¡No pasa nada!

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Grieta en la península Larsen

Seguramente todos ustedes habrán oído del gigantesco iceberg que se desprendió hace unos pocos días de la Península Larsen, en la Antártida. Dicho iceberg es el más grande que se haya visto en la historia documentada de la humanidad y es tan enorme su masa y su volumen que se nos hace imposible comprender sus dimensiones si no es por medio de una comparación.

Entonces vayamos a ellas. El iceberg es así de grande:

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O así:

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Ya ha comenzado a romperse en pedazos más pequeños (¿Pero de qué hablamos cuando decimos “pequeño” aquí? Un fragmento “pequeño de esta moles puede ser cuatro veces más grande que Madrid o Buenos Aires…) y navegará por los mares del sur sin que nadie corra peligro. Bueno, eso de nadie también es relativo. Me refiero a las embarcaciones que surcan esos lejanos sures, ya que con la tecnología que existe hoy pueden ver al iceberg aún a oscuras, así que no hay posibilidad alguna de un nuevo Titanic. ¿Pero qué pasa con el resto de la humanidad?

Nada, no pasa nada, según dicen los adalides de la negación. El cambio climático —una verdad tan evidente que ni siquiera necesitamos una afirmación científica, ya que cualquiera que haya superado los cuarenta años puede notar las enormes diferencias entre el clima de su niñez y el de la actualidad— es, para ellos, una fantasía o una teoría conspirativa. Con el imbécil de Donald Trump a la cabeza (el cual no es el único, por supuesto), quien asegura que el cambio climático es un invento de los chinos para destruir a la industria (norte)americana, los amos del capitalismo desbocado siguen poniendo trabas a cualquier intento de solución a este problema.

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La grieta de la primera foto, al desprenderse el Iceberg A68

¡No pasa nada! ¡Tranquilos! Que el agua contenida tan sólo en la península Larsen sea suficiente como para hacer subir el nivel de todos los mares unos diez centímetros no significa que vayamos a tener problemas ¿no? A lo sumo tendremos que poner nuestra toalla un poco más atrás cuando vayamos a veranear a la costa. Que esa ingente cantidad de agua cambie los niveles de temperatura tampoco es tan grave ¡Hasta es posible que tengamos un verano más largo y así podamos extender nuestras vacaciones! Que un numerosísimo conjunto de animales marinos y terrestres vayan a ver afectados sus ciclos biológicos y que es posible que desaparezcan para siempre no es de extrañar ¿Acaso no nacemos para morir?

Tarea para el hogar: ¿Cuántas veces por día nos quejamos de los políticos? ¿Cuántas personas de las que nos rodean viven quejándose de lo mal que está todo y de la corrupción y de que los políticos no hacen nada y de…? Deberíamos recordar que los políticos no están donde están por generación espontánea. Somos nosotros quienes los ponemos allí. Somos nosotros los primeros políticos. Somos nosotros los responsables de hacer las cosas bien en un primer momento; y mientras sigamos eligiendo a tipos como Trump, Peña Nieto, Rajoy o Macri las cosas no van a mejorar. Nunca.

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La debilidad de occidente

Islam (1)

Desde hace unos días anda circulando en la red un video de una mujer musulmana, en España, que ataca a una muchacha por usar shorts en público. La mujer en cuestión no parece estar en sus cabales, pero sus argumentos son los que habitualmente usan los extremistas religiosos para justificar sus barbaridades; de allí que sirvan como punto de partida para pensar en este tema.
Las distintas facciones religiosas suelen basar sus “argumentos” en formas como el de la ofensa, el cual es el primero y principal de ellos. Es por demás absurdo ese tipo de planteamientos pero, a pesar de todo, sigue siendo usado y, lo que es peor, se lo sigue permitiendo, y eso no deja de ser sintomático. ¿Por qué un grupo particular de personas se arroga el derecho de sentirse ofendido y de allí pretenden normativizar a todos los demás? El problema con la religión en general es que sus propuestas son válidas sólo para unos pocos de ellos y para nadie más, aun así, pretenden que todos sigamos sus pasos como corderos, sin la posibilidad de individualidad alguna.

Islam (2)

Reciprocidad. Lo que los musulmanes proponen es contrario a las más básicas normas de reciprocidad. Ellos exigen respeto pero no respetan a los demás. Ellos exigen que sus ideas o normativas personales sean permitidas pero no aceptan que otros tengan ideas o normativas diferentes; es más, quieren imponer las suyas aun cuando ni siquiera sean aceptables para el país que les brindó cobijo.

El problema que tiene occidente es que los sistemas democráticos son poco aptos para luchar contra los fanáticos, sean estos cuales fueren. El imperio de las leyes es más útil para los extremistas que para quienes quieren luchar contra ellos, ya que éstos se atienen a los códigos legales, mientras que los primeros no. Claro está; cuando un país (como ocurrió con Francia y su ley contra el uso de la burka) promulga una ley que no les conviene, enseguida saltan al grito de que se están violando sus derechos y demás.

Por último (y sólo por no seguir sumando ítems a esta lista que debería ser mucho más extensa), la mera idea de que cualquier crítica o idea diferente pueda ser considerada como apta de ser castigada con un asesinato —incluso con un asesinato en masa— es la señal de alarma más profunda y digna de ser considerada. La mujer del video del que hablo al principio se nota, como dije, fuera de sus cabales; pero al alejarse dice “esto lo arreglo yo” ¿Cómo lo hará? ¿Ateniéndose a la ley o tomándola en sus propias manos? Si es esto último ¿No es lo que hacen, precisamente, quienes no se encuentran en sus cabales?

Islam (3)

Endiosando idiotas

Hace poco más de una semana fue despedida por la CNN a raíz de una fotografía donde la humorista mantenía una cabeza ensangrentada de Donald Trump.

Kathy Griffin
Está bien, la foto no es del todo afortunada, concedo eso; pero lo que vino después es por demás absurdo, por cierto. A Griffin no sólo la despidieron, sino que se la está persiguiendo con saña y malicia. A recibido amenazas de muerte y, no faltaba más, todos los medios le cierran las puertas como si del demonio se tratara.
Eso es típico de los Estados Unidos, hacer una tormenta en un vaso de agua; llevar las cosas a límites absurdos y empezar a confundir las aguas del pensamiento lógico y crítico con abundantes referencias erróneas a términos como libertad, democracia, expresión, límites, etc. (Como bien saben, los amigos del norte se creen los dueños de estos términos y que sólo ellos pueden trataros).
Por mi parte, ante casos como este, suelo preguntarme ¿Por qué le damos tanto poder a un funcionario público? ¿Desde cuándo un presidente es un ser intocable sobre quien no puede hacerse una broma o al cual no se puede criticar? Insisto en que la broma de Griffin no me parece brillante; pero de allí que todo el mundo se rasgue las vestiduras ante “la violencia ejercida” por una foto desafortunada me parece un exceso. ¿No son los presidentes —y más lo de Estados Unidos— responsables de decenas de miles de muertes reales peores que la que muestra la foto de esta comediante? ¿No es Donald Trump un hombre mucho peor que lo que es la misma Griffin en esa foto? ¿Y sólo porque un grupo de personas lo eligió para hacer un trabajo nadie puede decir nada sobre él?

La revolución francesa acabó con la idea de que el rey gobernaba por derecho divino. Es decir que con el advenimiento de la democracia, al menos eso se supone, quienes gobiernan son hombres por hombres y para hombres; pero parece que nuevamente el derecho divino hace acto de presencia por decisión de los mismos políticos y, claro está, por nuestra anuencia en aceptar ese estado de cosas.
Sé que un presidente puede ser (y es) blanco fácil de infamias y de denuncias falsas y malignas y que debe ser protegido de la estupidez y de la malicia; pero eso puede hacerse sin tener que volverlos seres intocables. Para eso está la ley que todos cumplimos y ningún presidente debería estar por encima de ella.

 

 

¿Quién?

El poema con el que termino la entrada de ayer pertenece, tal como lo dije, a Bertold Brecht y se titula Preguntas de un obrero que lee. A pedido de una persona muy querida por mí, aquí lo dejo completo y sin necesidad de acompañarlo por comentario alguno.

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Preguntas de un obrero que lee

¿Quién construyó Tebas, la de las siete puertas?
En los libros se mencionan los nombres de los reyes.
¿Acaso los reyes acarrearon las piedras?
Y Babilonia, tantas veces destruida,
¿Quién la construyó otras tantas?
¿En que casas de Lima, la resplandeciente de oro, vivían los albañiles?
¿Adónde fueron sus constructores la noche que terminaron la Muralla China?
Roma la magna está llena de arcos de triunfo.
¿Quién los construyó?
¿A quienes vencieron los Césares?
Bizancio, tan loada,
¿Acaso sólo tenía palacios para sus habitantes?
Hasta en la legendaria Atlántica, la noche que fue devorada
por el mar,
los que se ahogaban clamaban llamando a sus esclavos.
El joven Alejandro conquistó la India.
¿Él sólo?
César venció a los galos;
¿no lo acompañaba siquiera un cocinero?
Felipe de España lloró cuando se hundió su flota,
¿Nadie más lloraría?
Federico Segundo venció en la Guerra de Siete Años,
¿Quién más venció?
Cada página una victoria
¿Quién guisó el banquete del triunfo?
Cada década un gran personaje.
¿Quién pagaba los gastos?
Tantas historias, tantas preguntas.

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Anarquistas eran los de antes

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Varias veces he nombrado aquí al estupendo ensayo de Borges Kafka y sus precursores. Para ir directo al grano, diré que en ese ensayo Borges postula que cada lectura modifica a las posteriores pero, más importante, también a las anteriores. Se me ocurre un ejemplo que tal vez sea banal, pero que servirá: Cuando asistimos a una representación de Hamlet y aparece el fantasma del padre de ese personaje ¿Vemos y sentimos lo mismo que un espectador del teatro isabelino? Sin saber con exactitud qué es lo que sentían aquellas personas, podemos asegurar que las sensaciones y pensamientos son muy, pero que muy diferentes. En el siglo XXI, luego de haber visto decenas de películas de terror, luego de haber leído muchos cuentos y relatos de fantasmas y aparecidos, no vemos en ese espectro más que un atajo dramático o, tal vez, una mera curiosidad psicológica (¿Es real el padre de Hamlet o sólo es producto de la imaginación de los personajes?).

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Con esto quiero señalar, ahora, un aspecto personal de lo antedicho. Es decir que quiero contarles cómo esto es una realidad palpable para mí, no sólo una bella idea en un ensayo de Borges. Me explico. Sigo leyendo, como dije hace pocos días, con no poca fascinación, a Esquilo. Esta vez le toca a Agamenón (primera parte de La Orestea); tomo el libro, lo abro donde lo dejé la noche anterior y leo:

“Alguien dijo que las deidades no se dignan siquiera cuidarse de los mortales que pisotean el honor de lo inviolable. Ése no era un nombre piadoso. La maldición se revela en los frutos de las ilícitas osadías de quienes se muestran más orgullosos de lo que es justo, cuando en exceso sus casas rebosan sobrepasando la medida óptima. Tenga sin daño la riqueza, de modo que pueda bastarle, quien por su suerte ha logrado la sabiduría, pues no es un baluarte la riqueza para el varón que por buscar la saciedad da un puntapié grandioso altar de la Justicia, para hacerla desaparecer”.

¡Maravilloso! Pero no puedo dejar de ver en ese pasaje a todo el conglomerado neoliberal que nos rodea y nos ahoga. Claro, Esquilo habla del poder y del exceso de poder; habla de la hybris que impulsa a todo aquel que se deja arrastrar por la desmesura del dinero. Es cierto, un imbécil con poder es igual ahora que hace dos mil quinientos años.

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Continúo con la lectura y dos páginas después me encuentro con esto:

“Cosa grave es la voz de unos ciudadanos que sienten rencor. El gobernante paga la deuda cuando la maldición del pueblo se cumple”.

Diablos; menuda representación de un estado de revuelta popular… Luego, tan solo unas pocas líneas adelante, encuentro lo siguiente:

“Prefiero un bienestar que no provoque envidia. ¡Nunca sea yo destructor de ciudades! ¡Ni, prisionero, vea mi vida sometida a otro!

¿Pero no es ésta la síntesis del pensamiento anarquista? “Ni mandar ni ser mandados”, dice esta corriente filosófico-política ¿De dónde me sale esto de un Esquilo anarquista?
Como dije al principio (en realidad lo dijo Borges, ya lo sé): No puedo ni podré leer a los clásicos tal como fueron escritos; sólo puedo acceder a ellos a través de los ojos de un lector del Siglo XX (que es donde me formé) o del Siglo XXI (el cual es el que habito). Sea como fuere, leer a Esquilo es un placer exquisito; encontrarme con un Esquilo anarquista o socialista es algo que excede la mayor de las alegrías.

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Cuando gobierna la edad media

Silvano Aureoles Conejo

“El gobierno del estado de Michoacán, en México, se encuentra en el centro de de una polémica”. Algo así puede leerse, con las variantes del caso, en los titulares de esta parte del mundo. El tema es el de la punibilidad a las mujeres que se sometan a un aborto, tema que causa escozor en estratos varios de la sociedad, sea del país que fuere. Pero el punto es que pude leer el artículo de la ley que se está discutiendo y mi asombro y disgusto me obligan a compartir lo que pienso de este asunto. Veamos el artículo en cuestión:

Artículo 288. Se impondrán de seis meses a un año de prisión, a la madre que voluntariamente procure su aborto o consienta en que otro la haga abortar, si concurren estas tres circunstancias: I. Que no tenga mala fama; II. Que haya logrado ocultar su embarazo, y III. Que éste sea fruto de una unión ilegítima. Faltando alguna de las circunstancias mencionadas, se le aplicarán de uno a cinco años de prisión.

En síntesis: no sólo se pena al aborto, sino que se manejan conceptos como “mujer de mala fama” (si es una de ellas la pena va de un año a cinco años, si no se es una mujer de “mala fama” la pena es de seis meses a un año) o “unión ilegítima” (la unión legítima es, como todos saben, la unión glorificada por el estado y la iglesia; todas las demás, son “ilegítimas”).

Me tomo un minuto para verificar que estoy viviendo en el Siglo XXI; temo que algún demonio maligno me haya tomado en sueños y me haya transportado al siglo XIV o algo así. Cuando todo el mundo sabe que el penar el aborto no es la solución al problema, sino que es una decisión que complica el asunto, además de ser moralmente inaceptable; en el estado de Michoacán se vuelve en el tiempo y se estigmatiza a una persona que, en muchos casos, es una víctima. (Aclaración necesaria: si bien el artículo 289 despenaliza al aborto cuando éste es fruto de una violación, nada se dice para los casos en los que el feto pueda tener deformidades genéticas).

El aborto es tema por demás complejo; no soy de los que promueven un “aborto libre como si fueran caramelos”, pero creo que penalizarlo no es la solución; mucho menos, claro está, manejar conceptos como los que detallé más arriba. ¿Quién es el gobernador o un mero político para determinar conceptos morales? ¿Y quién determina, entonces la moral del gobernador?

Después me preguntan por qué me opongo a la religiones y a su injerencia en los asuntos públicos…

 

¡Resistan! (Después de no pensar demasiado)

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No hace mucho hablé sobre las deficiencias de las democracias actuales y ahora, con el advenimiento de Donald Trump (que será todo lo que ustedes quieran, pero que ganó las elecciones legalmente), los adalides del apocalipsis están de parabienes. Lo peor es que tal vez tengan razón; al menos esta vez las probabilidades se acrecentaron de su lado. La foto con la que ilustro esta entrada la tomé de Twitter y corresponde al mismo día de la asunción Trump y, al verla, sentí que esa sola imagen sintetizaba lo que había dicho aquella vez: algo no anda bien en los sistemas democráticos actuales. ¡Nosotros somos más! ¡Resistan! Dicen el cartel arrastrado por el avión que quedó fuera de foco. ¿Pero es en serio que son más? ¿Entonces cómo es que ese tipo llegó adonde está? ¿No será porque ellos son menos pero saben moverse? ¿No será porque la mayoría se conforma con ser mayoría y pretende que las cosas se solucionen sin tener que mover un dedo, es decir, pretendiendo que todo el trabajo lo hagan los demás? Y esto vale para todos los países, claro, no es cosa ahora de sentirse un genio ante la proverbial estupidez norteamericana. Esto es un ejemplo del que debemos aprender para aplicarlo a nuestros propios países y a nuestros propios sistemas democráticos: nada se logra con la apatía, con la desidia, con el desinterés. Como bien dice el adagio popular: si quieres algo bien hecho hazlo tú; y si no lo haces pues grita y llora después, es tu derecho, pero no culpes a nadie por ello; y sobre todo, si formas parte de la mayoría, lo mejor es que hagas algo antes.