Poder y potencia

Hay imágenes poderosas y hay imágenes potentes; esta distinción le ha servido al historiador del arte Georges Didi-Huberman para delinear las principales ideas de su trabajo. En un breve video, Didi-Huberman dice, dirigiéndose a alguien detrás de cámara: «Antes de que empezara este programa me pediste que mirara a cámara y yo te dije «No, quiero mirarte a ti» Así estaríamos haciendo una imagen de poder. Si sólo mirara a cámara, creo que sería una imagen de poder; pero si te miro a ti, allí, detrás de cámara, es una imagen de diálogo. No es lo mismo. A mí me interesa la potencia de las imágenes. Potencia, no poder. Es muy diferente. Incluso creo que la civilización en la que estamos, no es una civilización de las imágenes, sino que es una civilización de los clichés. ¿Entiendes lo que quiero decir por clichés? Es decir, las imágenes que toman el poder. Pero la imagen más bella es la que tiene su potencia pero que no busca tomar el poder. Es como las palabras. ¿Acaso un poema busca tener poder sobre el otro? No. Y sin embargo no hay nada más bello que un poema. Tomemos un ejemplo del comienzo de la modernidad: Goya. Goya es un pintor oficial. Hace, pues, imágenes de poder. Es decir hace retratos de los reyes.

 

Goya (1)

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Y también se interesa por el pueblo. Esto es muy complicado para él, porque no puede, realmente, publicar sus grabados ya que lo censurarían enseguida, etc. Pero lo hace. Lo hace. Se interesa por la gente que no tiene nombre alguno; por el pueblo, y se acerca a él. Hace imágenes de poder pero también imágenes potentes y son estas imágenes las que recuerdan todos los artistas posteriores. Son esas imágenes las que recuerda Picasso en el Guernica. En el Guernica de Picasso ¿Dónde está el poder? No hay poder, sólo hay potencia. Hay «impoder» porque la gente es bombardeada, muere, grita; estamos en el pathos, como se dice. Así que no hay poder, pero la imagen es potente. ¿Ves la diferencia?»

 

Guernica

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Dos ladrones (o dos chorros, como quieran)

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Hace unos días escuchaba una milonga muy divertida llamada Entre curdas , cantada por Jorge Vidal. Ante las risas que provocó en mí la letra de la canción, L. me pidió que le explicara de qué se trataba todo aquello, lo cual, me di cuenta al intentar «traducir» la letra, eso es imposible, ya que las implicancias y las sutiles referencias culturales hacen que se pierda todo sentido (toda «picardía»; porque el sentido sí puede traducirse de alguna manera) ¿Cómo traducir una expresión como «el jonca quedó forfai» o «rechupado como un faso»? Y es que el argot argentino es bastante peculiar (todo argot lo es; claro está, pero el argot argentino posee algunas particularidades que lo hacen un poco más complejo, como explicaré a continuación); por un lado tenemos las modificaciones habituales del lenguaje dadas por el mismo paso del tiempo, por la técnica y por las movidas culturales propias de cada edad (sobre todo los adolescentes). Y a eso hay que sumarle el lunfardo; un argot particular creado a principios del siglo XX y que mezcla términos y deformaciones sonoras de idiomas como el italiano, el gallego, el árabe, el idish y, en menor medida, del inglés y del francés (esto gracias a la ingente población inmigrante que llegó a Argentina después de la Primera Guerra Mundial, sobre todo). Por último, para complicar un poquito más las cosas, también se le suma el vesre; lo cual no es otra cosa que tomar una palabra, separarla en sílabas y decirlas en el orden opuesto (en uno de los ejemplos dados más arriba, la palabra jonca no es otra que cajón. Ese es un ejemplo sencillo porque es bisílabo. ¿Qué quiere decir, por ejemplo, dorima? Pues nada más que do-ri-ma; es decir, marido).

 

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Hay muchas milongas y tangos que usan este argot como lengua común, es decir, como una especie de lingua franca. Un caso por demás particular es el que ocurrió hace algunas décadas, en pleno tiempo de la última dictadura militar. Por ese entonces, los puristas de la moral (escenificados por un ridículo General o algo similar) consideraban que este lenguaje, al igual que un pecho femenino o la matemática moderna, corrompían la mente de las personas y por eso debían desaparecer. El siguiente soneto, publicado bajo el seudónimo de Lope de Boedo (ya desde aquí sabemos que esto no es del todo serio; Boedo es un barrio de Buenos Aires y Lope, claro está, hace referencia a Lope de Vega); es un maravilloso ejemplo del uso artístico de este argot del que estoy hablando.

El soneto nos habla del momento de la crucifixión de Jesús y de su diálogo con los dos ladrones que se encontraban a su lado. La escena, vista desde el lenguaje callejero, cobra un nuevo sentido (aunque el original sentido religioso no desaparece, claro está; sólo es que parece más cerca de la verdad que la versión bíblica, me atrevería a decir). Lo gracioso es que alguien del gobierno militar de aquella época obligó a Edmundo Rivero (una de las voces del tango más famosas) a grabar una versión del soneto en lenguaje correcto; es decir, despojado de todo rastro de argot. Les dejo la versión cantada más abajo, para que puedan entenderla aquellos que no entienden este idioma pero, sobre todo, para que puedan compararla. Me permitiría aconsejarles (con las disculpas del caso), que primero lean el soneto y que después lo «sigan» a medida que lo canta Rivero. ¿Cuál de las dos versiones prefieren?

Dos ladrones

Hay tres cruces y tres crucificados
en la más alta, al diome, el Nazareno.
En la del wing lloraba el chorro bueno
mangándole el perdón de sus pecados.

Escracho torvo; dientes apretados,
mascaba el otro lunfa el duro freno
del odio, y destilaba su veneno
con el rechifle de los rejugados.

¿No sos hijo de Dios? Dale. Salvate.
Sos el Rey de los Moishes, arranyate.
¿Por qué no te bajás? ¡Dale, che, guiso!
Jesús ni se mosquió. ¡Minga de bola!
Y le dijo al buen chorro: Estate piola
que hoy zarparás conmigo al Paraíso.

 

 

Fantasmas

 

«Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje», dijo alguna vez Henri Cartier-Bresson; y eso es lo que sentí al encontrarme con esta serie de fotografías creadas por Jo Hedwig Teeuwisse, consultora de historia nacida en Holanda.

 

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Esta colección de imágenes nos muestra, en una superposición sutil, cómo sería si los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial volvieran a nuestras calles. Las fotografías superponen escenas modernas de Francia con fotografías tomadas en el mismo lugar durante la guerra. Jo Teeuwisse comenzó el proyecto después de encontrar 300 negativos viejos en un mercado de pulgas en su ciudad natal; los cuales mostraban lugares muy familiares para ella, pero en un contexto muy diferente.

Ella investigó el trasfondo de cada uno de los hallazgos más interesantes y creó una hermosa serie de imágenes superponiendo las viejas imágenes sobre las nuevas. Luego de ese primer trabajo, encontró una serie de fotografías de soldados en guerra en Francia y en toda Europa y ha creado nuevos conjuntos de diseños evocadores y emocionales. Teeuwisse cree que hacer que las escenas de guerra sean familiares al vincularlas a un lugar que reconozcamos aumenta su impacto porque, tal como dijo alguna vez: «No es lo mismo saber qué es lo que ocurrió allí, que conocer el lugar exacto sumado a detalles particulares. Eso lo grabará en tu memoria visual».

También creo que la serie es notable desde muchos puntos de vista porque, como señaló ese otro fotógrafo notable que fue Dando Moriyama: «Una sola fotografía puede contener múltiples imágenes»; y eso es lo que conforma el trabajo de Teeuwisse.

 

Galería de fotos de Jo Teeuwisse. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

 

Epicuro y su tetrafármaco

Uno de los proyectos que me propuse para este año (algunos saben que me gusta eso de a proponerme distintos tipos de retos a lo largo de cierto tiempo y que soy un adorador declarado de los famosos planes de «30 días») fue el de leer todo lo que consiguiera de y sobre Epicuro. El proyecto quedó suspendido por problemas personales (por el momento, claro está) luego de tres libros; pero algo quedó de ellos y una de esas cosas que me dejó esta breve incursión en el maestro griego fue su remedio «para la vida», como diríamos hoy en estos tiempos donde todo tiene que servir para algo. Vamos a él.

EpicuroEl tetrafármaco (Tetrapharmakos) era un antiguo remedio griego formado por cera amarilla, resina de pino, colofonia y sebo de carnero. Estas cuatro sustancias se mezclaban creando uno de los ungüentos que se aplicaba en las heridas abiertas, con el fin de facilitar la supuración de sustancias dañinas para el cuerpo. Basándose en esta cura, el filósofo griego Epicuro diseñó el remedio para conseguir la vida más feliz posible, lejos de todos los miedos. Esto es algo que han hecho muchos otros filósofos a lo largo de la historia pero Epicuro fue uno de los primeros, y posiblemente el que lo hizo del modo más simple.

El remedio lo resumió en cuatro versos, cada uno de los cuales se correspondía con una idea para conseguir esa felicidad. De las muchas traducciones que han llegado a nuestros días, me voy a quedar con la más fácil y directa:

No temas a dios,
no te preocupes por la muerte.
Lo bueno es fácil de conseguir,
lo espantoso es fácil de soportar.

 

Tetrafármaco
Ahora, vamos punto por punto:

No temas a dios (o a los dioses)
En la Antigua Grecia existía una gran preocupación por lo que los dioses pudieran pensar por las acciones que cada uno llevaba a cabo cada día. Ello, unido al miedo a su fuerte temperamento, hacía que muchos vivieran con un miedo continuo a las posibles acciones de sus dioses. Muchos filósofos griegos consideraban que esto estaba totalmente fuera de lugar. Epicuro, en particular, defendía que los dioses sólo representaban un estado superior de felicidad, mediante seres indestructibles e invulnerables, que únicamente pretendían ser un modelo a seguir pero que no se preocupaban de manera particular por los actos humanos.

No te preocupes por la muerte
El filósofo Douglas Hutchinson resumió a la perfección lo que esta frase del tetrafármaco de Epicuro significaba: Cuando estás vivo no tienes que lidiar con estar muerto, pero cuando ya estás muerto tampoco tienes que lidiar con ello, porque ya no estarás ahí para hacerle frente.

Según Epicuro, tras la muerte no hay nada. Eso puede ser un problema para muchos, pero la ansiedad ante la muerte tan sólo merma la calidad y la felicidad que se puede alcanzar en vida interesante per se. Peor aún es cuando la vida está ligada a una obsesión por hacer lo correcto para ser premiado con una vida después de la muerte y no arder en el castigo eterno.

Lo bueno es fácil de conseguir
El sustento y el cobijo es algo que se puede adquirir fácilmente por cualquier persona con un mínimo esfuerzo independientemente de su riqueza. Pero cuando alguien quiere más de lo que necesita, está limitando sus posibilidades de satisfacerse y ser feliz. Dicho en otras palabras: la vida es mejor cuando limitamos nuestro deseo por lo material a lo estrictamente necesario.

Lo doloroso es fácil de soportar
Epicuro nos recordó la naturaleza temporal del dolor corporal. Podemos tener una fiebre o un dolor de estómago, pero a los pocos días nuestro sistema inmunológico lo combate. En el caso de los dolores crónicos, uno se acostumbra a ellos después de algún tiempo. En la naturaleza, ninguna condición dura para siempre. La impermanencia de todas las condiciones es un consuelo cuando éstas son dolorosas. Una actitud desdeñosa hacia el dolor requiere disciplina, pero puede cultivarse si somos conscientes, disciplinados, y desarrollamos la voluntad de proteger a nuestra mente.

 

Por último, tenemos los dolores mentales y la ansiedad. Estos se trabajan de manera sistemática a través del conocimiento. La resolución de seguir a Epicuro es esencialmente una resolución para proteger la mente. Es imposible ser feliz si no podemos controlar nuestra ira y otras emociones fuertes; vamos a pasar de un estado perturbado al siguiente y nunca probar la estabilidad de la ataraxia (de la que ya hablaré en otro momento), la cual se traduce como imperturbabilidad y es el estado de madurez definitiva que un filósofo puede alcanzar.

Más que nunca

 

Albert Camus

 

Albert Camus dijo, en una conferencia dictada en 1957: «Cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea acaso sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga». Esta frase podríamos retomarla hoy con la certeza total de que deberíamos aplicarla con plena justicia. Sé que cuando Camus dijo lo anterior venía de la mayor guerra en la que el hombre se había visto envuelto y eso podría hacernos pensar que querer aplicar hoy sus palabras podría parecer exagerado; así que me adelanto a tales críticas y digo que acepto el punto, pero que de todos modos, hay algo en esa frase que sigue siendo válido, ya que una nueva costumbre ha hecho que, en la práctica, ciertos aspectos de nuestro mundo parezcan estar desmoronándose rápidamente. Esa costumbre nos viene de fines del siglo pasado, pero nunca como ahora se está haciendo carne en la sociedad toda, y no es otra que la de considerar a cualquier idiota como figura central en cualquier tema (también podríamos decir: la costumbre de considerar que cualquier tontería es válida porque alguien la dijo y criticar a ese alguien es incorrecto sólo porque sí).

Hace un par de días encontré este cartón que lo ilustra a la perfección:

 

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Estos pilotos presumidos han perdido contacto con pasajeros regulares como nosotros. ¿Quién piensa que yo debería volar el avión?

 

Lo peor de la ilustración anterior es que expone el verdadero problema, el cual no es que un idiota delire y que lo haga público; sino que los demás lo siguen en ese delirio bajo la premisa del nosotros como entidad conjunta de incomprendidos y, por lo tanto, discriminados (ésa es la palabra clave: discriminidados. Se usa para cualquier cosa y en cualquier circunstancia).

Creo que hoy nuestra batalla corre por ese camino y que, sin exagerar, el mundo se está desmoronando porque dejamos las cosas en manos de quien no tiene la capacidad para enfrentar los problemas como corresponde. ¿Cómo vamos a solucionar los problemas sociales si seguimos votando a gente como Trump o Macri? ¿Cómo vamos a encontrar la paz interior si seguimos dejando nuestra espiritualidad en manos de curas, ancianos, rabinos o imanes? ¿Cómo vamos a avanzar en salud si seguimos creyendo en horóscopos o sanadores milagrosos? ¿Cómo vamos a avanzar en educación si seguimos pensando que los maestros ganan demasiado y que no tienen derecho a quejarse?

Sí, soy consciente de que los problemas son muchos y variados; pero creo que todos ellos comenzarán a solucionarse cuando comencemos a darle a cada uno el lugar y el papel que le corresponde. Termino con Camus, otra vez: «Sabemos que acaso sea imposible nuestra salvación, pero esa no es razón para dejar de intentarlo. No está permitido calificarla de imposible antes de haber hecho lo posible para demostrar que no lo era. Más que nunca, hay razones para luchar». Lo bueno de nuestros problemas es que no son tan terribles como para calificarlos de imposibles. En ese sentido, vivimos en unos tiempos mejores que los del buen Albert; pero, de todos modos, no por eso tenemos permiso para bajar la guardia.

El hit de la edad media

Como todos sabemos, hoy no es posible escuchar una canción en la radio (me refiero, más que nada, a las canciones de moda) sin que nos veamos abordados por metáforas más o menos cómodas (sobre todo cómodas para el compositor) tales como nubes de algodón, o el inevitable corazón como creador, sostén o recipiente del amor. ¿Pero cómo y cuándo el corazón se asoció con el romance en la cultura occidental? Los primeros egipcios creían que el corazón era el asiento del alma; los griegos, el asiento de la razón y la emoción. No son asociaciones poco probables, pero no parece ser una buena fuente para empezar a buscar.

Roman de la poire - heart metaphorEn realidad la primera representación conocida del corazón como recipiente del amor la encontramos en Roman de la poire (hacia 1250), el cual muestra a un pretendiente entregando su corazón anatómicamente correcto al objeto de los afectos, que se ve un tanto desconcertado. En unos pocos años, el símbolo del corazón se había vuelto más decorativo y menos anatómico, y estaba firmemente asociado con la devoción, tanto romántica como religiosa. No es sorprendente, entonces, que los encuadernadores se hayan sentido atraídos por la forma del corazón al crear libros.

Y ya que saltamos de las canciones de moda a los libros antiguos, quedémonos en este tema más atractivo y sigamos por este camino. Los libros medievales en forma de corazón generalmente estaban compuestos de folios con letras y carteles iluminados cosidos a mano. En muchos casos, el libro sin abrir se parecía a una almendra. Cuando el libro se abre, florece, por así decirlo, en un corazón.

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“The Heart Book”, data de la década de 1550. Es la colección danesa más antigua conocida de baladas, y contiene 83 canciones de amor de la corte del rey Christian III. De hecho, los libros en forma de corazón parecen pertenecer a dos categorías: libros de música y libros devocionales. El punto del corazón se redondea suavemente sobre la encuadernación, pero las páginas se cuadran, y la escritura en el libro parece solo reflejar ligeramente la forma del libro en sí.

 

Image 2El Libro de Horas de Amiens Nicolas Blairie, cuando se abre, hace una forma de corazón más clásica. La forma era tal que, abierta, “las dos mitades de la almendra florecen para encajar en los contornos de un corazón, evocación concreta del corazón de la persona que reza la oración que se abre”. A diferencia del Libro del Corazón, la inscripción en este Libro de Horas imita de cerca la forma del libro y crea un corazón propio.

 

Image 1La Chansonniere de Jean de Montchenu data de alrededor de 1470 y es, como su nombre lo indica, un libro de canciones (treinta en francés y catorce en italiano). El tema del libro -el amor cortés- se hace eco en el diseño del libro: dos corazones unidos como uno solo.El impacto de la ilustración y las letras en estos libros no puede quitar el cumplimiento de la unión: abierto, la forma del corazón se transforma en una mariposa. La unión misma está cubierta con terciopelo rojo oscuro.

 

Una pequeña galería con algunos otros ejemplos de libros en forma de corazón. Incluyo los dos últimos en mayor tamaño para que puedan verlos con más detalle. Para ver las fotos dar clic sobre una de ellas.

Crónica de una muerte anunciada

 

Argentina

 

Hace poco más de tres años escribí una entrada titulada Suicidio asistido, en la cual hablé del profundo pesar que me produjo la elección de Mauricio Macri como presidente de la Argentina (incluso terminé esa entrada diciendo que no quería volver a la Argentina en esas circunstancias, cosa que hace un par de horas acabo de decirle, sin recordar aquella entrada que busqué hace unos minutos, a mi compañera de estos días). Un par de meses después de esa entrada subí otra tocando el mismo tema en un tono más pesimista aún y hoy me trae aquí la triste confirmación de que aquella esperanza de que mi mirada pudiera estar equivocada, no lo estuvo en lo absoluto. Mi Argentina se hunde y la gente todavía parece estar en la tribuna de un partido de fútbol tratando de ver quién tiene la culpa, si el que está o el que se fue. ¿Y mientras tanto? Bueno, lo de siempre, mientras tanto, los ricos se hacen más ricos, los pobres se hacen más pobres y la masa sigue prendida a la TV que le dice qué y cómo hacer de cuenta que piensan.

Lo más triste de todo esto es que pasan los años y siempre terminamos hablando de lo mismo y de la misma manera. Tan así es que transcribiré el tercer párrafo de esa entrada, como ejemplo de que todo sigue igual:

«Es muy común decir, cuando un grupo social toma una decisión determinada, que ese grupo social es «ignorante» o algo así. Yo hoy lo digo con toda la seguridad de las pruebas que ellos mismos nos han brindado ayer: la clase media argentina no sólo es ignorante, sino que es algo mucho peor: es una clase pretenciosa, envidiosa, mediocre, inculta, soberbia y sí, profunda y gozosamente ignorante. Sólo así se entiende que alguien vote para presidente a un tipo que nadie en su sano juicio (ni siquiera los que lo votaron, lo sé porque conozco a varios) lo dejaría dormir en su casa. Quien será el nuevo presidente, junto a sus «colaboradores» ya avisó que viene por todo; lo dijo bien clarito y sin ningún prurito. Mintió descaradamente una y otra vez pero eso a la clase media no le importa; porque esa clase media argentina está presa del odio más visceral por sus semejantes, ellos son los típicos hijos de los Mass Media y de la religión más obtusa, esa religión que habla de amor pero que enseña el odio a los pobres o a los diferentes. La clase media argentina después de una crisis como pocos países han vivido, puede comprar una TV, una computadora y un pequeño auto y ya se cree oligarquía y así termina votando a un tipo que tiene 214 causas judiciales y que está procesado en otras dos causas penales».

Ahí está, ahora, destruyendo todo a su paso y sin siquiera el apoyo de quienes lo votaron. Pero eso sí, esa clase media todavía tiene el odio cien por ciento activo; y es que hay costumbres que son difíciles de perder.