Bajo el andamio

 

Image 1

Antoine Joseph Wiertz – Dernières pensées et visions d’une tête coupee

 

El artista belga Antoine Joseph Wiertz (1806-1865) dedicó la mayor parte de su arte a expresar su obsesión —propia de la era romántica— con la muerte. Wiertz se interesó personalmente en la cuestión científica de cuánto tiempo sobrevivía la consciencia en la cabeza de una víctima de ejecución mediante la guillotina, y en 1848 utilizó la hipnosis para intentar compartir los dolores y la rápida pérdida de conciencia en un asesino sometido a decapitación por el crimen de haber asesinado a su casera. El resultado fue un tríptico completado en 1853 titulado Dernières pensées et visions d’une tête coupee (Últimos pensamientos y visiones de una cabeza cortada), donde representa las impresiones de una cabeza guillotinada de sus últimos tres minutos de conciencia.

Wietz agregó una descripción verbal de cada uno de los paneles. Aquí hay un extracto del segundo minuto, Under the Scaffold (Bajo el andamio):

«Por primera vez, el prisionero ejecutado es consciente de su posición. Mide con sus ojos ardientes la distancia que separa su cabeza de su cuerpo y se dice a sí mismo: “Mi cabeza está realmente cortada”.

Ahora el frenesí se redobla en fuerza y ​​energía. El prisionero ejecutado imagina que su cabeza está ardiendo y girando sobre sí misma, que el universo se está derrumbando y girando con él, que un fluido fosforescente gira alrededor de su cráneo a medida que se derrite. En medio de esta horrible fiebre, una idea loca, increíble e inaudita toma posesión del cerebro moribundo. ¿Lo creerías? Este hombre cuya cabeza ha sido cortada todavía concibe una esperanza. Toda la sangre que queda en burbujas, brota y recorre con furia todos los canales de la vida para captar esta esperanza.

En este momento, el prisionero ejecutado está convencido de que está extendiendo sus manos convulsas y llenas de rabia hacia su cabeza expirada. No sé lo que significa este movimiento imaginario. Espera … Entiendo … ¡Es horrible!

Oh! Dios mío, ¿qué es la vida que continúa la lucha hasta la última gota de sangre?»

En el mismo año, el autor estadounidense Theodore Witmer había registrado sus propias impresiones luego de ver una ejecución en la década de 1840. «¿Por qué alguien no nos da Las reflexiones de un hombre decapitado?», Preguntó. «Si resultara estúpido, podría excusarse por falta de cabeza». Más allá de la broma algo torpe, hubiese sido interesante saber qué hubiese pensado Witmer de la obra del Antoine Joseph Wiertz.

Anuncios

Felicidades

 

4771dbbd4a1de50cdcb6a83f8c7e68a0

Max Ernst

 

“Bienvenido. Y felicidades. Estoy encantado de que pudieses conseguirlo. Llegar hasta aquí no fue fácil. Lo sé. Y hasta sospecho que fue algo más difícil de lo que tú crees. En primer lugar, para que estés aquí, tuvieron que agruparse de algún modo, de una forma compleja y extrañamente servicial, trillones de átomos errantes. Es una disposición tan especializada y tan particular que nunca se ha intentado antes y que sólo existirá esta vez. Durante los próximos años -tenemos esa esperanza-, estas pequeñas partículas participarán sin queja en los miles de millones de habilidosas tareas cooperativas necesarias para mantenerte intacto y permitir que experimentes ese estado tan agradable, pero tan a menudo infravalorado, que se llama existencia.” Bill Bryson, Una breve historia de casi todo.

Es fácil, a veces, perder el horizonte de lo que es y no es la vida o, dicho de otra manera, sobre lo que es y debería ser. Las pretensiones de inmortalidad que son moneda común a lo largo y ancho del mundo y de las civilizaciones me parecen propias de espíritus infantiles, de esos que tienen miedo a lo desconocido, como si otra cosa no fuera el mismo acto de estar vivo. ¿Qué significa despertar cada mañana, levantarse y salir al mundo? Eso es adentrarse a lo desconocido de manera constante. Aun cuando se siga una rutina determinada siempre cabe la posibilidad de que algo rompa —y a veces de manera definitiva— esa torpe costumbre. ¿Quién querría, además, extender esa rutina por toda la eternidad? Siempre que aparece este tema recuerdo aquel fragmento de Destejiendo el arco iris, Richard Dawkins y que me parece el planteo más lúcido que he visto en mucho tiempo:

 “Nosotros vamos a morir y eso nos convierte en los afortunados. Mucha gente nunca va a morir porque ellos nunca nacerán. Las posibles personas que podrían haber estado aquí en mi lugar pero que de hecho nunca verán la luz del día excede en número a los granos de arena del desierto del Sahara. Por supuesto aquellos fantasmas sin nacer incluyen poetas más importantes que Keats y científicos más importantes que Newton. Nosotros sabemos esto porque el conjunto de posibles personas permitidas por nuestro ADN excede  masivamente al conjunto de personas reales. A pesar de estas asombrosas posibilidades, somos TÚ y YO, en nuestra normalidad, los que estamos aquí. Nosotros, los pocos privilegiados que ganamos la lotería de la vida en contra de todas las probabilidades ¿Cómo nos atrevemos a lloriquear por nuestro inevitable regreso a ese estado anterior del cual la inmensa mayoría nunca ha despertado?”

Arrojar el traje

 

kRoRK9UUEgwiHPXyMXStvLhg

Max Ernst – El ángel del hogar

Si bien la frase de Shakespeare «Todo el mundo es un teatro» es por demás conocida, no siempre es bien entendida en lo que tiene de profunda verdad filosófica. Este deambular por el escenario de la vida para luego hacer mutis y ser reemplazado por otros actores no siempre es algo que se tenga presente al citar al dramaturgo inglés. También la idea fue trabajada por otros y, entre ellos, mi preferido es Søren Kierkegaard, quien en su Las obras del amor (editado originalmente en 1847 y cuya cita pueden encontrar en el volumen de Editorial Sígueme, pág. 115) trabaja la idea de modo más poético y filosófico, lo cual ya me sabe a perfección o cercanía de perfección. No puedo dejar de leer este fragmento sin que una profunda sensación de paz se apodere de mí. Una profunda sensación de paz física, aclaro; porque curiosamente no hay intelecto alguno aquí, sino sólo eso: la tranquilidad y la quietud de quien flota en aguas tranquilas.

Dice Kierkegaard:

“Y cuando al morir caiga el telón sobre el escenario de la realidad, entonces todos serán […] lo que esencialmente eran pero que tú no veías a causa de la diversidad: verás que son seres humanos. […] Que la diversidad de la vida terrena es meramente como el traje del actor, o meramente como un traje de viaje, que cada cual tendrá que procurar y vigilar para que los lazos con los que se sujeta esta ropa exterior estuvieran atados flojos y, sobre todo, que no estuvieran enredados, para poder arrojar el traje con ligereza en el instante de la transformación; esto parece haberse olvidado”.

Aprender a morir

hojas 01

Vuelvo a leer a Henry David Thoreau y su Colores de otoño; libro que vuelvo a recomendar a todos aquellos que disfrutan con la naturaleza (ni todos los libros ni todos los paisajes son compartibles; lo sé). En él encuentro un fragmento (otro) por demás notable. Thoreau torna su mirada sobre un hecho casual —las hojas caídas en bosque— y saca de ella una magnífica enseñanza filosófica. Ambos hechos son dignos de ser imitados: el de saber ver más allá de lo evidente y el de entender que estamos aquí de paso y, por ello mismo, reír.

hojas 02

Dice Thoreau:

“¡Cómo se mezclan todas las especies, robles y arces, castaños y abedules! Pero la naturaleza no se recarga de ellas; es un perfecto granjero que las almacena a todas. ¡Imaginad qué inmensa cosecha es derramada cada año sobre la tierra! Ésta, más que ningún grano o semilla, es la gran recolección del año. Los árboles devuelven a la tierra con intereses lo que han tomado de ella. Están a punto de añadir una capa de hojas a la profundidad del suelo. Mientras converso con un hombre que me habla sobre el azufre y los costes de transporte, pienso que de esta bella forma la naturaleza obtiene el mantillo. Gracias a esta descomposición todos somos más ricos”.

Esto me hizo pensar en la muerte bien entendida, en aquella máxima de María Zambrano que dice “la filosofía es una preparación para la muerte” cuando vuelvo al libro y Thoreau me dice:

“Es agradable caminar sobre este lecho de hojas fresco y crujiente. ¡Con qué belleza se retiran a su sepultura! ¡Con qué suavidad yacen y se convierten en mantillo, pintadas de mil colores, perfectas para ser el lecho de nosotros, los vivos! Así desfilan hacia su última morada, ligeras y juguetonas. No caen sobre las hierbas, sino que corretean alegres por la tierra, eligen un terreno, sin vallas de hierro, susurrando por todos los bosques de los alrededores. Algunas eligen el sitio donde hay hombres que yacen debajo enmoheciendo y se reúnen con ellos a medio camino. […] Ya han volado tan alto que vuelven al polvo con enorme satisfacción y se depositan allí abajo, resignadas a yacer y a descomponerse al pie del árbol para ocuparse de la alimentación de las nuevas generaciones de su especie y volver a ondear en lo alto. Nos enseñan a morir”.

hojas 03

¡Pues eso mismo! Las hojas de otoño nos enseñan a morir; nos enseñan que la muerte, además de inevitable, no es más que un paso de un estado a otro y que debemos aceptarlo con humildad, “ligeros y juguetones”, para así desfilar en paz hacia “nuestra última morada”.

La ganadora perpetua

The Seventh Seal - Ingmar Bergman

Muchos conocerán la famosa escena de la película de Ingmar Bergman El séptimo sello; la cual es más conocida por las escenas en las que el caballero Antonius Block juega al ajedrez con la Muerte, personificada como un hombre pálido y misterioso que a menudo sostiene una guadaña y lleva el típico traje negro y capucha. La muerte como personaje ha aparecido en el arte durante siglos, pero una de las primeras apariciones del símbolo de la muerte jugando al ajedrez se remonta a la pintura medieval del siglo XV de Albertus Piktor. Esta obra se encuentra en la Iglesia católica del condado de Täby, justo al norte de Estocolmo. Parece probable que Ingmar Bergman se refirió específicamente a la pintura de Pictor como un homenaje a esa pintura.

Death Chess 01

Pintura de la iglesia en Täby, Suecia, por Albertus Pinktor hacia 1480.

Buscando más información he encontrado varias representaciones antiguas de esta imagen simbólica. Las dejo a continuación. Para ver las imágenes en mayor tamaño y una descripción breve, hacer clic sobre una de ellas.

Somos, nada más, que copos de nieve

Nieve (8)

Por esas cosas del azar o de la sincronía (tal vez sólo sean nombres distintos para la misma cosa), leí el siguiente párrafo y pocos minutos después me encontré con un artículo fotográfico que mostraba a algunos copos de nieve en el momento previo a desaparecer para siempre. Cuando leí el fragmento que les dejo a continuación no pensé en postearlo; pero al ver las fotos pensé que sería el complemento perfecto el uno del otro. La cita es de Steve Maraboli; del libro Life, the Truth, and Being Free. Las imágenes pertenecen al trabajo del fotógrafo ruso Andrew Osokin. La reflexión corre por cuenta de cada uno de nosotros.

Somos perfectamente imperfectos. Todos hemos oído que no hay dos copos de nieve iguales. Cada copo de nieve toma la forma perfecta para lograr la máxima eficiencia y eficacia para su viaje, y mientras la fuerza universal de la gravedad les da un destino compartido, el espacio expansivo en el aire da a cada copo de nieve la oportunidad de tomar su propio camino. Están, entonces, en el mismo camino, pero cada uno toma una ruta diferente. A lo largo de este viaje impulsado por la gravedad, algunos copos de nieve chocan y se dañan unos a otros, algunos chocan y se unen, algunos son influenciados por el viento… ¡Hay tantas transiciones y cambios que tienen lugar a lo largo del viaje del copo de nieve! Pero, cualquiera que sea la transición, el copo de nieve siempre se encuentra perfectamente formado para su viaje. Podemos encontrar paralelos en la naturaleza como un bello reflejo de esta gran orquestación. Uno de estos paralelos es el de los copos de nieve y nosotros. Nosotros también estamos todos en la misma dirección. Estamos siendo impulsados por una fuerza universal al mismo destino. Todos somos individuos que tomamos diferentes viajes a lo largo de nuestro periplo y a veces chocamos unos con otros, nos cruzamos, nos alteramos… tomamos diferentes formas físicas. Pero en todo momento nosotros también somos 100% perfectamente imperfectos. En cada momento dado somos absolutamente perfectos para lo que se requiere para nuestro viaje. Yo no soy perfecto para tu viaje y tú no eres perfecto para mi viaje, pero soy perfecto para mi viaje y eres perfecto para tu viaje. Nos dirigimos al mismo lugar, estamos tomando diferentes rutas, eso es todo. Piensa en lo que podría significar esta gran orquestación para entender nuestras relaciones. Imagina interactuar con los demás sabiendo que ellos también comparten este paralelo con el copo de nieve. Al igual que tú, se dirigen al mismo lugar y no importa lo que puedan parecerte, ellos han tomado la forma perfecta para su viaje. Cuán fuertes serían nuestras relaciones si pudiéramos ver y respetar esa simple idea: la de que todos somos perfectamente imperfectos para nuestro viaje“.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Por todos

degrassetyson-1

En el marco de una entrevista con Larry King, y ante la clásica cuestión de la muerte o del miedo a la muerte, Neil deGrasse Tyson respondió con la precisión y la lucidez que lo caracterizan: “La forma en que yo lo veo es así: Es el conocimiento de que voy a morir lo que le da sentido al estar vivo. La urgencia del logro. La necesidad de expresar amor ahora, no más tarde. Si viviéramos para siempre ¿para qué levantarse de la cama cada mañana si siempre habrá un mañana? Ese no es el tipo de vida que quiero llevar”. Ante la pregunta de Larry King sobre si no siente miedo a no estar más aquí, la respuesta fue: “Temo vivir una vida donde podría haber logrado algo que no logré. Eso es a lo que temo, no a la degrassetyson-2muerte. ¿Sabes lo que quiero que escriban en mi lápida? Mi hermana tiene las indicaciones para el caso. Lo que quiero que escriban es una cita de Horace Mann, el gran educador: «Ten vergüenza de morir, si no has conseguido un logro para la humanidad».

Creo que quien teme a la muerte lo hace no porque tema a lo desconocido, como habitualmente se piensa. Creo que se teme a la muerte cuando se ha desperdiciado una vida y, de alguna manera más o menos consciente, nos damos cuenta de ello demasiado tarde. Tal vez dejar de mirar nuestro ombligo y ver a los demás como lo que son, parte integral de nuestro ser, sea una buena manera de aprender a morir en paz.