan menos del 1% del espectro electromagnético».

Lo que me atrae del texto anterior es, como dije, la lección de humildad, ya que nos pone en nuestro sitio; pero, al mismo tiempo deja la puerta abierta para que no nos olvidemos de un detalle importante: esa nimiedad que nos conforma incluye cierta grandeza, cierta posibilidad de ser más. Como dijo Pascal, en sus Pensamientos: «El hombre no es más que un junco, el más débil de la naturaleza, pero es un junco que piensa».

Finitud, infinitud; sencillez, complejidad; sentido, absurdo; vida, muerte. Tal vez el sistema solar no sea más que un átomo de un ser inconmensurable; tal vez un átomo de nuestro cuerpo contenga toda una civilización que se hace las mismas preguntas que nosotros. Todo cabe en nuestra manos: la nada y el universo.