Pintando con la cámara (II)

Watermill Leonard Missone Belgium 1900s

Hace poco menos de un mes publiqué una entrada titulada igual que esta, donde mostraba el trabajo del fotógrafo italiano Franco Fontana. Hoy me encuentro con este maravilloso material y no puedo menos que repetir el título porque me parece que se aplica con la misma precisión a este artista que, sin duda, pasará a estar entre mis favoritos.

Se trata del fotógrafo belga Leonard Misonne (1870-1943), quien se formó como ingeniero antes de descubrir la fotografía. Criado en Gilly, Bélgica, viajó por toda su tierra natal y más allá para capturar el paisaje y la gente de Europa en un estilo más bien pictórico. Las fotografías, caracterizadas por escenas suaves y pintorescas, se crearon a través de procesos de impresión alternativos que utilizan materiales como el aceite y el bicromato de goma. Tomado en cuenta al movimiento pictórico de finales del siglo XIX y principios del XX, Misonne buscó elevar la fotografía al nivel de otras bellas artes como la pintura y la escultura.

“El cielo es la clave del paisaje” dijo Misonne alguna vez y esta filosofía es clara en muchas de las imágenes. A menudo llenas de nubes ondulantes, niebla matinal o rayos de sol, el artista sobresalía al capturar sus temas en una luz dramática, direccional, iluminando las figuras de detrás, que dio lugar a un efecto del halo. Favoreciendo las condiciones climáticas tormentosas, Misonne encuentra a menudo sus temas navegando por las calles bajo las sombrillas o apoyados en las ráfagas de una tormenta de nieve en invierno.

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Un notable dominio de los diversos procesos de impresión que utiliza Misonne se evidencia en el delicado equilibrio entre lo que se ha capturado fotográficamente y lo que ha sido manipulado por la mano del artista en cada impresión. Para perfeccionar este equilibrio, Misonne creó su propio proceso, llamado mediobrome, que combina la impresión de bromuro y aceite (he intentado leer algo al respecto pero básicamente lo que encontré trata de especificaciones técnicas y no suma mucho al placer estético, que es lo importante).

Una galería con alguno de sus trabajos. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

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Pintando con la cámara

Franco Fontana (1)

«El propósito del arte es hacer visible lo invisible» Dice Franco Fontana, el notable fotógrafo y escritor italiano, nacido en Módena en el año 1933. Su obra es por demás significativa debido al uso del color saturado y de lo minimalista de su encuadre y de sus modelos. Particularmente me atraen las imágenes en las que magnifica éste último punto: lograr con lo mínimo —unas pocas líneas rectas en sus fotografías urbanas; curvas en las imágenes rurales o naturales— expandir los límites del marco y extenderse más allá de lo que está delimitado por esos cuatro puntos cardinales breves y concisos.

Lo que ha logrado Franco Fontana es volcar la abstracción a la fotografía; hacer que un fragmento de realidad se vuelva un todo y que sólo se necesite a sí mismo como justificativo. Ése es, me atrevería a decir, otros de los propósitos del arte.

Una pequeña galería con obras de Fontana. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

Somos, nada más, que copos de nieve

Nieve (8)

Por esas cosas del azar o de la sincronía (tal vez sólo sean nombres distintos para la misma cosa), leí el siguiente párrafo y pocos minutos después me encontré con un artículo fotográfico que mostraba a algunos copos de nieve en el momento previo a desaparecer para siempre. Cuando leí el fragmento que les dejo a continuación no pensé en postearlo; pero al ver las fotos pensé que sería el complemento perfecto el uno del otro. La cita es de Steve Maraboli; del libro Life, the Truth, and Being Free. Las imágenes pertenecen al trabajo del fotógrafo ruso Andrew Osokin. La reflexión corre por cuenta de cada uno de nosotros.

Somos perfectamente imperfectos. Todos hemos oído que no hay dos copos de nieve iguales. Cada copo de nieve toma la forma perfecta para lograr la máxima eficiencia y eficacia para su viaje, y mientras la fuerza universal de la gravedad les da un destino compartido, el espacio expansivo en el aire da a cada copo de nieve la oportunidad de tomar su propio camino. Están, entonces, en el mismo camino, pero cada uno toma una ruta diferente. A lo largo de este viaje impulsado por la gravedad, algunos copos de nieve chocan y se dañan unos a otros, algunos chocan y se unen, algunos son influenciados por el viento… ¡Hay tantas transiciones y cambios que tienen lugar a lo largo del viaje del copo de nieve! Pero, cualquiera que sea la transición, el copo de nieve siempre se encuentra perfectamente formado para su viaje. Podemos encontrar paralelos en la naturaleza como un bello reflejo de esta gran orquestación. Uno de estos paralelos es el de los copos de nieve y nosotros. Nosotros también estamos todos en la misma dirección. Estamos siendo impulsados por una fuerza universal al mismo destino. Todos somos individuos que tomamos diferentes viajes a lo largo de nuestro periplo y a veces chocamos unos con otros, nos cruzamos, nos alteramos… tomamos diferentes formas físicas. Pero en todo momento nosotros también somos 100% perfectamente imperfectos. En cada momento dado somos absolutamente perfectos para lo que se requiere para nuestro viaje. Yo no soy perfecto para tu viaje y tú no eres perfecto para mi viaje, pero soy perfecto para mi viaje y eres perfecto para tu viaje. Nos dirigimos al mismo lugar, estamos tomando diferentes rutas, eso es todo. Piensa en lo que podría significar esta gran orquestación para entender nuestras relaciones. Imagina interactuar con los demás sabiendo que ellos también comparten este paralelo con el copo de nieve. Al igual que tú, se dirigen al mismo lugar y no importa lo que puedan parecerte, ellos han tomado la forma perfecta para su viaje. Cuán fuertes serían nuestras relaciones si pudiéramos ver y respetar esa simple idea: la de que todos somos perfectamente imperfectos para nuestro viaje“.

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Yo, yo y, después, yo

Visito las ruinas de Tulúm; una de las pocas ruinas mayas que se encuentran a orillas del mar. El sitio es de una belleza poco común; por lo general las ruinas mayas se encuentran enclavadas en lo más profundo de la selva y la original ubicación de éstas que piso ahora hace que todo parezca, hasta cierto punto, irreal. Los senderos suben y bajan por las pendientes rocosas; el sol golpea fuerte y hay pocos sitios donde guarecerse a la sombra. Al doblar en un recodo veo a las cuatro muchachas que les presento en la fotografía.

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Aclaro unos detalles para ponerlos en perspectiva. A espaldas de las muchachas se encuentra el Mar Caribe; frente a ellas se encuentran las ruinas. De hecho, exactamente frente a ellas se encuentra el mayor edificio de esta zona arqueológica. Entonces me pregunto: ¿Qué diablos están fotografiando? (Para ser sinceros, no me dije “qué diablos”, dije algo parecido; ustedes entienden).

Voy a ser sincero: no tengo nada en contra de las selfies. Al menos en un primer momento, claro. La selfie o autofoto es algo útil y lógico (¿Para qué otra cosa sirve el disparador automático después de todo?). Cuando no hay nadie que pueda tomarnos una instantánea y queremos recordar un sitio en particular, podemos disparar la cámara hacia nosotros mismos; nada de malo hay en ello. Pero el punto es que en esos casos lo importante es lo que nos rodea. Es decir, si quiero guardar un recuerdo de mi presencia en unas ruinas, o en cualquier otro sitio, puedo tomarme una selfie pero siempre y cuando sean las ruinas (o lo que sea) el punto central de la foto, no yo.

Y es ahí donde ya la cultura selfie pasa a ser, para mí, sencillamente odiosa. Ahora lo que importa es el yo y nada más que el yo. Me pregunto ¿Qué les mostrarán esas muchachas a sus padres, a sus amigos o qué verán ellas mismas dentro de unos años? Nada más que su bonito rostro con un pedacito de celeste del cielo o del mar; foto que podrían haber tomado en cualquier playa o incluso frente a un cartel publicitario ¿qué más da? Lo importante para ellas es su yo, yo y yo; lo importante para ellas (y para todo el mundo atrapado en la cultura selfie más banal) es salir en primer plano, levemente detrás de su ego.

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Por cierto, esto es lo que entiendo por una buena y lógica selfie

La gaviota E.T.

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Extraterrestres sobre el Popocatepl

Es muy gracioso ver cómo cierta gente encuentra precisamente lo que quiere encontrar aunque esto sea algo que ni siquiera existe. Es así que vemos constantemente “pruebas” de la existencia de Pie Grande, el Yeti, los duendes o las hadas (y mejor no entremos en terrenos religiosos, hoy no tengo ganas de pelearme con nadie). No hace mucho que pude ver las “pruebas” de entes extraterrestres captados por las cámaras de vigilancia del Popocatepetl, el famoso volcán mexicano que se encuentra algo activo en este momento. En esas imágenes podían verse a unos extraños seres de forma alargada que volaban frente a las muchas cámaras distribuidas en las cercanías del volcán. Es difícil describir con palabras la forma exacta de estos seres, así que mejor voy a mostrarles algunas imágenes. Por cierto; estas imágenes no son otra cosa que pájaros en vuelo; las cuales fueron tomadas por unas cámaras de alta precisión. En ellas podremos ver la elegancia y la gracia con la que estos animales se mueven por el aire; toda una manifestación de belleza natural que algún imbécil se empeña en ver como una curiosa forma extraterrestre. ¡Como si hiciera falta salir de este planeta para maravillarse!

El crédito por las imágenes pertenece al fotógrafo catalán Xavi Bou y su proyecto lleva por título Ornitografías. Espero que las disfruten tanto como yo. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

Sembrando

Me gusta la rebelión. Me gusta la gente que se queja con razón y quienes levantan la voz por causas justas. Me gusta la gente que se reúne y que empuja a la sociedad hacia el rumbo adecuado. Me gusta la inquietud, el movimiento, la protesta y, por sobre todo, la conciencia creando conciencia. Prefiero, llegado el caso extremo, el caos por sobre la quietud absoluta. Por eso esta foto, sencillamente, me hizo el día. Más allá de lo que ocurra después, veo el germen de algo que no debería acabarse nunca.

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Razón de ser.

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Revisando algunas carpetas viejas encontré esta notable foto, la cual recibió el primer lugar en la categoría “Temas contemporáneos”, del certamen de fotoperiodismo World Press Photo del año 2013. No la compartí en su momento pero eso no importa demasiado; lo hago ahora compartiendo las mismas simples notas que tomé en ese momento. El fotógrafo que la tomó fue el estadounidense Micah Albert, quien en un basurero municipal en las afueras de Nairobi, Kenia, encontró a esta mujer que trata de rescatar algo de los restos urbanos y que se abstrae del mundo viendo libros.
Quiero creer que la lectura le permite construirse un mundo alterno, mucho menos injusto y sórdido que el de su día a día. Uno está tentado a decir que si la literatura no sirve para nada más, sólo el hecho de brindarle a ella esa oportunidad, da razón de ser a todos los libros que han sido publicados hasta hoy.