El lienzo blanco.

paris-through-the-window-1913.jpg!Large

París a través de la ventana, Marc Chagall, 1913.

En nuestros días se ha extendido la postura de desentenderse de la naturaleza. Esa actitud me recuerda a aquellas personas que nunca le miran a uno a los ojos; me intranquilizan, y me veo obligado a apartar la vista. Si en alguna ocasión hubo una crisis moral, ésa es la del color, la de la materia, la de la sangre y sus elementos, la de las palabras y sonidos, la de todas las cosas con la que se crea una obra de arte, y también la vida. Aunque se cubra un lienzo con manchas de color, sin importar que se reconozcan los contornos o no —incluso en el caso de que se recurra a la ayuda de la palabra y del sonido—, no necesariamente aparecerá una auténtica obra de arte.

La vida como obra de arte, el arte como expresión directa de los valores de la vida. La cita de Marc Chagall, como suele suceder en esos casos de lucidez simple y directa, habla de su época y de la nuestra; habla de cada no de sus contemporáneos y de cada uno de nosotros. Será necesario, entonces, aprender a pintar sobre el lienzo de nuestra vida y que cada color y forma tenga un significado preciso.

Rayo griego

Como lo dije ayer, hasta que no acomode un poco las cosas las entradas van a ser algo caóticas. Por eso mismo no hay nada como reciclarse uno mismo…

tumblr_ocga44SsUR1uvues3o1_500

Rayo griego

.
Los antiguos griegos creían
que las cosas eran vistas
por un rayo que partía
desde el ojo hacia el objeto.

Y me parece, modestamente,
que no andaban muy errados
después de todo, como dijo
alguna vez Antonio Porchia
“El necio no ve el
mismo árbol que ve el sabio”
¿Y si pudiésemos preguntarle a un pájaro,
a un escarabajo, a una ardilla?

Por mi parte cuando veo
una rueda en movimiento
la curva suave y elegante
de un auto nuevo,
el reflejo de un cartel de neón
en el asfalto mojado,
una foto antigua en blanco y negro,
una estrella roja como Antares,
o una blanca, más brillante, como Sirio,
un cuerpo de mujer, o dos, o tres
─caramba que es transitada esta avenida─,
El color azul, el naranja, el negro,
el aire en movimiento, una moneda vieja,
la sombra de mi padre,
una ola rompiendo su curva y el silencio,
la arena en la botella, un eucalipto…

Cuando veo todo eso, y muchas otras
cosas más, que por no aburrir no cuento
todo aquello de belleza extraña
y no siempre compartida.
¿Quién me negará que ello no es
gracias al modesto e inocente rayo griego
que parte de mi ojo hacia el objeto?

 

Reorganizando.

hollie-bookshefl-before-after

Comienzo con una perogrullada: cada viaje es único. Como se ve, no estoy muy lúcido en estos momentos, de allí que haya elegido esa imagen particular para ilustrar esta entrada; ya que así es como me siento: como alguien con la necesidad de organizar sus pensamientos y sus emociones luego de un viaje que no por corto en tiempo lo fue en experiencias. Cada viaje es único, sí, y es por eso que algunos dejan una marca un poco más profunda en nosotros y estoy seguro de que éste en particular lo saborearé por mucho tiempo. Así que mientras vuelvo a colocar esos pensamientos y emociones en sus estantes correspondientes, mientras vuelvo a organizar mis horarios y demás trivialidades de esas que llamamos “de cada día”, dejo esta declaración de insania momentánea. Volveré mañana, supongo que igual de torpe, pero aún sonriente en mi nube actual (“Cuando no ando en las nubes, ando como perdido” A. Porchia).

Tecnología y la &@#$^@$%#^*&^(%&*

sell-Broken-Laptop-e1447823394670

Un mes atrás sufrí un percance que seguramente a todos, de una u otra forma, les habrá sucedido. Un golpe dañó el disco duro de mi laptop. Los problemas posteriores son varios: además del gasto de dinero, lo peor es perder información; en mi caso casi todo el trabajo que hice en los dos últimos meses, por ejemplo (sí, sé que hay que hacer respaldos y todo eso; y lo hago, pero a veces uno se confía, se deja estar y pasa esto). Luego de arreglar el problema —en la medida de lo posible—, me dedico a reorganizar el nuevo aparato. Luego de unos días el feader, ese adminículo que nos avisa de las entradas de los blogs amigos, decide borrarse por sí mismo; ahora es el teclado el que decide declararse en rebeldía y bajo una estricta autonomía, hace lo que se le antoja. Desaparecen los signos y hasta alguna letra (la ñ, por ejemplo) y hay que andar buscándolos por todo el teclado hasta que por suerte se las encuentra en el otro extremo. De todos modos no sirve de mucho, cuando a la degenerada se le antoja vuelve a la configuración anterior y otra vez comienza la búsqueda de un signo de interrogación o de un acento.

No hace mucho tiempo que se hablaba del fin del libro y tonterías similares. Aquí tenemos un argumento de peso sobre un valor añadido al acto de recopilar la información importante en papel. Tenemos libros que llevan cuentos de años encima y que, por supuesto, son perfectamente legibles; cosa que no pasa ni pasará con las modernas tecnologías. Cuando apareció el CD parecía que se había encontrado la panacea universal ¡Toda una biblioteca cabe en un pequeño disco plástico! Al diablo con ello, los CD tenían una vida limitada (limitadísima) y por si fuera poco, las mismas tecnologías se ocuparon en que quedara caduco en menos de una década. Ahora con las plataformas digitales y demás, todo el saber humano cabe en… vaya uno a saber dónde. Hace unos días leí un artículo sobre las futuras computadoras cuánticas o atómicas, las cuales podrán guardar el equivalente a todo lo que los seres humanos han escrito en una memoria del tamaño de un sello postal. Eso sí, que no se te corte la luz, hermano, porque vas a quedar, literal y metafóricamente, bien a oscuras.

Libélulas rojas.

3078689273_7559122cc6_z

Mi querida Claudia Snitcofsky, quien acaba de llegar de un placentero viaje por la China y algún otro país de oriente, hoy compartió un video donde Luis Alberto Spinetta (músico argentino, fallecido en el 2012) lee unos poemas de su elección. Transcribiré aquí lo más interesante y bello de ese video que ya me está haciendo el fin de semana. Espero que a ustedes también.

Dice Spinetta:

“Matsuo Basho, poeta japonés nacido en 1644 es quizá el más grande poeta de Japón. Era, además de un estilista, de un creador de formas, un humanista y un piadoso. Recuérdese en tal sentido la anécdota con Kikaku —uno de sus discípulos—, y su poema sobre el pimiento. Este alumno escribió el siguiente haiku:

Libélulas rojas

Quitadle las alas

Son pimientos.

Basho respondió que un haiku debe suponer, además, un deseo distinto; y para probarlo, lo escribió de esta manera:

Esos pimientos

Agregadle alas

Son libélulas.

Elegí esta poesía tan antigua porque esas dos visiones, de alguna manera, componen dos visiones del mundo. Una, la visión de la destrucción; de aquellos que asesinan para imponer sus ideas y el otro, en este caso como lo representa Basho; por quienes luchan por crear una vida mejor; por crear vida”.

Agregar algo me parece superfluo; posiblemente caería en una visión banal de lo necesario que es, para estos tiempos que corren, esta mirada que nos propone Spinetta. Es casi seguro que nada de lo que yo diga sumará algo nuevo a lo que ya está dicho de manera tan precisa; así es que me voy haciéndome eco del silencio que propone este punto final.

Oh, melancolía.

Silent Lake by Shufu Miyamoto

Lago silencioso, de Shufu Miyamoto.

«Aparte de mis numerosas amistades aún tengo un confidente íntimo: mi melancolía. Constantemente me hace señas en medio de mis alegrías o de mis trabajos, y entonces me llama a un lado y la obedezco, aunque corporalmente continúe en mi sitio. Mi melancolía es la más fiel amante que he conocido. ¿Qué tiene, pues, de extraño que la corresponda con todo mi amor?»
Søren Kierkegaard, “Diapsálmata” Editorial Gredos.

Desaparición.

pescador-lanzando-red

Desaparición

A fuerza de relecturas
la palabras desaparecen
tras la bruma del sentido.
No dejan huella alguna
sobre el papel de seda
de nuestra lengua.
Como fantasmas se deslizan
y van borrando con el tenue
volado de su vestido blanco
el posible eco de su existencia.

No están allí ahora, sino
como nudos en la red del pescador
o como la tensa cuerda entre uno y otro
o como el espacio vacío entre ellos
ese que deja escapar el agua pero no la presa.
Sin uno de ellos
de nada sirven los otros.
Sin palabras no hay sentido
pero ninguna de ellas puede jactarse
de ser nudo
o cuerda
o espacio
entre ellos.