Anarquistas eran los de antes

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Varias veces he nombrado aquí al estupendo ensayo de Borges Kafka y sus precursores. Para ir directo al grano, diré que en ese ensayo Borges postula que cada lectura modifica a las posteriores pero, más importante, también a las anteriores. Se me ocurre un ejemplo que tal vez sea banal, pero que servirá: Cuando asistimos a una representación de Hamlet y aparece el fantasma del padre de ese personaje ¿Vemos y sentimos lo mismo que un espectador del teatro isabelino? Sin saber con exactitud qué es lo que sentían aquellas personas, podemos asegurar que las sensaciones y pensamientos son muy, pero que muy diferentes. En el siglo XXI, luego de haber visto decenas de películas de terror, luego de haber leído muchos cuentos y relatos de fantasmas y aparecidos, no vemos en ese espectro más que un atajo dramático o, tal vez, una mera curiosidad psicológica (¿Es real el padre de Hamlet o sólo es producto de la imaginación de los personajes?).

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Con esto quiero señalar, ahora, un aspecto personal de lo antedicho. Es decir que quiero contarles cómo esto es una realidad palpable para mí, no sólo una bella idea en un ensayo de Borges. Me explico. Sigo leyendo, como dije hace pocos días, con no poca fascinación, a Esquilo. Esta vez le toca a Agamenón (primera parte de La Orestea); tomo el libro, lo abro donde lo dejé la noche anterior y leo:

“Alguien dijo que las deidades no se dignan siquiera cuidarse de los mortales que pisotean el honor de lo inviolable. Ése no era un nombre piadoso. La maldición se revela en los frutos de las ilícitas osadías de quienes se muestran más orgullosos de lo que es justo, cuando en exceso sus casas rebosan sobrepasando la medida óptima. Tenga sin daño la riqueza, de modo que pueda bastarle, quien por su suerte ha logrado la sabiduría, pues no es un baluarte la riqueza para el varón que por buscar la saciedad da un puntapié grandioso altar de la Justicia, para hacerla desaparecer”.

¡Maravilloso! Pero no puedo dejar de ver en ese pasaje a todo el conglomerado neoliberal que nos rodea y nos ahoga. Claro, Esquilo habla del poder y del exceso de poder; habla de la hybris que impulsa a todo aquel que se deja arrastrar por la desmesura del dinero. Es cierto, un imbécil con poder es igual ahora que hace dos mil quinientos años.

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Continúo con la lectura y dos páginas después me encuentro con esto:

“Cosa grave es la voz de unos ciudadanos que sienten rencor. El gobernante paga la deuda cuando la maldición del pueblo se cumple”.

Diablos; menuda representación de un estado de revuelta popular… Luego, tan solo unas pocas líneas adelante, encuentro lo siguiente:

“Prefiero un bienestar que no provoque envidia. ¡Nunca sea yo destructor de ciudades! ¡Ni, prisionero, vea mi vida sometida a otro!

¿Pero no es ésta la síntesis del pensamiento anarquista? “Ni mandar ni ser mandados”, dice esta corriente filosófico-política ¿De dónde me sale esto de un Esquilo anarquista?
Como dije al principio (en realidad lo dijo Borges, ya lo sé): No puedo ni podré leer a los clásicos tal como fueron escritos; sólo puedo acceder a ellos a través de los ojos de un lector del Siglo XX (que es donde me formé) o del Siglo XXI (el cual es el que habito). Sea como fuere, leer a Esquilo es un placer exquisito; encontrarme con un Esquilo anarquista o socialista es algo que excede la mayor de las alegrías.

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Cuando gobierna la edad media

Silvano Aureoles Conejo

“El gobierno del estado de Michoacán, en México, se encuentra en el centro de de una polémica”. Algo así puede leerse, con las variantes del caso, en los titulares de esta parte del mundo. El tema es el de la punibilidad a las mujeres que se sometan a un aborto, tema que causa escozor en estratos varios de la sociedad, sea del país que fuere. Pero el punto es que pude leer el artículo de la ley que se está discutiendo y mi asombro y disgusto me obligan a compartir lo que pienso de este asunto. Veamos el artículo en cuestión:

Artículo 288. Se impondrán de seis meses a un año de prisión, a la madre que voluntariamente procure su aborto o consienta en que otro la haga abortar, si concurren estas tres circunstancias: I. Que no tenga mala fama; II. Que haya logrado ocultar su embarazo, y III. Que éste sea fruto de una unión ilegítima. Faltando alguna de las circunstancias mencionadas, se le aplicarán de uno a cinco años de prisión.

En síntesis: no sólo se pena al aborto, sino que se manejan conceptos como “mujer de mala fama” (si es una de ellas la pena va de un año a cinco años, si no se es una mujer de “mala fama” la pena es de seis meses a un año) o “unión ilegítima” (la unión legítima es, como todos saben, la unión glorificada por el estado y la iglesia; todas las demás, son “ilegítimas”).

Me tomo un minuto para verificar que estoy viviendo en el Siglo XXI; temo que algún demonio maligno me haya tomado en sueños y me haya transportado al siglo XIV o algo así. Cuando todo el mundo sabe que el penar el aborto no es la solución al problema, sino que es una decisión que complica el asunto, además de ser moralmente inaceptable; en el estado de Michoacán se vuelve en el tiempo y se estigmatiza a una persona que, en muchos casos, es una víctima. (Aclaración necesaria: si bien el artículo 289 despenaliza al aborto cuando éste es fruto de una violación, nada se dice para los casos en los que el feto pueda tener deformidades genéticas).

El aborto es tema por demás complejo; no soy de los que promueven un “aborto libre como si fueran caramelos”, pero creo que penalizarlo no es la solución; mucho menos, claro está, manejar conceptos como los que detallé más arriba. ¿Quién es el gobernador o un mero político para determinar conceptos morales? ¿Y quién determina, entonces la moral del gobernador?

Después me preguntan por qué me opongo a la religiones y a su injerencia en los asuntos públicos…

 

¡Resistan! (Después de no pensar demasiado)

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No hace mucho hablé sobre las deficiencias de las democracias actuales y ahora, con el advenimiento de Donald Trump (que será todo lo que ustedes quieran, pero que ganó las elecciones legalmente), los adalides del apocalipsis están de parabienes. Lo peor es que tal vez tengan razón; al menos esta vez las probabilidades se acrecentaron de su lado. La foto con la que ilustro esta entrada la tomé de Twitter y corresponde al mismo día de la asunción Trump y, al verla, sentí que esa sola imagen sintetizaba lo que había dicho aquella vez: algo no anda bien en los sistemas democráticos actuales. ¡Nosotros somos más! ¡Resistan! Dicen el cartel arrastrado por el avión que quedó fuera de foco. ¿Pero es en serio que son más? ¿Entonces cómo es que ese tipo llegó adonde está? ¿No será porque ellos son menos pero saben moverse? ¿No será porque la mayoría se conforma con ser mayoría y pretende que las cosas se solucionen sin tener que mover un dedo, es decir, pretendiendo que todo el trabajo lo hagan los demás? Y esto vale para todos los países, claro, no es cosa ahora de sentirse un genio ante la proverbial estupidez norteamericana. Esto es un ejemplo del que debemos aprender para aplicarlo a nuestros propios países y a nuestros propios sistemas democráticos: nada se logra con la apatía, con la desidia, con el desinterés. Como bien dice el adagio popular: si quieres algo bien hecho hazlo tú; y si no lo haces pues grita y llora después, es tu derecho, pero no culpes a nadie por ello; y sobre todo, si formas parte de la mayoría, lo mejor es que hagas algo antes.

A uno de los nuestros.

crisis_communication1En plena crisis política de mis dos países, Argentina y México y considerando una posible situación crítica internacional en cuanto asuma el peligroso idiota de Donald Trump, recordé estas notas que tenía desde hace un tiempo y las retoco apenas para dejarlas aquí.

Alguien le preguntó al astrofísico Neil de Grasse Tyson sobre a qué le tenía más miedo, si al calentamiento global o a la posibilidad de que la Tierra fuese golpeada por un asteroide de 192px-neil_degrasse_tyson_at_howard_university_september_28_2010gran tamaño. La respuesta de Tyson, como siempre, fue un paso más allá y dejó, como debe hacerlo un buen educador, una puerta abierta al pensamiento. Tyson dijo que esos dos escenarios ocupan el segundo lugar en su lista de temores, debajo de su temor mayor: un mundo con líderes sin educación científica. Si tenemos líderes con educación científica podremos solucionar esos problemas; de lo contrario nada podrá hacerse. Dijo como para terminar de aclarar el punto.

El astrofísico ya había dicho algo parecido años atrás. Si miramos la lista de los senadores y de los políticos en general ¿qué encontramos? Abogado, abogado, abogado, empresario, abogado, abogado… ¿Dónde están los científicos, dónde los artistas, los educadores, los trabajadores? ¿Dónde están representados los demás integrantes de la sociedad? ¿Y cómo esos abogados y empresarios van a tomar decisiones sobre temas lobo_ovejade los que no saben nada?

Como todos sabemos pero parecemos olvidar, los políticos que nos gobiernan están allí porque nosotros los hemos puesto en ese sitio. La idea base de la democracia es que ellos nos representan; así que como bien nos lo dice Neil de Grasse Tyson, deberíamos dejar de culpar de todo a los políticos y empezar a compartir parte de la responsabilidad y, sobre todo, empezar a votar a aquellos que realmente nos vayan a representar; es decir, a uno de los nuestros.

Un mundo de perdedores.

Ser cool… Tomarse una foto con un funcionario público aunque ese funcionario público esté separado por una valla y esté rodeado de guardias de seguridad (alejados lo suficiente como para no salir en la foto, pero cerca como para romperte el cuello si piensas acercarte demasiado). Claro, también podemos ver a una asesina de guante blanco y aceptada socialmente porque se encarga de los otros, por ejemplo. Sea como fuere, lo grave del caso está a la izquierda de la fotografía. Un montón de descerebradas intentado una selfie que ni siquiera va a ser original (¿hay algo que lo sea en este mundo?). Y lo peor es que esas descerebradas y muchos otros de igual calibre son los que van a elegir a su (nuestro) presidente.

La democracia es una exageración de la estadística, dijo alguna vez Borges y, como siempre, tenía razón.

Asilo.

Kurdish refugee boy from the Syrian town of Kobani holds onto a fence that surrounds a refugee camp in the border town of Suruc, Sanliurfa province

Poco a poco voy poniéndome al día con los blogs amigos o con los que puedo visitar en la medida de mi tiempo. Hoy me encontré con una entrada en le blog de María G. Vincent que no puedo dejar de enlazar con algo que acabo de leer. La entrada será un poquito extensa, pero hay cosas que no pueden o no deben ser tomadas a la ligera. El texto de María, referente a los refugiados que están intentando llegar a Europa, es uno de ellos, escrito desde el dolor y la impotencia de quien se encuentra con las limitaciones propias de cada uno de nosotros en casos como este. El texto que yo quería compartir y que iba a recortar un poco es de Fernando Savater y voy a dejarlo completo porque sí, porque vale y porque, como dije, hay temas que no pueden ser tomados a la ligera.

“Una de las mentes más lúcidas y vigorosas del pensamiento contemporáneo, Hannah Arendt, profetizó que nuestro siglo acabaría marcado por la existencia masiva de refugiados, fugitivos, gente desposeída de todos sus derechos y obligada a buscarlos lejos de su patria. Acertó plenamente, por desdicha. Las imágenes de los que huyen de la guerra, del racismo, de la intolerancia religiosa e ideológica, o simplemente del hambre, de los que huyen arrastrando como pueden sus escasas pertenencias, de esos hombres y mujeres que se apresuran sin saber hacia dónde, jóvenes, viejos o niños, con la bruma del espanto y del despojo en la mirada, las imágenes de los que atraviesan a pie los montes y las brasas de los desiertos, de los que duermen sueños de acosados en el lodo, de los que atiborran embarcaciones precarias que a veces se hunden en las olas, las imágenes de los que cruzan alambradas y sortean como pueden los disparos de guardianes implacables, esas imágenes son hoy el equivalente moral de lo que fueron en su día las escenas de los reclusos famélicos y aterrorizados en los campos de concentración nazis o comunistas. Si ante películas como La lista de Schindler nos sentimos obligados a sollozar «¡nunca más!», lo sincero de ese movimiento de justicia y compasión se medirá por nuestra actitud ante los perseguidos y hostigados de ahora mismo: ayer era imperativo liberarles de sus cárceles, hoy lo es acogerles en nuestros países, bajo nuestras leyes y compartir con ellos nuestras libertades. La única limitación que tiene esta obligación civilizada es la prudencia para organizar y encauzar este hospedaje a fin de que sea compatible con los recursos sociales de cada país.
La historia ha sido siempre una gran catástrofe, cuyos logros positivos han solido pagarse a precios terribles de lágrimas y sangre. Nuestro siglo no ha constituido una excepción, todo lo contrario: las ideologías científicamente exterminadoras en nombre de la raza o de la clase, las armas de destrucción masiva, el propio aumento de la población humana, han contribuido a aumentar el número de los damnificados por la rapiña o el necio capricho ideológico de sus semejantes. Por eso la obligación del asilo es una de las pocas tradiciones que podemos calificar sin disputa como realmente civilizada. Cuando Ulises y sus compañeros llegaron a la isla de los cíclopes, la brutalidad subhumana de éstos se les reveló porque desconocían las leyes de la hospitalidad y trataban como a simple ganado a los desventurados arrojados a sus costas por el mar. Lo que diferencia al hombre del bruto no es su tamaño, ni su pilosidad, ni su número de ojos, sino su disposición acogedora hacia el extranjero: al tratar a los compañeros de Ulises como a animales, Polifemo reveló su propia animalidad, no la de sus víctimas. Esa antigua obligación hospitalaria como clave de la humanidad sigue hoy vigente y su cumplimiento es también el gran desafío actual que se plantea a nuestras democracias. Los y las suplicantes, lo sabemos desde Homero o desde Esquilo, deben ser acogidos: la barbarie que les persigue es su carta de ciudadanía ante quienes nos tenemos por diferentes y mejores que los bárbaros. No hay excusas para el rechazo, apenas cortapisas prudenciales. A fin de cuentas, la condición del desterrado nos recuerda, no ya a todo demócrata sino a todo ser humano reflexivo, la nuestra propia. Pues, como dijo Empédocles, «el alma también está exilada: nacer es siempre viajar a un país extranjero». De nosotros depende que el acoso y el desasosiego de esta condición común se conviertan en fraternidad cívica”.

Fernando Savater. Asilo, Diccionario filosófico.

Resistir hoy, ya, ahora.

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El pasado 23 de noviembre escribí un artículo en el cual declaré mi deseo de estar equivocado con respecto a lo que se avecinaba en la República Argentina. Hoy, apenas a un mes y medio de aquella entrada puedo decir no sólo que no estaba equivocado, sino que la realidad es mucho peor de lo que había imaginado. El actual presidente argentino y sus colaboradores son más que vergonzosos; creo que no voy a encontrar el adjetivo adecuado (hice una larga pausa en la escritura de este texto y no, me es imposible encontrar el adjetivo que exprese lo que quiero decir); así que es mejor que siga con el tema central de esta entrada.
Ayer me he encontrado con una especie de manual titulado Técnicas de resistencia activa-micromilitancia. Ese breve texto de apenas diez páginas contiene una serie de consejos para llevar adelante, tal como lo indica su título, una resistencia militante ante lo que se considera un gobierno despótico. Lo leo y veo que lo que propone es totalmente válido, legal y certeramente práctico. Por ejemplo, en el espacio virtual y ante la manipulación mediática, se propone compartir en las redes sociales información veraz y chequeada. También participar en foros de diarios de amplia tirada y (de)formadores de opinión. En el espacio cotidiano se propone pegar carteles con datos, información viable, causas y consecuencias; comprar un diario opositor al menos una vez a la semana, intervenir diarios en sitios como bares y pedir que en los sitios públicos donde haya TV, que en ésta se sintonice un canal de música o cualquier otro que sea neutro.
Hay más ejemplos de participación, pero no me detendré en todos ellos, para muestra es más que suficiente (dejaré el enlace para descargar el PDF más abajo).
A lo que quiero llegar es que esas formas activas de participación social que no promueven nada ilegal me parecen estupendas, y no solo para ser usadas en contra de un gobierno en particular, sino como forma de educar a la sociedad en el poder real que ésta tiene. Estas técnicas sirven para ofrecer resistencia a una empresa o a un grupo en particular, sea éste el que fuere.
El diario Clarín, el verdadero dueño del presidente argentino (es inevitable, debo volver al títere muy a mi pesar) calificó a este pequeño manual de “insólito” en un artículo titulado El insólito manual de “resistencia” K dedicado a la “micromilitancia” (obsérvese los entrecomillados. Para mis amigos extranjeros, la K hace referencia al anterior gobierno, el de Cristina Fernández de Kirchner, aunque en el manual nunca se habla de partidismos). Como bien señalé ayer, los medios (sobre todo los medios hegemónicos como Clarín) se dedican a manipular el sentido de las palabras en beneficio propio; y éste es otro ejemplo de cómo lo hacen.
Insisto: el manual propone acciones legales y válidas, por lo tanto nada tiene de malo ni de dañino. Accionar políticamente o no, es nuestra prerrogrativa y nuestra elección.
Les dejo el enlace para quien quiera ver el manual por sí mismo y, por qué no, para ponerlo en práctica en donde sea que lo esté leyendo. Pueden descargarlo desde aquí.

Sol