Tres – Seis – Cinco

 

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No, esto no es un recuento típico del año que pasó, o sí, la verdad es que sí lo es pero mis motivos no son los del típico balance de fin de año pero… vaya, también es eso. Bueno, como sea, el asunto es que a principios de año me propuse escribir una entrada diaria a lo largo de todo el 2017; y hoy, ahora, puedo decir que lo hice. Esto no es nada más que un pequeño gran logro personal. Pequeño porque tampoco es que haya escalado el Everest; pero grande porque para alguien como yo, lograr la disciplina como para poder llevar a cabo un proyecto así requiere mucho más esfuerzo que el que puede tomarle a muchas otras personas. Así que este breve resumen/balance/o lo que sea, sólo tiene sentido para mí (me disculpo por ello); al menos en este aspecto.

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De todos modos, algo o mucho de lo que se encuentra aquí a lo largo de las entradas de este año tiene que ver o es hijo directo de muchos de ustedes, ya que el constantes ida-y-vuelta que se generó a raíz de muchas de las entradas fueron los generadores de entradas posteriores. En algunos casos también me llegaron textos, enlaces, artículos o ideas por correo electrónico, lo que quiere decir que realmente gran parte del material que aquí está es compartido.

 

Debo decir que la experiencia bien valió la pena; pero al mismo tiempo reconozco que requirió no pocos esfuerzos y mucho, mucho tiempo. Para poder cumplir con mi propósito muchas veces tuve que dejar entradas programadas de antemano (por ejemplo, si iba a ausentarme por algunos días) y también a veces tuve que dejar otros proyectos a un lado.

Pero a la larga el balance fue positivo. Por un lado he notado de forma palpable cómo ha cambiado mi forma de pensar a medida que me obligaba a escribir las diferentes entradas. Esto ha sido, para mí, lo más notable de todo porque es algo que puedo cuantificarlo. Al principio encontrar material para las entradas se me hacía difícil o no podía encontrar el ángulo correcto para escribirlas; ahora, tal como le dijo Bach a uno de sus alumnos, me cuesta no pisar las ideas cuando me levanto por la mañana. Leer un artículo, un libro, ver una pintura, escuchar in diálogo callejero, navegar por la red, caminar por la ciudad, ver un paisaje, escribir un poema o leer uno al azar en la red se ha convertido en una fuente constante de cosas que quiero compartir o que me parecen dignas de ser traídas aquí, para discutirlas entre todos. En ese sentido la ganancia ha sido enorme y estoy agradecido por ello a este proyecto, si es que así puede llamarse.

 

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Así que gracias a todos por ayudarme a llegar hasta aquí, por su apoyo, sus comentarios y, sobre todo, por sus críticas.

Dos notas finales: me encantaría poder seguir a este ritmo en este año que comienza; pero la verdad es que necesito tiempo para escribir otros textos que han surgido a lo largo de estos meses y que quiero hacerlo como corresponde a esas ideas, es decir, en formato libro. El blog es estupendo, pero no alimenta, y no sólo de palabras vive el hombre.

Por último, quiero darle las gracias a una persona en particular: Lourdes, quien fue la primera persona en leer cada una de las entradas, lo quisiera o no (pero la verdad es que siempre quiso), quien también me señaló algunas cosas para compartir aquí  y quien soportó estoicamente mis largas peroratas cuando me entusiasmaba demasiado con alguna idea.

Y, por supuesto, nos vemos mañana… o tal vez pasado mañana.

¡Feliz año nuevo!

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Con una pequeña ayuda de los amigos

 Ayer tuve el gusto, el honor, el placer —ustedes saben, todas esas cosas que sentimos cuando nos señalan con el dedo por un buen motivo—, de saber que este modestísimo blog  fue nominado a los Premios Blogosfera 2017.

 

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Como si no fuese suficiente con la nominación, me encuentro con el hecho de que además lo está en dos diferentes categorías: Mejor Blog de Arte/Cultura y Mejor Blog de Opinión/Crítica. Sí, sé que suena a mucho, pero qué puedo decir… a veces uno debe comenzar a decir «Gracias»  en lugar del sostenido «No lo merezco». En síntesis; no sé si lo merezco o no; sólo sé que esta vez acepto el cálido abrazo que me da de esta manera el jurado de Premios Blogosfera 2017.

 

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Por último, y no menos importante: si bien la nominación se realizó mediante la votación de un jurado; la elección final queda en mano de los lectores; así que quien quiera acercarse por la página oficial de los Premios Blogosfera 2017 y votar por este sitio, recibirá mi agradecimiento eterno. Para ello tienen que ir al enlace anterior y votar aquí:

 

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Mañana continuaremos con el habitual caos temático propio de este sitio. Gracias a todos.

Verla allí

 

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De mi modesto pero no por eso menos querido En los bordes del silencio, les dejo un poema que me fue traído del recuerdo por una de esas estupendas miniaturas que suele compartirnos Rubén en su blog Sendero.

 

Free Moon

Vamos a iniciar un movimiento, usted y yo,
vamos a juntar firmas, a enviar petitorios,
vamos a organizar una marcha,
a enviar cartas y notas a quien corresponda.
Vamos a pedir que suspendan
para siempre jamás
los viajes a la Luna.

Y es que ciertos hombres son tan predecibles
que podemos decir hoy lo que ellos
harán mañana, o pasado mañana.
Y con la excusa de la exploración científica
van a mandar allá a un montón de disfrazados
van a construir un iglú de cartón piedra
van a sacar muchas fotos y poner banderas
van a juntar toneladas de cascotes
y después
con la excusa de lo caro que está todo
(por ejemplo la nafta para el cohete
o la comida deshidratada)
van a poner un cartel de cientos de kilómetros de largo
por decenas de kilómetros de alto
y hasta es posible que encuentren el modo
de iluminarlo de manera económica.

Y la verdad es que no nos gustaría
que al alzar la vista una estúpida
con una estúpida sonrisa, o un simpático osito
o un Santa Claus de barba falsa
nos quieran vender una coca cola,
o chiclets, o el nuevo modelo de celular
(¡llamadas a la Luna con descuento!)
O una 4 x 4
Ideal para sortear cráteres.

Preferiríamos, en lo posible,
(estoy seguro de que usted está de acuerdo
con lo que digo, por eso me atrevo
a que el plural lo incluya),
poder mirar hacia el cielo y verla allí
como hasta ahora, casi virgen,
con esa cara marcada de acné adolescente
que tanto conocemos
y que tan bien le queda.

 

©Diablura Ediciones

No te cambio diez ayeres…

 

Max Ernst - My Friend Pierrot

Max Ernst – My Friend Pierrot

 

 

Disfraz

.
Me disfrazo con mi nombre
y salgo a la calle
listo para encallar mi nave
en la luz de lo posible.

.
Mi sombra, lista, se apresta a brillar y se adelanta
cómplice, en esta ciudad opaca                                                                                                        donde
no te cambio diez ayeres
por un hoy
o un medio mañana.

La piel de las cosas (Invitación)

 

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No sé de dónde saqué ese verso; no puedo recordar si es mío o de otro, pero lo recuerdo así: “La luz es la piel de las cosas” y, sea mío o de otro, como me gustó, me lo quedo. Al menos me lo quedo como nombre de un nuevo sitio al que quiero invitarlos: La piel de las cosas. En esa página iré subiendo algunas de las fotografías que he tomado a lo largo de mis viajes, de las que voy tomando a diario o de las que iré tomando en el futuro.

En un principio subí sólo un par de fotografías para “ver cómo quedaba”; pero luego una amiga de este sitio me aconsejó que le sumara algún pequeño texto y eso hice con un resultado que tal vez sea dispar, pero que me agrada mucho llevar a cabo. Vaya, entonces, mi agradecimiento a María Jesús Beristain los consejos, el apoyo y por haber brindado su tiempo para ayudarme en este nuevo proyecto.

Entonces, quedan invitados a este pequeño muestrario de un placer personal que se llama La piel de las cosas

Collage de mí mismo

Algunos de los que por aquí pasan saben de mi costumbre de hacer collages; esa forma de arte o juego que consiste en recortar fotos o imágenes y de hacer con ellas alguna otra  imagen o, directamente, alguna otra cosa. Hoy les comparto, entonces, dos collages, de los cuales el primero es muy sencillo y sólo está aquí para ilustrar al segundo.

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Collage de mí mismo

 

A veces pego un pedacito
de mí
sobre una foto tuya
no sólo los labios
(bien sabes que siempre
estuve lejos de Bécquer).
A veces es una mano
la punta de mi nariz
a veces sólo recorto
un pedacito de camisa
o de pantalón
y los pego en un paisaje campestre
y sólo lo hago
porque luce bien.

Me gusta verme allí
como centavos
sobre la mesa de luz
vistos desde lejos
es decir como fragmentos
de formas indefinidas.
Como el que soy ahora
jueves veintiséis
de octubre
un pedacito de mí
apartado
del yo mayor, abarcador,
un pedacito
sin forma definida
pero que de algún modo
forma parte de todo
de todo
de todo
lo que me rodea.

 

El país de las sombras largas

La pintura metafísica es el nombre de un movimiento artístico italiano, creado por Giorgio de Chirico y Carlo Carrà. Sus pinturas como sueños de plazas típicas de ciudades italianas idealizadas, como también las aparentemente casuales yuxtaposiciones de objetos, representaron un mundo visionario que se entrelazaba casi inmediatamente con la mente inconsciente, más allá de la realidad física, de ahí el nombre de tal corriente artística. Me he sentido atraído por la obra de Giorgio de Chirico desde mucho antes de haber entendido algo de ella y eso la convirtió, al menos en mi caso, en uno de los ejemplos más claros de que no siempre tenemos que entender a la obra para que nos guste (después supe o comprendí que sí es muy bueno saber sobre ellas; pero ese es tema para otro momento).

Ahora encuentro en otro de mis preferidos, Edward Hopper —aunque éste lo es por razones totalmente opuestas al primero—, una obra que me permite enlazarlos para… diferenciarlos.

 

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Edward Hopper, The Lighthouse at Two Lights, 1929 – Giorgio de Chirico – La nostalgia del infinito, 1913

Creo que las dos obras son, en esencia, la misma; pero mientras la pintura de Hopper me habla del aquí y ahora; de la soledad y de la calma, la de de Chirico no me habla, sino que me hace hablar. No hay calma en ella a pesar de lo despojado de la escena; no hay «aquí y ahora» sino que lo que existe es un tiempo intemporal, si se me permite el oxímoron; no hay «calma» sino un profundo movimiento espiritual o psicológico. Y eso es lo que me atrae, sin duda alguna; que esas pinturas dialoguen conmigo cada vez que las veo es, supongo, lo que las hace maravillosas para mí y también es posible que ésa sea esa la razón por la cual siguen siéndome indispensables sin importar el tiempo que pase.

Digo «tal vez» porque uno nunca está demasiado seguro de estas cosas. Nuestra psique (nuestra metafísica diría de Chirico) a veces tiene sus propias razones y motivos para preferir una cosa por sobre otra. Sin ir más lejos, en otra de las obras de Hopper encuentro una sombra como las que son habituales en las obras de de Chirico y veo que esa sombra es lo que hace que el cuadro cobre un nuevo sentido. ¿Qué estará diciéndome mi inconsciente? No lo sé ni pienso averiguarlo; sólo basta con que siga disfrutando de obras así.

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Edward Hopper – Seven a.m. (pueden ver la sombra de la que hablo en el texto, abajo, a la izquierda).