Mientras escribo

Hace unos días escuché el último trabajo de Antonio Birabent, Oficio: Juglar; el cual consta de ocho poemas musicalizados y cantados por él mismo. Allí encontré algunos poemas y a un par de autores que no conocía o que conocía “de oídas”, como suele decirse (y que esto no se entienda como un chiste fácil). La primera canción es Lloraría, poema de Sergio Bizzio, el cual dejo aquí dedicado a tdos mis amigos escritores (quienes me disculparán por no nombrarlos a todos, ya que la lista sería extensa ¡Soy un hombre afortunado!).

 

escribiendo

 

Lloraría

La gente sale a buscar trabajo,
a comer,
a bailar,
a gastar,
a ver un eclipse mientras yo escribo.
Mi hijo juega solo mientras escribo.
Mientras escribo se encuentran los amigos,
se hacen negocios,
política, dinero, trampas, guerras, matrimonios, puentes, atentados mientras yo escribo.

Lloraría por lo que perdí.
Lloraría, mientras yo escribo.

¿Qué estaba haciendo?
¡Escribía!
La gente es “feliz” por momentos
y con “pequeñas cosas cotidianas”.
¿No es para llorar?
Les das algo y te agradecen,
les das más y hacen silencio.
El mismo desconcierto
siento yo
cuando pienso
en el tiempo
que pasé
escribiendo.

¿Llueve?
Llovizna.
Lloraría, mientras yo escribo.

Anuncios

Ángeles para los oídos

 

Zorn coll 02

 

Escribir sobre música, ya lo dije aquí mismo hace un tiempo, es algo complejo ya que esa forma artística es la más particular de todas. Es la más subjetiva y por eso mismo es que todos, sin lugar a dudas, sabemos que la música que escuchamos es la mejor de todas y, aunque podamos oír aquello que nuestros amigos o familiares nos recomiendan (fruto de esa pasión incomprensible ¿Cómo es que pueden escuchar eso?) siempre volvemos a nuestra fantástica y única forma musical, que es la única que vale.

Pero el asunto que me lleva a hablar de música es tangencial (mentira, lo que me mueve es mi pasión por este compositor, lo de tangencial es una excusa, como verán a continuación). John Zorn es un músico y compositor muy particular; tal vez demasiado para muchos. Dentro de sus diferentes proyectos, ha llevado a cabo uno que me parece particularmente bello, rico, original y complejo. Se titula The Book Of Angels y consta de treinta y dos álbumes. Zorn compone y entrega esas partituras (a veces meras ideas melódicas y notas generales) a diferentes músicos para que éstos le impriman a su obra su propio sello personal. La base de las composiciones de este proyecto son tres: escalas klezmer (la que forma la música judía), free jazz y por último la que el intérprete le añada. Así es que tenemos música judía mezclada con jazz y salsa cubana, o percusión brasileña, piano clásico, coro femenino (sin instrumentos), punk, rock and roll, experimental, o lo que sea.

 

Zorn coll 01

 

La variedad que Zorn logra con este método de trabajo es tal que es imposible relacionar un disco con otro si no se sabe que lo que subyace es el mismo tipo de composición; pero cuando se escucha la obra en conjunto se nota que todo está conformado por una misma base sobre la que se modelan las diferentes melodías y modos creativos.

 

Jazz Musician John Zorn

 

Como toda la obra de Zorn, en este proyecto tenemos discos bastante accesibles al oído (Lucifer, por Bar Kokhba ), otros de nivel intermedios (Aguares, por Roberto Rodríguez) y otros un poco más difíciles (Flauros, por AutorYno) Aún así, o tal vez por esto mismo, el conjunto es una notable obra de unos de los compositores más originales del siglo XX y de lo que va del XXI

Quien se atreva o quiera, podrá encontrar mucho material en Youtube. En los paréntesis anteriores he dejado los enlaces correspondientes.

 

Zorn coll 03

La perfección estaba allí

 

Mozart

 

Mis gustos musicales suelen ser amplios y variados, pero a veces ni siquiera esa variedad suele satisfacerme del todo. Ayer, por ejemplo, intenté escuchar un disco que acabo de adquirir y no, sentí que no era lo que necesitaba. Busqué algo más fuerte, más activo, ya que muchas veces la música que necesito es la que mi estado de ánimo requiere (a veces es la misma música la que modifica o condiciona al estado anímico, pero esta vez, por lo visto, no lograba hacerlo); y no, tampoco funcionó. Por esa lógica ilógica que usamos a veces y que nos hace creer que si algo no funciona lo contrario sí lo hará, busqué algo tranquilo, lento, relajado y… tampoco.

¿Y no será que la respuesta está en la nada, entonces? Me refugié en ese amigo ejemplar que me acompaña a menudo: el silencio. Pero no, tampoco era eso lo que me hacía falta. Mientras me duchaba, un pensamiento cruzó por mi mente: «En algún lado debe haber un disco que sea perfecto; un disco que contenga una obra maravillosa». Ese pensamiento apareció así, solo, casi como una imposición. Y la obra también apareció (casi) sola y si se impuso fue con mejores modales que los de una imposición violenta.

MozartLa perfección estaba allí, en la pantalla de mi computadora: el Concierto número 20 en re menor de Mozart era todo lo que necesitaba y, estoy tentado a decir, todo lo que cualquiera puede llegar a necesitar en cualquier momento del día. Escuché la versión veloz y precisa de Martha Argerich y luego la más accesible de Mitsuko Uchica (pero molesta por su excesiva gesticulación. Hay intérpretes que parece que tocan con la cara en lugar de hacerlo con las manos. Uchida es una de ellas, lo cual es una pena porque es realmente buena); por último, oí la rítmica y detallada versión de Friedrich Gulda.

Comencé diciendo «ayer» y resulta que hoy sigo escuchando este concierto una y otra vez y sigo creyendo (sintiendo, sería mejor) que es todo lo que una persona puede necesitar a la hora de salir de la mediocridad general. Mozart compuso este concierto cuando tenía veintinueve años, lo cual me hace sentir bastante pequeñito; pero luego vuelvo a escucharlo y es como si me crecieran alas y me elevara por sobre las nubes y las corrientes aéreas y es entonces que mi pequeñez ya no tiene ninguna importancia.

 

Los civilizados del sur

La expedición antártica de Escocia de 1904 hizo una contribución única a la ciencia: «Varios pingüinos emperadores, que eran muy numerosos aquí, fueron capturados.  Para probar el efecto de la música en ellos, Kerr tocó una en sus gaitas. No teníamos a Orfeo que gorjeara dulcemente en un laúd, pero ni las marchas entusiastas, las danzas populares animadas, ni los lamentos melancólicos parecían tener ningún efecto sobre estos aletargados pájaros flemáticos; no hubo emoción, ni rastro de aprecio o desaprobación; sólo somnolencia e indiferencia». (Rudmose Brown y otros, The Voyage of the “Scotia”, 1906).

Pingüinos (1)

 

Bueno, pero tres años más tarde, la expedición de Ernest Shackleton, había avanzado y llevado a la Antártida, gramófonos: Eso no pareció haber mejorado, pero cada vez estaba más claro que somos nosotros los obtusos. El biólogo de Shackleton, James Murray, escribió: «Llegaron a la fiesta en una extraña y dispersa procesión. Un gran líder parecía guiarlos. A una respetuosa distancia, se detuvieron, y el viejo macho se acercó tambaleándose e hizo una profunda reverencia hasta que su cabeza casi tocó su pecho. Con la cabeza todavía inclinada, pronunció un largo discurso en un murmullo, y habiendo terminado su discurso, mantuvo la cabeza baja durante unos segundos por cortesía; luego, al levantarla, describió con su pico un círculo tan grande como las articulaciones de su cuello lo permitía, y finalmente nos miró a los rostros para ver si entendíamos. Por si no lo habíamos hecho, como era el caso, lo intentó de nuevo. Fue infinitamente paciente con nuestra estupidez, pero sus seguidores no fueron tan pacientes con él y pronto estaban seguros de que estaba haciendo un lío. Enseguida otro pingüino caminó hasta su lado y se puso codo a codo con el primer emperador, como diciendo: «Te mostraré cómo debe hacerse», y volvimos a pasar por todo el asunto».

 

Pingüinos (2)

 

Murray termina la descripción de su encuentro con los pingüinos con una maravillosa imagen:

“Ellos son las naciones civilizadas de las regiones antárticas, y su civilización, si es mucho más simple que la nuestra, es en algunos aspectos más alta y más digna de ese nombre”.

En Wikipedia hay una buena síntesis de la expedición. Pueden verla aquí.

 

El colaborador de Mozart

estornino pinto

Las duplas compositivas son comunes y más que conocidas hoy en día; como las populares Lennon-McCartney o la de los suecos Benny Andersson y Bjorn Ulvaeus (todos los conocen y todos conocen sus canciones, claro está; los primeros por The Beatles, los segundos por ABBA. Les gusten o no, los conocen ¿No?). Hay muchos más, claro, las colaboraciones son cosa común, donde dos o más personas aúnan lo mejor de sus talentos para ofrecer una obra lo más digna posible. Lo que no se me ocurre es que haya habido alguien que tuviese el talento como para colaborar, digamos, con Mozart.
Bueno, tal vez sí hubo alguien (y no fue Salieri, aclaro). Resulta que el libro de gastos de Mozart, para el 27 de mayo de 1784, contiene esta curiosa entrada: “Pájaro estornino 34 kreutzer.”

Mozart había comprado un estornino en esa fecha, aparentemente después de oírle repetir el tema de apertura del tercer movimiento de su Concierto para piano nº 17, que había completado unas semanas antes. El pájaro había sostenido el primer Sol más bien largo, y luego cortó dos Sol en el siguiente compás; Mozart exclamó Das war schön! (“¡Eso fue hermoso!”) y la variación del estornino fue aceptada.

mozart

Mozart guardó el pájaro durante tres años, hasta que murió el 4 de junio de 1787. Lo enterró en su patio trasero y organizó un funeral en el que sus amigos marcharon en procesión, cantaron himnos y escucharon al compositor recitar un poema. Ningún otro registro escrito del pájaro aparece en los escritos supervivientes de Mozart; pero al menos sabemos que por una vez los dos se convirtieron en colaboradores (aunque algunos han sugerido que su Broma musical (K. 522) puede haber sido escrita en el estilo cómico e intrascendente de la vocalización de un estornino pinto).
Me tomé el trabajo (el más que placentero trabajo, debería decir) de revisar la partitura del Concierto nº 17 para encontrar los compases que se destacan más arriba y los encontré en la página 76, al comienzo del allegretto.
La partitura completa la tienen aquí y el concierto completo lo tienen aquí. El allegretto, es decir los compases de los que estamos hablando, comienzan en el exacto minuto 23. Espero que disfruten de esa colaboración diminuta pero, como todas las de Mozart, maravillosas.

Sinfonía sutilísima

il_570xn_354447294_4gk6La Composición 1960 # 5, escrita por el compositor vanguardista La Monte Young es la siguiente:

Una mariposa (o cualquier número de mariposas) se sueltan en el área donde se llevará a cabo la ejecución de la obra. Cuando la composición haya terminado, debe asegurarse que la mariposa salga volando afuera. Dicha composición puede tener cualquier longitud, pero si se dispone de una cantidad de tiempo ilimitada, las puertas y ventanas pueden abrirse antes de que la mariposa se suelte y la composición puede considerarse terminada cuando la mariposa salga de la sala.

“Tenía la certeza de que las mariposas hacían sonidos”, escribió Young, “no sólo con el movimiento de sus alas, sino también con el funcionamiento de su cuerpo… y a menos que uno dicte cuán alto o cuán suave debían ser los sonidos, éstos deberían ser permitidos en el reino de la música. El sonido producido por la mariposa era la música”.41veiz8v0el-_sx321_bo1204203200_

En Visible Deeds of Music, Simon Shaw-Miller escribe: “Un insecto reconocido como de gran belleza, a menudo entendido como un símbolo de transformación en el arte, es aquí el instrumento mismo. Su vuelo actúa como una metáfora visual para la melodía ausente o para el sonido inaudible. Young alguna vez dijo: “¿No es maravilloso que alguien pueda escuchar algo que normalmente se supone que debe ser sólo mirado?”

La idea del vuelo de una mariposa como música me acerca dos ideas que me resultan muy atractivas: la sinestesia, primero; y luego aquella idea de Borges, quien decía que seguramente a lo largo del día decimos —o alguien a nuestro alrededor podía hacerlo— algunas palabras que pueden ser versos maravillosos, pero que no somos conscientes de ello. En un diálogo casual podemos decir esas palabras exactas que el poeta busca afanosa e infructuosamente. La idea, en síntesis, de algo que fue hecho, en un primer momento, con un objetivo determinado pero que puede ser visualizado de otra manera diferente, me parece fantástica y me hace mirar alrededor con la esperanza de encontrar algo similar; aun cuando sé que estos hallazgos son, en general, obras del azar.

Un vistazo fugaz

chrysalis2-a

A Fleeting Glance (Un vistazo fugaz) es la novena canción del último disco de la banda noruega Opeth. En esa canción se habla, nada menos, que del sentido mismo de la vida (se ve que Mikael Åkerfeldt no tiene problemas, al componer, de meterse en temas delicados o complejos. Bien por él) y en el final, luego de que un complejo “puente” de paso a un grandioso acorde, al darse cuenta de que sólo hemos nacido para morir, nos dice “hay otro “yo” esperando detrás”. La idea de que la muerte no es más que un paso necesario para que la vida continúe es algo que me hizo un poquito de ruido ¿dónde había oído eso antes? ¡Pues claro! No podía ser otro que Lucrecio, el Divino Lucrecio (Ay, humanidad, qué diferente hubiese sido la historia si en vez de darle lugar a las fantasías de la judería y de los predicadores de la muerte hubiese tomado a Lucrecio como evangelista… cuántos dolores nos hubiésemos ahorrado, cuánta miseria, cuanto atraso…). En fin, que busqué el libro y que busqué en el libro y di con la cita en cuestión: “Es la Insaciable y estúpida avidez por la vida lo que nos torna pavorosa la muerte. Quién ha sabido gozar de la vida morirá contento de los placeres que ha gozado; quien no ha sabido vivir bien, es inútil que continúe viviendo mal; quién se encuentra en el vigor de la edad ha vivido ya bastante y quien es viejo ha vivido demasiado: la naturaleza ha cumplido su tarea. Tiene necesidad de muertos, hoy, a fin de que haya vivos mañana y se vayan sucediendo las  generaciones”.

Por si hiciera falta agregar algo más, la cita continúa: “Los hombres tienen miedo de las ficticias penas infernales, pero el verdadero infierno está en su mente. En la tierra está el infierno, en la tierra están los suplicios. La muerte es el término, no el comienzo de los tormentos”. Lucrecio —un verdadero rocker de su tiempo— dijo hace 2100 años lo mismo que Åkerfeldt nos dice hoy desde una canción. Lo dicho: Ay, humanidad…

Aquí pueden escuchar A Fleeting Glance.