No te cambio diez ayeres…

 

Max Ernst - My Friend Pierrot

Max Ernst – My Friend Pierrot

 

 

Disfraz

.
Me disfrazo con mi nombre
y salgo a la calle
listo para encallar mi nave
en la luz de lo posible.

.
Mi sombra, lista, se apresta a brillar y se adelanta
cómplice, en esta ciudad opaca                                                                                                        donde
no te cambio diez ayeres
por un hoy
o un medio mañana.

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La piel de las cosas (Invitación)

 

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No sé de dónde saqué ese verso; no puedo recordar si es mío o de otro, pero lo recuerdo así: “La luz es la piel de las cosas” y, sea mío o de otro, como me gustó, me lo quedo. Al menos me lo quedo como nombre de un nuevo sitio al que quiero invitarlos: La piel de las cosas. En esa página iré subiendo algunas de las fotografías que he tomado a lo largo de mis viajes, de las que voy tomando a diario o de las que iré tomando en el futuro.

En un principio subí sólo un par de fotografías para “ver cómo quedaba”; pero luego una amiga de este sitio me aconsejó que le sumara algún pequeño texto y eso hice con un resultado que tal vez sea dispar, pero que me agrada mucho llevar a cabo. Vaya, entonces, mi agradecimiento a María Jesús Beristain los consejos, el apoyo y por haber brindado su tiempo para ayudarme en este nuevo proyecto.

Entonces, quedan invitados a este pequeño muestrario de un placer personal que se llama La piel de las cosas

Collage de mí mismo

Algunos de los que por aquí pasan saben de mi costumbre de hacer collages; esa forma de arte o juego que consiste en recortar fotos o imágenes y de hacer con ellas alguna otra  imagen o, directamente, alguna otra cosa. Hoy les comparto, entonces, dos collages, de los cuales el primero es muy sencillo y sólo está aquí para ilustrar al segundo.

Scan 1094

 

Collage de mí mismo

 

A veces pego un pedacito
de mí
sobre una foto tuya
no sólo los labios
(bien sabes que siempre
estuve lejos de Bécquer).
A veces es una mano
la punta de mi nariz
a veces sólo recorto
un pedacito de camisa
o de pantalón
y los pego en un paisaje campestre
y sólo lo hago
porque luce bien.

Me gusta verme allí
como centavos
sobre la mesa de luz
vistos desde lejos
es decir como fragmentos
de formas indefinidas.
Como el que soy ahora
jueves veintiséis
de octubre
un pedacito de mí
apartado
del yo mayor, abarcador,
un pedacito
sin forma definida
pero que de algún modo
forma parte de todo
de todo
de todo
lo que me rodea.

 

El país de las sombras largas

La pintura metafísica es el nombre de un movimiento artístico italiano, creado por Giorgio de Chirico y Carlo Carrà. Sus pinturas como sueños de plazas típicas de ciudades italianas idealizadas, como también las aparentemente casuales yuxtaposiciones de objetos, representaron un mundo visionario que se entrelazaba casi inmediatamente con la mente inconsciente, más allá de la realidad física, de ahí el nombre de tal corriente artística. Me he sentido atraído por la obra de Giorgio de Chirico desde mucho antes de haber entendido algo de ella y eso la convirtió, al menos en mi caso, en uno de los ejemplos más claros de que no siempre tenemos que entender a la obra para que nos guste (después supe o comprendí que sí es muy bueno saber sobre ellas; pero ese es tema para otro momento).

Ahora encuentro en otro de mis preferidos, Edward Hopper —aunque éste lo es por razones totalmente opuestas al primero—, una obra que me permite enlazarlos para… diferenciarlos.

 

The Lighthouse at Two Lights, 1929-horz

Edward Hopper, The Lighthouse at Two Lights, 1929 – Giorgio de Chirico – La nostalgia del infinito, 1913

Creo que las dos obras son, en esencia, la misma; pero mientras la pintura de Hopper me habla del aquí y ahora; de la soledad y de la calma, la de de Chirico no me habla, sino que me hace hablar. No hay calma en ella a pesar de lo despojado de la escena; no hay «aquí y ahora» sino que lo que existe es un tiempo intemporal, si se me permite el oxímoron; no hay «calma» sino un profundo movimiento espiritual o psicológico. Y eso es lo que me atrae, sin duda alguna; que esas pinturas dialoguen conmigo cada vez que las veo es, supongo, lo que las hace maravillosas para mí y también es posible que ésa sea esa la razón por la cual siguen siéndome indispensables sin importar el tiempo que pase.

Digo «tal vez» porque uno nunca está demasiado seguro de estas cosas. Nuestra psique (nuestra metafísica diría de Chirico) a veces tiene sus propias razones y motivos para preferir una cosa por sobre otra. Sin ir más lejos, en otra de las obras de Hopper encuentro una sombra como las que son habituales en las obras de de Chirico y veo que esa sombra es lo que hace que el cuadro cobre un nuevo sentido. ¿Qué estará diciéndome mi inconsciente? No lo sé ni pienso averiguarlo; sólo basta con que siga disfrutando de obras así.

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Edward Hopper – Seven a.m. (pueden ver la sombra de la que hablo en el texto, abajo, a la izquierda).

La conciencia conservadora

 

Execution by Guillotine in Paris during the French Revolution, 1790s (1793-1807).

Pierre Antoine De Machy

 

Me encontraba en la playa, disfrutando del agua y pensando en lo que había escuchado el día anterior, aquellas palabras de Derrida que decían «No hay nada fuera del texto» cuando, al intentar profundizar un poco en esa idea, escuché con claridad a la famosa «voz de la conciencia» (y siempre se la nota con claridad cuando dice cosas como esta, lo cual no siempre sucede en otras ocasiones en las que sería muy necesario su consejo o punto de vista) diciendo: «No tienes la capacidad para ello». Me detuve de inmediato. Me di cuenta de que la voz de mi conciencia, al menos en ese momento, tenía la voz de mi madre. «Por supuesto que tengo la capacidad suficiente» me dije; entonces ¿De dónde provenía esa idea castradora y totalmente negativa? Bueno, evidentemente la voz era real en la medida en que ese tipo de frases, con las modificaciones del caso, eran las que solía escuchar en boca de mi madre. Seguí adelante: el paso siguiente fue establecer qué es la conciencia, y la respuesta clásica vino a mi mente de manera inmediata: la conciencia es la voz de la reserva moral. Bien, pero ¿Qué es la moral? ¿El conjunto de reglas que determina la conducta adecuada y socialmente aceptable? En parte, sí; pero también sería la continuación de la voz moral de nuestros padres; es decir, del conservadurismo, de la tradición, de los límites, del control. Y como ya lo estableció Nietzsche en La genealogía de la moral, en este caso esa conducta sería la voz moral del poder; el cual, como bien sabemos, tiende, naturalmente, a ser conservador.

Como la moral no es algo fijo e inamovible, sino que se modifica con el paso del tiempo, establecer reglas morales rígidas es el peor error que se comete en relación a la educación de nuestros hijos. Lo que debe enseñárseles es la importancia del comportamiento moral y la búsqueda de sus propias reglas; no la obligada perpetuación de reglas que para ellos bien pueden estar perimidas.

Aquietar la conciencia negativa es, entonces, un trabajo circular. Decapitar a nuestros padres es aquietar la conciencia negativa y aquietar la conciencia negativa es decapitar a nuestros padres. Hacerlo de manera definitiva es nuestra tarea; hacerlo y enseñárselo a los que vienen detrás. Antes que nada, la coherencia.

Los sonidos del silencio

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Foto: Borgeano

Estoy en la cima de la Pirámide del Sol, en Teotihuacán; sitio mágico al que soñé visitar desde años atrás. A un par de kilómetros se lleva a cabo un festival de música tecno. Estar en la cima de esa pirámide escuchando el tum-tum-tum, constante de la música rompe con todo el encanto del lugar. En un cenote, un grupo de personas disfruta de la maravilla del sitio cuando llegan tres muchachos con una bocina y música a todo volumen. Discuto con ellos hasta que logro hacerles apagar el aparato. En la cumbre de los Andes un grupo de gente espera ver volar a un cóndor, amo y señor del lugar; todos esperan con ansiedad y cuando el ave comienza a volar muchos exclaman un “wuuuuu…” propio de un recital de rock. En las ruinas de Tulum, en la Riviera Maya, nos cruzamos con un grupo de muchachos de los cuales uno lleva, en su mochila, una bocina con música electrónica. Como vamos en sentido contrario lo único que hacemos es bajar más rápido e irnos de allí cuanto antes. Debo irme de una playa maravillosa en Panamá porque desde los puestos de comida la playa toda se ve inundada con música de Luis Miguel. Estoy en la cúspide de una pirámide en las ruinas de Tikal; unos escalones más abajo un grupo de veinteañeros charla a toda voz sobre sus fotos de Facebook. En el Paseo de las Rosas, en Morelia; no se puede tomar un café sin que de manera constante alguien se pare a nuestro lado a tocar la guitarra, a cantar o a soplar unas hojas a modo de armónica. A veces mientras un músico está tocando ya hay otro esperando su turno apoyado en un árbol. En Perú cada local coloca bocinas hacia la calle y los dependientes vocean sus productos a toda voz y a toda velocidad; mientras tanto, los taxis pasan lentos a nuestro lado y todos tocan claxon para ver si queremos subir. En un parque nacional colombiano situado en la cima de una alta montaña aún pueden oírse las sierras de quienes talan árboles en la distancia.
Parece imposible encontrar un sitio silencioso donde haya más de una persona; el simple hecho de que dos personas estén juntas implica, sin saber bien cómo ni por qué, que debe haber música o diálogo. No pocas veces esos lugares podrían ser un sitio de paz y tranquilidad para el viajero, pero son las propias personas quienes se encargan de romper esas dos virtudes humanas. Nada puede hacerse si cerca de donde nos encontramos se encuentra, digamos, una fábrica; pero muchas veces nos encontramos en sitios donde sólo hay gente y si esta se mantuviera unos minutos en silencio, el entorno todo se vería modificado para mejor.
Viajar implica, también, el respeto al otro; y recordar que nosotros somos el otro del otro sería una de las bases con las que comenzar cualquier viaje.

El mapa y el territorio

El mapa y el territorio

El mapa y el territorio

Si yo soy el territorio
este poema es
un mapa
o un fragmento de mapa
este poema podría ser el mapa de hoy
sábado 3 de marzo del 2017
por la tarde
en la Ciudad de México

Podríamos ver que indica
los itinerantes derroteros de mis pensamientos
que tengo las manos vacías
y sin motivo alguno
señala el recuerdo de aquella perrita
que me esperaba en la parte superior de la escalera.

¿Cuántas veces he hecho
lo que no quería hacer?
fíjate: aquí lo indica.
tardes como gorriones con las alas rotas
días de robar monedas de los bolsillos adultos
para poder ir al cine
o para comprar cigarrillos
tardes de ver al pescador cómo tira de la línea
al chofer del autobús que no cierra la puerta
a pesar del frío
la sombra de la cruz en cada esquina
el patio de la escuela que aún no dice nada.

Este mapa o poema o fragmento
es un pedacito del yo que se dispersa
como una melodía de oboe
en todos los otros poemas
en todos los otros días.

 

©Borgeano