Aforismos y tiempo

Revista Humboldt

Hace poco tiempo, en una entrada titulada Libros de diez pesos les conté acerca de un mercado callejero que todos los domingos ofrece sus variados productos aquí en Morelia. Allí narré sobre cómo me voy armando con ciertas publicaciones que, además de ser muy económicas en general son difíciles o imposibles de encontrar en otros sitios. Este domingo conseguí un par de libros más y un par de revistas (éstas a cinco pesos mexicanos; es decir: 0,020 euros; y no me equivoqué en la conversión, créanme). Entre ellas una que me gustó porque al hojearla rápidamente vi que incluía varias obras de arte y un artículo sobre Beethoven que incluía copias de su famosa carta a la «inmortal amada». Al llegar a casa la abro al azar, simplemente por ese placer que nos produce pasar las hojas sintiendo cómo el borde se desliza por el pulgar y me detengo en unos aforismos de un tal Heinrich Wiesner, de quien desconozco todo. Tres de sus aforismos luego harán que me ponga a pensar seriamente en cómo leemos y en cómo somos nosotros los que modificamos al texto que tenemos frente a nosotros. Esos tres aforismos son los siguientes:

Negros en Europa: África manda misioneros.

Cambio de símbolo: La muerte ha dejado a un lado la guadaña. Está sentada al volante.

El nuevo Colón navega por profundidades de tiempos de luz.

Sin referencia alguna, ya que la lectura me había sumergido en el abismo de las palabras, no pude menos que tomar nota del acierto de Wiesner. El primero de los aforismos, sin duda alguna, hacía referencia a las oleadas de inmigrantes que cruzan o intentan cruzar el Mediterráneo. El segundo hace clara alusión a la nueva moda de asesinar inocentes por medio de autos que corren a toda velocidad por sectores peatonales. El último, no tengo la menor duda de ello, no es más que una metáfora de internet ¿Qué otra cosa puede ser ese «navegar por profundidades de tiempos de luz»?

 

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Luego de revisar algunas páginas más y de certificar que hice una compra notable (ah, el azar…) leo los datos editoriales y así ver si puedo encontrar más revistas como ésta. La revista se llama Humboldt, curiosamente se imprime en Alemania y el número que tengo en la mano es de 1970…

Al notar esto vuelvo a los aforismos y los leo otra vez, lentamente, uno a uno y con la conciencia de que Weisner dijo otra cosa de lo que yo leí pero que ahora, luego de casi cincuenta años, hablan de una manera diferente. No puedo menos que sonreír ante el hecho de que nunca voy a saber lo que significaba para ese hombre la expresión «navegar por profundidades de tiempos de luz» (tampoco me importa saberlo, me basta con lo que significa hoy); también me hace sonreír, aunque un poco menos, la referencia a la muerte sentada tras el volante; tal vez Weisner sólo estaba criticando a un creciente parque automotor y nada más. Pero lo que no me hace reír en lo más mínimo es el primer aforismo. Sea como fuere, haya pasado el tiempo que haya pasado, lo cierto es que esos «Negros en Europa» siguen pareciéndome tan actuales como nunca. Y es en ese punto donde se termina la literatura.

 

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Una idea para pasar el rato

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El filósofo Bernhard Welte habla de recuperar el concepto de rato.  Pregunta: ¿Cuánto dura un rato? No lo sabemos, claro, un rato es una porción indefinida de tiempo, así que, ¿cuál es el valor de hablar de él? La idea de Welte, sin embargo, no deja de ser atractiva: el rato es ese tiempo que nos hace sustraernos a la medición del tiempo. Un rato es ese tiempo que pasamos sin mirar jamás el reloj. Un rato es el tiempo que pasamos haciendo lo que queremos; el tiempo que jugamos con nuestras mascotas, el tiempo que pasamos con los seres queridos, el tiempo que paseamos, el rato, en suma, que pasamos en la cama abrazados a quienes más queremos. Recuperar el sentido del rato me parece una idea de una simpleza y de una profundidad maravillosa. Pasar el tiempo sin cuantificarlo, sin medirlo, sin considerarlo como una “pérdida”, sino todo lo contrario. Pasar un rato haciendo, simplemente, lo que nos venga en gana. Cocinar, pasear, amar, jugar, leer, meditar, mirar el techo, lo que sea. Un rato con nosotros mismos y por nosotros mismos. Sólo eso: un rato.

Nietzsche y el eterno retorno

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«Suponiendo que un día, o una noche, un demonio te siguiera a tu soledad última, y te dijera: esta vida, tal como la has vivido y estás viviendo, la tendrás que vivir otra vez, otras infinitas veces; y no habrá en ella nada nuevo, sino que cada dolor y cada placer y cada pensamiento y suspiro y todo lo indeciblemente pequeño y grande de tu vida te llegará de nuevo, y todo en el mismo orden de sucesión, también esta araña y este claro de luna entre los árboles, y este instante, y yo mismo. El eterno reloj de arena de la existencia es dado la vuelta una y otra vez, ¡y tú con él, polvillo de polvo! Suponiendo que así te hablara un demonio, ¿te arrojarías al suelo rechinado los dientes y maldiciendo al demonio que así te habló? O has experimentado alguna vez un instante tremendo en el que contestarías: “¡eres un dios y jamás he oído decir nada tan divino!”. Si esa noción llega a dominarte, te transformará y tal vez te aplastará. ¡La pregunta ante todas las cosas -¿quieres esto otra vez, infinitas veces?- pesaría como el peso más pesado sobre todos tus actos! O si no, ¿qué categóricamente tendrías que llegar a decir sí a ti mismo y a la vida para no aceptar nada más anhelosamente que esta ratificación última, eterna?».

(Friedrich Nietzsche La Gaya Ciencia; aforismo 341; p.225)

Éste es uno de los aforismos más conocidos y comentados de Nietzsche. Muchos lo toman de manera literal; basados en la errónea idea propuesta por el mismo filósofo: si la materia o la energía es limitada, y el tiempo es infinito, de esto se deduce que a los largo del tiempo la materia cobrará la misma forma que antes, al menos en algún momento de la eternidad. Y no sólo una, sino infinitas veces. El problema, aquí, es que nadie dijo que el tiempo fuera infinito; así que la cosa debe ir por otro lado. ¿Y cuál sería ese otro camino al que apunta Nietzsche con su idea del eterno retorno? Pues está bastante más claro hacia el final de la cita y podría resumirse así: Si tuvieses que vivir infinitas veces tu vida ¿Estarías satisfecho o feliz de hacerlo? Si la respuesta es “no” entonces aparece la pregunta más importante: ¿Y qué estás haciendo, entonces, para que tu vida sea digna de ser vivida infinitas veces? Aquí ya estamos hablando de otro de los temas centrales de la filosofía nietzscheana: la voluntad de poder (la voluntad de poder bien entendida, claro; no la lectura que hace el fascismo de ella). En síntesis: Vive como si fueras a repetir cada acto de tu vida infinitas veces. ¿Por qué dañar a alguien? ¿Es esto lo que quiero? ¿Debo decir Sí cuando quiero decir No o viceversa? Preguntas de este tenor son las que deberíamos hacernos cada vez que nos enfrentamos a una decisión de importancia; y responderlas bajo la perspectiva de eterno retorno nos ayudará a tomar la mejor de ellas, aún cuando no sea del agrado de la mayoría de las personas que nos rodean.

Tiempo al tiempo.

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Tiempo, tiempo, tiempo. Parece ser que ni aún cuando uno toma los recaudos necesarios para poder despegarse de su influjo, el maldito tiempo se las arregla para desaparecer, esconderse o empequeñecerse. Extraña paradoja: necesito tiempo para conseguir tiempo. Espero que a lo largo del día de hoy mis axones se laven bien los dientes y se vistan bonito; lo suficiente, al menos, como para que me regalen un buen fin de semana. ¡Abur!

El gran tirano

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¿Qué cuestiones menores repercuten de forma importante en nuestra vida? Somos pocos los que hemos de preocuparnos por la comida y el agua y, sin embargo, estamos tan obsesionados por las cuestiones materiales como nuestros ancestros. Conceptos más elevados como la eficacia, la calidad y la felicidad nos parecen demasiado vagos y filosóficos para pensar en ellos. Pensamos en el tiempo para no desperdiciarlo, no para invertir en él.

Garry Kasparov – Cómo la vida imita al ajedrez

Los extraño. Así de simple. Pero necesito que algún émulo de Einstein me ayude y me diga cómo puedo hacer para que durante la semana que viene los días duren 36 ó 48 horas. Si alguien tiene la fórmula, por favor, que me la envíe. Mi agradecimiento anticipado.

Ocupar el presente

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A raíz de algunos comentarios sobre el post La conquista de la felicidad (en el cual transcribí un texto de Bertrand Russell) por éste y otros medios, me he dado cuenta de que son varias las personas que han cambiado o están en medio del cambio o están planeando cambiar siguiendo este rumbo: el de encontrar la felicidad en otro ámbito que no sea el que nos han venido metiendo en la cabeza desde el primer llanto; es decir, el de las compras compulsivas, el del deber por sobre el placer, el de la constante búsqueda de novedades y, sobre todo, el de las posesiones (ya sean objetos, dinero, mascotas o personas). Muchos nos hemos dado cuenta de que aquella expresión que jugaba en el límite de la contradicción o de la paradoja y que comenzó a usarse en la decoración, en la gastronomía y en el arte y que decía menos es más podía ser muy útil para ser aplicada en nuestra vida diaria. Hace un tiempo escribí un post titulado Despojarse de todo y, al menos hasta hoy, continúo en la misma brecha, en el mismo camino y no es sólo un capricho sino que cada vez estoy más convencido de sus beneficios. Me falta tan solo un paso pequeño y creo que voy a lograr llegar a la mínima expresión. Como todos los que por aquí pasan saben, mi pasión son los libros, así que en cuanto pueda comprar mi e-reader, todo lo que necesito cabrá, al fin, en una mochila. Ésa idea es la que más me ilusiona e impulsa: saber que todo mi hogar pueda caber en una mochila y que nada me atará ni aquí ni allá ni en lado alguno me parece la síntesis perfecta.

Alguno podrá decir, como lo dijeron aquella vez, que hay mucho de postura en esto; pero puedo asegurarles, honestamente, que nada está más alejado de la verdad. Llevar adelante esta idea implica, en muy poco tiempo, entrar en un círculo virtuoso, en un círculo de ganancia inmediata. Por ejemplo: hay muchas menos preocupaciones y mucho más tiempo libre y, en consecuencia, más tiempo para uno mismo; para el ocio creativo o para el ocio contemplativo; es decir, simplemente, para ocupar el presente.

El necesario arte de la sustracción

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La tendencia de nuestras vidas, de nuestros negocios, del arte; es seguir sumando: más muebles, ropa, gadgets, tareas, citas, características a nuestros sitios web, aplicaciones , palabras a nuestra escritura.

Esa tendencia continua no es sostenible ni deseable :

Demasiadas cosas que hacer significa que siempre estamos ocupados, sin tiempo para el descanso, la quietud, la contemplación, la creatividad, el tiempo con los seres queridos. Una abrumadora cantidad de clientes o de opciones significa que somos menos propensos a hacer una elección real. Demasiadas posesiones suman desorden y estrés visual, a lo que hay que sumar la limpieza , el mantenimiento, las deudas. En suma: menos felicidad .
Demasiadas tareas hacen que sea más difícil centrarse en una sola cosa o en no hacer nada. Demasiadas cosas que queremos aprender significa que nunca aprendemos nada bien.
La resta, por el contrario, es hermosa: crea espacio, tiempo, claridad. La resta es necesaria; de lo contrario, estaremos  siempre sobrecargados de trabajo .

Restar puede ser doloroso : significa dejar ir a un niño. A ese niño interior que quiere acaparar todo para sí mismo.

La resta es un arte que mejora con la práctica. La resta se puede practicar en todo horario, se pueden hacer listas de tareas, listas de compromisos, de posesiones; listas de lecturas, de escritura, de productos, de distracciones .

¿Qué puedes restar en este momento?