Diálogos infinitos

Hace pocos días tuve la oportunidad de visitar la exposición Picasso y Rivera. Conversaciones a través del tiempo, la cual tuvo (y aún tiene) lugar en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. La exposición, organizada en conjunto por el Museo del Palacio de Bellas Artes y Los Angeles County Museum of Art nos permitió poder comparar los puntos de contacto y también las diferencias entre ambos artistas. Yo desconocía la faceta cubista de Diego Rivera, y fue por demás interesante ver el trabajo comparativo del pintor mexicano y del pintor español, ambos grandes referentes del arte del siglo XX.

Juan Coronel Rivera, uno de los curadores de la exposición, dice: “En este caso, Picasso iba a la cabeza, porque él en 1905 está ya fincando las bases para la gran invención de 1906 y 1907, que es el cubismo, y aquí lo que vemos es cómo Rivera, en 1911, se anexa al cubismo, se adhiere a la escuela, y las aportaciones y los diálogos que hubo entre uno y otro, qué veía Picasso de Rivera y viceversa”.

Aquí, una de las posibilidades comparativas:

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Retrato del escultor Elie Indenbaum, de Rivera – El poeta, de Picasso.

Como todos sabemos, Picasso inventa el cubismo y, aunque Rivera siempre dirá que no copiaba al español, lo cierto es que que las obras de Picasso son muy anteriores a las del mexicano. Una diferencia notable que podemos notar en este caso es que el cuadro de Picasso está trabajado solo con 4 o 5 colores, sobre todo tierras y verdes; y eso es porque a él lo que le interesa es mostrar la estructura, lo que teorizó sobre el cubismo. El de Rivera, por el contrario, es un cuadro muy complejo. Está metiéndose ya con el color, y no nada más es una visión cromática, sino que es toda una postulación política: “Voy a meter colores no occidentales dentro de una invención occidental”: el cubismo visto desde Occidente y el cubismo visto por alguien no occidental.

 

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Retrato de Ruth Rivera, de Rivera – Gran bañista, de Picasso.

En el cuadro de Picasso vemos a una mujer semidesnuda, apenas salida del agua. Las referencias clásicas de Picasso (en la exposición podían verse, además de las obras, los bocetos y los estudios previos) fueron matizadas por la mirada del siglo XX del español. En cambio, en la maravillosa (me disculpo por el adjetivo, pero esta fue una de las obras que más me gustó, tal vez porque ni siquiera sabía de su existencia y eso, como se sabe, es ideal para el encantamiento estético) pintura del mexicano siempre hay todo tipo de referencias. En el caso del Retrato de Ruth Rivera incorpora, además, a la negritud. Ruth está reflejándose en un espejo, y en el espejo está pintada como negra mientras que en primer plano está pintada como indígena y viste un manto clásico. Otra vez Rivera está volviendo a nuestras raíces. “Los pintores occidentales no tienen ojos para nosotros, pero nosotros hemos tenido ojos para ellos, y eso nos ha hecho tener una versión totalmente distinta de las artes plásticas a la que siguen teniendo ellos. No es que sea mejor o peor, es otro punto de vista que siempre resulta enriquecedor”.

 

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Marinero almorzando, de Rivera – Hombre con bombín sentado a una mesa, de Picasso.

Por último, dos obras sobre las que no pueden destacarse grandes diferencias (apenas dos años separan a ambos cuadros) pero que me parecen fascinantes tal vez, precisamente, por las notables coincidencias estilísticas y estéticas. Considerando que ambos artistas ya se habían conocido y también distanciado, no es de extrañar estos puntos de encuentro artísticos. Ambos ególatras, ambos geniales, es lógico pensar que no podrían compartir una habitación, aunque en materia artística fuesen por el mismo carril.

 

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Pintando con la cámara (II)

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Hace poco menos de un mes publiqué una entrada titulada igual que esta, donde mostraba el trabajo del fotógrafo italiano Franco Fontana. Hoy me encuentro con este maravilloso material y no puedo menos que repetir el título porque me parece que se aplica con la misma precisión a este artista que, sin duda, pasará a estar entre mis favoritos.

Se trata del fotógrafo belga Leonard Misonne (1870-1943), quien se formó como ingeniero antes de descubrir la fotografía. Criado en Gilly, Bélgica, viajó por toda su tierra natal y más allá para capturar el paisaje y la gente de Europa en un estilo más bien pictórico. Las fotografías, caracterizadas por escenas suaves y pintorescas, se crearon a través de procesos de impresión alternativos que utilizan materiales como el aceite y el bicromato de goma. Tomado en cuenta al movimiento pictórico de finales del siglo XIX y principios del XX, Misonne buscó elevar la fotografía al nivel de otras bellas artes como la pintura y la escultura.

“El cielo es la clave del paisaje” dijo Misonne alguna vez y esta filosofía es clara en muchas de las imágenes. A menudo llenas de nubes ondulantes, niebla matinal o rayos de sol, el artista sobresalía al capturar sus temas en una luz dramática, direccional, iluminando las figuras de detrás, que dio lugar a un efecto del halo. Favoreciendo las condiciones climáticas tormentosas, Misonne encuentra a menudo sus temas navegando por las calles bajo las sombrillas o apoyados en las ráfagas de una tormenta de nieve en invierno.

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Un notable dominio de los diversos procesos de impresión que utiliza Misonne se evidencia en el delicado equilibrio entre lo que se ha capturado fotográficamente y lo que ha sido manipulado por la mano del artista en cada impresión. Para perfeccionar este equilibrio, Misonne creó su propio proceso, llamado mediobrome, que combina la impresión de bromuro y aceite (he intentado leer algo al respecto pero básicamente lo que encontré trata de especificaciones técnicas y no suma mucho al placer estético, que es lo importante).

Una galería con alguno de sus trabajos. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

Un testigo cualquiera

El cuadro del matrimonio Arnolfini es por demás conocido; estoy seguro de que todos lo hemos visto más de una vez.

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Este cuadro fue estudiado por varios motivos (recuerdo el análisis que hace David Hockney en su documental El conocimiento secreto, por ejemplo. Y ya que está me atrevo a recomendarlo a todo aquel a quien le interese la plástica); entre ellos un detalle por demás interesante que hoy quiero compartirles: El retrato de Arnolfini es de 1434; y la pintura representa a un comerciante italiano, Giovanni di Nicolao Arnolfini y a su esposa en su casa en Brujas. En el fondo se ve un espejo convexo sobre el cual está escrita la leyenda “Johannes de eyck fuit hic 1434” (“Jan van Eyck estaba aquí 1434”).

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Curiosamente, reflejadas en el espejo, donde esperábamos ver al pintor y su caballete, pueden verse dos figuras:

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En 1934 el historiador del arte Erwin Panofsky ofreció una explicación única para esto: En el momento en que se realizó la pintura y el matrimonio, ni Arnolfini ni su esposa tenían parientes en Brujas; y la costumbre en ese momento era grabar el “libro artístico familiar” y para ello hacían falta dos testigos de la boda. “Así que podemos entender la idea original de una imagen que era un retrato conmemorativo y un documento al mismo tiempo, y en el que un caballero conocido (el pintor) firmó con su nombre; es decir, tanto como artista y como testigo”.

Pequeños lujos que alguna gente puede darse: encargarle un cuadro a Jan van Eyck y de paso hacerlo testigo de la boda. ¿A quién podría encargarle la tarea para la próxima vez que me case? A ver… déjenme contar cuánto tengo en la billetera…

Querer volver a ser niño

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Shaun Tan es un notable artista gráfico que ha creado las portadas de numerosos libros y que también ha ilustrado de manera magistral a clásicos infantiles, entre otros. En Los huesos cantores, recopila 75 esculturas que representan a otros tantos cuentos de los hermanos Grimm (Los huesos cantores toma su título de uno de los cuentos; el que habla sobre el hueso de un muchacho asesinado que, una vez tallado en una flauta, canta el destino y la injusticia). Cada escultura está fotografiada por el propio Tan y está acompañada de un breve texto del cuento. Juntos, fragmento y escultura, nos ponen en situación de quiénes son los personajes de la historia y se complementan en significado y connotaciones.

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Las esculturas tienen una altura de entre 10 y 30 cm. y están realizadas, según explica el propio autor, con papel maché y arcilla de secado al aire y pintura además de otros materiales como madera, pátina de hierro y de bronce, papel de aluminio, pan de oro, alambre, papel, hilo, tela, arena, azúcar y sal, arroz, flores o caramelos entre otros.
El libro tiene varios apartados. El primero de ellos es una breve explicación de quiénes eran y cómo crearon su obra los hermanos Grimm. Interesante historia que demuestra lo importante de su obra y el esfuerzo y las dificultades que se les presentaron en el camino. La contribución de los Grimm a la literatura infantil es importantísima y con esta introducción se hace latente su esfuerzo por conseguir su obra y el paralelismo con su vida personal.

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Al finalizar estas páginas, nos encontramos un epílogo del autor en el que explica el impacto de los cuentos de los hermanos Grimm en su vida y cómo se inspiró para crear estas esculturas. “A la hora de crear mis propias ilustraciones para Los huesos cantores, me he inspirado en gran medida en las tallas de piedra de los inuit y en las estatuillas de arcilla precolombinas (…). En estas manifestaciones se da una maravillosa mezcla de fantasía y realidad (…)”.

Una pequeña galería de sus trabajos en este libro. Para ver las imágenes en mayor tamaño, deben hacer clic en una de ellas. También pueden visitar la página personal de Shaun Tan aquí.

 

La musa basjoo o un motivo tradicional en el arte chino

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La Musa basjoo, también conocida como banana japonesa,​ es una especie de planta perteneciente a la familia Musaceae. Se creía que su origen fue en las islas Ryukyu de Japón, ya que allí fue descrita por primera vez;​ pero ahora se sabe que tienen su origen en el sur de China, donde también se cultiva ampliamente, con poblaciones silvestres en la provincia de Sichuan.

La Musa Basjoo es un motivo por demás común en el arte chino; sobre todo en la cerámica y en la pintura de los siglos XVII al XIX. Seguramente muchos la habrán visto en algún que otro jardín (incluso hasta es probable que alguno de ustedes la tengan en su propia casa) ya que es una planta muy usada como ornamento y decoración.

Aquí algunas obras en las que se ha usad a la Musa basjoo como motivo. Para ver las imágenes en mayor tamaño y una referencia a su época, hacer clic sobre una de ellas.

 

 

 

Phyllis y Aristóteles; o la tentación bien entendida

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Aristóteles y Phyllis – Lucas Cranach, El viejo.

Dando vueltas por ahí, encontré esta imagen que me llamó la atención: una pintura de una joven montando a Aristóteles como si éste fuera un pony. Luego encontré una gran variedad de ellas y lo sorprendente es que hayamos olvidado por  completo esta imagen, la cual fue una vez uno de los motivos artísticos más comunes del renacimiento, sobre todo del norte europeo, figurando en decenas de pinturas, esculturas, relieves y grabados.

La mujer en la imagen no es otra que Phyllis, la esposa de Alejandro Magno, que era discípulo de Aristóteles. Según un manuscrito del siglo XIII, la historia es la siguiente (pueden encontrar el fragmento en latín aquí, además de un análisis de la historia, aunque en inglés):

“Cierta vez, Aristóteles le dijo a Alejandro que debía evitar acercarse frecuentemente a su esposa, la cual era muy hermosa, para que esto no impidiera a su espíritu buscar el bien general. Alejandro accedió a la enseñanza y consejo del filósofo. La reina percibió esto y se molestó, y comenzó a buscar Aristóteles para que éste la amara. Buscaba el modo de cruzarse con él a solas, descalza y  despeinada, para así atraerlo. Finalmente, Aristóteles cedió a los encantos de la reina y comenzó a solicitarla carnalmente. Phyllis le dijo: “Ciertamente esto no lo haré, a menos que vea una señal de amor de tu parte, una prueba de él. Ven a mi aposento, entonces, gateando de pies y manos para llevarme como si fueras un caballo. Entonces sabré que no me estás engañando”.

El sabio accedió a esa petición; entonces ella le contó el asunto a Alejandro, quien acechando en espera lo aprehendió llevando a la reina en su espalda. Cuando Alejandro estaba por matar a Aristóteles éste, para excusarse, dijo: “Si así me pasó a mí, un anciano sabio, que fui engañado por una mujer, puedes ver que te enseñé bien, que más te podría pasar a ti, un joven”. Al oír eso, el rey le perdonó la vida y prosiguió sus estudios con el filósofo”.

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Este es un ejemplo, una especie de parábola medieval diseñada para advertir al lector de una mala práctica, en este caso, permitiendo que la pasión supere la razón. Hay algo agradable en esta lección enseñada a Aristóteles, quien una vez declaró que la capacidad de la razón práctica no estaba desarrollada en los niños, ausentes en los esclavos y “sin autoridad” en las mujeres. Tal vez hubiese sido interesante seguir por este camino y hacer notar que todos, más allá de nuestro género o de nuestra edad, somos falibles y capaces de caer en la tentación, esa eterna incomprendida.

Una hermosa serie de imágenes de Phyllis y Aristóteles (cambio el orden al final porque aquí la que vale es ella a pesar de que quien tiene más fama es él). Para verlas en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

Pintando con la cámara

Franco Fontana (1)

«El propósito del arte es hacer visible lo invisible» Dice Franco Fontana, el notable fotógrafo y escritor italiano, nacido en Módena en el año 1933. Su obra es por demás significativa debido al uso del color saturado y de lo minimalista de su encuadre y de sus modelos. Particularmente me atraen las imágenes en las que magnifica éste último punto: lograr con lo mínimo —unas pocas líneas rectas en sus fotografías urbanas; curvas en las imágenes rurales o naturales— expandir los límites del marco y extenderse más allá de lo que está delimitado por esos cuatro puntos cardinales breves y concisos.

Lo que ha logrado Franco Fontana es volcar la abstracción a la fotografía; hacer que un fragmento de realidad se vuelva un todo y que sólo se necesite a sí mismo como justificativo. Ése es, me atrevería a decir, otros de los propósitos del arte.

Una pequeña galería con obras de Fontana. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.