El arquitecto de los sueños

Victor Enrich - Phallus

Victor enrich – Phallus

Victor Enrich es un artista nacido en Barcelona en 1976. Su obra -como el mismo define- “muestra una versión onírica de la realidad que invita a fantasear entre la arquitectura real y el sueño de las estructuras imposibles”. Sus composiciones de edificios imposibles que se doblan como acordeones o con construcciones que ondean sus vigas al viento, se basan en paisajes reales que Enrich fotografía en sus largos paseos por ciudades de todo el mundo. “Habré recorrido ya kilómetros y kilómetros así. A lo largo de esos ‘paseos’, observo la ciudad en la que me encuentro, su forma, sus rincones, sus lugares a priori olvidados por la gente”.

Su visión, a medio camino entre la ciencia ficción y lo onírico no deja de tener una veta poética (¿es que hay diferencia entre estos dos últimos términos?) que lo vuelve subyugante y ambiguo. Hijo de una época que vivió los experimentos más o menos afortunados de arquitectos artistas como Frank Gehry o César Pelli, Victor Enrich diseña ciudades que invitan a la creatividad desbocada; la que lo mismo puede impulsar a diseñar un edificio como a escribir un texto o componer una pieza de música. Él mismo dijo: “Al principio, sólo se trataba de montar piezas de Lego y mover cochecitos a escala, pero poco a poco se fue convirtiendo en una obsesión”. Como en toda génesis de la creación, la base se encuentra en la infancia, en esos tiempos donde somos creadores absolutos y donde creemos que podemos hacer cualquier cosa. Por suerte para Victor Enrich y para muchos otros, no hubo nadie allí que coartara esa libertad en el nombre de una lógica que se ciñe sólo a “lo correcto”; como si crear no lo fuera.

Puden visitar el sitio oficial de Enrich aquí; para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

La ganadora perpetua

The Seventh Seal - Ingmar Bergman

Muchos conocerán la famosa escena de la película de Ingmar Bergman El séptimo sello; la cual es más conocida por las escenas en las que el caballero Antonius Block juega al ajedrez con la Muerte, personificada como un hombre pálido y misterioso que a menudo sostiene una guadaña y lleva el típico traje negro y capucha. La muerte como personaje ha aparecido en el arte durante siglos, pero una de las primeras apariciones del símbolo de la muerte jugando al ajedrez se remonta a la pintura medieval del siglo XV de Albertus Piktor. Esta obra se encuentra en la Iglesia católica del condado de Täby, justo al norte de Estocolmo. Parece probable que Ingmar Bergman se refirió específicamente a la pintura de Pictor como un homenaje a esa pintura.

Death Chess 01

Pintura de la iglesia en Täby, Suecia, por Albertus Pinktor hacia 1480.

Buscando más información he encontrado varias representaciones antiguas de esta imagen simbólica. Las dejo a continuación. Para ver las imágenes en mayor tamaño y una descripción breve, hacer clic sobre una de ellas.

El silencio azul de Ivo van de Graft

Ivo van de Grift (1)

Como un laberinto de un solo pasillo, circular y eterno, la soledad siempre nos llevará de manera indefectible a encontrarnos con nosotros mismos.

Ivo van de Grift (3)

Paradoja. Ese encuentro nunca nos hundirá en el pozo de la individualidad sino que, por el contrario, nos dejará ver en todos y cada uno de los otros el reflejo de nuestra mirada.

Ivo van de Grift (4)

Como una escala descendente en cualquier instrumento, la obra de Ivo van de Grift llama a silencio o lo evoca desde ese diálogo que mantiene con Edward Hopper. El espacio desierto de la obra es el silencio de la palabra o de la música.

Ivo van de Grift (6)

No hay soledad si al menos hay una luz encendida en algún sitio. La promesa de una presencia humana es todo lo que necesitamos para parir esperanza.

Ivo van de Grift (7)

Las imágenes de Giorgio de Chirico atisban desde algún ángulo de la pantalla. Detrás de su marcada diferencia permanece lo igual. Donde allí hay abigarrada paleta, aquí hay monocromía; donde allí hay una sombra que promete una presencia, aquí hay una luz que indica esa misma presencia.

Ivo van de Grift (9)«El resto es silencio» Dice Shakespeare al final de Hamlet. Como siempre, como desde el inicio secreto del tiempo, el resto es silencio y el silencio nos pertenece sólo a nosotros y al ahora.Ivo van de Grift (8)Éste es el camino: abrir las puertas a las fronteras infinitas. Abrirlas como algo definitivo, abrirlas como se hacen las cosas definitivas: para siempre. (Dejar abierta una puerta, si no se mira atrás, es también cerrarla). La mejor parte de mí siempre deja una puerta abierta. La mejor parte de mí nunca mira atrás. La mejor parte de mí nace a cada paso. La mejor parte de mí muere a cada instante.

 

Azul

Pablo Picasso - Habitación azul

Pablo Picasso – Habitación azul

En estos tiempos de especialización desbocada, podemos encontrar datos por demás curiosos, aunque no sepamos muy bien qué hacer con ellos. De todos modos, la curiosidad, al menos en casos como éste, siempre será una consejera muy bienvenida. A lo largo de la historia de la pintura, y en particular en los últimos doscientos años, los colores cálidos han dominado por mucho a su contraparte fría. De hecho es notable la predominancia del naranja, que se coloca como el color más popular entre los pintores. Prueba de ello es una gráfica creada por Martin Bellander, publicada en un blog especializado en datos informáticos, que revela cuáles son los colores más empleados en 120,000 pinturas de distintas épocas, que incluye el acervo digital de la BBC.

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Además de la sorpresiva hegemonía naranja, la gráfica muestra otro fenómeno que llama la atención: la reciente popularización del azul. Durante los últimos cincuenta años este color ha mantenido un crecimiento sostenido en sus apariciones dentro del arte pictórico, hasta llegar al punto en que podemos afirmar que el arte plástico jamás fue tan azul como ahora. Recordemos que el azul podría considerarse como uno de los colores más evocadores a nuestro alcance. Hay algo de misterio en él, una elegancia que insinúa y que le sitúa alto en la predilección de los poetas; y quizá sea precisamente la dificultad para describirlo lo que lo hace tan propenso a la metáfora evocadora.

Ahora, la pregunta sería: ¿cuáles son las causas, y cuáles las consecuencias, de esta “azulización” del arte?

De sellos e incógnitas

Donald Evans 03

La costumbre de llevar un diario es algo por demás común; muchas personas suelen adoptar esta práctica, la cual, en lo personal me parece algo muy saludable. Pero cada cual lleva el diario de la manera que se le antoja, claro está; y es así que podemos encontrar a personas que llevan diarios ilustrados, fotográficos, escritos o, incluso, filmados. Como el artista Donald Evans, que pasó su vida pintando los sellos de países inexistentes. “Los sellos son una especie de diario o bitácora”, dijo. “Es, para mí, como viajar a un mundo inventado que me gusta más que en el que estoy”.

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Más tarde, Willy Eisenhart en The World of Donald Evans (1980), señaló: “Sobre pequeños rectángulos de papel pintó transcripciones precisas de su vida. Conmemoraba todo lo que era especial para él, disfrazando esas ideas en sellos de países imaginarios —cada uno detallado con su propia historia, geografía, clima, moneda y costumbres—. Todo ello representativo de esos mundos ficticios pero, como los sellos reales, reflejado con absoluta tranquilidad”.
Los pintó con acuarelas, manipulando el papel con pinzas y trabajando siempre con el mismo pincel. Cuando terminaba, a veces los cancelaba con un matasellos de fantasía tallado con un borrador de goma. Los conservó en un libro de 330 páginas, modelado como un verdadero catálogo de sellos, donde registraba en cada caso el nombre del país de ficción, la fecha, el motivo y la ocasión de la emisión del sello y la fecha en que había terminado la pintura. Llamó a este libro su Catálogo del Mundo.

Donald Evans 01

Donald Evans murió en un incendio en Ámsterdam en 1977; para ese entonces había pintado casi 4.000 sellos de 42 naciones imaginarias, con fechas que iban desde 1852 a 1973. Dijo, alguna vez, al  París Review: “Cuanto más hago, más loco y más minúsculo se vuelve el detalle y más similares a un sello postal se convierte. Y eso me intriga…”.

Donald Evans
Cuando veo este tipo de trabajos no puedo dejar de pensar en lo intrincado de la mente humana. Sé que esto ocurre porque me encuentro en las antípodas de este tipo de artistas; es bien sabido que las personas que se dedican a hacer varias cosas son las menos productivas, ya que saltan constantemente de una cosa a la otra sin terminar nada. Por ello, conocer a estas personas que dedican toda una vida a una actividad me sorprende por partida doble; por un lado esa capacidad para mí desconocida de hacer una y sólo una tarea; por otro (lo cual no es extraño teniendo en cuenta lo anterior) lo amplio y detallado de su obra.

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La historia de Nastagio degli Onesti

Durante el gótico italiano era frecuente, para plasmar una narrativa en un cuadro, repetir a los mismos personajes en la misma pintura. Así, podíamos ver en un primer plano a un personaje despidiéndose de su amada mientras a la izquierda un galeón entraba en escena; en la misma pintura podía verse a la derecha al galeón alejándose con una silueta pequeña pero similar a la que habíamos visto en primer plano, sobre cubierta. Entonces se entendía que todo eran partes de la misma historia: el galeón que llegaba y el que se iba eran el mismo, al igual que hombre sobre cubierta.

Quien utilizó de manera magistral esta técnica fue Sandro Botticelli, aunque para su época, Quattrocento, esta técnica ya había caído en desuso. De todos modos, Botticelli dejó un clásico en su representación de la historia de Nastagio degli Onesti, historia tomada del Decamerón, de Bocaccio.
El tema es el que sigue: Nastagio, joven noble, ha sido rechazado en sus pretensiones matrimoniales por Paola Traversari, de quien está enamorado. Triste, pasea sus penas a solas por el bosque cuando, de repente, presencia la aparición fantasmal de una mujer desnuda que huye desesperadamente de un jinete y su jauría. Estas acciones se recogen en el primer cuadro y se encuentran separadas por momentos gracias a los enmarques de los troncos de los árboles del bosque. El joven Nastagio aparece de tal modo dos veces.
01 - La historia de Nastagio - Botticelli

En el siguiente cuadro, Nastagio contempla horrorizado cómo los perros dan alcance a la mujer, a la cual el caballero mata y destripa, ofreciendo sus entrañas a los animales. Finalizado el suplicio, la mujer se levanta y la persecución se reanuda, como se observa en las figuritas del último plano del bosque. El caballero cuenta a Nastagio que la crueldad de ella ante sus peticiones amorosas provocó su suicidio y el tormento eterno de ambos.

02 - La historia de nastagio
En el tercer cuadro, Nastagio, notablemente impresionado, convoca a sus familiares y a su amada para un banquete en el mismo bosque donde apareció la terrible caza. Para ello, los árboles son talados y se crea un espacio, adornado con ricos doseles, que dan cobijo al ágape. En pleno banquete, la persecución se materializa de nuevo, espantando a los presentes. Cuando Nastagio explica la historia a Paola, ésta se conmueve y acepta ser su esposa.

03 - La historia de Nastagio
Los desposorios y el final feliz se relatan en un cuarto cuadro, que no está en el Museo del Prado sino en una colección particular suiza. Este cuadro, sin embargo, no se atribuye a Botticelli, sino a alguno de sus alumnos. Las diferencias son notables hasta para un lego como quien esto escribe. De todos modos, la historia se completa con él y es indispensable considerarlo dentro de la serie.
04 - la historia de nastagio

Pueden ver las obras con mayor detalle en el sitio oficial del Museo del Prado (pueden incluso agrandar las imágenes y moverse por ellas con facilidad).

Diez líneas o una mancha amarilla

Antoni Tapies

Antoni Tàpies

Me gusta el expresionismo abstracto y no sé por qué. No lo sé y no pienso perder el tiempo en averiguarlo, para ser sinceros. También me gusta el surrealismo (Max Ernst por sobre todos; Max Ernst es la cima de la pintura para quien esto escribe); cosa curiosa, también me gusta mucho el arte iconográfico religioso medieval. La verdad es que no tengo ni idea de por qué ciertas obras me atraen mientras otras me dejan totalmente frío pero, al contrario de lo que ocurre con la literatura, donde sí puedo detallar con menor o mayor fortuna las razones por las cuales una obra me atrae, la plástica me golpea en medio del pecho o pasa a través de él como si se tratara de un neutrino: sin siquiera haber notado que pasó por allí.

Tal vez encuentre alguna buena razón en este poema que Octavio Paz le dedicó al artista catalán. Quién sabe, tal vez pueda entrar a esa enigmática habitación por una puerta accesoria.

Diez líneas para Antoni Tàpies

Sobre las superficies ciudadanas,
las deshojadas hojas de los días,
sobre los muros desollados, trazas
signos carbones, números en llamas.
Escritura indeleble del indendio,
sus testamentos y sus profecías
vueltos ya taciturnos resplandores.
Encarnaciones, desencarnaciones:
tu pintura es el lienzo de Verónica
de ese Cristo sin rostro que es el tiempo.