El error nuestro de cada día

Los manuscritos medievales a menudo contienen huellas dejadas involuntariamente por el escriba. Hijos de la producción en masa, los errores en los libros, como los errores tipográficos, generalmente se detectan antes de llegar a los estantes; pero ello no siempre sucedía en tiempos antiguos.

Uno que escapó a la vista de la impresora: una página de la llamada 'Biblia malvada', impresa en 1631, con un giro interesante en los Diez Mandamientos

En el primer caso, el escriba medieval no fue necesariamente tan afortunado, el error pasó sin ser notado y, como una ironía perfecta del destino, el error no era menor. Se trata, nada menos, que de uno de los diez mandamientos, más precisamente del séptimo: «No cometerás adulterio», donde el escriba omitió el «no», quedando el mandamiento en un interesante «Cometerás adulterio» (En la fotografía, en el punto 14 se lee «Thou thalt commit adultery», cuando debería decir «Thou thalt NOT commit adultery».

Copiar a mano era un proceso arduo y los errores podrían cometerse con demasiada facilidad. Hoy me gustaría explorar dos versiones del error accidental más común cometido por los escribas medievales, que es el eyeskip, el cual ocurre cuando el ojo del escriba literalmente salta de una palabra a la siguiente mientras copia, de lo que resulta en la omisión o repetición de palabras o frases.

Leiden UB, VLF 30, Lucretius 'De Rerum Natura, f.  21v
Leiden UB, VLF 30, Lucretius ‘ De Rerum Natura , f. 22r

1] ossa uidelicet e pauxillis atque minutis
2] ossibus hic et de pauxillis atque minutis
3] uiceribus uiscus gigni sanguenque creari
4] sanguinis inter se multis coeuentibus guttis
[Lucretius, De rerum natura I, líneas 835-8]

En este caso tenemos un libro del siglo IX, producido en la escuela del palacio del famoso emperador Carlomagno. Es uno de los tesoros de la colección de Leiden: una copia del poeta romano Lucrecio De rerum natura (VLF 30). No sólo es una de las primeras copias medievales del texto, sino que ha sido corregida por un escriba cuya identidad conocemos: el monje irlandés Dungal. El trabajo de Dungal puede verse en esta página (f. 22r). El cambio en la mano es claramente visible y, además, la corrección tiene una especie de aspecto aplastado. Esto se debe a que Dungal ha reemplazado una línea de poesía por dos, agregando algo que el escriba original había pasado por alto. Si miramos el texto de las cuatro líneas resaltadas arriba, podemos ver que las líneas 1 y 2 son bastante similares, ambas terminan en pauxillis atque minutis. El error reside en que el escriba omitiera la línea 2, pasando directamente a la línea 3. El nombre técnico para la omisión del texto debido a que el escriba omite una frase para pasar directamente a la siguiente es el de haplografía. Como podemos ver, Dungal rectificó el error raspando la línea fuera de lugar y luego reemplazándola con las dos líneas necesarias de texto correcto.

Leiden UB, VLQ 130, el Scholiasta Gronovianus, f.  21v
Leiden UB, VLQ 130, el Scholiasta Gronovianus, f. 21v. Foto: Irene O’Daly

El eyeskip podría resultar en omisión, como señalamos en el primer caso, o también podría resultar en la repetición de parte del texto. Este manuscrito, el Scholiasta Gronovianus (VLQ 130), una copia del siglo X de una colección de comentarios sobre los discursos de Cicerón, contiene un ejemplo de este tipo, un error denominado dittografía. Como podemos ver, fue notado por un lector posterior, que subrayó la línea duplicada a la mitad de la página. Aquí el problema parece haber sido provocado por la recurrencia de la palabra quomodo (como se indica). En lugar de pasar a quomodo dixit, el ojo del escriba volvió a la oración anterior y repitió la línea que comienza quomodo facit. Es interesante notar que la separación de palabras no está estandarizada en este manuscrito; es probable que el ejemplar del que estaba copiando el escriba tampoco estuviera estandarizado, lo que puede haber hecho que los errores de este tipo sean aún más fáciles de hacer.

Los errores resultantes del eyeskip nos dicen algo sobre el proceso y las dificultades de copiar a mano, y el papel del corrector / lector posterior. En algunos casos, incluso podemos encontrar un grupo de manuscritos donde se copia el mismo error accidental de uno a otro, lo que nos permite establecer relaciones textuales entre manuscritos, útiles para comprender la historia de la transmisión de un texto. ¡Entonces los errores medievales, incluso cuando se corrigen, brindan una oportunidad genuina de aprender de los errores!

Breve ensayo sobre el cansancio (II)

Parte II: La moral

Amedeo Modigliani

De las muchas y útiles páginas de internet que podemos usar según nuestras necesidades y gustos, hay una que nos permite guardar fotografías en carpetas o álbumes. Yo la uso para no saturar la memoria de mi laptop, entre otros beneficios (como el de encontrar material afín a mis gustos o el compartir imágenes con otros usuarios). Hace unos días noté con no poco desagrado que algunas imágenes habían desaparecido de algunas carpetas. ¿El motivo? Ya que los administradores de la página no me avisaron de nada, me puse a revisar y vi que las imágenes desaparecidas eran todas de desnudos. Desnudos como los de Amedeo Modigliani; de Rubens o de Bouguereau. Sin embargo, no desaparecieron algunos desnudos de Picasso o de Kupka ¿Por qué unos sí y otros no? La razón se encuentra en el algoritmo que estas páginas usan para encontrar un determinado tipo de imágenes y así separarlas de otras. Por lo tanto, estas imágenes no se permiten:

Peter Paul Rubens – William-Adolphe Bouguereau

Mientras que estas otras, sí:

Pablo Picasso – František Kupka

Esto ocurre con todos los sitios web; nombren uno y estoy seguro de que estará en la lista. ¿Y qué puede encontrarse de malo en un desnudo en un cuadro? Mi carpeta de Modigliani tiene más de cien imágenes ¿Por qué no me borran los retratos? La respuesta es demasiado simple y, por desgracia, ridícula: porque un cuerpo desnudo es algo que para la moral de este tiempo (y que nos viene de la caída de Grecia y de Roma y el posterior avance de los monoteísmos) es algo intrínsecamente malo, feo, pecaminoso.

Ya he hablado de esto en otra entrada de hace tiempo, titulada Sexo no, violencia sí; y recordando lo que dije allí, hice un pequeño experimento: creé una nueva carpeta y la llené con fotografías de actos violentos varios. ¿Sucedió algo? Pues no; parece que no hay problema alguno con la violencia, tal como pensé que sucedería. Así que borré esa carpeta y me puse a pensar sobre qué es lo que sucede detrás de esta censura absurda.

Para empezar, lo obvio: el problema de la censura no está en lo censurado, sino en el censor. Recordemos la historia del «Il Braghettone». En 1564, el Papa Pío V, horrorizado por las desnudeces que Miguel Ángel pintara en los frescos de la Capilla Sixtina, ordenó que se les pintaran ropas encima. El trabajo estuvo a cargo de Danielle Da Volterra, lo que le ganó, como dijimos, el sobrenombre burlón de «Il Braghettone». ¿Qué había de malo en los desnudos de Miguel Ángel? Por supuesto que nada; lo malo estaba en la mente de Pío V; y como tenía el poder, hizo el ridículo. Hablando de ridículos, volvamos al siglo XXI. No dejo de pensar en la reunión de genios de esas páginas web de las que estamos hablando. ¿Qué pasa por la cabeza de esa gente? Lo peor de todo, para mí, es la idea de que alguien ―o varios, posiblemente― tuvo que trabajar horas y horas para crear un algoritmo especial que reconociera pechos, nalgas y penes para así poder borrarlos; es decir, censurarlos. ¿Cabe idea más enfermiza que esa? Y es por eso por lo cual se borran los desnudos de Modigliani pero no los de Picasso; se censura (es increíble, pero hasta siento vergüenza ajena al tener que escribir esto) a Rubens, pero no a Kupka. El algoritmo sólo actúa, no tiene moral ni tampoco inteligencia. Igualito que sus creadores.

Es por ello, también, que páginas como Facebook censura, pixelándolos, los pechos femeninos, incluso cuando se trate de un cuadro al óleo o caen en el ridículo más profundo censurando a una estatuilla de 25.000 años de antigüedad.

Venus de Willendorf; estatuilla de 25.000 años de antigüedad censurada por Facebook

En algún momento dije «volvamos al siglo XXI»; pero en algunos aspectos uno tiene la sensación de que todavía no salimos de la edad media. Las preguntas que hacemos sobre aquella época son las mismas que podemos hacer en la actualidad, al menos en lo que a moral se refiere: ¿Cómo es posible que hoy un cuadro de Modigliani sea censurado mientras que las imágenes de un descuartizamiento no? ¿Tiene esto algo que ver con la moral de la sociedad o es la moral de la sociedad hija de estas actitudes? Sin duda alguna, la respuesta es que lo segundo es lo que sucede. Creo que la imagen más sintética que puedo imaginar es la de un policía tratando de llevar presa a una mujer que amamanta a su bebé en una plaza; cosa que ha sucedido en varios países. Es la imagen perfecta de la violencia atacando al acto más amoroso posible y es, también, lo que luego se magnificará en casi todos los ámbitos. La estupidez de la moral predominante sobre la moral que debería predominar.

Breve ensayo sobre el cansancio

Parte I: la gente

Leyendo los comentarios a entradas anteriores, me encuentro con dos que me dejan material para pensar o, sería mejor decir, para poner en claro a algunas de mis ideas. Uno de esos comentarios hace referencia al uso del término «populacho» en referencia, claro está, a la masa indiferenciada. Esta crítica se me hace, también, en lo personal. Cuando hablo suelo usar la misma idea y generalmente se me señala que eso se considera incorrecto, poco amable, grosero. En mi última entrada, en la que copié algunas entradas de unos diarios personales de hace casi diez años, ya señalaba que lo políticamente correcto me parece una actitud poco menos que falsa e intelectualmente cobarde. Está claro que la cuestión no es la de andar insultando a diestra y siniestra y, mucho menos aún, la de creerse por encima de nadie; pero vamos, que tampoco la idea opuesta, la de creer que todos son iguales, es la más deseable de las actitudes.

Y esto último no lo digo por uno mismo, quien no tiene más valor que el de cualquiera que se encuentre dentro del promedio general; sino que lo digo por aquellos que sí han alcanzado algún grado de excelencia y que son menospreciados por aquellos que no tienen la altura suficiente ni como para subirse (solos) a un banquito, cosa de ver un poco más lejos. Es ahí cuando la referencia al populacho, a la masa o como sea que se denomine al grupo mediocre en general tiene sentido. Cuando uno se encuentra con que aquel que ha dado su vida para lograr lo que nadie ha logrado antes  ―independientemente del ámbito al que se haya dedicado―, es menospreciado o ridiculizado por aquellos que no entienden ni quieren entender y que además se jactan de esa ignorancia («A mí nadie me va a hacer creer que…» es una de sus expresiones favoritas), sabe que se encuentra ante lo más bajo de una forma social (ya que no se trata de clases sociales aquí, sino de formas sociales; es decir de actitudes o hábitos de ciertos grupos). De allí que denominarlos con expresiones tales como masa o populacho no sea una forma denigrante de señalarlos, sino sólo descriptiva. Lo que es denigrante es la actitud de estas personas, después, señalar su existencia es algo secundario (si no se quiere usar una expresión como «populacho» habrá que buscar alguna otra ¿y cuánto tiempo pasará, entonces, hasta que lo políticamente correcto vuelva a señalarnos que está mal decir esa nueva expresión?).

El segundo comentario hace referencia a algo que dije sobre no tener fe «ni siquiera en mí mismo» y agrega que «el escepticismo no da margen ni siquiera para excluirnos a nosotros mismos»; cosa con la que estoy de acuerdo, pero sólo hasta cierto punto ¡y es que soy tan voluble que ni siquiera puedo ser constante en ello! Y enlazo esto con lo anterior: lo que me cansa de la gente es, precisamente, que no saben ser, ni siquiera por un rato, escépticos. No hay modo en que uno pueda estar con alguien sin que ese alguien de inmediato se ponga a hablar, a decir algo, lo que sea y, lo peor de todo, es que la gente sabe todo de todo. ¿Cómo lo hacen? No tengo ni idea; pero nadie parece poder decir «No lo sé», temiendo, tal vez, el escarnio ajeno y exponiéndose así, precisamente, al escarnio ajeno; porque es bajo este saber todo de todo que se dicen las burradas más grandes y vergonzosas.

¡Qué lejos de aquel sano escepticismo del viejo Pirrón! Pirrón argumentó que la actitud que más conviene adoptar es la epojé, es decir, la suspensión del juicio o de la afirmación; y luego otro de la misma escuela, el finado Sexto Empírico diría que la epojé es «el estado de reposo mental por el cual ni afirmamos ni negamos». ¡Nada menos que «reposo mental»! Sólo se trata de eso: de descansar un rato; de decir «No lo sé» cada tanto (incluso cuando no corresponde; sólo para no tener que vernos envueltos en discusiones banales, por ejemplo).

Pero hasta en esto hay límites, por supuesto (es por eso que dije que no puedo ser constante ni siquiera en estos asuntos). Se dice que Pirrón dejó de hablar porque, al no poder afirmar ni negar nada, el acto de pronunciar una palabra ya estaría contradiciendo a su propio pensamiento. Más allá de la exageración de la anécdota, la verdad es que hay que ser escéptico hasta cierto límite. Aquel que por coherencia intelectual crea que debe permanecer dentro del escepticismo ―o de cualquier otra escuela― en pleno beso, no es más que un imbécil. Cada cosa en su lugar. Todo es tan complejo (el mundo y nosotros en él) que hay que adaptarse y acomodarse como corresponde a cada situación o, al menos, hay que intentarlo con la mayor de las intenciones. Algo tan simple como eso es lo que marca la diferencia con el populacho (cof, cof… con perdón de la expresión).

Diarios viejos

Me gustan los diarios personales. Entre mis lecturas preferidas se encuentran los diarios personales de aquellos autores o personajes que admiro pero, más aún, me gusta escribir mis propios diarios. Desde que comencé a hacerlo he notado que cada día cambia una vez que se lo lleva al papel. La mirada de la escritura es otra que la mirada corriente del minuto-a-minuto (Jaques Derrida dirá que se escribe con la mano, no con la cabeza; señalando así que el mero acto de escribir «saca» de nuestro interior algunas cosas que ni siquiera nosotros mismos no sabíamos que estaban allí).

Ayer, ordenando papeles, colocando libros en estantes nuevos, revisando carpetas y cuadernos varios, encontré un diario del 2011 y 2012 que por alguna razón (bueno, hay una sola, y se la llama desorden) no quedó, como el resto, ordenados prolijamente en una caja en Argentina. Sentado en el piso leo por aquí y por allá y me digo que algunas entradas podrían compartirse. Las personales quedan donde deben, en lo privado y, tres o cuatro, deberían hacerlo en el olvido, aunque una vez escritas…

 

Diario 100

 

08/11/11

Leo en Puro humo, de Cabrera Infante, que un tal Luis Marx inventó un método para cuidar sus plantaciones de tabaco. Con sábanas blancas cubría enormes extensiones de sus vegales. Luis Marx llamó a su invento «mi gentil red de mariposas», un bello nombre para un objeto trivial. Hace unos días vi una noticia sobre la Estación  Espacial china, a la que llaman «Pagoda del cielo». Otro nombre bello, aunque esta vez menos sorprendente. Creo que deberíamos usar ese tipo de expresiones más a menudo, aún en el lenguaje cotidiano. Pero sin exagerar; ya se sabe, demasiada miel…

11/11/11

Bueno, llegó al fin el 11/11/11. Habría que declararlo el Día Internacional del Idiota. Los noticieros dan vergüenza, cosa que diariamente  hacen, pero hoy se han superado. Parece que nada importante ha pasado en el mundo hoy, todo se reduce a ver cuánta gente se ha casado en esta fecha (se dice que la cantidad triplicó a la habitual, por lo que lo de Idiota está plenamente justificado); a ver rondas de gente  meditando en los parques; a ver cuánta gente jugó a la lotería (En una agencia aseguraron que el 90‰ de las jugadas eran al número 11, 111 ó 1.111). Y en todos los canales igual. Schopenhauer tenía razón: la inteligencia humana es limitada, pero la estupidez no tiene límites.

29/11/11

La ausencia de fe, en mi caso, se eleva al cuadrado. No solo no tengo fe en la existencia de un creador supremo ni en nada por el estilo; sino que -y creo que esto es un poco más grave-, no tengo fe en mí mismo. Digo que lo segundo es más grave porque sobre lo primero no tengo injerencia alguna, en cambio sobre lo segundo, al menos de una manera supuesta, sí; pero eso me lleva a un círculo vicioso, a una paradoja.

Diario 101

29/12/11

Vi Waking Life, de Richard Linklater. Me gusta mucho este director y el estilo que les imprime a sus películas; aunque por momentos uno se pierde entre tanta gente que habla y habla sin parar. Pero no importa, son sólo unos segundos y uno vuelve enseguida a la pantalla. Me gustan esos diálogos extraños donde todo se mezcla: filosofía, ciencia, religión, arte, realidad, irrealidad. Ésos son los diálogos que me gustaría mantener y que sólo consigo hacerlo -al menos hasta cierto punto- con M.

30/12/11

Leo, en Destrucción del edificio de la lógica,  de Noé Jitrik: «¿Por qué la gente rechaza hablar de conceptos y sólo quiere referir acontecimientos o anécdotas?». Algo tan simple como eso es lo que me pregunto siempre; y las respuestas que encuentro no son muy optimistas.

17/01/12

…en un momento de la charla A. me dice «¡Pero R., te vas a volver un ermitaño!», «si supieras cuánto lo espero…» me dieron ganas de contestarle. Y la verdad es que, cada día que pasa, la gente me importa menos. Al menos el contacto con la gente.

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Y en definitiva, ¿qué significa corrección política? Pues no es más que una tautología. Toda corrección es política.

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No todas las aves hacen nido en el mismo árbol. Para algunos, como el cóndor, los árboles son demasiado pequeños; ellos necesitan, como mínimo, una montaña.

diario 102

01/02/12

La naturaleza humana tiende a lo dionisíaco, las religiones atan al hombre a lo apolíneo. De ahí proviene la neurosis humana, su propia frustración, su agresividad incontenible.
Las religiones, por lo tanto, no pueden ser perdonadas. Y la neurosis, la esquizofrenia, son enfermedades mentales contagiosas; en tanto son transmitidas de unos individuos a otros. Memes virales, podrían llamarse.

02/02/12

Ayer murió Wislawa Szymborska. Acabo de enterarme por internet. Obvio; ¿en qué otro lugar pueden pasar esta noticia? ¿en la T.V. o en la radio? Difícil.
Y uno siente una pena infinita, como si se hubiese ido un amigo de la infancia o algo así. Y es que es eso, casi exactamente, lo que ocurrió.

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Tarde y noche tranquilas. María, que está a trescientos cincuenta kilómetros de distancia,  me dice que llueve mucho. Un par de horas después llueve en Mar del Plata, pero esta vez no se lo dije a nadie. Sonrío cuando comienza a llover, y cambio la música de la computadora por la música del agua.

diario 103

Definir todo lo posible

Diccionarios de autor hay varios, los más famosos deben ser los de Gustave Flaubert, Diccionario de lugares comunes; y el de Ambrose Bierce, Diccionario del diablo (horrible título, por cierto. Ambrose Bierce publicó sus definiciones, por entregas, en un periódico californiano bajo el título, más adecuado, de Diccionario del cínico; pero a la hora de publicarlo en formato de libro, un editor más preocupado por las ganancias que por la literatura le cambió el título. El hecho no es menor, sé que en la Biblioteca Pública de Mar del Plata ese texto literario estaba archivado bajo el rótulo de ocultismo y que había que pedirlo de manera especial. Como ven, imbéciles son los que sobran).

 

Diccionario

 

Me fui por las ramas, como es habitual. Regreso como puedo, bajando a tierra por una rama diferente. El tiempo pasa. Eso que todos sabemos de manera intelectual a veces, y cada día más a menudo, se hace presente en el espejo o en la carne misma. Que anteojos para leer, que pastillas para dormir, que no corras tanto desgraciado que no puedo seguirte el paso, que mejor me quedo en casa que hace frío… Y que se nos van para siempre algunos amigos, algunos seres queridos de esos que uno quisiera tener más tiempo con uno, por ejemplo. Ya hace un par de años que el que se fue se llamaba Luis, el que publicaba sus textos bajo el seudónimo de Lucho Bruce, ocultando así su inseguridad (una de las muchas cosas que teníamos en común). Hoy, releyendo al azar algunas cosas sueltas, encontré estas definiciones que publicó hace un tiempo bajo el título de Definiciones para confirmar si soy tan estúpido o no. Las comparto con ustedes porque me gustan muchísimo, porque al leerlas confirmo que el título era sólo otra de sus muchas ironías, porque ya hace dos años que se fue y dos años es mucho tiempo en estos casos, y porque el tiempo pasa y escribir, crear algo, compartirlo es, tal vez, una minúscula forma de hacerlo correr un poco más lentamente.

 

Definiciones para confirmar si soy tan estúpido o no

 

ARTE: Lo que hallamos siempre en aquello que no entendemos.

MUJER: Si tiene “ovarios”, marimacho; si tiene “tetas”, puta.

HOMBRE: Si tiene cerebro, “reaccionario”, si tiene pene grande, “ganador”.

JOVEN: Individuo que posee el derecho a ser imbécil y de que todos se lo festejen.

ADULTO: Individuo que es tan imbécil como los jóvenes, tan renegado como los viejos y que no sabe “de que va la cosa”.

VIEJO: Individuo que carece del derecho de ser sabio porque lo tildan de “renegado”.

NIÑO: Definición de mono en estado de locura y evolución.

PERRO: El único ser vivo sobre el planeta que besará tus lágrimas cinco segundos después de que le diste una patada.

GATO: Se hace el canchero porque no tiene la nobleza del perro ni la fiereza del tigre.

CHATEAR: Insultar a un enemigo a través de un cristal blindado.

RESPETO: Nos acordamos de lo que es cuando lo exigimos del otro.

TELEVISOR: Aparato que posee un control remoto que sólo lo posee el Macho Alfa.

DINERO: Lo que hace que tu cara de mandril luzca como la de Judd Law, parezcas de 30 cuando tienes 60 y manejes un coche que no te mereces.

HAMBRE: El dolor mas intenso que sufre la humanidad – cuando es tu panza – la que está vacía.

GUERRA: No conozco ningún vencedor que se haya quejado de ella. Éstos festejan el triunfo, los vencidos lo sufren humillados, las pruebas de lo atroz se encuentra bajo la tierra, las fotos, los heridos, los humos de las bombas, los gritos de las hembras, el llanto tan en vano… Y los que las desatan, contando sus billetes.

MÚSICA: Si Dios –en el caso de que existiera –tuviera voz, sonaría como nuestra melodía predilecta.

VINO: Lo bebemos para que las uvas no se transformen en pasas. ¿Que sería de este mundo lleno de pasas de uva y sin vino?

FRASES: Inventarlas es una manera de querer pasar por menos estúpido de lo que realmente somos.

PENSAR: Hábito altamente nocivo, altamente adictivo, altamente doloroso y peligrosamente demodeé.

INCULTURA: A veces se esconde detrás de títulos universitarios, Doctorados y Masters.

CRITERIO: Es como la elegancia, se tiene o no, no es cuestión de comprar.

VALENTÍA: Lo único que nos queda cuando estamos al borde del abismo.

TURISTA: Renegado de la belleza que lo rodea todo el tiempo, aun en el lugar donde vive.

NOCHE: Sería perfecta si no existiera el día.

DORMIR: Cuando realmente lo estamos disfrutando hay que despertar.

REZAR: Seguir apretando el gatillo cuando se nos acaban las balas.

RELIGIÓN: Tomar un cargador de fusil en medio del combate y darse cuenta de que está vacío.

SEXO: Siempre el mejor es el que tuvimos aquel día…

MIEDO: No sentirlo es señal de estupidez, sentirlo es señal de saber perfectamente que necesitamos ganarle para poder seguir.

IRONÍA: Lo único que nos queda por decir cuando no podemos decir la verdad francamente.

ADULTEZ: Etapa de la vida donde te das cuenta de que todo lo que pensabas estaba equivocado y que lo que pensás ahora, seguramente, también va a estar equivocado.

DEPRESIÓN: Una de las pocas enfermedades en la cual, quien la sufre, es castigado y no consolado.

MANOS: Si eres como yo, seguramente te tocaron en el reparto: suaves para trabajar, hoscas para acariciar, torpes para crear y dos para confirmar la ironía.

REÍR: Compulsión que nos ahorra la pena de llorar.

LLORAR: Compulsión que nos priva de la dicha de reír.

AMAR: Hace que nos consumamos para que los demás sean felices.

ODIAR: Hace que nos consumamos para que los demás vean que somos felices y ellos no.

VIDA: Si es buena, es la que viven los demás; si es mala, no pelees para cambiarla, las cartas están echadas.

MUERTE: Si es buena, es la que sufren los demás; si es mala, no pelees para cambiarla, las cartas están echadas.

No coman esas manzanas

 

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Francis Bacon – Crucifixión

 

Leo, en Borges, los diarios que Adolfo Bioy Casares llevara durante toda su vida sobre el su gran amigo, una entrada interesante. Es la correspondiente al jueves 5 de diciembre de 1963 (p. 986). Allí, Borges dice: «La historia del fruto prohibido es símbolo de algo que siempre ocurre: causas mínimas tienen consecuencias desmesuradas. Les dicen a Adán y Eva: “No coman esas manzanas”. Las comen y condenan al género humano. Blake (o no recuerdo bien quién), señaló que Cristo no tenía derecho a salvar al género humano: que cada cual se crucifique, si quiere; que cada cual se salve. Es absurdo sacrificarse por desconocidos, pensando tal vez en su rival y tratando de no excederse en abnegación.»

Como en toda idea de Borges, siempre encontramos dos capas: una meramente literaria, la otra, intelectual o moral. La primera es la idea de que un pequeño hecho anecdótico puede tener consecuencias impensables o de un carácter enorme (no está mal esto como referencia para cuando se va a escribir una historia). La idea moral es, me parece, más interesante: Cristo no tenía derecho a salvar al género humano; o, mejor aún: que cada cual se crucifique, si quiere; que cada cual se salve. Esto es muy diferente a la idea formulada por el propio Cristo cuando dijo aquello de «Que cada cual tome su cruz y me siga»; no, aquí no hay que seguir a nadie y cada crucificado es un nuevo ejemplo de actitud y de decisión. Aquí la cruz es lo que siempre debió ser: nada más que un mero símbolo donde nos vemos representados.

 

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Jospeh Campbell fue, tal vez, quien mejor explicó, a lo largo de toda su obra, el significado del viaje del héroe. La partida inevitable, a pesar de los miedos de quienes lo rodean; el viaje cargado de peligros que el héroe debe vencer, peligros que serán crecientes hasta el punto de ruptura mismo de su voluntad; momento en el que se vence de manera definitiva o se es vencido, tal vez para siempre (en ese sentido, esa ruptura de la voluntad; ese dudar en sí mismo se convierte en el mayor de los escollos y, por ende, en el mayor de los peligros); y al fin, el regreso del héroe, pero ya modificado por las experiencias vividas, lo que lo ha convertido en alguien superior, en alguien que ha hecho de su vida una vida en sí misma; es decir, en una guía, en un objetivo, en un ejemplo.

Es por eso que nadie puede ser crucificado en nuestro nombre y es por eso que nadie puede aceptar tal cosa como una regla moral. ¿Dejar que el justo pague por los pecadores? ¿Qué clase de moral es esa? Claro, si tenemos en cuenta la sociedad que nos rodea tal vez podamos darnos cuenta de que eso es precisamente lo que todos quieren; después de todo ¿Para qué tomarnos el trabajo de ser cada día un poquito mejores? El mismo Jospeh Campbell, en El héroe de las mil caras (p.212), dice: «Todo esto se halla lejos del punto de vista contemporáneo; pues el ideal democrático del individuo que se determina a sí mismo, la invención de los artefactos mecánicos y eléctricos, y el desarrollo de los métodos científicos de investigación han transformado la vida humana en tal forma que el universo intemporal de símbolos hace mucho tiempo heredados ha sufrido un colapso». Nótese la ironía: «el ideal democrático del individuo que se determina a sí mismo», como si esto fuera, de por sí, un camino seguro a la individualidad. No, por el contrario, ése es, precisamente, el camino más seguro al término medio, a la norma como objetivo, a lo regular como ejemplo. ¿Quién querría crucificarse a sí mismo cuando tenemos alguien que lo hace gratis por nosotros? ¡Menudo negocio nos perderíamos!

 

francis-bacon-triptico

Invierno

 

invierno

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Invierno
Trazo una línea en el piso
y el invierno queda de mi lado.

La sombra y la línea de sombra
no llegan a opacar a la esperanza
ni abonan la maleza del insomnio
(es curioso que no penda de mi cuello
y se balancee como un amuleto oscuro).

Alguna vez, con tenacidad exasperante
intentó hacerlo (y tal vez lo consiguió,
con no poco esfuerzo, por breves períodos
de tiempo). Pero por fortuna el ocaso, con sus lluvias persistentes,
nunca fue más extenso que la primavera.

De todos modos, la obstinada, la persistente,
la recurrente ansia de vivir, de saltar a los días
de sumar bocanadas de aire, de comer pastelillos,
de pasar a buscarte y salir a caminar, o de oír música,
vuelve a trazar una línea en el piso.
Pero ahora, si el invierno insiste en quedar de mi lado
no me quedará otra opción que arroparme bien
con bufandas, orejeras, guantes y botas gruesas
y cruzarla
todas las veces que sea necesario.