La hermandad animal

 

Martin Wittfooth - Brahman (Sacrifice)

Martin Wittfooth – Brahman (Sacrifice)

 

La historia, esa disciplina que consideramos, en general, como lineal, gradual y ascendente, nos permite acceder en «vivo y en directo» —y eso sólo a veces—, a sus avances o retrocesos. Esos avances o retrocesos en general sólo pueden ser bien vistos a través de la distancia; es decir que hay que tomar cierta lejanía temporal para poder determinar si los cambios fueron beneficiosos o no; pero algunas cosas hemos aprendido en el camino y a veces no es necesario esperar tanto para darnos cuenta de que las cosas cambian para mejor.

Uno de esos cambios sociales he históricos a los que estamos asistiendo en primera fila es el de las consideraciones sobre los animales. Poco a poco éstos van siendo considerados como lo que son, seres sintientes y en algunos casos hasta con ciertas capacidades racionales (el concepto de “racional” es el que está siendo reinterpretado en este aspecto) y al mismo tiempo se está poniendo en tela de juicio el lugar que ocupa el ser humano en el complejo sistema biológico.

 

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Libros como Comer animales, de Jonathan Safran Foer; Los animales son parte de la clase trabajadora, de Jason Hribal; Leche que no has de beber, de David Roman; Todos los animales somos hermanos, de Jorge Riechmann; Malcomidos, de Soledad Barruti; Un animal es una persona, de Franz-Olivier Giesbert; o En la mente de un perro, de Alexandra Horowitz; entre muchos otros, son ejemplos de este cambio de paradigma que implica el considerar a un animal como a algo más que a ese autómata mecánico, tal como lo hicieron Gómez Pereira o Descartes, por ejemplo.

 

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Como todo en esta vida, hay que empezar a pensar en términos lógicos, lo cual parece ser algo bastante difícil para muchos seres humanos. Si bien es moralmente correcto comenzar a pensar en los animales como seres con derechos, no hay que caer en el facilismo de muchos que si los dejamos empezarían a pedir para el mosquito los mismos derechos que para los humanos. El asunto, como siempre, es dónde trazar las líneas adecuadas (aunque ello no deje de ser una señal de nuestras limitaciones culturales históricas; pero como no podemos salir de ello, sigamos adelante).

Por último; una pequeña nota sobre la obra con la que se abre esta entrada. El arte ha sido siempre una forma de comunicación humana; una forma de expresión, sí, pero también de decir ciertas cosas (El siglo XX ha sido tal vez el más caótico en el aspecto artístico pero también lo ha sido en los aspectos sociales; así que de algún modo también el arte está hablando de lo suyo). En este principio de siglo estamos asistiendo a un renacimiento de la pintura figurativa; del relato; es decir, del decir. Brahman (Sacrifice),de Martin Wittfooth fue la obra que me impulsó a escribir esta entrada y lo hizo desde la interpelación; desde la pregunta que ese animal representado me hizo desde el lienzo. Ese mandala en la frente contrapuesta a la etiqueta numerada en la oreja y esas banderillas como una corona roja dicen (dicen) más de nosotros de lo que habitualmente solemos reconocer.

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Hasta que les toca

 

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Cada uno tiene sus temas recurrentes, eso es algo tan claro como inevitable. En este sitio tal vez uno de los que se toca con mayor asiduidad es el tema del otro. Por una parte creo que es fundamental entenderlo para que esta idea sea el cimiento de lo que podríamos entender por civilización (a esto que tenemos entre manos también lo llamamos de esa manera, aunque deberíamos ser un poco más sinceros y reconocer que parece más un gesto de buena voluntad que una realidad patente); por otra parte, no deja de causarme asombro y pesar ver como ese concepto es pisoteado una y otra vez desde casi todos los ángulos posibles. Casi nadie escapa a esta Luz veladafaceta humana; tal vez y únicamente —y aquí voy a caer otra vez en la paradoja del lenguaje— ciertos humanistas son los que se adentran en este terreno y ponen en sintonía el acto y el pensamiento. Una de esas personas —Isabel F. Bernaldo de Quirós—, es una habitual de este sitio y muchos la conocerán por el maravilloso material que nos comparte en su sitio Apalabrando los días.

Hace unos días, y en referencia a una entrada donde hablé sobre cómo los medios suelen mostrar las noticias según el carácter y posición de quien corresponda (ya sea un país o una persona), Isabel me dejó un estupendo texto; un poema perteneciente a su libro Luz velada (el cual pueden encontrar aquí) que sintetiza con dolorosa belleza lo que significa ver al otro como lo que es: una parte de nuestro ser puesto en otro cuerpo y que nos mira a nosotros como lo que somos: un otro que no es diferente, sino complementario. La mirada de Isabel es tan precisa que no creo que nadie pueda leer el poema sin sentirse identificado con él; e Isabel también nos recuerda, con algunas reminiscencias bretchianas, que todos podemos ser ese que se encuentra del otro lado; del lado del dolor o del pesar y que no es necesario (ni ético) esperar a que eso suceda para comprender que el dolor de uno es el dolor de todos.

He aquí, entonces, a Isabel F. Bernardo de Quirós, a quien agradezco que me permitiera reproducir su poema en este sitio:

“Hasta que les toca”

Cuando la muerte afecta a otros
la enfermedad la tienen otros
el hambre es desgracia de otros
y la violencia aniquila a otros.

Cuando la lava sepulta los pueblos de otros
la marea la tierra de otros
el suelo atrapa la vida de otros
y el viento se lleva la vida de otros…

Para los unos
-que no son los otros-
la muerte es un ente lejano
la enfermedad no es para tanto
el hambre ni se imagina
la violencia es aventura en la pantalla
y la naturaleza airada, un ¡ah! Sorprendido
arrancado al fugaz espanto.
Hasta que les toca.

Tomar la espada

“Todo extremismo destruye lo que afirma” María Zambrano.

El 3 de mayo de 1808 en Madrid.

Francisco de Goya – El 3 de mayo de 1808 en Madrid.

Como corolario a la entrada de ayer, copio este fragmento de Dionisio Garzón; del prólogo a Pensamiento, palabras y música:

“En el Museo del Prado puede verse uno de los cuadros más intenso y trágicos de Goya: El 3 de mayo de 1808 en Madrid. Los fusilamientos en las montañas del Príncipe Pío. Ceremonia de horror y muerte: el paso arrollador de la guerra, el trágico patetismo de esos seres humanos indefensos ante su destrucción implacable. Con trazos recios, casi violentos, en apariencia sin el menor refinamiento, la mano maestra del pintor plasma esa crueldad dramática llevando la luz y el color a sus extremos más intensos.

De este cuadro dice De Amicis: «Es el último punto a que puede llegar la pintura antes de convertirse en acción; pasado este punto, uno tira el pincel y coge la espada»”.

Esa frase final de De Amicis es el verdadero corolario: lega un momento en que se hace necesario tirar el pincel y tomar la espada, metafórica o literalmente. Todo lo demás es cobardía, aunque se la disfrace de racionalismo o de pacifismo.

Ahora

andreas-diefenbach-german-b-1973-calling-ufo-calling-ufo-2005Que se vienen tiempos difíciles, eso no hay quien lo dude. Todos sabemos lo que los Estados Unidos suelen hacer cuando están desatados y ven enemigos por todas partes y más cuando un imbécil es quien dirige a esa enorme masa de descerebrados. Pero, si sumamos a eso nuestra propia desidia, nuestra propia pereza y nuestra propia inacción no tendremos derecho alguno, luego, a quejarnos o a lamentarnos. Mucho menos a justificarnos delante de nuestros hijos o de cualquier otra generación que nos siga los pasos. Existe una figura legal comúnmente conocida como defensa propia, la cual nos permite usar la fuerza para protegernos o para proteger a los nuestros del ataque infundado de cualquier ente, sea éste un animal, otra persona o una institución cualquiera.

En este caso, como es obvio, estoy hablando de Donald Trump y de sus medidas políticas basadas en el racismo, la intolerancia y la estupidez práctica lisa y llana. Está bien, tiene todo el derecho a ello, eso no se lo voy a criticar; no se puede legislar sobre la estupidez humana (y ser racista, misógino o xenófobo son características intrínsecas a la estupidez, así que nada puede hacerse desde la ley). Lo que sí no puedo tolerar es quedarme quieto. Como dije antes, hay una figura que me protege y contempla: la defensa propia.

Ante el ataque del presidente norteamericano, los primeros presidentes que salieron a miniaturasdefender a México fueron Nicolás Maduro y Evo Morales; dos de los “dictadores” latinoamericanos. Sería bueno, muy bueno, que alguna vez los latinoamericanos comenzaran a verse en un unidad en lugar de hacer caso a la propaganda política norteamericana que ve dictadores donde más le conviene y no los ve donde los hay en realidad (por seamos sinceros, si Venezuela no tuviese petróleo a nadie le importaría quién o cómo la gobierna. Mientras tanto, EE.UU. no dice nada del accionar israelí o árabe aunque estos masacren a otro país o ejecuten a personas en la plaza pública).

A comenzado en Latinoamérica una fuerte campaña en contra del consumo de productos norteamericanos. Espero que no todo quede en una mera muestra de cartelitos coca-cola-lucha-de-clasesfacebookeros y que la acción sea llevada adelante con toda la fuerza posible. Sé que muchos no se plegarán a este accionar (a quienes luchan a favor del invasor les dicen cipayos en Argentina o malinchistas en México; lo cual indica que traidores, en estas tierras, los hubo siempre. También habrá que luchar contra ellos si es necesario).

La receta es simple: contra la violencia ciega y torpe, la acción concreta y pacífica; contra la burla soberbia, la dignidad humilde pero orgullosamente poderosa; contra la bravata torpe e ignorante, la altivez del silencio colectivo.

Hace una par de meses dije que esta puede ser una gran oportunidad para México; ahora veo que puede serlo para toda América Latina. Espero ver, de una vez por todas, a este continente unido contra cualquiera que quiera hacernos daño, todos; tanto a los de afuera como a los de adentro. Tal vez aquellos versos de José Hernández escritos en 1879 sean, al fin, escuchados: “Los hermanos sean unidos / porque esa es la ley primera / tenga unión verdadera / en cualquier tiempo que sea / pues si entre ellos pelean / los devoran los de afuera”.

Fondos congelados

frozen-assets-diego-riveraCuando miro a mi alrededor a la realidad y a la historia mexicana, me parece ver que este país ha tenido más representatividad por parte de sus artistas que por parte de sus políticos. En lo personal, una parte importante de esta representatividad la encuentro en sus tres grandes muralistas: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros (y que me perdonen mis hermanos mexicanos si dejé a alguno de los importantes fuera; no se olviden que aún estoy aprendiendo y que no me van a alcanzar seis vidas para saber todo lo que hace falta saber de este país). Visitar en repetidas ocasiones el Palacio de Bellas Artes en la capital mexicana, recorrer cuando puedo los murales de Morelia o sorprenderme cuando encuentro un mural nuevo en una ciudad o un pueblo nuevo es un placer que por fortuna parece que no va a acabar nunca.

Ahora acabo de encontrar en la red este mural que no conocía de Diego Rivera y que se encuentra (creo) en Nueva York. Como siempre, me siento profundamente atraído por la calidad artística de Rivera, pero siento que el significado de la obra le suma un valor difícil de cuantificar. La descripción del mural que hace el curador del MOMA (Museum of Modern Art) nos explica a la perfección la intención de Diego Rivera:

“En Fondos congelados, Rivera conjugó su admiración por la arquitectura vertical característica de Nueva York con una vigorosa crítica a las desigualdades económicas de la ciudad. El extremo superior del tablero muestra una secuencia dramática de rascacielos en gran medida identificables, la mayoría terminados a pocos años de la llegada de Rivera a Nueva York. En la sección media, una bodega de acero y cristal sirve de refugio a hileras de hombres que duermen, destacando así a los trabajadores desposeídos que hicieron posible el crecimiento extraordinario de la urbe durante un periodo de crisis económica. En el extremo inferior, la sala de espera de un banco alberga a un guardia, un empleado y un trío de figuras ansiosas por inspeccionar sus bienes crecientes depositados en la bóveda que se encuentra atrás. La visión penetrante de Rivera sobre la ciudad —en la cual las masas avanzan pesadamente al trabajo, los desposeídos son embodegados y los ricos acumulan su dinero— tocó una fibra sensible en 1932, en plena era de la Gran Depresión”.

Quienes deseen ver el cuadro en mayor tamaño, pueden hacer clic aquí.

Resistir hoy, ya, ahora.

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El pasado 23 de noviembre escribí un artículo en el cual declaré mi deseo de estar equivocado con respecto a lo que se avecinaba en la República Argentina. Hoy, apenas a un mes y medio de aquella entrada puedo decir no sólo que no estaba equivocado, sino que la realidad es mucho peor de lo que había imaginado. El actual presidente argentino y sus colaboradores son más que vergonzosos; creo que no voy a encontrar el adjetivo adecuado (hice una larga pausa en la escritura de este texto y no, me es imposible encontrar el adjetivo que exprese lo que quiero decir); así que es mejor que siga con el tema central de esta entrada.
Ayer me he encontrado con una especie de manual titulado Técnicas de resistencia activa-micromilitancia. Ese breve texto de apenas diez páginas contiene una serie de consejos para llevar adelante, tal como lo indica su título, una resistencia militante ante lo que se considera un gobierno despótico. Lo leo y veo que lo que propone es totalmente válido, legal y certeramente práctico. Por ejemplo, en el espacio virtual y ante la manipulación mediática, se propone compartir en las redes sociales información veraz y chequeada. También participar en foros de diarios de amplia tirada y (de)formadores de opinión. En el espacio cotidiano se propone pegar carteles con datos, información viable, causas y consecuencias; comprar un diario opositor al menos una vez a la semana, intervenir diarios en sitios como bares y pedir que en los sitios públicos donde haya TV, que en ésta se sintonice un canal de música o cualquier otro que sea neutro.
Hay más ejemplos de participación, pero no me detendré en todos ellos, para muestra es más que suficiente (dejaré el enlace para descargar el PDF más abajo).
A lo que quiero llegar es que esas formas activas de participación social que no promueven nada ilegal me parecen estupendas, y no solo para ser usadas en contra de un gobierno en particular, sino como forma de educar a la sociedad en el poder real que ésta tiene. Estas técnicas sirven para ofrecer resistencia a una empresa o a un grupo en particular, sea éste el que fuere.
El diario Clarín, el verdadero dueño del presidente argentino (es inevitable, debo volver al títere muy a mi pesar) calificó a este pequeño manual de “insólito” en un artículo titulado El insólito manual de “resistencia” K dedicado a la “micromilitancia” (obsérvese los entrecomillados. Para mis amigos extranjeros, la K hace referencia al anterior gobierno, el de Cristina Fernández de Kirchner, aunque en el manual nunca se habla de partidismos). Como bien señalé ayer, los medios (sobre todo los medios hegemónicos como Clarín) se dedican a manipular el sentido de las palabras en beneficio propio; y éste es otro ejemplo de cómo lo hacen.
Insisto: el manual propone acciones legales y válidas, por lo tanto nada tiene de malo ni de dañino. Accionar políticamente o no, es nuestra prerrogrativa y nuestra elección.
Les dejo el enlace para quien quiera ver el manual por sí mismo y, por qué no, para ponerlo en práctica en donde sea que lo esté leyendo. Pueden descargarlo desde aquí.

Sol

En el principio fue el verbo

José Gutiérrez

Dice una historia popular “En el principio fue el verbo”; y sí, si se lo piensa un poco vemos que no hay otra salida. Si en un primer momento no hay un verbo no puede haber acción, creación, construcción, movimiento. Eso es lo que tuvo claro José Alberto Gutiérrez, un recolector de basura de Bogotá, Colombia, que un día vio una cajita que le llamó la atención entre los residuos, la abrió y se encontró con un ejemplar de Ana Karenina. José de inmediato guardó la caja y se la llevó a su casa, donde, dice la historia, había otros libros. Desde entonces, José Alberto Gutiérrez lleva recogidos más de doce mil libros, con los cuales creó varias bibliotecas infantiles. En la página de presentación de su fundación La fuerza de las palabras, se lee: “Desde que don José Alberto comenzó a recoger los libros, su esposa se encargó de reparar las carátulas rasgadas y sueltas, su hija mayor codificó y categorizó (Sic) los libros, su hijo menor daba talleres y su hija menor colaboraba en los talleres”. Hace unos años fue invitado a la Feria del libro de Guadalajara, México; donde al terminar su charla recibió una ovación que duró más de quince minutos. Las palabras de José son, como el, sencillas, pero plenas de ese significado claro y fuerte que tienen las verdades evidentes y que todos ven menos quien tiene que ponerlas en práctica: “Es también hacer un trabajo preventivo con la juventud, si los niños tienen en qué utilizar el tiempo libre, no irán por el camino equivocado. Todos estos niños que eduquemos serán la columna de la humanidad”.

Por virtud o defecto, por costumbre o simples ganas de joder, uno no puede menos que echarle un vistazo a la otra cara de la moneda; entonces uno se da cuenta de que si un solo hombre ha podido recoger de la basura más de doce mil libros ¿cuántos más han pasado desapercibidos? Y, sobre todo ¿Por qué tienen los bogotanos el espantoso hábito de tirar los libros a la basura? Bien, volvamos al anverso y cerremos esto haciéndole compañía al buenazo de José; él se lo merece.