El ser y la nada, según Percy Bysshe Shelley

«Pero lo que permanece, lo fundan los poetas»

Hölderlin

 

ozmandias

 

Ozymandias es un poema escrito por Percy Bysshe Shelley en 1818 y, como suele ocurrir con los textos que nos hablan a todos los habitantes de este mundo por igual, parece escrito hoy mismo. El paso del tiempo, el sentido (o sinsentido) de la vida, el orgullo humano, todo está allí, reunido en un poema más eterno que las pirámides.

 

 

Ozymandias

Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: «dos enormes piernas de piedra
se yerguen sin su tronco en el desierto;
junto a ellas, en la arena, semihundido
descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,
a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
“Yo soy Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplen mis obras, oh poderosos, y desesperen!”
No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas.

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El juego de la oca o de cómo empezamos a jugar en un tablero

 

Seguramente todos los que pasan por aquí han jugado alguna vez al más que famoso Juego de la oca. Con reglas sencillas y una estructura básica, era el juego ideal para adentrar a los niños a los juegos más elaborados, los cuales irían creciendo en dificultad a medida que avanzara el tiempo. No creo que muchos de los jóvenes actuales lo hayan jugado y, supongo, poner hoy en día un tablero sobre la mesa e invitarlos a compartir un rato en familia o con amigos haría que nos miraran con algo de sorpresa y mucho de desdén. De todos modos nosotros, los viejos (es decir, todo aquel que tenga un poco más de tres décadas y media), alguna vez habrá tirado los dos dados sobre el tablero y habrá movido su pieza con el afán de alcanzar a quien tenía adelante o de tomar distancia de los que venían detrás.

 

 

001 - Filosofía cortesana de Alonso de de Barros (1588)

Filosofía cortesana de Alonso de de Barros (1588)

 

El juego de la oca (y sus muchas variantes) tiene —al menos hasta donde he podido averiguar— su nacimiento allá por el siglo XVI, con el tablero que se ve más arriba. Según Wikipedia, hay tres posibles fuentes de este juego: Podría ser una creación de los griegos durante el asedio a Troya. Esta teoría se basa en el disco de Phaistos, procedente del 2000 a. C., que podría ser un tablero del juego; otros piensan que nació en la Florencia de los Médici y que luego se extendió por las cortes de Europa. La última hipótesis afirma que lo crearon los templarios en el siglo XII inspirándose en el Camino de Santiago. También se le relaciona con los buenos constructores en la época de Alfonso I el Batallador.

 

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027 – Giuoco dell’ Oca (Game of the Goose) (1872)

 

Sea como fuere, el juego se extendió por todo el mundo y ha llegado hasta hoy en muchísimas variantes comerciales (aunque, insisto en lo que dije al principio, no creo que ya casi nadie lo juegue, lo cual puede preanunciar su desaparición cercana). Supongo que, debido a la infancia que me tocó en suerte, siento un personal apego por los juegos de tablero; es por eso que encontrar estos juegos antiguos me produjo un sencillo y profundo placer. Así que les compartiré una galería con algunos de los tableros que he encontrado y que nos muestran el desarrollo y las variantes del juego a través del tiempo (no podría ponerlos todos porque esto se haría infinito). Como siempre, para ver las imágenes en mayor tamaño y la información respectiva, hacer clic sobre una de ellas.

 

La monja que huyó para siempre

 

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Gary Brannan y Sarah Rees Jones examinando uno de los registros del arzobispo William Melton.  Fotografía: Universidad de York

 

Un equipo de historiadores medievales que investiga los archivos de la Universidad de York (Reino Unido) ha descubierto, casi por casualidad, la curiosa historia de Juana de Leeds: una monja del siglo XIV que fingió su propia muerte para escapar de su convento y poder disfrutar de una vida de «lujuria carnal». La historia ha sido develada gracias a una pequeña nota escrita en latín encontrada en uno de los dieciséis tomos donde se registraban los asuntos religiosos de York a partir de 1304.

El mensaje fue escrito por el arzobispo William Melton allá por 1318, e instaba a la religiosa a regresar al convento de St. Clement. «Adviertan a Juana de Leeds, monja de San Clement de York, que debe regresar a su casa», dice el texto. A su vez, el mensaje también indicaba que, según los rumores, la monja benedictina había caído en «el camino de la lujuria carnal» y había obviado su compromiso religioso con «imprudencia». Lo más curioso es que, siempre según los investigadores, la religiosa lo logró orquestando un plan digno de una película de Hollywood. En el mensaje escrito por el obispo se explica que, «con la ayuda de muchos cómplices y malhechores, creó con malicia un maniquí a la semejanza de su cuerpo» para «engañar a los fieles devotos» y «Ella tuvo la desvergüenza de procurar su falso entierro en un espacio sagrado para los religiosos del lugar».

 

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El volumen que detalla la historia de Juana de Leeds. Fotografía: Registro arzobispal de la Universidad de York.

Y siguen las notas del arzobispo: «De una manera astuta e infeliz, dándole la espalda a la decencia y al bien de la religión», la monja «pervirtió su camino de forma arrogante» y lo cambió por el de «la lujuria carnal, lejos de la pobreza y la obediencia tras haber roto sus votos y descartando el hábito religioso». «Ahora deambula fuera a pesar del peligro que supone para su alma y del escándalo que existe en toda la orden».

Al parecer, hubo un gran revuelo cuando se descubrió que la monja no había fallecido y que había abandonado el monasterio a cambio de una «vida de indecencia» en Beverley, a 30 millas de su convento. En ese momento, el arzobispo le exigió que regresara, indignado porque una mujer cristiana hubiera actuado de una forma tan «astuta y perversa».

Por último, los investigadores todavía no han logrado averiguar si esta monja descarriada fue devuelta al convento o no. Un dato que, según afirma la profesora Sarah Rees Jones, será casi imposible de averiguar. «Desafortunadamente, y aunque es muy frustrante, no sabemos qué pudo suceder con ella. Hay bastantes casos de monjes y monjas que abandonaron su monasterio y de los que no sabemos nada». Este curioso escándalo de la época ha sido encontrado durante el proyecto de digitalización de los registros guardados por William Melton, arzobispo de York desde 1317 hasta 1340.

Ya que nada podemos saber de lo que sucedió con la monjita en cuestión, cada uno puede terminar la historia como quiera, ya que todos los caminos se encuentran abiertos y todos ellos son casi igualmente posibles. Yo la dejo libre para siempre, pero no porque sea el final que más me guste a mí, sino porque es lo que ella quiso. Suelo desconfiar, también de los hombres encumbrados en las cúpulas religiosas (y tratándose de la edad media, pues ni hablar); así que esa indecencia tal vez no fuera tal. Tal vez la Juanita se enamoró de verdad y huyó por él o por ella. Tal vez tuvo tres, diez o cien amantes ¿Qué importa? En mi final ella se va para no volver y, mientras pasan los créditos en la pantalla de mi imaginación, suena una canción donde la voz de la misma Juana nos dice que sí, que valió la pena, hasta el último bendito segundo.

Un maravilloso mapa interactivo de México en 1550

Imaginen tener la posibilidad de ver con sus propios ojos cómo era la vida cotidiana en la Colonia, cómo lucían las calles, las casas, las montañas del México en el siglo XVI. Hace unos meses se presentó un ambicioso proyecto cuyo objetivo principal fue recrear de forma digital un mapa de la Ciudad de México en 1550 y hacerlo interactivo para que las personas puedan navegar de una manera fascinante y sencilla por el siglo XVI. Basta poner el cursor sobre un plano para que aparezcan centenas de indicadores de color rojo distribuidos por el territorio de lo que alguna vez fue la capital de la Nueva España. Los visitantes tienen la oportunidad de escoger lo qué quieren saber, y con sólo un clic en la región de su interés pueden enterarse de qué es lo que pasaba allí y cuál es su valor histórico. Además de lo anterior, este mapa digital contiene una antología en video de las leyendas del Centro Histórico de la Ciudad de México, que se generó en gran parte gracias a la contribución de un grupo de estudiantes de la Universidad Iberoamericana, quienes se dieron a la tarea de recopilar relatos prehispánicos.

 

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Cabe destacar que este proyecto nació cuando la connotada especialista Lili Díaz vino a México en 1997. En su viaje, la Doctora tuvo la inquietud de digitalizar un mapa que encontró de la Colonia. Sin embargo, como la tecnología para lograr esto todavía no estaba desarrollada, la geóloga buscó asistencia en distintos recintos educativos del mundo y encontró ayuda en la Universidad de Helsinki. Tras varios años de investigación, fundó Map of México 1550 un proyecto que se logró gracias a la intervención de diversas disciplinas científicas. Por otro lado, es importante mencionar que el mapa original que se usó proviene de la primera mitad del siglo XVI y su ejecución se le atribuye a Alonso de Santa Cruz, un cartógrafo que trabajaba para Carlos V. Por su formato, similar a un códice, muchos especialistas sugieren que en este documento intervinieron algunos indígenas, lo que lo hace único en el mundo.

 

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Aunque el mapa original se conserva en Suecia, hay una copia en el Museo de la Ciudad de México para que cualquier persona que así lo desee pueda ver el plano «en vivo».  Algunas de las cosas que pueden encontrarse en este estupendo trabajo: la llegada de la Santa Inquisición a la capital, el origen de los topónimos de distintas poblaciones, el significado de algunos objetos encontrados por los arqueólogos y la fundación de varias iglesias, por sólo mencionar algo de todo este asombroso universo que nos presenta.

El mapa, aquí.

 

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Fantasmas

 

«Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje», dijo alguna vez Henri Cartier-Bresson; y eso es lo que sentí al encontrarme con esta serie de fotografías creadas por Jo Hedwig Teeuwisse, consultora de historia nacida en Holanda.

 

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Esta colección de imágenes nos muestra, en una superposición sutil, cómo sería si los fantasmas de la Segunda Guerra Mundial volvieran a nuestras calles. Las fotografías superponen escenas modernas de Francia con fotografías tomadas en el mismo lugar durante la guerra. Jo Teeuwisse comenzó el proyecto después de encontrar 300 negativos viejos en un mercado de pulgas en su ciudad natal; los cuales mostraban lugares muy familiares para ella, pero en un contexto muy diferente.

Ella investigó el trasfondo de cada uno de los hallazgos más interesantes y creó una hermosa serie de imágenes superponiendo las viejas imágenes sobre las nuevas. Luego de ese primer trabajo, encontró una serie de fotografías de soldados en guerra en Francia y en toda Europa y ha creado nuevos conjuntos de diseños evocadores y emocionales. Teeuwisse cree que hacer que las escenas de guerra sean familiares al vincularlas a un lugar que reconozcamos aumenta su impacto porque, tal como dijo alguna vez: «No es lo mismo saber qué es lo que ocurrió allí, que conocer el lugar exacto sumado a detalles particulares. Eso lo grabará en tu memoria visual».

También creo que la serie es notable desde muchos puntos de vista porque, como señaló ese otro fotógrafo notable que fue Dando Moriyama: «Una sola fotografía puede contener múltiples imágenes»; y eso es lo que conforma el trabajo de Teeuwisse.

 

Galería de fotos de Jo Teeuwisse. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

 

El libro que abrigó a una momia por tres siglos

De los muchos libros curiosos que nos rodean, lo más intrigantes son aquellos que nos llegan desde el pasado remoto. No sólo porque muchas veces ya no podemos entender qué es lo que nos dicen, sino, también y en muchos casos, por el azaroso camino que han tomado hasta nosotros. Como este extraordinario texto etrusco del siglo III a.e.c. que apareció en Egipto, usado para vendar una momia. No solo contiene el texto más largo conocido en lengua etrusca, además está considerado el único libro de la antigüedad existente escrito sobre lino.

 

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Se le conoce como Liber Linteus Zagrabiensis (el libro de lino de Zagreb) y también como Liber Agramensis. Contiene el único texto etrusco no epigráfico existente, que se distribuye en 230 líneas que en total suman alrededor de 13.000 palabras, de las cuales apenas unas 1.200 soy hoy legibles. Ello es debido a su mal estado de conservación, ya que cuando se descubrió a mediados del siglo XIX, las telas de lino en que está inscrito se habían rasgado y utilizado para vendar la momia de una mujer en Egipto.

El documento ha sido datado por radiocarbono hacia el año 250 a.C. y la momia data de la misma época, apenas unos años más tarde, lo que suscita interrogantes acerca de cómo llegó el texto hasta allí. Si es que el libro se creó en Etruria y luego fue llevado al otro lado del Mediterráneo o si fue escrito en Egipto sigue siendo un misterio.

 

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La momia fue comprada en Alejandría en 1848 por Mihajlo Baric, un oficial croata de la cancillería real húngara que pocos meses antes había abandonado su puesto para recorrer el mundo. Mientras estaba en Egipto adquirió como souvenir un sarcófago que contenía la momia de una mujer y que se llevó a su casa de Viena donde estuvo expuesto en una esquina del salón hasta su muerte en 1859. En algún momento entre su regreso a Viena y 1859 retiró las vendas de lino de la momia, y las colocó en una urna de cristal, sin percatarse de la importancia de las inscripciones que contenían.

Tanto el sarcófago como la momia y las vendas fueron heredadas por su hermano Ilija, un sacerdote que vivía en Eslavonia. Su desinterés por tales objetos le llevó a donarlos en 1867 a la institución antecesora del Museo Arqueológico de Zagreb, que es donde hoy se conservan y exponen. Ese mismo año de 1867 visitó la institución el egiptólogo alemán Heinrich Karl Brugsch, quien más tarde se convertiría en el director de la Escuela de Egiptología de El Cairo y su trabajo sería clave en el desciframiento de la escritura demótica.

 

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La momia expuesta en el Museo Arqueológico de Zagreb 

 

Brugsch vio los textos inscritos en el lino, pero pensó que se trataba de jeroglíficos egipcios y no le dio tiempo a estudiarlos más detenidamente. Diez años más tarde mientras conversaba con el famoso explorador Richard Burton acerca de runas de repente recordó lo que había visto en Zagreb y se dio cuenta de que no eran jeroglíficos; por el contrario pensó que aquello debía ser escritura árabe, y el texto una transliteración del Libro de los Muertos egipcio. Una vez más se equivocaba.

En 1891 las vendas fueron trasladadas de vuelta a Viena para que las pudiera estudiar Jacob Krall, el mayor experto en lengua copta de la época. Fue él quien identificó los textos como etruscos y realizó una reconstrucción ordenando y uniendo las telas de lino. Por la mención de algunos dioses locales en el texto del manuscrito se ha conseguido determinar el origen (o bien del texto o de su creador) a una pequeña área al sureste de la Toscana, entre las ciudades de Arezzo, Perugia, Chiusi y Cortona.

 

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El texto consta de 12 columnas, cada una representando una página, las tres primeras seriamente dañadas e ilegibles, por lo que se desconoce cómo y dónde comienza el texto. Está inscrito con tinta negra para el texto principal, y roja para las líneas y signos diacríticos, y originalmente debió plegarse a modo de códex, en lugar de estar enrollado.

 

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De cómo una botella de licor nos lleva de la mano hasta una mujer desnuda

 

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Lady Godiva, por John Collier

Termina la cena y el anfitrión trae, entre otras botellas varias, una de un licor de chocolate Godiva. Alguien pregunta si el licor toma su nombre de leyenda de Lady Godiva y otro asegura que así es. Lo que nadie puede asegurar es si esa historia es verdadera o si es, como se dijo antes, sólo una leyenda. En esa sobremesa nadie cometió la torpeza de buscar en su smartphone la respuesta a esta pregunta; pero ya solo en casa no pude con mi genio y me dispuse a constatar la verdad detrás de ese asunto (estoy seguro de que al menos uno —tal vez dos— de las personas que estaban allí hicieron lo mismo).

La leyenda dice que esta dama anglosajona se solidarizó con los sufrimientos y apuros de sus vasallos, a los que su marido esquilmaba con tributos abusivos y que cabalgó desnuda atravesando la ciudad como forma de protesta. El primero en dejar constancia de esta historia fue el cronista del siglo XIII Roger de Wendover; quien dejó escrita la legendaria historia de Godiva, la esposa del duque Leofric que lució su desnudez por las calles de Coventry para lograr así que su marido bajara los impuestos locales.

En realidad, aquella noble británica sí existió en el siglo XI, tal y como queda constatado en las crónicas de Florence de Worcester. En ellas habla de Godiva, una bella joven que estaba casada con Leofric, uno de los nobles más importantes del siglo XI. Sin embargo, no hay ninguna referencia al célebre paseo a caballo, algo que parece haber surgido o de la imaginación del pueblo o del propio puño de Wendover.

Algunos historiadores creen que en realidad lo hizo vestida tan sólo con un camisón, la ropa interior de la época, pero que para la moral de aquellos días ya se consideraba como si fuese desnuda. La leyenda, que según los historiadores puede estar basada en una historia real —al menos parcialmente—, finaliza aclarando que Leofric, conmovido por el gesto de su esposa, cumplió su promesa y rebajó los impuestos (que tomen nota las primeras damas de países varios).

Para finalizar, vuelvo al licor de aquella sobremesa: Es cierto que  una de las marcas de bombones de lujo más populares se llama Godiva Chocolatier en homenaje a esta figura histórica. Con los años, sus cajas doradas de bombones con el dibujo de la condesa desnuda se han convertido en un souvenir típico de Bélgica.

Una galería de obras varias sobre esta figura histórica y mítica al mismo tiempo. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas: