De la incongruencia y sus límites

 

De los muchos defectos que tenemos los seres humanos, uno de los más graves —considerando que es uno de los evitables, es decir, uno que puede ser subsanado mediante cierto trabajo consciente—, es el de la incoherencia (por otra parte, si bien es cierto que todos los seres humanos somos entes ambiguos y que cierto nivel de comportamiento paradójico puede sernos tolerado, hay grados en este punto, así que aferrarnos a él para justificarnos no siempre es algo válido). Veamos un ejemplo de esto a partir de una foto que acabo de ver:

 

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La imagen nos muestra la plaza de toros de la Ciudad de México y, en primer plano, a dos felices y elegantes damas. De manera indirecta conozco a estas señoras pero nada diré de ellas, ya que el motivo de esta entrada no es la burla ni el escarnio personal, sino la crítica general a una postura ideológica, la cual es la de declararse amante de los animales y, al mismo tiempo, ser un ferviente admirador de las corridas de toros.

lo dije antes: podemos tolerar cierto nivel de ambigüedad, pero para todo hay límites. También dije que mediante cierto trabajo consciente —es decir, de la voluntad— podemos subsanar nuestros niveles de incoherencia; y esto se logra simplemente pensando y considerando si nuestras ideas so compatibles las unas con las otras y, si esto no es así, debemos desechar a una de ellas (o a veces a ambas). Claro, he aquí la dificultad: debemos cambiar nuestra forma de pensar ¡Vaya horror, con lo apegados que nos encontramos a nuestros prejuicios! (Ya lo dijo Descartes: No hay nada mejor distribuido que el sentido común: todo el mundo cree tener el suficiente).

Por si alguien no notó el detalle, aclaro que, básicamente, no estoy hablando de las corridas de toros en sí (su crítica es tan banal y recurrente que ya nada puede decirse acerca de ellas sin caer en lugares comunes); sino de lo que se ve en el fondo de la imagen; en esa silueta de la virgen María trazada en la arena donde serán torturados y sacrificados algunos animales a manos de otros animales de otra especie. Allí es donde tenemos la mayor cantidad de tela para cortar. Es allí donde veo los mayores niveles de incoherencia. La suma es lo que me interesa: una sonrisa bonita, una virgen amorosa, una matanza en ciernes, el amor divino, una foto orgullosa…

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Fantasmas

 

«Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje», dijo alguna vez Henri Cartier-Bresson; y eso es lo que sentí al encontrarme con esta serie de fotografías creadas por Jo Hedwig Teeuwisse, consultora de historia nacida en Holanda.

 

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Esta colección de imágenes nos muestra, en una superposición sutil, cómo sería si los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial volvieran a nuestras calles. Las fotografías superponen escenas modernas de Francia con fotografías tomadas en el mismo lugar durante la guerra. Jo Teeuwisse comenzó el proyecto después de encontrar 300 negativos viejos en un mercado de pulgas en su ciudad natal; los cuales mostraban lugares muy familiares para ella, pero en un contexto muy diferente.

Ella investigó el trasfondo de cada uno de los hallazgos más interesantes y creó una hermosa serie de imágenes superponiendo las viejas imágenes sobre las nuevas. Luego de ese primer trabajo, encontró una serie de fotografías de soldados en guerra en Francia y en toda Europa y ha creado nuevos conjuntos de diseños evocadores y emocionales. Teeuwisse cree que hacer que las escenas de guerra sean familiares al vincularlas a un lugar que reconozcamos aumenta su impacto porque, tal como dijo alguna vez: «No es lo mismo saber qué es lo que ocurrió allí, que conocer el lugar exacto sumado a detalles particulares. Eso lo grabará en tu memoria visual».

También creo que la serie es notable desde muchos puntos de vista porque, como señaló ese otro fotógrafo notable que fue Dando Moriyama: «Una sola fotografía puede contener múltiples imágenes»; y eso es lo que conforma el trabajo de Teeuwisse.

 

Galería de fotos de Jo Teeuwisse. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

 

El poder de la tijera

 

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Un problema clásico en la filosofía es el del conocimiento y sus alcances o sus límites (epistemología). En la práctica podemos dejar de lado esos asuntos, ya que todos sabemos que esa mesa que tenemos adelante es una mesa y no hace falta adentrarnos en temas que son sólo aptos para ámbitos académicos. Pero las cosas se complican siempre y la verdad es que cada día cuesta más y más saber en qué podemos creer y en qué no, aún en aspectos prácticos. La duda sobre lo que nuestros sentidos nos ofrecen se va haciendo cada vez más tenue en la medida en que los medios de comunicación se perfeccionan. Roland Barthes escribió alguna vez: «Toda fotografía es un certificado de presencia. Este certificado es el nuevo gen que su invención ha introducido en la familia de las imágenes. [ …] Quizá tengamos una resistencia invencible a creer en el pasado, en la Historia, como no sea en forma de mito. La Fotografía, por vez primera, hace cesar tal resistencia: el pasado es desde entonces tan seguro como el presente».

La fotografía vino a poner un poco de orden en el mundo y hubo un momento en que pasó a ser tan importante que si algo no estaba fotografiado podía llegar a considerarse como que no había ocurrido. Pero luego llegó la perfección a la técnica y, como bien dijo Peter Burke en su Visto y no visto «La fotografía no miente, pero hay fotógrafos mentirosos». Somos nosotros, como siempre, los que estamos detrás de todo lo que sucede.

La foto que ilustra esta entrada sintetiza la idea. Una foto, la central, puede ser modificada con sólo un pequeño corte para mostrar dos realidades diferentes. La que continúa es más compleja en su ejecución, pero la base es la misma. Pertenece al fotoperiodista Brian Walski y este montaje le costó su trabajo en Los Angeles Times. Pero como siempre digo en estos casos ¿Cuántos otros casos pasarán desapercibidos o serán ocultos tras la trama del poder?

 

Brian Walski

 

Ahora, claro, volvemos a la pregunta inicial: ¿En qué o en quién podemos creer?

El movimiento se demuestra andando

 

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Un cuadro que siempre ha llamado mi atención es el Desnudo bajando la escalera, de Marcel Duchamp. Ya el título nos ayuda a comprender que esas formas abstractas son en realidad las diferentes poses de momentos sucesivos de una persona al bajar por una escalera. En general, cuando uno vuelve a una pintura en particular una y otra vez lo hace por alguna razón en especial, es decir, por algo que va más allá del mero placer estético (éste, al igual que sucede con el humor, va apagándose a medida que pasa el tiempo, del mismo modo en que ya no nos reímos cuando nos cuentan una y otra vez el mismo chiste).

En mi caso, el Desnudo bajando la escalera me resulta fascinante porque a veces veo a la figura moverse mientras que otras veces sólo veo a la figura y otras veces sólo veo las líneas rectas y el color que las circunda. No sé si se deberá al cansancio o a la lucidez de cada momento; pero sea como fuere, ese cuadro de Duchamp es, para mí, tres o cuatro cuadros diferentes, según sea el momento en que me lo encuentre.

Ahora, tal vez, me veré obligado a sumar una o dos formas más de verlo, lo cual, lejos de agobiarme, es una idea que me agrada muchísimo. Y es que leyendo La cuarta dimensión en el arte del siglo XX, de Javier Ibáñez, me encuentro con que Duchamp se inspiró en los conocidos trabajos del fotógrafo Eadweard Muybridge; sobre todo en su serie Mujer bajando una escalera:

 

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Claro, ahora todo resulta obvio ¿No? Pero es lo mismo de siempre; como nos sucedía en la escuela cuando no podíamos resolver un problema y la maestra, al fin, nos daba la respuesta ¡Por supuesto que así era! Todo estaba ante nuestros ojos, de una u otra manera.

Como dije, creo que a partir de ahora el Desnudo bajando la escalera de Duchamp ya no sólo se moverá (cuando le dé la gana, claro) sino que también será una serie de fotos fijas o de líneas o de lo que se le antoje. Sea lo quiera ser, estoy seguro de que lo voy a disfrutar muchísimo.

Nota: buscando las imágenes que necesitaba para ilustrar esta entrada, me encuentro con este montaje (de quien desconozco la autoría) pero que ilustra a la perfección la unión entre ambos artistas:

 

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La piel de las cosas (Invitación)

 

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No sé de dónde saqué ese verso; no puedo recordar si es mío o de otro, pero lo recuerdo así: “La luz es la piel de las cosas” y, sea mío o de otro, como me gustó, me lo quedo. Al menos me lo quedo como nombre de un nuevo sitio al que quiero invitarlos: La piel de las cosas. En esa página iré subiendo algunas de las fotografías que he tomado a lo largo de mis viajes, de las que voy tomando a diario o de las que iré tomando en el futuro.

En un principio subí sólo un par de fotografías para “ver cómo quedaba”; pero luego una amiga de este sitio me aconsejó que le sumara algún pequeño texto y eso hice con un resultado que tal vez sea dispar, pero que me agrada mucho llevar a cabo. Vaya, entonces, mi agradecimiento a María Jesús Beristain los consejos, el apoyo y por haber brindado su tiempo para ayudarme en este nuevo proyecto.

Entonces, quedan invitados a este pequeño muestrario de un placer personal que se llama La piel de las cosas

La fotógrafa silenciosa

 

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Vivian Maier

John Maloof es un tipo con suerte. También nosotros, si vamos al caso, pero debemos reconocer que al menos en este particular asunto, lo somos por interpósita persona; es decir, gracias a él. Resulta que un día cualquiera John Maloof (documentalista) se encontraba en una subasta pública y vio una caja llena de fotografías, negativos y muchos rollos fotográficos. Pujó, ganó y comenzó revisar todo ese material que había comprado. Fue así que salió a la luz la existencia de Vivian Maier. ¿Quién fue esta mujer? Pues una simple y anónima baby sitter de origen franco-húngaro quien emigró a Nueva York y allí se dedicó a alternar en silencio su trabajo de niñera con su pasión: la fotografía. Salía a recorrer las calles y a fotografiar todo aquello que se le cruzara en el camino (esto es una exageración mía; pero viendo su trabajo es la sensación que se tiene).

Su trabajo aún está siendo investigado, ya que de sus 120.000 negativos hay muchos aún que no han sido, siquiera, revelados. No he podido encontrar el documental de John Maloof sobre Vivian Maier y sobre su golpe de suerte al encontrar todo este material; pero lo he visto en el canal Film & Arts y es probable que vuelvan a pasarlo por allí. En la red sólo se encuentran trailers y algunos videos que pueden acercar el trabajo de la hasta hace poco ignota fotógrafa.

 

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Por mi parte me quedo con los retratos. Parece que Maier no tenía prurito alguno en pararse frente a cualquier persona, apuntar su cámara y disparar; y eso hace que muchos de sus retratos hayan captado ese momento de sorpresa o indecisión del retratado. Eso, para mí, le brinda una «capa» de sentido extra que hace de esos retratos algo único e irrepetible.

Por último; y como suele ocurrir cuando uno se entera de casos como este, me pregunto cuántos otros artistas maravillosos permanecen en las sombras y cuántos lo harán para siempre. Roguemos porque haya muchos más John Maloof por allí y que el azar les brinde un simple momento de suerte.

Una brevísima galería con algunos de sus trabajos. Para verlos en mayor tamaño, hacer clic sobre uno de ellos.

 

Pintando con la cámara (III)

 

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Se dice que en una de sus clases, Heidegger comenzó de la siguiente manera: «Hoy vamos a hablar de Aristóteles. Comenzamos por su biografía: Aristóteles nació, escribió y murió. Ahora vamos a lo importante…».  Para Heidegger lo importante no eran los datos biográficos del pensador, sino su obra. Hoy quiero parafrasear a Heidegger y decir algo similar: «Sally Mann nació, fotografió y sigue viviendo y fotografiando».

Hace poco tiempo subí un par de entradas sobre fotógrafos que realizan con la cámara un trabajo que bien podría emparentarse con al pintura. El caso de hoy, el de Sally Mann, fotógrafa nacida en 1951 en los Estados Unidos, tiene ciertos puntos de similitud con el de Leonard Misonne, que es de quien hablé hace poco.

Como dije al principio, lo que vale es la obra y voy a dejar que ella hable por sí misma. he aquí, entonces, una galería de fotografías de Sally Mann. Para verlas en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas. También pueden ir a su sitio oficial, aquí.