De últimas voluntades y sus consecuencias

.

La Eneida

.

En mi última entrada hablé de Canción negra, libro de Wislawa Szymborska que fue publicado después de su muerte y que la poeta polaca nunca quiso publicar en vida. La pregunta que quedó flotando en el aire fue: ¿Hasta qué punto es válido que se vaya en contra de la voluntad de un autor con respecto a su propia obra? Si lo pensamos con respecto a cualquier otra persona, en general sostenemos que lo correcto es hacer lo que esa persona quiso en vida; es decir, hacer su voluntad ¿por qué no, entonces, con los escritores? ¿Es que hay algo en la obra que excede a lo meramente personal y que pertenece a toda la humanidad? Este último punto nos permite un «tal  vez» algo incierto; porque si bien la obra de un artista deja de pertenecerle una vez que ha visto la luz por cuenta propia, aquella obra no publicada no es más que propiedad de ese mismo artista, así que el debate sigue abierto con la misma intensidad de argumentos por ambas partes. Veamos algunos casos particulares, a ver si nos ayudan a despejar algunas dudas.

El caso de Szymborska (ya que fue el que nos trajo hasta aquí permitámosle abrir la secuencia) es un ejemplo claro de que ir en contra de la voluntad del artista resulta en un beneficio para todos los demás. Canción negra, sin ser el mejor libro de la poeta, no va en detrimendo de su obra; por el contrario, nos ayuda a poner en contexto el resto su poesía, de sus ideas y de su estética.

Se dice que, en su lecho de muerte, Ovidio ordenó quemar la Eneida, ya que después de once años de trabajar en ella, aún no estaba acabada. El Emperador Augusto, quien había encargado la obra y quien tenía en ella un papel central, hizo caso omiso del deseo del poeta y la salvó del fuego. Lo mismo sucedió con Franz Kafka y su amigo (y por extensión, de todos nosotros) Max Brod. Kafka le había ordenado quemar todos sus originales, a lo que Brod se negó en propia vida de Kafka y le dijo directamente que no iba a hacerlo (como curiosidad, quien quiera oír al propio Max Brod repetir los buenos argumentos que le expuso a su amigo, puede ir aquí). Otro caso de salvataje en propia vida fue el de Lolita, de Vladimir Nabokov. Se dice que, impulsado por las enormes dificultades que el texto le presentaba, el mismo Nabokov estuvo a punto de quemar los originales que tenía hasta el momento. El proverbial accionar de su esposa, Vera, salvó del fuego esos papeles e impulsó al autor ruso a terminar la obra. Por último, recuerdo un caso inverso, el de alguien que sí quería ser publicado pero que no lo consiguió en vida: John Kennedy Toole. Parece ser que, luego de ser rechazado una y otra vez por todas las editoriales a las que presentó su novela, y por esto mismo presa de una profunda depresión, Toole se suicidó. Fue su madre quien se dedicaría a mover cielo y tierra para ver publicada la obra de su hijo. Hoy, La conjura de los necios está considerada (modestamente, creo que con absoluta razón) como una de las grandes novelas norteamericanas del siglo XX.

.

Max Brod y Franz Kafka

¿Y casos inversos? Pues realmente conozco sólo dos que corresponden a un solo autor: Jorge Luis Borges (podemos obviar lo que es la moneda más corriente: las peleas de los herederos por las pocas o muchas riquezas que haya dejado el difunto artista. Esos casos no pasan de ser vulgares muestras de egoísmo económico. Vaya como ejemplo el caso de Camilo José Cela y sus lamentables hijo y viuda). Hablando de viudas, vamos a la de Borges. Poco después de la muerte del escritor argentino su viuda se dedicó a publicar todo aquello que tuviese la firma JLB, incluso aquellos textos que eran de conocida existencia pero que el mismo Borges había dicho que no quería que se publicaran porque no tenían la menor importancia o calidad. Y tenía razón. Apasionado de Borges, compré y leí cada cosa que se publicó con su nombre y los textos que María Kodama (la viuda en cuestión) publicó después de la muerte don Jorge ―recuerdo con especial desagrado un volumen titulado, sintomáticamente Museo― carecen de todo valor estético e histórico (ni siquiera, como en el caso de Szymborska, tienen ese valor añadido).

El segundo caso que compete a Borges no es directamente un caso de ir en contra de los deseos de un autor, aunque sí un caso de publicar aquello que no debería haber sido publicado nunca. Me refiero a los diarios (varios) de Adolfo Bioy Casares, los cuales fueron publicados, también, después de la muerte del escritor argentino. En lo personal siempre consideré a Bioy Casares como un mediocre, y sus diarios no hicieron más que acentuar esta sensación. Los diarios de Bioy Casares están plagados de cosas que por pudor, buen gusto o simple decencia nunca deberían haber sido escritas y, mucho menos, publicadas. Poner por escrito todo lo que se dice en una reunión de amigos es algo por demás desagradable. Que el resto del mundo tenga, después, acceso a ello, es imperdonable. Las mil seiscientas páginas de su Borges son un ejemplo de ello. ¿Qué necesidad hay de publicar todo lo que una persona, por más famosa que sea, dice o piensa? Se rebaja así a la literatura a lo que hoy son esos Reality Shows que nos muestran a tal o cual en su trivial vida diaria, hasta cuando van al baño o se hurgan la nariz. No todo merece la imprenta.

Y llego al final y veo que estoy igual que al principio: hay buenos argumentos a favor de publicar todo y buenos argumentos a favor de no publicar todo. No haberle hecho caso a los propios autores nos permite hoy acceder, nada menos, que a la Eneida o a todo Kafka; lo cual no es algo menor.

La cuestión aquí es que en realidad no sabremos nunca qué es lo que perdimos porque alguien sí hizo caso de la última voluntad del autor ¿Qué obra habrá sido pasto del fuego y por ello nunca llegó hasta nosotros?

Canción negra, el último (primer) libro de Wislawa Szymborska

.

.

Canción negra, el último libro publicado de Wislawa Szymborska, tiene una historia curiosa, aunque no demasiado extraña. Se trata, como dije, del último libro publicado de la poeta polaca, aunque ella nunca quiso publicarlo en vida (y que yo sepa, tampoco dejó dicho que se publicara después de su muerte, pero ya se sabe cómo son los herederos de los escritores y otros artistas). Allá por los años setenta, su ex esposo, con quien mantenía una relación amistosa muy fuerte, buscó en viejas revistas y periódicos locales y recopiló los primeros textos que Wislawa había publicado en sus primeros pasos en la poesía; de allí el nacimiento de este pequeño volumen que ella guardaría por siempre pero que nunca daría a la imprenta. Luego de su muerte el libro sería encontrado junto a otros papeles y, al final, publicado hace algunos años en Polonia y, ahora, en español.

Al leerlo uno comprende las razones por las cuales Szymborska prefirió no darlo a la imprenta. No es que haya mala calidad aquí, ni mucho menos (hay escritores que parece que nunca escribieron mal ni que pudieran haberlo hecho, aunque sea adrede); pero la mayoría de estos poemas están fechados en la época inmediatamente posterior a la segunda guerra mundial y el peso de esa pesadilla está siempre presente, de manera inevitable (¿Y es que alguien que hubiese pasado por esa experiencia podría escribir sobre alguna otra cosa, al menos durante un buen tiempo de maduración y transformación?). Canción negra es el título perfecto para este conjunto de poemas que ahora son un libro y que se hacen imprescindibles para comprender el desarrollo artístico de la que tal vez sea la mejor poeta del siglo XX. Si el libro debió ser publicado o no es algo que hablaremos en otra ocasión; por ahora, les dejo un par de poemas de este último/primer libro de la mejor de todas (ahora sí, sin «tal vez» alguno).

BUSCO LA PALABRA

Quiero definirlos con una sola voz:
¿cómo eran?
Tomo palabras corrientes, robo en los diccionarios,
las mido, sopeso y examino:
Con ninguna
atino.

Las más valientes, siguen siendo miedosas,
las más despectivas, pecan aún de inocentes.
Las más despiadadas, en exceso indulgentes,
las más encarnizadas, poco irrespetuosas.

Esa palabra debe ser como un volcán,
¡golpear, arrasar, arrancar de sopetón,
como la terrible cólera de Dios,
como el odio en ebullición!

Quiero que esa sola palabra
esté empapada en sangre,
que como los muros de un penal
acoja en su interior cualquier fosa común imaginada.
Que describa de forma fiel y clara
quiénes fueron ellos, qué hizo aquella
gente.

Porque lo que oigo,
o lo que se escribe
resulta insuficiente.
Es insuficiente.

Impotente esta lengua,
repentinamente pobres sus sonidos.
Me devano los sesos
buscando esa palabra
pero no lo consigo.
No lo consigo.

          1945

LA CRUZADA DE LOS NIÑOS

En la más ardiente de nuestras ciudades,
hunden el rostro en sangre coagulada
cadáveres de niños,

Primera vez que juegan a la guerra:
ya sin bromas, la primera e intrépida refriega.
Alguien mostró cómo. Él probó. Es coser
y cantar.
Disparar. Da en el blanco. Qué fácil
disparar.
La primera aventura. Adulta, verdadera.
Agarra una botella de gasóleo -tenaz y
concentrado
Ayer serían tres los tanques y hoy llegará
el cuarto.
Se adelantan a la orden unas manos
inquietas.

… a través de una ciudad que cae a
pedazos,
pasto de unas llamas que ya nadie es
capaz de dominar,
armada de unos puños contenidos,
petrificada en un grito,
se abre paso bajo el denso y ardiente
granizo de las balas,
la cruzada callejera de los niños.

Nuestros ojos con los últimos recuerdos
ya cansados:
las manos, saben, creen, en cambio.
Manos con las que habremos de levantar el peso de esta tierra,
que saben que el mundo renacerá sin los fantasmas de la guerra,
que pagará, sin vueltas, por los años abatidos,
y creen en un nuevo orden y un nuevo
ritmo.

… y quizá también por eso
nos ahoga día y noche
ese tristísimo por qué,
ese callado para qué
los cadáveres de los niños caídos.

Catulo ya lo sabía

Leyendo el estupendo ¡Viva el latín! Historia y belleza de una lengua inútil, de Nicola Gardini, me encuentro con un par de perlas que no puedo dejar de compartir (hoy dejaré una de ellas, en otro momento compartiré la otra y, supongo, lo que me queda de lectura me deparará alguna más).

El libro de Gardini está organizado de un modo sencillo: luego de unos primeros capítulos donde expone su propia historia de amor y pasión por el latín, Gardini dedica el resto de los capítulos a analizar a los autores clásicos y a señalar los detalles de la lengua latina y otras cuestiones particulares. Del capítulo cuarto, el dedicado al poeta veronés Catulo, copio el siguiente fragmento:

«[…] Y el poema 51 nos acerca a una de las palabras más latinas que podamos imaginar: otium. Catulo, dirigiéndose a sí mismo por el nombre (cosa que hace también en otro lugar), dice: «otium, Catulle, tibi molestum est». […] ¿Pero qué es el otium que tan funesto resulta para el poeta y que, como se explica en los últimos versos, ha hecho que se perdieran reyes y urbes enteras? Traducirlo como «ocio», es decir, con la palabra que deriva directamente de él, es restrictivo, aunque no se pueda traducir de otra manera. Para nosotros, el «ocio» es un holgazanear, un pasar el tiempo instalados en la vacuidad. En la mentalidad romana, el otium es una manera de vivir, es lo opuesto al negotium, la actividad política o pública en general, y se identifica con el estudio y la contemplación. Entre ambos ideales fluye una tensión muy conflictiva. En teoría, deberían compensarse; en la práctica, son mutuamente excluyentes. El otium puede no ser una elección, sino un exilio del negotium, que para los romanos de la era republicana representa sin duda la más alta forma de vida. Para Catulo, en cambio, el otium es una opción polémica, una desvinculación orientada al ejercicio de la poesía, aunque ni mucho menos apolítica, sino más bien llena de pasión civil y de indignación, porque su poesía, aunque parezca fresca e individualista, tiene como objetivo una renovación de la ética social mediante la defensa de valores como la lealtad o la justicia. Catulo detesta la corrupción, la traición y la frivolidad, tanto en las personas que gozan de su afecto como individuos que rigen el Estado, empezando por Julio César».

.

Catulo – 84 a.e.c. – 54 a.e.c.

.

Repito aquí lo que me he encontrado repitiendo a lo largo del último año: ya todo ha sido dicho, sólo hay que mirar a la historia. La que para muchos es un novedoso debate o forma de pensamiento y que enfrenta a las artes liberales contra las disciplinas prácticas, ya estaba planteada y respondida hace más de dos mil años. La dicotomía «ocio / negocio» (al ser de raíz latina vemos cómo aún se mantiene la etimología en nuestro idioma) queda zanjada con la expresión: «En teoría, deberían compensarse; en la práctica, son mutuamente excluyentes. El otium puede no ser una elección, sino un exilio del negotium» y, al final de la exposición de Gardini, cuando dice: «Catulo detesta la corrupción, la traición y la frivolidad, tanto en las personas que gozan de su afecto como individuos que rigen el Estado, empezando por Julio César».

Es decir: la ética como herramienta fundamental de la conducta humana, no importa si se trata de nuestro propio círculo íntimo o del presidente. La ética que nos obliga a buscar la verdad y, después, a exponerla; porque esa misma ética hace que lo segundo sea una consecuencia de lo primero. ¿Y dónde se encuentra esta forma de sabiduría? Pues nada menos que en la poesía y, por extensión, en las artes liberales. Es allí donde podremos convertirnos en seres independientes y soberanos; no en la practicidad de lo trivial y, mucho menos, en la productividad desbocada.

Catulo ya lo sabía. Nosotros todavía lo estamos discutiendo.

¿Cómo se te ocurre?

.

.

¿Cómo se te ocurre?

¿Cómo se te ocurre escribir un poema?

¿Cómo crees que una palabra

detrás de otra palabra puede

siquiera

llegar a tener algún significado?

                             “Brilla en la noche

                             el silencio magnífico de las estrellas

                             y su luz, su cuña

                                            su astilla

                                                 filigrana

                                de plata

                               se clava en mi carne

                                                         y mi madero”.

Por Dios ¿De dónde sacas esas ideas?

¿Cómo es posible que aún creas

que puedes hacer que una palabra diga

lo que tú quieres que diga?

¿Qué significa

                       blanco

                                 naranja

                                            peca

nievenubenueve

                       aguacero

                                  estatua

                                             sabor?

                            “La mañana se mide en tazas de té

                                              y la lluvia

                                              en melancolías fugaces,

                                              en tu rostro o tu nombre dibujados

                                              en el vapor condensado en las ventanas.

                             La noche, en cambio,

                                              se mide en olvidos”.

Con tu tozudez habitual

insistes.

¿Dices que puedes hacer que un papel hable?

¿Hablas de etimologías, significado, significante

Como si esas no fueran

                                      palabras?

¿Qué norma sigue la palabra «norma»?

                                     “Y buceo en un mar

                                                      azul transparente y leve

                                                      leve de nada o de casi nada

                                                      de tan etéreo.

                                       Deambulo entre las curvas        de las mareas

                                                      entre los meandros

                                                                                del aire.

Por Dios ¿Cómo se te ocurre intentar

siquiera

intentar

escribir un poema?

Una clase magistral sobre cómo magnificar el ridículo

.

.

Comienzo aclarando que los premios Oscars, al igual que la mayoría de los premios que se otorgan a lo largo y ancho del mundo, me tienen sin cuidado. Me importan tanto como los dientes de Ronaldo, la cienciología o el régimen de lluvia de ácido sulfúrico en Venus. Pero a veces la realidad es tan graciosa (tan estúpidamente graciosa, incluso) que no podemos dejar pasar la oportunidad. Además, como de todo puede extraerse una enseñanza, también de este caso que traigo hoy a colación podremos extendernos a temas realmente importantes. Yo hoy voy a ceñirme (creo) sólo a lo estúpido, lo otro o dejo para otro día, para el diálogo con ustedes o para pensar en alguno de mis caminatas.

Hace unas semanas se dieron a conocer las nuevas normativas que la Academia de Hollywood impondrá a aquellas películas que pretendan ser candidatas al galardón a mejor película a partir del 2022 y que serán obligatorias (repito: obligatorias) a partir del 2024. Esas normativas indican que: «Los nuevos estándares requieren que al menos «uno de los protagonistas o intérpretes secundarios de cierta relevancia» pertenezcan a un grupo minoritario, una lista en la que están hispanos, negros, asiáticos e indígenas, entre otras etnias. Otra opción es que la trama del filme gire en torno a mujeres, grupos poco representados, personas LGBTI+ o personas con discapacidades. Si no cumple con eso, debe tener al menos un 30% de actores secundarios o con papeles menores que sean para mujeres, miembros de una minoría, discapacitados o LGBTI+. Eso delante de las cámaras, ya que las normativas también afectarán a la parte técnica: desde el director hasta el resto de posiciones clave de la producción».

Por minoría racial la Academia cita:

Asiático,
Latino/hispano,
Negro/afroamericano,
Indígena,
Persona de medio oriente,
Nativo de Hawái o del Pacífico
“Otras etnias o razas poco representadas”.


Por colectivos poco representados en pantalla se entiende:

Mujeres,
Minorías raciales,
Colectivo LGBTQ+
Personas con capacidad diversa.

.

.

Remarco el hecho de que aquellas películas que no cumplan con estos requisitos no podrán acceder a la competencia por mejor película más allá de su calidad artística. Y claro, aquí es donde comienza el ridículo (el cual fue señalado por actores varios, aunque muchos debieron borrar sus comentarios ante las críticas recibidas. Ya se sabe, hay que ser inclusivos pero hasta cierto punto. Las críticas en contra no se aceptan bajo ningún concepto).

¿Se imaginan a El Padrino con un mienbro de la comunidad LGBTQ+ o con un hawaiano como capomaffia? ¿Cómo sería una película como 1917 en donde un tercio de los actores fuesen mujeres, asiáticos, afroamericanos o Drag Queens aún cuando se trate del ejército inglés en plena primera guerra mundial? ¿Y una película como Castaway donde un solitario Tom Hanks ocupa el noventa por ciento del tiempo en la pantalla? ¿Y qué hacemos con Parásitos la última gran ganadora que, por ser una película coreana está llena de… coreanos, precisamente? ¿Le quitamos su premio porque no hay ningún latino en ella o ningún nativo de Alaska? Podríamos seguir por un buen rato y estoy seguro de que ustedes tienen sus propios ejemplos; pero dejemos esto aquí y sigamos.

Está claro que nadie está en contra de ninguna forma de discriminación, eso no haría falta aclararlo; pero lo que la corrección política parece olvidar es que por medio de un decreto lo único que se consigue es, precisamente, más discriminación. Recuerdo un caso sintomático, ocurrido a comienzos de la década del noventa. Seguramente todos recordarán una película como El silencio de los corderos; en ella un estupendo Anthony Hopkins nos regaló una actuación que quedará para la historia; pero ese papel fue pensado, en un primer momento para Louis Gosset Junior, actor hoy bastante olvidado. El papel no se le dio a él porque era afroamericano y la decisión no fue un acto racista, sino un acto de protección que el director y los productores debieron tomar para evitar conflictos con la comunidad negra (de todos modos la tuvieron con la comunidad gay, la cual se manifestó frente a las salas donde se exhibía la película quejándose porque uno de los personajes asesinos era, precisamente, gay). Es decir que la comunidad negra consiguió que un papel histórico y que cualquier actor querría para sí (lo reconoció el mismo Anthony Hopkins en una entrevista para el Actor´s Studio) le fuese dado a un blanco heterosexual de mediana edad (los cuales, por otra parte, parece que no pueden quejarse de que el noventa por ciento de los asesinos, violadores, estúpidos o lo que sea, les sea atribuido. Y está bien ¿por qué deberían hacerlo? Es sólo ficción ¿cómo es que nadie más parece notarlo?).

En síntesis, lo de siempre: con este tipo de medidas lo único que se consigue es «emparejar para abajo» en lugar de hacerlo, como corresponde, «para arriba». Creo que estas medidas van en contra de todas esas minorías mal representadas en la pantalla porque, por un lado siempre se tendrá la válida duda de si tal o cual actor o actriz de esas minorías consiguió su papel gracias a su talento o gracias a una ley que obliga al director a incluirlos en ella; y por otra parte, tampoco lograrán que se les brinden los mejores papeles, ya que muchas veces estos no son, precisamente, el de personajes buenos y bonitos, y como darle esos papeles puede ser considerado ofensivo (llegamos a la palabrita infaltable) para esas minorías, éstas quedarán relegadas, en su mayor parte, a mero relleno, a ser uno más del montón que se encontrará detrás del protagonista (y del malo, que será, casi siempre, como Anthony Hopkins en los noventa: blanco, heterosexual y de mediana edad).

¿Y qué pasa con el arte? Bueno, estamos hablando de Hollywood y de los Oscars ¿Quién necesita arte en este lugar?

Daisugi, o el arte del bonsai gigante

.

.

Cuando me topé con las primeras fotos de estos árboles, pensé que se trataba de una especie particular de… eso, un árbol (soy un negado absoluto con respecto a la dendrología, que es como se llama el estudio de los árboles y los arbustos. Con suerte distingo un pino de un sauce, pero nada más allá de eso), como nunca había visto uno en mi vida supuse, tal como hace uno de inmediato ante estos casos, que se trataba de una variedad exótica, que es como solemos llamar a todo aquello que conocemos por primera vez.

La cuestión es que no se trata de una particularidad del árbol en sí, sino de la técnica usada para crearlos. Como siempre, tenemos que ir hasta Japón (¿Vieron? Lo de exótico no estaba tan errado, después de todo) para averiguar algo sobre ellos.

Este sistema de poda se llama daisugi (Se escribe 台 杉 y literalmente significa «cedro de plataforma») y es una técnica forestal de los siglos XIV o XV que poda las ramas superiores para crear una plataforma en los mismos árboles para cosechas más sostenibles. El resultado no sólo es ecológicamente práctico, sino también deliciosamente estético.

Aunque el daisugi se usa principalmente en jardines o bonsáis hoy en día, originalmente se desarrolló para combatir la escasez de plántulas cuando la demanda de taruki, un tipo de madera impecablemente recta y sin nudos y muy alta. Debido a que los brotes superiores de cedro de Kitayama se pueden talar cada 20 años, lo que es mucho antes que con otros métodos, la técnica ganó popularidad.

En el siglo XV, Japón ya se enfrentaba a una escasez de plántulas, así como de tierras para cultivar adecuadamente los árboles en primer lugar. Siendo la necesidad la madre de la invención, esto llevó a la creación de una solución ingeniosa: daisugi, el crecimiento de árboles adicionales, de hecho, a partir de árboles existentes, creando, en otras palabras, una especie de bonsái gigante.

Si se hace correctamente, la técnica puede prevenir la deforestación y dar como resultado una madera perfectamente redonda y recta conocida como taruki, que se utiliza en los techos de las casas de té japonesas. En aquel entonces (estamos hablando del siglo XIV o XV), «una forma de arquitectura sukiya-zukuri muy recta y estilizada era de alta costo, y había suficientes materias primas para construir estas casas para todos los nobles o samuráis que quisieran una; de ahí esta inteligente solución de utilizar técnicas de bonsai en árboles de mayor tamaño». Dejando a un lado la estética, en cualquier caso, más allá de lo que se consigue en Japón, la madera producida con este método es un 140% más flexible que el cedro estándar y un 200% más densa / fuerte, lo que la hace perfecta para vigas y techos madera. Y el producto de daisugi no solo es recto, delgado y resistente a los tifones, sino que se maravilla en todo el mundo 600 años después. ¿De cuántas técnicas forestales podemos decir lo mismo?

Flores de invierno y otros dos poemas de Louise Glück

.

.

Hace un par de semanas se hizo público el Premio Nobel de Literatura, el cual este año le fue otorgado a la poeta Louise Glück. Digo desde ya que no conocía ni siquiera de nombre a dicha señora y, por supuesto, nunca había leído algo de ella, ni siquiera en una antología o en una revista. Así que busqué algo de información y me encuentro con que su obra en español está circunscrita a la editorial Pre-Textos, sita en Valencia (y al margen: ¿no podrían haber trabajado un poco más las portadas de los libros? Parecen ediciones del año cuarenta del siglo pasado).

El hecho de no saber quién era Louise Glück no me molestó en lo absoluto (desde Sócrates para acá soy más que consciente que es —y siempre será— mucho más lo que ignoro que lo que sé o lo que pueda aprender en el camino); al contrario, hasta pensé que, con suerte, podría sucederme lo mismo que me pasó cuando ganó el Nobel Wislawa Szymborska, de quien nada conocía y que después pasó a ser, como digo siempre, la mejor de todas. ¿Sería este un caso similar? ¡Cabía la posibilidad! Y tan solo eso ya era bueno de por sí.

¿Y qué pasó? Pues bueno, aún me falta mucho, sin duda, una golondrina no hace verano y un libro no hace una obra completa, así que ya veremos. Por ahora sólo digo, con la modestia del caso (con la modestia del que sabe que no sabe) que Glück no está nada mal, pero que Wislawa sigue siendo la mejor. Les comparto aquí tres poemas de su El iris salvaje, para comenzar a echarle un vistazo y ver qué les parece.

FLORES DE INVIERNO

¿Sabes qué era, cómo vivía? Conoces
la desesperación, entonces
el invierno debería tener sentido para ti.

No esperaba sobrevivir,
con la tierra oprimiéndome. No esperaba
despertar de nuevo, sentir
mi cuerpo sobre la tierra húmeda
capaz de responder de nuevo, recordando
después de tanto tiempo cómo abrirme de nuevo
a la luz fría
de la primera primavera…

asustada sí, pero de nuevo entre ustedes
gritando sí riesgo alegría.

.

AMOR BAJO LA LUZ DE LA LUNA

A veces un hombre o una mujer imponen su desesperación
a otra persona, a eso lo llaman
alternativamente desnudar el corazón, o desnudar el alma.
(Lo que significa que para entonces adquirieron una.)
Afuera, la tarde de verano, todo un mundo
arrojado a la luna: grupos de formas plateadas
que podrían ser árboles o edificios, el angosto jardín
donde el gato se esconde para revolcarse en el polvo,
la rosa, la coreopsis y, en la oscuridad, la cúpula dorada del capitolio
transformada en aleación de luz de luna,
forma sin detalle, el mito, el arquetipo, el alma
llena de ese fuego que en realidad es luz de luna,
tomada de otra fuente, y brilla
unos instantes, como brilla la luna: piedra o no,
la luna sigue estando más que viva.

.

EL ESPINO

Al lado tuyo, pero no
de tu mano: así te miro
andar por el jardín
de verano: las cosas
que no pueden moverse
aprenden a mirar. No necesito
perseguirte a través
del jardín; en cualquier parte
los humanos dejan
señal de lo que sienten, flores
esparcidas en el polvo del camino, todas
blancas y doradas, algunas
levemente alzadas
por el viento de la tarde. No necesito
seguirte adonde estás ahora,
hundido en la ponzoña de este campo, para
saber la causa de tu huida, de tu humana
pasión, de tu rabia: ¿por qué otra cosa
dejarías caer todo aquello
que has acumulado?

al viento crudo del nuevo mundo.

Las palabras más silenciosas

De Así habló Zaratustra, de Friedrich nietzsche, les dejo este fragmento del capítulo titulado La más silenciosa de las horas. Sin ninguna explicación, sin necesidad de un porqué ni de razón alguna. Sólo mientras espero, precisamente, que vuelvan las horas más fructíferas y que pase esta náusea (que no es otra que la misma náusea de la que habló Sartre).

Y yo respondí: «Ellos se burlaron de mí cuando encontré mi propio camino y marché por él; y, en verdad, mis pies temblaban entonces.Y así me dijeron: ¡has olvidado el camino, y ahora olvidas también hasta el andar!». Entonces algo me habló de nuevo sin voz: «¡Qué importa su burla! Tú eres uno que ha olvidado el obedecer: ¡ahora debes mandar! ¿No sabes quién es el más necesario de todos? El que manda grandes cosas. Realizar grandes cosas es difícil: pero más difícil es mandarlas. Esto es lo más imperdonable en ti: tienes poder, y no quieres dominar». Y yo respondí: «Me falta la voz del león para mandar». Entonces algo me habló de nuevo como un susurro: «Las palabras más silenciosas son las que traen la tempestad. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo».

Cuando la soberbia y la ignorancia confluyen

.

Uno intenta ser moderado; uno intenta pensar y ser consecuente con su ideas y poner en contexto los conocimientos que posee; uno intenta llegar al diálogo de manera mesurada, equilibrada, educada y, sobre todo, lógica; pero a veces uno se topa con gente que pone las cosas más que difíciles.

Ayer me topé con este video, el cual sólo dura un minuto pero que dice mucho más de lo que allí está contenido. Les pido ese minuto de su tiempo (sé que sean cuales fueren sus puntos de vista políticos y sociales no los dejará indiferentes) y luego seguimos.

.

.

¿Ven? ¿Lo hacen difícil o no? Acaba de pasar el inevitable 12 de octubre y las agotadoras imágenes en las redes sociales sobre el tema. Soy muy crítico de ellas porque, aunque no aplaudo lo que ocurrió durante la colonización europea de América, soy consciente de que eso fue un hecho histórico que debe ser puesto en contexto, que era algo que inevitablemente iba a ocurrir y que siempre que dos civilizaciones se encontraron, ocurrió lo mismo que aquí; así que de nada vale llorar sobre ello. Pero el asunto se complica cuando es en el presente que un par de individuos pretenden seguir con un discurso perimido hace ya tanto tiempo que no haría falta decir nada más.

Pero sí, parece que hace falta volver a él una y otra vez porque hay gente que aún cree que Europa es el centro del Universo; que ser europeo es per se, condición sine qua non para poder ser considerado como culto, inteligente, capaz, civilizado. Lo que estos dos individuos dicen en el video haría que cualquier persona realmente civilizada sintiera un profundo asco de sí misma; pero parece que ser civilizado también los aísla de tales nimiedades como el tener una conciencia o algo que siquiera se le parezca.

.

.

¿En serio alguien puede decir que no hablar español implica no tener idea de lo que es la civilización? ¿De verdad alguien puede decir sin que se le caiga la cara a pedazos de la vergüenza que hablar idiomas como el aymara o el quechua es no ser civilizados? Me gustaría recordar que el quechua es el idioma de la antigua civilización Inca; esa misma que construía ciudades y templos que los mismos españoles no entendían cómo podían hacerse y que por eso mismo, con toda su cultura y civilización dijeron «Esto no es cosa de hombre, es cosa del diablo» y comenzaron la destrucción sistemática de eso que no podían entender (por cierto, los salvajes Incas construían tan bien que ni siquiera con todo su poder de fuego civilizatorio pudieron destruirlos por completo). ¿En serio alguien puede decir que no tener un celular e internet hace que «mentalmente no tengas idea de nada»? Pues allejandro Emtrambasaguas los tiene y no parece que haya alcanzado grandes cotas intelectuales (por cierto, en otra parte de video este muchacho dice «cuando un español vota a la izquierda, tiene un móvil y una conexión a internet»; después dice eso de que cuando lo hace un boliviano «no tiene un móvil…» etc. Es decir, más claro imposible: un español puede hacer lo que hace porque sí, coño; porque España (y por extensión Europa) es la civilización, mientras que Latinoamérica sigue siendo la ignorancia, el atraso, la barbarie.

Me pregunto una cosa más: ¿Por qué tanta saña con Latinoamérica? ¿En qué le va a los europeos que los latinoamericanos seamos los salvajes que somos? Si están tan bien en Europa ¿qué les importa lo que hagamos los indios que habitamos estas tierras y que vivimos como nos place hacerlo? En un reportaje realizado por la TV boliviana (porque esto también hay que decirlo: hijos de puta hay tanto adentro como afuera), Emtrambasaguas dice: «… por mucho que yo me encuentre a diez mil kilómetros del país yo sigo comprometido con que Bolivia… mmm… se olvide de las terribles consecuencias de los catorce años del gobierno del Evo Morales y recupere la libertad» ¡Paren las rotativas, aquí encontramos el meollo de la cuestión! ¡Tenemos un iluminado! ¡Un periodista español que no llega a los treinta años viene a enseñarnos lo que está bien y lo que está mal! ¡Aprendan indios degenerados! ¡Aprendan estúpidos ignorantes que no tienen internet ni móviles! ¡Aquí está el que viene con la palabra de la verdad y la justicia! (por cierto, esas palabras que acabo de citar, las dijo Emtrambasaguas en medio de una «investigación» que él mismo hizo para demostrar que Evo Morales era un pedófilo. Literalmente. Pueden buscar la información).

Ya. Basta por hoy. Sé que los textos largos en los blogs no se leen y este ha sido uno de ellos. Seguiré en la próxima, de todos modos, aunque nadie me lea. A veces uno escribe porque tiene que hacerlo; por y para uno mismo. Acabo de darme cuenta de que hoy es uno de esos días.

.. * ..

Sudamérica.

Un poema borgeano de mi primer libro, En los bordes del silencio.

¿Para qué sirve un libro?

Suele decirse, repitiendo lo que alguna maestra bienintencionada de la escuela primaria o algún padre también bienintencionado pero igualmente poco efectivo, que «Los libros no muerden» o alguna frase del mismo tenor («El saber no ocupa lugar» es otra de las mismas características). Aquí les dejo hoy tres frases un poco más contundentes y mejores adaptadas a la realidad de lo que un libro debe ser. Pienso que tal vez si usáramos estas en lugar de las primeras que señalé los jóvenes, más atraídos por el morbo que por las buenas costumbres, posiblemente se acercarían un poco más a los libros. Cambiar de táctica sería, creo, algo beneficioso. No empujemos a los niños a los libros, prohibámoselos y, al mismo tiempo, dejémoslos allí, descuidadamente. La curiosidad y el acto de romper con lo prohibido harán el resto.

Friedrich Nietzsche:
«¿Para qué nos sirve un libro que ni siquiera tiene la virtud de llevarnos más allá de todos los libros?».

Franz Kafka:
«Creo que deberíamos leer sólo el tipo de libros que nos lastimen y apuñalen. Si el libro que estamos leyendo no nos despierta de un golpe en la cabeza, ¿para qué lo estamos leyendo? ¿Para que nos haga felices, como dice tu carta? Dios mío, seríamos felices precisamente si no tuviéramos libros, y el tipo de libros que nos hacen felices son el tipo que escribiríamos nosotros si tuviéramos que hacerlo. Pero necesitamos libros que nos afecten como un desastre, que nos duelan profundamente como la muerte de alguien que quisimos más que a nosotros mismos, como estar desterrados en los bosques más remotos, como un suicidio. Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros. Eso es lo que creo».

Emil Cioran:
«¿Para qué van a servir los libros? ¿Para aprender? Eso no tiene ningún interés, para eso no hay más que ir a clase. No, yo creo que un libro debe ser realmente una herida, debe trastornar la vida del lector de un modo u otro. Mi idea al escribir un libro es despertar a alguien, azotarlo».