Sobre la maledicencia

Leer a José Ingenieros es una tarea no apta para espíritus débiles. Cada página —si no cada párrafo u oración—, es un verdadero mazazo de sentido común y fortaleza moral. En su El hombre mediocre, en el capítulo II (La mediocridad intelectual), encuentro este apartado sobre la maledicencia; esa moda actual que se esparce por todos los ámbitos bajo el amparo de la estupidez general que nos rodea y que gusta más de los chismes que de las verdades y que presta más atención a los prejuicios que a las pruebas. Seguramente ustedes conocen a alguno (yo sí). Dice Ingenieros:

 

Maledicencia

 

«Si se limitaran a vegetar, agobiadas como cariátides bajo el peso de sus atributos, las personas sin ideales escaparían a la reprobación y a la alabanza. Circunscritas a su órbita, serían tan respetables como los demás objetos que nos rodean. No hay culpa en nacer sin dotes excepcionales; no podría exigírseles que treparan las cuestas riscosas por donde ascienden los ingenios preclaros. Merecerían la indulgencia de los espíritus privilegiados, que no la rehúsan a los imbéciles inofensivos.

   Desgraciadamente, suelen olvidar su inferior jerarquía y pretenden tocar la zampoña, con la irrisoria pretensión de sus desafinamientos. Se tornan entonces, peligrosos y nocivos. Detestan a los que no pueden igualar, como si con sólo existir los ofendieran. Sin alas para elevarse hasta ellos, deciden rebajarlos: la exigüidad del propio valimiento les induce a roer el mérito ajeno. Clavan sus dientes en toda reputación que les humilla, sin sospechar que nunca es más vil la conducta humana. Basta ese rasgo para distinguir al doméstico del digno, al ignorante del sabio, al hipócrita del virtuoso, al villano del gentilhombre. Los lacayos pueden hozar en la fama; las personas excelentes no saben envenenar la vida ajena».

A continuación, Ingenieros nos regala, a modo de ilustración de los párrafos anteriores, una lectura de La calumnia de Apelles, el cuadro de Botticelli (si quieren ver el cuadro en detalle, pueden entrar aquí):

 

Botticelli - La calumnia de Apelles medium

 

   «Ninguna escena alegórica posee más honda elocuencia que el cuadro famoso de Sandro Botticelli. La calumnia invita a meditar con doloroso recogimiento: La Inocencia yace, en el centro del cuadro, acobardada bajo el infame gesto de la Calumnia. La Envidia la precede; el Engaño y la Hipocresía la acompañan. Todas las pasiones viles y traidoras suman su esfuerzo implacable para el triunfo del mal. El Arrepentimiento mira de través hacia el opuesto extremo, donde está, como siempre sola y desnuda, la Verdad; contrastando con el salvaje ademán de sus enemigas, ella levanta su índice al cielo en una tranquila apelación a la justicia divina. Y mientras la víctima junta sus manos y las tiende hacia ella, en una súplica infinita y conmovedora, el juez Midas presta sus vastas orejas a la Ignorancia y la Sospecha».

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Breve ensayo sobre el sentido de la vida (Parte I)

A pesar de lo poco humilde del título de la entrada, lo que me mueve a escribirla (al igual que las que seguirán a ésta) es un honesto sentimiento de pequeñez y de humildad. Trataré de explicarme: desde hace unos días vengo viendo a mi alrededor que algunas personas a las que quiero, se sienten presas de un pesimismo profundo e, incluso, de hasta una notable pérdida del natural deseo de vivir. Quien esto escribe cree, precisamente, que la vida carece de un sentido a priori y, también y por sobre todo, de un sentido soteriológico (es decir, de un sentido que tiene que ver con la doctrina de la salvación cristiana y, por extensión, de toda salvación post morten); en síntesis, vamos, que a esto que llamamos vida no le veo sentido alguno ni del derecho ni del revés; y sin embargo, me veo abrazando a esta oportunidad como a lo que es: la única que tengo y tendré. Es por ello que me animo a escribir esta serie de entradas con este título pomposo (y juguetón, si quieren, algo de eso hay también); porque lo que sí creo fervientemente, es que a la vida le tenemos que dar sentido nosotros mismos; de lo contrario, caemos en la nada más absoluta. Como ha dicho el Dr. Alonso Puig: «Te construyes o te destruyes».

Para empezar con la serie dejaré un video (o vídeo) que es una verdadera joya: Francis Bacon hablando sobre su arte, en la voz de Jeremy Irons. Poco más de tres minutos sin fisuras, sin desperdicio alguno y, por supuesto, con una profunda mirada sobre la vida y sobre cómo darle sentido.

 

Franz Kafka sobre Picasso

Conversaciones con KafkaDel estupendo Conversaciones con Kafka, de Gustav Janouch (amigo personal del escritor checo y compañero de muchas tardes de paseos y charlas varias), extraigo este fragmento:

«Asistí con Kafka a una muestra de pintores franceses en la sala de exposiciones del Graben. En ella había cuadros de Picasso: bodegones cubistas y mujeres de color rosa con unos pies enormes.
—Es un deliberado deformador —opiné yo.
—No lo creo —dijo Kafka—. Picasso únicamente registra las deformaciones que todavía no han penetrado en nuestra conciencia. El arte es un espejo que «adelanta» como un reloj… a veces».

 

Si bien Kafka parece hablar de la imposibilidad de comprender a las nuevas formas artísticas (al menos hasta que nos acostumbramos a ellas o aprendemos el significado o la intencionalidad discursiva del artista), no puedo menos que ver en esas palabras también una prefiguración de la muerte. El artista, parece decir Kafka (y esta es una lectura totalmente personal que hago de sus palabras) se adelanta a todos los tiempos y esa deformidad que se nos muestra en la tela no es otra cosa que nuestro futuro inevitable. El arte nos habla del ahora, pero también de nuestra eternidad, sea ésta lo que vaya a ser en ese tiempo indefinido.

Poder y potencia

Hay imágenes poderosas y hay imágenes potentes; esta distinción le ha servido al historiador del arte Georges Didi-Huberman para delinear las principales ideas de su trabajo. En un breve video, Didi-Huberman dice, dirigiéndose a alguien detrás de cámara: «Antes de que empezara este programa me pediste que mirara a cámara y yo te dije «No, quiero mirarte a ti» Así estaríamos haciendo una imagen de poder. Si sólo mirara a cámara, creo que sería una imagen de poder; pero si te miro a ti, allí, detrás de cámara, es una imagen de diálogo. No es lo mismo. A mí me interesa la potencia de las imágenes. Potencia, no poder. Es muy diferente. Incluso creo que la civilización en la que estamos, no es una civilización de las imágenes, sino que es una civilización de los clichés. ¿Entiendes lo que quiero decir por clichés? Es decir, las imágenes que toman el poder. Pero la imagen más bella es la que tiene su potencia pero que no busca tomar el poder. Es como las palabras. ¿Acaso un poema busca tener poder sobre el otro? No. Y sin embargo no hay nada más bello que un poema. Tomemos un ejemplo del comienzo de la modernidad: Goya. Goya es un pintor oficial. Hace, pues, imágenes de poder. Es decir hace retratos de los reyes.

 

Goya (1)

.Goya (2)

 

Y también se interesa por el pueblo. Esto es muy complicado para él, porque no puede, realmente, publicar sus grabados ya que lo censurarían enseguida, etc. Pero lo hace. Lo hace. Se interesa por la gente que no tiene nombre alguno; por el pueblo, y se acerca a él. Hace imágenes de poder pero también imágenes potentes y son estas imágenes las que recuerdan todos los artistas posteriores. Son esas imágenes las que recuerda Picasso en el Guernica. En el Guernica de Picasso ¿Dónde está el poder? No hay poder, sólo hay potencia. Hay «impoder» porque la gente es bombardeada, muere, grita; estamos en el pathos, como se dice. Así que no hay poder, pero la imagen es potente. ¿Ves la diferencia?»

 

Guernica

Querer lo imposible

 

Cliff Walk At Pourville - Claude Monet

Cliff Walk At Pourville – Claude Monet

Debido a que el clima y la luz del día cambian continuamente, Claude Monet creía que cualquier efecto visual duraba solo siete minutos, tiempo demasiado breve para pintar toda una obra. Dijo que quería «expresar mis impresiones antes que los efectos más fugitivos».
Su solución fue trabajar en varios lienzos a la vez, colocando uno nuevo en el caballete cada siete minutos aproximadamente para capturar el efecto que buscaba. Georges Clemenceau lo encontró una vez en un campo de adormideras haciendo malabarismos con cuatro lienzos diferentes: “Iba de uno a otro según la posición del sol”. En 1885, Guy de Maupassant dijo: «Ya no es un pintor, es un cazador. Camina a lo largo del campo, seguido por niños que llevan lienzos, cinco o seis lienzos que representan el mismo tema a varias horas del día y con diversos efectos. Los recogía o los dejaba caer uno por uno según cambiaba el cielo…».

 

River Thames in London, Waterloo Bridge

River Thames in London, Waterloo Bridge – Claude Monet

Cuando Monet visitó Londres en 1901 para capturar la «atmósfera única» de la niebla de la ciudad, John Singer Sargent lo encontró rodeado de 90 lienzos, «cada uno el registro de un efecto momentáneo de luz sobre el Támesis. Cuando se repetía el efecto y se daba la oportunidad para terminar la imagen, el efecto generalmente había desaparecido antes de que pudiera encontrar el lienzo particular en el que debía trabajar».

«Estoy persiguiendo un sueño», dijo Monet una vez. «Quiero lo imposible».

Los espacios vacíos

 

Ernest Proctor - The Day's End, 1927

 

¿Cómo pintar el cansancio y esa sensación de agotamiento que te hace pensar que te quedarás dormido en cualquier lugar y sin embargo llevar esa idea más allá, a incluir algo más que la monotonía que condujo a ello? Si existe alguna manera, se encuentra aquí, en una pintura de Ernest Procter titulada: The Day’s End, de 1927. ¿Cuánto de esto es una representación personal? La obra emula el símbolo zodiacal piscis, con ambos personas señalando direcciones opuestas. La desnudez tiene menos que ver con la sensualidad que con decir lo que yace debajo de la apariencia externa. La pintura dice: «Así es como me siento. Esto es lo que soy».  El arte se trata de escuchar en los espacios correctos; y generalmente esos espacios correctos son los intersticios, los espacios vacíos, lo que no está del todo dicho.

Llegar al mismo sitio

 

Gregorio Marañón

Gregorio Marañón

 

Uno de los enormes placeres que me ha deparado este sitio es el de poder compartir citas de todo tipo y color. Leer algo, encontrar un fragmento en ese algo y pensar en compartirlo aquí con ustedes es un pequeño placer personal que agradezco. Esta vez le toca a un fragmento que, me atrevo a decir, tal vez sea uno de los más bellos que he dejado en esta página. Y cuando digo bello lo digo en el amplio sentido del término, desde la mera estética hasta la inteligencia y el humanismo todo. Pertenece a Gregorio Marañón; médico, científico, historiador, escritor y pensador español. El fragmento pertenece a Vocación y ética y otros ensayos (1946):

 

«Un hombre de ciencia que sólo es hombre de ciencia, como un profesional que sólo conoce su profesión, puede ser infinitamente útil en su disciplina, pero si no tiene ideas generales más allá de su disciplina, se convertirá irremisiblemente en un monstruo de engreimiento y de susceptibilidad. Creerá que su obra es el centro del universo y perderá el contacto generoso con la verdad ajena, y, más aún, con el ajeno error, que es el que más enseña si lo sabemos acoger con gesto de humanidad. Como esas máquinas perforadoras que tienen que trabajar bajo un chorro de agua fría para no arder e inutilizarse, el pensamiento humano, localizado en una actividad única, por noble que esa actividad sea, acaba abrasándose en vanidad y petulancia. Y para que no ocurra así, ha de menester el alivio de una vena permanente de fresca preocupación universal. Saber es ahondar, hundirse en las galerías subterráneas del pensamiento o de los hechos ignotos, y para que la mente no se ahogue en esas galerías es precisa la ventilación, las ventanas abiertas a otros panoramas del espíritu, en los que éste descansa y se renueva. Por eso no hay un hombre de ciencia eminente que no se haya asomado, por instinto, a otras actividades. Y es muy común que sean las artísticas, y no, como se cree, porque sean contrarias a las investigaciones, sino precisamente por lo que tienen en común. No se puede caminar en dos direcciones distintas, pero la gracia de la vida es poder ir a donde tiene que irse por diferentes caminos. Y por la ciencia, como por el arte, se va al mismo sitio: a la verdad. Además, lo que importa es el camino. El camino es el que hace entretenidos los días y gratas las noches. El fin es siempre un sueño. Y quizá el verdadero fin es nunca llegar».