La llave

Llaves

“A todo hombre se le entrega la llave que abre la puerta del paraíso. Pero esa llave también abre la puerta del infierno”. Dice un proverbio budista, el cual nos lleva de la mano hasta Jean Paul Sartre, cuando dice “El hombre está condenado a ser libre”. Nosotros somos los responsables de lo que hacemos y de lo que dejamos de hacer, de lo que creamos y de lo que dejamos abandonado. Nosotros somos los responsables de tomar las riendas de nuestra vida o de dejarla en manos de otros, llámense padres, políticos, sacerdotes o parejas.
También esto me recuerda a aquella idea magnífica de Swedenborg, cuando decía que la diferencia entre el cielo y el infierno no era tanto la de una locación física, sino que formaba parte de la mirada de cada una de las personas. Los pobres de espíritu, en el cielo, no podían disfrutar, ya que no estaban capacitados para ello. Vamos, Swedenborg no decía otra cosa que no podía existir el cielo para los imbéciles simplemente porque éstos no podían verlo aunque estuviesen en él.
No hay día, en suma, que no estemos en el cielo o en el infierno. Solemos culpar de ello al destino, a nuestro pasado, a las circunstancias o a cualquier otra cosa que tengamos a mano; pero olvidamos que, tal como dice el proverbio con el que se abre esta entrada, la llave la tenemos nosotros en nuestra mano.

Puentes.

puente

“La vida es un puente ¿para qué construir una casa sobre él?” Dijo Buda en lo que tal vez sea una de sus más hermosas enseñanzas. “El hombre es un puente tendido entre el animal y el superhombre” Dijo Nietzsche. Y alguien, cuyo nombre mi mente no registró con precisión, dijo: “La verdadera sabiduría consiste en saber cuáles puentes hay que cruzar y cuáles hay que quemar”. 

El puente como metáfora de la vida, del hombre o del devenir del uno sobre el otro. Somos un puente que camina sobre otro puente ¿tendremos la sabiduría suficiente para arder por nuestra propia mano, llegado el momento?

Nadie en el mundo

babybuhda

Cuando el Buda nace, los dioses lo reciben en una tela dorada, lo ponen en el suelo, y ese niñito da varios pasos, alza la mano derecha mientras la mano izquierda apunta hacia abajo, y dice: “Mundos superiores, mundos inferiores, no hay nadie en el mundo como yo”.
No tuvo que trabajar para descubrirlo, lo sabía al nacer. Daisetz Suzuki, durante su primera conferencia en los Estados Unidos sobre budismo, lo mencionó. Dijo: “Es algo muy raro, que un niño recién nacido diga una cosa como ésta. Uno piensa que debería haber esperado hasta tener su iluminación bajo el árbol bo y su nacimiento espiritual.Pero en el Oriente lo mezclamos todo. No hacemos una gran distinción entre la vida espiritual y la material. Lo material manifiesta lo espiritual”. Y a continuación se embarcó en una larga charla, simulando haber perdido todas sus notas. En la pintura china y japonesa hay mucho espacio en vacío, y uno puede leer algo ahí. Del mismo modo, Suzuki nos dejó espacio vacío, simulando haber perdido sus notas, de modo que pudiéramos ayudarlo y sentirnos participantes de la conferencia.Hacer las cosas demasiado bien no es amable.
Al fin Suzuki llegó a ésto: “Me dicen que cuando un bebé nace, llora. ¿Qué dice el bebé cuando llora? Dice: “Mundos superiores, mundos inferiores, no hay nadie en el mundo como yo”. Todos los bebés son Budas bebés.

(Tomado de un libro de Joseph Campbell cuyos datos se me han traspapelado).

Posiciones encontradas

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Bioy Casares, en el estudio preliminar al volumen Ensayistas ingleses dice, en referencia a Joseph Addison: “Addison fue un hombre ordenado en su vida y en sus escritos, extraordinariamente civilizado y urbano. Su carácter era pacífico, amable y bondadoso. «Sin embargo», relata Swift, «cuando hallaba a alguien invenciblemente equivocado, adulaba sus opiniones y lo hundía aún más en el error».

Por otra parte, en uno de los relatos de Antología Zen recopilados por Thomas Cleary encuentro este retrato de Yûshôshi: “Una de las particularidades de Yûshôshi era la de decir exactamente lo que pensaba en las discusiones con los demás médicos, ya fueran amigos o desconocidos. Si veía que estaban equivocados, les explicaba por qué él pensaba como pensaba, dirigiéndose a ellos sin ninguna vacilación. Si oía que alguien decía algo erróneo. discutía abiertamente. Él mismo afirmaba que lo hacía para ayudar a los demás. En todo caso, y como consecuencia, algunos doctores lo consideraban loco y otros lo consideraban demasiado directo”.

Sin duda, en un primer momento uno está de acuerdo más con Yûshôshi que con Addison, aunque cuando uno se detiene un poco y observa las cosas con más tranquilidad debe reconocer que la actitud de Addison no carece de cierto cínico encanto. Otro punto es el de la posibilidad real de la actitud de Yûshôshi; ¿Cuántas personas aceptarían convivir con una persona así? Y si fuera cada uno de ustedes el que actuara de ese modo, ¿Cuánto tiempo tardaría en quedarse solo?
Yo, por mi parte, estoy seguro de que una de las primeras personas que huiría de mi presencia sería cierta mujer de cuyo nombre no quiero acordarme, y que lo haría porque ella es una de esas personas “Que dicen las cosas de frente, ¿viste? Yo soy muy frontal”. Generalmente esas personas son las que menos aceptan una crítica y -mucho menos- si esa crítica tiene, precisamente, algo de frontal.

Mandalas de arena

Como ayer despertó cierta curiosidad este asunto de los mandalas de arena, hoy les dejo una serie de fotografías que demuestran la enorme concentración que requiere este tipo de trabajo y el exquisito novel de detalle que se alcanza con un material que, a primera vista, parece tosco y poco apto para obras tan delicadas.

Por último, un video donde se reducen los seis días que dura la creación del mandala a un par de minutos.

Cortázar es Buda

Cortazar

En nuestro deambular por la red todos nos hemos encontrado con esos cartelitos con frases o citas de autores diversos y las hemos puesto en nuestros blogs o las hemos descargado a la memoria de nuestras computadoras. Pero ninguno es tan citado como Julio Cortázar. Creo que Cortázar es el autor que mejor tolera ser citado de esta manera, en base a esas frases u oraciones tomadas de sus novelas o sus cuentos y sacadas totalmente fuera de contexto. Aquí hay algunas, las cuales seguramente todos conocemos:

 

En este sentido me atrevo a decir que las frases de Julio Cortázar bien pueden ser consideradas como pequeñas piezas de conocimiento, no como meras frases bonitas como esas que se usan para adornar tarjetas de cumpleaños y que luego se olvidan para siempre. Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos. Dijo Buda; y si ponemos en práctica lo que cada frase de Cortázar nos dice, tengo la sensación de que seríamos  más comprensivos, más tolerantes, mejores amantes; en suma: mejores personas. Es decir, lo que pretendía Buda de nosotros.

De vírgenes lloronas y otros disparates

Hace un par de semanas aparecieron, como es de rigor para la navidad (casi siempre un poco antes), una o dos vírgenes que lloran, y lo que lloran es, generalmente, sangre. Primera pregunta: ¿Por qué tienen esa fijación con la sangre los católicos? Y mejor no tocar el tema de la transubstanciación, donde los católicos están obligados a creer que la ostia, al ser tragada, se convierte en carne, mientras que el vino se convierte en sangre.

vírgenes

Siempre que ocurre esto me acuerdo de aquella historia que tan bien narrara el Gran José Saramago: “se podría recordar aquí, repetimos, aquel milagro de Ourique, celebérrimo, cuando Cristo se apareció al rey portugués y éste le gritó, mientras el ejército postrado en el suelo lloraba, A los infieles, Señor, a los infieles, y no a mí, que creo lo que podéis, pero Cristo no quiso aparecerse a los moros, y lástima fue, que en vez de crudelísima batalla podríamos, hoy, registrar en estos anales la conversión maravillosa de los ciento cincuenta mil bárbaros que al fin perdieron allí la vida, un desperdicio de almas que clama al cielo.” Pues eso. Segunda pregunta: ¿Por qué las vírgenes que lloran o las apariciones marianas siempre suceden en sitios cristianos? ¿No sería más útil que ocurrieran en medio de Jerusalén, Addis Abeba o Tokyo? Grandes misterios del cristianismo.

Y ya que estamos, tercera pregunta, en libre tono fantástico: ¿Qué sucedería si mañana en Washington D.C., México D.F., Buenos Aires, París o Madrid apareciera la imagen de un Buda gigante flotando sobre esas ciudades?

Pero, por lo menos a mí eso no me alcanza ni me alcanzará. Si vamos a hablar de milagros preferiría que diosito padre y diosito hijo pusieran sus blancas barbas en remojo y se aparecieran (por lo menos el segundo, ya que del primero pocas noticias tenemos), digamos, en África y que allí multiplicaran otra vez los panes y los peces y que convirtieran el vino de los ricos en agua para los pobres. Ahí, entonces, podríamos empezar a hablar.

agua