Historia (moderna) de un ladrón de guante blanco

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Stephane Breitweiser robó cerca de doscientas obras de arte. Durante seis años recorrió Europa visitando museos grandes y chicos, iglesias, ferias de arte y casas de subastas, “sustrayendo” pinturas de maestros barrocos como Brueghel, Boucher, Watteau y David Teniers, además de estatuillas de bronce, instrumentos musicales, una cajita de rapé de Napoleón y un huevo de Fabergé,
Breitweiser nació en Alsacia, Francia, en 1971, en una familia acomodada. Nunca tuvo interés en deportes, videojuegos, drogas o alcohol.; su gusto eran los libros de arte y los museos. Sus padres esperaban que fuera abogado pero Stephane desertó de la Universidad luego de que ellos se divorciaron.
Por entonces cometió su primer hurto, en el castillo de Gruyeres, Suiza, donde descolgó de la pared y guardó bajo su chaqueta un pequeño paisaje de Wilheim Dietrich. Ahí comenzó su vertiginosa carrera con un robo cada quince días, en promedio, a la vez que trabajaba como mesero en las ciudades por donde iba pasando. Realizaba sus atracos a plena luz del día y jamás usó la violencia. Verificaba las cámaras de seguridad, observaba los guardianes, ubicaba las salidas del edificio; era amable y vestía bien, casi siempre con una chamarra holgada. Solo cargaba una navaja suiza como instrumento.
Conoció y se enamoró de Anne Catherine Kleinklaus y se dedicaron a robar juntos, brincando de un país a otro y formando una pareja eficaz en la que Anne Catherine actuaba como señuelo mientras Stephane se volaba las pinturas. Guardaban los cuadros en casa de su madre, en Mulhouse, Francia, donde ella los protegía en una estancia en penumbras y bien ordenada.
Stephane Breitweiser declaró pocos años después: “Sólo robaba lo que me agitara emocionalmente, lo que me apasionara. Robar por dinero es una estupidez y no vale la pena el riesgo. Yo robaba por amor”.
Lo arrestaron en 2001 por un exceso de confianza, cuando trataba de llevarse un clarín del museo Richard Wagner, en Lucerna, Pasó dos meses en prisión mientras las autoridades suizas tramitaban la extradición a Francia. Su mamá, alertada por la novia, tuvo tiempo de deshacerse del tesoro: en un ataque de pánico cortó con tijeras los cuadros y luego los quemó; las estatuillas, la cajita napoleónica y demás objetos los tiró en un canal cercano a su casa. Breitweiser fue sometido a juicio en Francia y condenado a tres años de prisión, su novia a seis meses y su madre a tres años, de los cuales solo cumplió uno. Los celadores de la cárcel decían que Stephane era un tipo arrogante, que se sentía indispensable para el mundo. Un grupo de detectives siguió la pista de algunas pinturas que se salvaron de las tijeras de su madre y también dragaron el canal, logrando recuperar algunas piezas, como el cuadro de Francois Boucher que aparece a continuación.

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Francois Boucher

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Salió de prisión en 2005, a los 33 años de edad. Joven para empezar una nueva vida. En 2005 publicó una biografía: “Confesiones de un ladrón de arte” donde cuenta con todo detalle los eventos sucedidos y los procedimientos ideales para robar. Defiende también su pasión por el arte, mostrando veneración por algunas pinturas y rechaza que haya lucrado o vendido ninguna obra.
Concluye su libro con una frase que, en realidad, no asegura nada: “El asunto de robar arte ya quedó atrás para mí. Ahora llevo una vida aburrida y sin colores”.

El humor profético

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Todos sabemos que el humor es uno de los grandes deconstructores de todo discurso mal fundamentado. Un buen humorista puede deshacer el discurso de un político, de un artista, de un pseudocientífico, de un charlatán cualquiera con una chiste bien armado (por supuesto, no hablo de la mera descalificación por medio del sarcasmo o la burla; hablo de la crítica mordaz que el humor permite; no del mal uso que puede hacerse de él).

¿Pero qué sucede cuando una broma se anticipa al discurso absurdo? Pues lo más lógico sería que quien sostenga ese discurso reconozca la falsedad de sus premisas y, también, que todos aquellos que han comprado ese discurso como válido reconozcan (incluso con un poquito de vergüenza al haberse dejado atrapar de manera tan evidente) el error y lo enmienden. Eso, al menos, para empezar.

He aquí el chiste o la broma de la que quiero hablar: Alphonse Allais (1854-1905) fue un periodista, escritor y humorista francés. Su obra, caracterizada por su humor basado en la lógica del absurdo, está ampliamente reconocida en Francia y en la cultura anglosajona. Sus libros forman parte de de los orígenes de la vanguardia en Francia (Satie, Apollinaire, Breton, Jarry, Marcel Duchamp, dadaístas y surrealistas) y entroncan con los estudios de la new theory, tan de actualidad (Baudrillard, Morin, Deleuze, Barthes, etc.).

Allais publicó un pequeño librito titulado Album Primo – Avrilesque en 1897.. El contenido artístico era una serie de pinturas monocromas y una obra musical. En particular, lo que me interesa, además de la obra (de la broma) es el lenguaje que utiliza Allais para justificar el valor artístico de lo que nos presenta. Veamos el primer ejemplo:

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Combate de negros dentro de una cueva, durante la noche.

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Dice Allais: «Traído a París por un tío mío, como recompensa por un tercer áccessit en formación religiosa brillantemente conseguido ante competidores formidables, tuve la oportunidad de verlo antes de partir hacia Estados Unidos, conseguido a base de dólares, el famoso cuadro de estilo negro titulado:

COMBAT DE NEGRES DANS UNE CAVE, PENDANT LA NUIT (La reproducción de esta admirada tela estará muy alejada de la realidad. La hemos publicado con permiso especial de los herederos del autor.)

La impresión que he sentido ante esta apasionante obra maestra me deja sin palabras. Mi destino se apareció en forma de letras con llamas: Yo también seré pintor. Y cuando decía pintor, yo decía: no quiero hablar de pintores del tipo que que oído hablar normalmente, de ridículos artesanos que necesitan mil colores diferentes para expresar sus penosas concepciones. ¡no! El pintor al cual idealizo, era aquel genial que le bastaba un solo color para cada tela: el artista, osaría decir, monocroidal.

Tras veinte años de trabajo tenaz, de tremendos sinsabores y luchas encarnizadas, puedo por fin exponer una primera obra: PREMIERE COMMUNION DE JEUNES FILLES CHLOROTIQUES PAR UN TEMPS DE NEIGE (Primera comunión de niñas cloróticas nevando).

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Primera comunión de niñas cloróticas nevando

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Sólo una Exposición me había ofrecido su hospitalidad, la de las Artes Incoherentes, organizada por un tal Jules Lévy, a quien por este acto de bella independencia artística y perfecto desapego a la pertenencia de un clan, he consagrado un reconocimiento eterno.

Sobran las palabras. Mi OBRA hablará por mí.

Alphonse Allais.

………………………………… * * * …………………………………

Bien, hasta aquí la broma de Allais (ya les dejaré el resto de su obra más abajo), pero vuelvo el tema central. Cuando décadas después algunos vivillos comienzan a vender o exponer obras dentro de esto que para el honesto de Allais no era más que un chiste ¿Qué es lo que sucede? ¡Curiosamente, nada! El mundo se traga la farsa y aplaude, dándose, como siempre, aires de inteligencia. El siglo XX ha sido el tiempo perfecto para la prostitución de gran parte de la escena artística (y el siglo XXI no está quedándose detrás) pero ahí seguimos, justificando bromas como si fuesen verdaderas obras, lo cual ya nos hace parecer más bien como al idiota del pueblo; porque la verdad que reírse mil veces del mismo chiste no es algo de lo que uno pueda enorgullecerse, si vamos a ser sinceros; y mucho menos lo es pagar decenas de miles de dólares o, incluso, hasta algunos millones.

Vamos a la obra de Allais, la cual espero que disfruten tanto como yo. Al final, les dejo una nota extra sobre este mismo tema y los enlaces al original francés de la publicación.

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Rufianes, todavía en plenitud, con el vientre en la hierba, bebiendo absenta.

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Manipulación del ocre por cornudos ictéricos.

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Recolección del tomate por cardenales apopléjicos a orillas del mar rojo.

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Ronda de borrachos en al niebla.

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Estupor de jóvenes neófitos al darse cuenta por vez primera del tono azul del mar ¡oh, Mediterráneo!

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Coda: Muchos conocerán la obra de john Cage 4´33´´ La cual fue “compuesta” en 1947/48. La obra consiste en cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio. El pianista se sienta frente al instrumento, la partitura frente a él (la cual no es más que una página con los pentagramas en blanco) y espera, sin tocar una sola tecla, el tiempo que se ha indicado. Esa es la obra. Pues yo digo que Cage plagió esa obra de Alphonse Allais; es más, aquí les dejo la prueba. En esa misma publicación de la que hablé más arriba, Allais nos comparte su Marcha fúnebre para los funerales de un gran hombre sordo. Les dejo la partitura y, después y para que comparen, la de John Cage.

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Para ver el original del Album Primo – Avrilesque pueden ir aquí.

El vacío que se apodera de todo

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Que la sociedad moderna está yéndose al carajo a pasos agigantados es algo que todos sabemos y de lo que somos conscientes. Los ejemplos abundan y se encuentran por todos lados; no hay mas que abrir una red social, intentar debatir con alguien (de lo que sea), escuchar lo que se dice en la TV o en la calle. Todo, pero todo, absolutamente todo se ha vuelto vacío, mediocre, sin sentido. El posmodernismo ha hecho estragos en la mente de las personas y, como siempre sucede, destruir es mucho más fácil que construir, así que nos encontramos ahora, con otro problema: todo es cada vez más idiota y, al mismo tiempo (y por ello mismo) se hace cada vez más difícil revertir la situación. Han sido muchos los autores que se han dedicado a intentar defender a la razón y a la cultura de estos ataques incesantes; ¿pero cuánta gente lee esos libros en comparación con los que se dedican a demoler la cultura? De los muchos libros sobre el tema me permito recomendar dos: El asedio a la modernidad, de Juan José Sebreli y En defensa de la ilustración,  de Steven Pinker. Pero, como dije, hay mucho material sobre el tema, así que no es eso lo que falta, sino lectores…

Todo esto nace a colación de algo de lo que acabo de enterarme: existe el Museo de lo no-visible. ¿Y qué es esto? Pues, como su nombre lo indica, es un museo donde las obras no son visibles; eso es todo. La gente ingresa y lee unas tarjetitas adheridas a la pared y debe imaginarse la obra. La verdad es que conozco mejores modos de perder el tiempo… ¿Pero  esto es cierto? ¿Será verdad que se puede ser tan idiota? ¡Pues faltaba más! Claro que sí…

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Lo indignante no es que a alguien se le ocurran estas cosas; esto es algo más viejo que cualquiera de nosotros; pero sólo se mantenía dentro del juego intelectual (Alfred Jarry; Borges-Casares; Apollinaire; etc.); ahora no, ahora se le brinda un carácter de seriedad que es lo que lo vuelve profundamente repulsivo. Antes al menos teníamos al arte como refugio, hoy ya ni eso nos dejan. Han ensuciado todo.

He aquí, por ejemplo, una de esas obras de arte (imagínensela ustedes, claro). Pertenece al conocido actor James Franco, quien lamentablemente se ha sumado a esta payasada (y está bien, ellos son los astutos, los idiotas son los que van allí a sumarse a esa farsa o, peor aún, los que compran esas obras. James Franco vendió una a 10.000 dólares).

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James Franco

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James Franco

Barco del Capitán

Escultura, 2011

Un barco de vapor a gran escala en el que vivía el Jefe, en el río, para la película imaginaria e inacabada de James Franco, «Hojas rojas».

El barco de vapor estaba destinado a vivienda y dormitorio y esta réplica es un modelo a escala real que en realidad flota, aunque no tiene motor.

Tiene aproximadamente 10 metros de largo.

 

Esta no es la obra que vendió Franco; sino otra, la cual desconozco. Tenemos, por ejemplo, esta otra:

Jen Silver

Amor verdadero

Fotografía, 2011

Esta es una fotografía de tamaño natural de tu verdadero amor. Si aún no ha encontrado a su verdadero amor, se le revelará cuando mire esta obra de arte. Si ya has encontrado a tu verdadero amor, esta foto los captura en su momento más atractivo y entrañable. Cada vez que miras esta pieza, recuerdas instantáneamente lo que los unió y te enamoras de nuevo.

«…»

Bueno, ya; no hay mucho que agregar. Estamos rodeados y nosotros los hemos dejado. no voy a decir que la culpa es nuestra; pero vamos, dejar que los idiotas se apoderen de todo implica algo de responsabilidad de nuestra parte. Pero ahora que lo pienso, no está mal lo que hizo James Franco. Bajo el viejo adagio que dice Si no puedes vencerlos, únete a ellos, aquí me sumo y me declaro como AN-V;  es decir: Artista No-Visual. Aquí les dejo mi primera obra (la cual está a la venta por la ridícula suma de 5.000 dólares. lo acepto, no soy James Franco). Cualquier interesado, por ahí anda mi e-mail.

Borgeano - Torre Eiffel

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Sitio oficial del Museum Of Non-Visible Art, aquí.

Artículo con la noticia de la venta de la escultura de James Franco, aquí.

 

 

 

La tempestad. De Giorgione hasta nosotros

 

La tempestad 01

 

La tempestad, de Giorgione (Giorgione Barbarelli da Castelfranco, 1477-1510) es uno de los cuadros más misteriosos de la Historia del Arte, a pesar de su pequeño tamaño, porque ha traído de cabeza a los investigadores que no se ponen de acuerdo sobre el tema representado ni el significado de esta obra.
Si analizamos la escena detenidamente, vemos que dentro de un paisaje boscoso aparece una mujer semidesnuda, sentada amamantando a un niño en su regazo, mientras una figura masculina la observa a un lado. Al fondo, se puede ver una ciudad y un cielo tormentoso que acecha y amenaza a los personajes. La oscuridad se acerca sobre ellos que siguen ajenos a la llegada inminente de la tempestad, este hecho es el que ha dado nombre a la obra puesto que ni siquiera sabemos su título original.

Un coleccionista contemporáneo de Giorgione, un tal Marcantonio Michiel, nos habla de este cuadro describiéndolo como «un pequeño paisaje con tormenta, mujer gitana y soldado». Esto es realmente lo que podemos ver, pero la disposición de los personajes y su relación con el paisaje hacen que la escena atraiga de manera irremediable al espectador desde el primer momento. Se advierte algo más, algo simbólico y misterioso que no alcanzamos a comprender y que resulta inquietante.
Los personajes: La mujer, que algunos consideran una representación profana de una Madonna, mira desafiante al espectador sin ningún reparo, mientras que el personaje masculino gira su cabeza hacia la escena como si quisiera presentarla. Entre ellos no parece haber conexión y se representan aislados uno del otro aunque formando parte del mismo escenario: el bosque.

 

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En principio, esta interpretación pudiera parecer correcta sino fuera porque un profundo análisis con rayos X ha demostrado que la figura masculina fue en un principio otra mujer desnuda inclinada para tomar un baño. Esta rectificación tan radical no hace más que añadir incógnitas a la obra y dificulta su comprensión.
Así para algunos investigadores, la escena sería un tema religioso identificado como la Huida a Egipto o Adán, Eva y Caín expulsados del Paraíso, siendo el rayo que se abre en el cielo al fondo del bosque la alegoría de Dios Padre. Mientras que para otros, estamos ante un tema mitológico relacionado con la infancia de Paris (la ciudad al fondo sería Troya) e incluso, una escena del “Sueño de Polífilo”. Como vemos nada está claro en esta pintura.
Además existen otros elementos contradictorios que no ayudan a aclarar nuestras dudas. Por ejemplo, la columna situada detrás del personaje masculino podría simbolizar la Fortaleza pero al aparecer rota, también sería símbolo de la Muerte. ¿Por qué el autor la coloca precisamente allí? No lo sabemos, puede ser que simplemente quisiera representar un paisaje con personajes al estilo clásico sin ninguna intención oculta o alegoría, pero desde luego no lo aclara.
En lo que sí se han puesto de acuerdo los críticos es en considerar La tempestad como la primera obra paisajística de la Historia del Arte, y en su gran influencia posterior en la pintura occidental, sobre todo en los pintores románticos del siglo XIX.
El paisaje aquí no es una mera excusa recreativa para la escena principal, sino el propio tema central que envuelve a los personajes y que atraen las miradas del espectador. Cautiva su fuerza poética y sugestiva, no es un paisaje real sino una ensoñación de un momento etéreo e irrepetible. Es la representación pictórica de una emoción, algo que se realiza por primera vez en la historia de la pintura y que la convierten en una obra maestra.

La (verdadera) visión poética de las cosas

 

Pensamiento mágico

 

El pensamiento mágico tiene dos grandes virtudes: es bonito y no se necesita un cerebro para aceptarlo. El pensamiento racional, por otra parte, requiere cierto esfuerzo y, no pocas veces, requiere un gran esfuerzo, lo cual no lo hace muy apto para las conversaciones casuales. Lo que sí puedo asegurar es que el pensamiento racional es mucho más bonito que el pensamiento mágico, sólo que éste se presenta ya vestido de fiesta, mientras que al otro hay que ayudarlo a vestirse.

Todos conocemos las diferentes versiones del pensamiento mágico: astrología, tarot, energías positivas y negativas, psicoanálisis, física cuántica mal entendida, buenas ondas, etc. Tal vez la frase que mejor sintetiza esta tontería es la por demás conocida de Paulo Coelho: «Cuando realmente se desea algo, el universo conspira para que lo consigas». No pocas burlas ha generado esa tontería, pero Coelho no está solo en estos asuntos y tampoco fue que inventara nada. Por ejemplo, me topo con esta frase del inefable Ernesto Sabato: ««Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiésemos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro. Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino». El mismo perro con diferente collar: ¿tiene algún asidero esta idea de que todo está predeterminado y que nada ocurre porque sí? Pues no, claro; pero suena bien y tal vez alguno ande enamorando incautas con citas como estas.

 

pensamiento

 

La contraparte, como dije, es más complicada, menos accesible, pero más hermosa (aunque a largo plazo). Probemos con uno del bando opuesto, a ver qué pasa: «La racionalidad ha construido el mundo moderno. Es una cosa preciosa pero también frágil, que puede ser corroída por una irracionalidad aparentemente inofensiva. Debemos favorecer las pruebas verificables sobre el sentir personal. De lo contrario, nos hacemos vulnerables ante aquellos que oscurecen la verdad»; dijo Richard Dawkins y Coelho y Sabato miran para otro lado y patean piedritas en el suelo, haciéndose los distraídos.

Sé que esta postura es criticada, a veces, tildándola de excesivamente realista y, por ende, de pesimista; pero como ya varias veces también he aclarado aquí, eso es un error que no por común pueda ser considerado como infantil. Es cierto que una postura absolutamente racional puede ser pesada y no siempre deseable; pero existe un ámbito donde lo irracional está bien entendido y aceptado en alto grado: el arte. ¿Adónde nos lleva una sinfonía o una poesía? ¿Qué hay de racional en lo que uno siente frente a un cuadro o ante una actuación excelente? No hay modo de racionalizar eso, y está bien que así sea. Es lo inexplicable del arte y de nuestra relación con él. Es entonces que aquí tampoco tiene cabida el pensamiento mágico en tanto visión poética de las cosas (como muchos quieren hacerlo pasar). No. Para la poesía ya está la poesía; es decir, para lo irracional ya está el arte. Y para el pensamiento mágico, el cesto de la basura. Cada cosa en su lugar.

En la mesa no se canta (ahora, antes sí)

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Pregunta retórica: ¿Para qué sirve un cuchillo? Pues no para eso en lo que acaban de pensar. Al menos no siempre, claro. Me he topado con estos maravillosos ejemplares de cuchillos medievales que llevan inscritas algunas partituras musicales. Estos cuchillos parecen ser de los siglos XV o XVI y, por supuesto, estaban destinados a la mesa, pero como dije, no para su función primaria de objeto cortante. Bueno, en realidad nadie sabe muy bien qué función cumplían. Por una parte hay quien dice que sí servían para cortar y trinchar: su filo y el ancho de la hoja los hacen aptos para la carne, lo mismo que la punta aguzada; pero hay quien dice que un noble de aquella época jamás cortaría su propia comida y que tampoco cantaría con un cuchillo ensangrentado proveniente de la mano de un criado.

Cuchillos y música

Es decir: los cuchillos ahí están, pero todavía no se entiende muy bien la forma de su uso. Maya Corry, del Museo Fitzwilliam en Cambridge, una institución con su propia colección impresionante de armas y armaduras, donde se encuentran estos cuchillos en exhibición, comenta: «son un tipo inusual de cuchillo del siglo XVI destinado a la mesa, no al campo de batalla, y ofrecen una notable comprensión de ese aspecto armonioso y audible de las devociones familiares»; es decir: oración y canción.

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La curadora de Victoria and Albert Museum, Kirstin Kennedy, admite que «no estamos del todo seguros» para qué se utilizaban esos espléndidos cuchillos; pero sí sabemos que cada cuchillo tenía una pieza musical diferente en cada lado, y que un conjunto de ellos contenía diferentes partes de armonía para convertir una sala llena de comensales en un coro. Un juego de cuchillas tenía la Gracia de un lado, con la inscripción «La bendición de la mesa»; el otro lado contiene la Bendición, que se canta después de la cena.

 

El lenguaje es el común para cualquier hogar en la Europa del Renacimiento, pero cuando se canta, al menos por el coro del Royal College of Music, que recreó la música e hizo las grabaciones que dejaré aquí, las oraciones son magníficamente elegantes. En los primeros audios se escuchan, respectivamente, una versión de la Gracia y de la Bendición de los cuchillos del Museo Victoria y Albert; abajo pueden escuchar una segunda versión, esta vez de un conjunto de oraciones corales de los cuchillos del Museo Fitzwilliam, grabadas para la exhibición Madonnas y Milagros.

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Nota: me disculpo por el torpe formato de la entrada; hubiese querido que los audios hubiesen aparecido en un formato más pequeño e, incluso, elegante; pero como no sé hacerlo (y la verdad es que no quiero pasar dos horas aprendiendo a hacer cosas que no sé si funcionarán y que luego nunca utilizaré) decidí dejarlo como está. Lo importante, para mí, es compartir estas curiosidades con ustedes. El resto lo aprenderé poco a poco y en su momento. Gracias a todos por comprender.

Las musas perennes

Detrás de cada gran obra suele existir todo un séquito de modelos que han posado por incontables horas para los artistas. Algunas de estas personas solían ser allegadas y hasta parejas de los artistas, en otros casos, como el de Caravaggio o Toulouse-Lautrec utilizaban a las prostitutas como modelos, o bien familiares.
Fuera del tipo de relación entre modelo y pintor, existen ciertas mujeres que quedaron inmortalizadas en los trazos de algunos de los artistas más renombrados de la historia del arte y cuyas identidades a veces no son tan populares o reconocibles como quienes los plasmaron.

Jeanne Hébuterne, pintada por Modigliani
De rostro afilado y alargado, Jeanne figura en buena parte de los retratos del pintor italiano. Ambos se conocieron en la Académie Colarossi, pues ella perseguía una carrera en el arte, mientras que algunos artistas como Modigliani solían acudir al lugar para conseguir modelos. La historia de ambos tiene un final trágico, después de que Modigliani falleciera en 1920, Jeanne se quitaría la vida al día siguiente.

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Adele Bloch-Bauer, pintada por Gustav Klimt
Adele figura en la pintura conocida como la Dama Dorada (o La dama de oro). Ella nació en el seno de una familia acaudalada y hacia 1899 contraería matrimonio con Ferdinand Bloch, quien comisionó a Klimt la pintura de su amada. No obstante, algunos creen que ella y el pintor tuvieron un amorío, sin embargo, no hay evidencia de ello.

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Sue Tilley, pintada por Lucian Freud
Sue posó por meses para el nieto de Freud a cambio de un pago de 33 libras al día. Ella apareció en cuatro de las obras de Freud y de hecho uno de sus retratos (Benefits Supervisor Resting, 1994) se convirtió en el 2008 en la pintura más cara vendida por un artista vivo al subastarse en 33,5 millones de dólares.

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Suzanne Valadon, pintada por Renoir, Toulouse-Lautrec, Degas, Modigliani, entre otros.
También pintora, Suzanne antes de darle inicio a su carrera artística trabajó como acróbata, sin embargo, muy pronto lo abandonó para enfocarse en la pintura. Se dice que su belleza atrajo a varios artistas no sólo para pintarla, sino también como pareja. Por otro lado, aprovechó sus largas sesiones de modelaje con los artistas para aprender de ellos y aprovechar las nuevas técnicas que aprendía, y así aplicarlas en sus propias obras (alguna vez Suzanne Valadon apareció en este blog, debido a su corta relación con Erik Satie. Quien esté interesado en esa historia, puede pasar por aquí).

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Olga Jojlova, pintada por Picasso
Es de conocimiento público que Picasso no tenía ningún reparo en retratar a sus parejas o amantes, por lo que es completamente normal encontrar a sus esposas en su arte. Olga fue bailarina de ballet y fue la esposa del pintor por 37 años. Cuenta la historia que Picasso nunca formalizó su separación pues tendría que entregarle la mitad de sus bienes, incluyendo sus pinturas.

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Jacqueline Roque, pintada por Picasso
Roque fue la segunda esposa de Picasso, cuyo matrimonio tuvo una duración de 11 años. De todas sus amantes y modelos, los retratos de Jacqueline son los más numerosos. Ambos se conocieron en un taller de cerámica.

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Lydia Délectorskaya, pintada por Henri Matisse
Lydia no sólo fue modelo de Matisse, también fue su asistente en el taller, además de que fue contratada para acompañar y cuidar a la esposa del pintor. Con el paso del tiempo, Lydia lo ayudaría en la elaboración de sus obras y así lo retrataría Matisse en fotografías. Ella fue una fuente importante para conocer más sobre Matisse después de su muerte e, incluso, bajo el pedido de los familiares del pintor, completó algunas de las obras que  había quedado inconclusas.

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Cine y pintura, realimentación (parte II)

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Autoretratos,de Egon Schiele (1910-1911) – Joker, de Tod Phillips (2019)

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Muy bien, vamos con esta segunda parte de las influencias de la pintura en el cine. No es necesario decir mucho más que lo que dije en la entrada anterior; creo que sólo hay que pasar y disfrutar del espectáculo, el cual, como el que inicia esta entrada, a veces no deja de ser sorprendente en grado superlativo (como dije, aquí está el trabajo de Pasolini, el cual es uno de mis preferidos).

Vamos a la galería (la cual, al igual que en la entrada anterior, pueden ver las imágenes en mayor tamaño y la información sobre la película y la pintura, haciendo clic sobre una de ellas. Si colocan el cursor sobre una imagen verán parcialmente la información):

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Cine y pintura, realimentación (parte I)

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El quinto elemento, Luc Besson (1997) – La columna rota, Frida Kahlo (1944)

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Las artes viven alimentándose unas de otras de manera más o menos perceptible. Así tenemos desde la influencia (voluntaria o involuntaria), la copia, la referencia, el plagio, el homenaje. De este último acabo de encontrar una serie de imágenes que ilustra cómo el cine se ha nutrido en varias ocasiones de la pintura (o de la plástica, si así lo prefieren) y qué tan precisos han sido en ello (supongo que todo tiene que ver con la necesidad propia de la película, además del deseo de homenajear a un artista determinado).  De las muchas imágenes que aquí dejaré (como son muchas las dividiré en dos entradas) prefiero aquellas que toman a las pintura como referencias para obras que nada tienen que ver con el artista. Las imágenes de Shirley. Visiones Of Reality, por ejemplo, aunque son perfectas en cuanto a la reproducción de la obra de Edward Hopper, me parecen menos interesantes porque la película se basa, precisamente, en la obra de este artista. en cambio la imagen de La ricota, de Passolini (cerrará la entrada próxima) me parece una maravilla en un todo.

Vamos a la galería (pueden ver las imágenes en mayor tamaño y la información sobre la película y la pintura, haciendo clic sobre una de ellas. Si colocan el cursor sobre una imagen verán parcialmente la información):

La divina obsesión

Para María G. Vincent
quien sufre del síndrome
del nido vacío.

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Hace unos días María G. Vincent publicó su primer libro de poesía: Mientras la vida soñaba (quienes lo deseen, pueden pasar por aquí y leerla a ella misma hablando de él). Ahora, en su nueva entrada, leo que María nos dice: «Si, todo pasa, pero me quedó una sensación doble. De melancolía, porque el poemario Mientras la vida soñaba ya vuela por libre y de alegría porque lo compartí con muchas personas queridas y que disfrutaron con una bonita tarde de poemas, amistad, complicidad y ritmo». De la alegría nada diré, porque ella se basta a sí misma; pero de la melancolía por tener que dejar partir al niño en cuestión podría decir algo, pero no por mis propias palabras, sino que para ello usaré una de esas exageraciones de Slavoj Zizek que tan bien le quedan:

«Odio escribir. Odio tanto escribir… no puedo decirte cuánto. En el momento en que estoy al final de un proyecto, tengo la idea de que realmente no logré decir lo que quería decir, y que necesito un nuevo proyecto para decirlo, es una pesadilla absoluta. Toda mi economía de la escritura se basa, de hecho, en un ritual obsesivo para evitar el acto real de escribir». Slavoj Zizek en conversación con Glyn Daly.

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Lo dije, es una exageración, pero nadie exagera mejor que Zizek; así que bien podríamos tomar aquí lo que nos compete y conviene y dejar la exageración de lado. Tal vez lo que nos convendría a todos los que escribimos (en un blog, revistas o periódicos, los que tienen la suerte de llegar al libro, los que lo hacen en la soledad de sus habitaciones) es nada más que eso: obsesionarse con el acto de escribir porque, seamos sinceros, mal podríamos como Juan Rulfo o J. D. Salinger sentir que hemos dicho todo lo que teníamos que decir en dos libros y nada más. Creo que con mucha más modestia (y tal vez certeza) lo nuestro sea un constante querer decir sin llegar nunca a poder decirlo a la perfección. Así que, ante el niño que se va por el mundo a hacer su propio camino, no nos queda otra opción que volver a tomar una hoja de papel en blanco, sacarle una buena punta al lápiz y empezar de nuevo a decir otra cosa, o tal vez lo mismo; pero con ideas o metáforas nuevas. Pues todos estamos en esto porque sí y nada más; como bien lo dijo Kurt Vonnegut: «Las artes no son una forma de ganarse la vida. Son una forma muy humana de hacer la vida más llevadera. Practica un arte, no importa qué tan bien o mal lo hagas. ¡Es una forma de hacer crecer tu alma, por el amor de Dios!».

Pues eso, María, ¿qué más puedes pedirle a la vida?