Tango con vacas o el concretismo aéreo

Tango con vacas. Poemas de hormigón armado es un libro de artista del poeta futurista ruso Vasily Kamensky, con ilustraciones adicionales de los hermanos David y Vladimir Burliuk. Impreso en Moscú en 1914 en una edición de 300 ejemplares, el trabajo se ha hecho famoso sobre todo por estar hecho enteramente de papel tapiz producido comercialmente, con una serie de poemas concretos —poemas visuales que emplean diseños tipográficos inusuales para el efecto expresivo— impresos en el frente de cada página.

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Teléfono – Vasily Kamensky

Los poemas se dividen en dos secciones; la primera contiene 8 poemas concretos que usan múltiples fuentes y espacios inusuales para expresar sonidos y texturas. Teléfono, por ejemplo, comienza con “Teléfono 2B_128 / rgrgrrrrrr______rrg”. La segunda sección contiene un grupo de 6 poemas dispuestos dentro de rejillas diagonales, que evocan tanto las pinturas cubistas de Picasso y Braque y los moldes que se utilizan para hacer hormigón armado. Estos poemas se refieren directamente a vistas aéreas, mapas y planos de planta.

“La construcción visual del poema «Museo Shchukin» consiste en una gran plaza dividida en varios segmentos, separados por líneas, con palabras y nombres de artistas dentro de cada uno: Uno, Matisse, con asociaciones de palabras con sus pinturas, otro, Monet, con la exclamación “¡No!” Junto a él, Picasso, etc. El arreglo sigue exactamente la exhibición de pinturas en el museo, sala por sala.

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Constantinopla – Vasily Kamensky

En “Constantinopla” el poema enumera las palabras aparentemente aleatorias (y partes de palabras) que podrían encontrarse en un viaje a esa ciudad turca; Aquí se encuentran “marineros” (матросы), “mulás” (муллы) y “gaviotas” (чайки). Allí, se puede vislumbrar las “orillas” del “Bósforo” (берег – Босфор) y la antigua catedral “Hagia Sophia” (Ай Софи). Evitando un desarrollo lineal tradicional, el poema evoca en cambio la vista desde un avión.

Kamensky había sido uno de los primeros rusos en dominar el vuelo, pilotando un Blériot XI después de tomar clases del propio Louis Blériot, hasta que un accidente en 1912 lo persuadió a retirarse. Tomando esto como referencia, Scott W. Palmer, especialista en historia rusa, dijo: “Es sólo cuando recordamos la experiencia de Kamensky como un aviador que “Constantinopla” tiene sentido. La composición visualmente sorprendente, ilegible, es un mapa de palabras literal que muestra las características arquitectónicas de la ciudad, los habitantes y los barrios urbanos experimentados desde arriba; mientras que la mirada «desde abajo» no es conocida más allá de un pequeño círculo de eruditos literarios y culturales rusos. “Constantinopla” es uno de los primeros y más importantes ejemplos del papel vital de la aviación en la transformación del arte del siglo XX”.

El tema de la necesidad de conocer aspectos de la vida de los autores para tener una mayor comprensión de la obra es un clásico de la crítica artística. Creo que este ejemplo de Kamensky es un fuerte argumento a favor de aquellos que abogan por una lectura situada en su época y en su entorno. Claro que pueden disfrutarse los poemas concretos sin conocer todos estos datos; pero no cabe duda que el conocimiento previo de algunos apuntes biográficos hacen que el disfrute sea mayor y más profundo.

Algunas otras páginas del libro, a continuación. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas. Pueden ver o descargar el libro completo, aquí.

 

 

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Diálogos infinitos

Hace pocos días tuve la oportunidad de visitar la exposición Picasso y Rivera. Conversaciones a través del tiempo, la cual tuvo (y aún tiene) lugar en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. La exposición, organizada en conjunto por el Museo del Palacio de Bellas Artes y Los Angeles County Museum of Art nos permitió poder comparar los puntos de contacto y también las diferencias entre ambos artistas. Yo desconocía la faceta cubista de Diego Rivera, y fue por demás interesante ver el trabajo comparativo del pintor mexicano y del pintor español, ambos grandes referentes del arte del siglo XX.

Juan Coronel Rivera, uno de los curadores de la exposición, dice: “En este caso, Picasso iba a la cabeza, porque él en 1905 está ya fincando las bases para la gran invención de 1906 y 1907, que es el cubismo, y aquí lo que vemos es cómo Rivera, en 1911, se anexa al cubismo, se adhiere a la escuela, y las aportaciones y los diálogos que hubo entre uno y otro, qué veía Picasso de Rivera y viceversa”.

Aquí, una de las posibilidades comparativas:

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Retrato del escultor Elie Indenbaum, de Rivera – El poeta, de Picasso.

Como todos sabemos, Picasso inventa el cubismo y, aunque Rivera siempre dirá que no copiaba al español, lo cierto es que que las obras de Picasso son muy anteriores a las del mexicano. Una diferencia notable que podemos notar en este caso es que el cuadro de Picasso está trabajado solo con 4 o 5 colores, sobre todo tierras y verdes; y eso es porque a él lo que le interesa es mostrar la estructura, lo que teorizó sobre el cubismo. El de Rivera, por el contrario, es un cuadro muy complejo. Está metiéndose ya con el color, y no nada más es una visión cromática, sino que es toda una postulación política: “Voy a meter colores no occidentales dentro de una invención occidental”: el cubismo visto desde Occidente y el cubismo visto por alguien no occidental.

 

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Retrato de Ruth Rivera, de Rivera – Gran bañista, de Picasso.

En el cuadro de Picasso vemos a una mujer semidesnuda, apenas salida del agua. Las referencias clásicas de Picasso (en la exposición podían verse, además de las obras, los bocetos y los estudios previos) fueron matizadas por la mirada del siglo XX del español. En cambio, en la maravillosa (me disculpo por el adjetivo, pero esta fue una de las obras que más me gustó, tal vez porque ni siquiera sabía de su existencia y eso, como se sabe, es ideal para el encantamiento estético) pintura del mexicano siempre hay todo tipo de referencias. En el caso del Retrato de Ruth Rivera incorpora, además, a la negritud. Ruth está reflejándose en un espejo, y en el espejo está pintada como negra mientras que en primer plano está pintada como indígena y viste un manto clásico. Otra vez Rivera está volviendo a nuestras raíces. “Los pintores occidentales no tienen ojos para nosotros, pero nosotros hemos tenido ojos para ellos, y eso nos ha hecho tener una versión totalmente distinta de las artes plásticas a la que siguen teniendo ellos. No es que sea mejor o peor, es otro punto de vista que siempre resulta enriquecedor”.

 

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Marinero almorzando, de Rivera – Hombre con bombín sentado a una mesa, de Picasso.

Por último, dos obras sobre las que no pueden destacarse grandes diferencias (apenas dos años separan a ambos cuadros) pero que me parecen fascinantes tal vez, precisamente, por las notables coincidencias estilísticas y estéticas. Considerando que ambos artistas ya se habían conocido y también distanciado, no es de extrañar estos puntos de encuentro artísticos. Ambos ególatras, ambos geniales, es lógico pensar que no podrían compartir una habitación, aunque en materia artística fuesen por el mismo carril.

 

Pintando con la cámara (II)

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Hace poco menos de un mes publiqué una entrada titulada igual que esta, donde mostraba el trabajo del fotógrafo italiano Franco Fontana. Hoy me encuentro con este maravilloso material y no puedo menos que repetir el título porque me parece que se aplica con la misma precisión a este artista que, sin duda, pasará a estar entre mis favoritos.

Se trata del fotógrafo belga Leonard Misonne (1870-1943), quien se formó como ingeniero antes de descubrir la fotografía. Criado en Gilly, Bélgica, viajó por toda su tierra natal y más allá para capturar el paisaje y la gente de Europa en un estilo más bien pictórico. Las fotografías, caracterizadas por escenas suaves y pintorescas, se crearon a través de procesos de impresión alternativos que utilizan materiales como el aceite y el bicromato de goma. Tomado en cuenta al movimiento pictórico de finales del siglo XIX y principios del XX, Misonne buscó elevar la fotografía al nivel de otras bellas artes como la pintura y la escultura.

“El cielo es la clave del paisaje” dijo Misonne alguna vez y esta filosofía es clara en muchas de las imágenes. A menudo llenas de nubes ondulantes, niebla matinal o rayos de sol, el artista sobresalía al capturar sus temas en una luz dramática, direccional, iluminando las figuras de detrás, que dio lugar a un efecto del halo. Favoreciendo las condiciones climáticas tormentosas, Misonne encuentra a menudo sus temas navegando por las calles bajo las sombrillas o apoyados en las ráfagas de una tormenta de nieve en invierno.

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Un notable dominio de los diversos procesos de impresión que utiliza Misonne se evidencia en el delicado equilibrio entre lo que se ha capturado fotográficamente y lo que ha sido manipulado por la mano del artista en cada impresión. Para perfeccionar este equilibrio, Misonne creó su propio proceso, llamado mediobrome, que combina la impresión de bromuro y aceite (he intentado leer algo al respecto pero básicamente lo que encontré trata de especificaciones técnicas y no suma mucho al placer estético, que es lo importante).

Una galería con alguno de sus trabajos. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas.

Un testigo cualquiera

El cuadro del matrimonio Arnolfini es por demás conocido; estoy seguro de que todos lo hemos visto más de una vez.

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Este cuadro fue estudiado por varios motivos (recuerdo el análisis que hace David Hockney en su documental El conocimiento secreto, por ejemplo. Y ya que está me atrevo a recomendarlo a todo aquel a quien le interese la plástica); entre ellos un detalle por demás interesante que hoy quiero compartirles: El retrato de Arnolfini es de 1434; y la pintura representa a un comerciante italiano, Giovanni di Nicolao Arnolfini y a su esposa en su casa en Brujas. En el fondo se ve un espejo convexo sobre el cual está escrita la leyenda “Johannes de eyck fuit hic 1434” (“Jan van Eyck estaba aquí 1434”).

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Curiosamente, reflejadas en el espejo, donde esperábamos ver al pintor y su caballete, pueden verse dos figuras:

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En 1934 el historiador del arte Erwin Panofsky ofreció una explicación única para esto: En el momento en que se realizó la pintura y el matrimonio, ni Arnolfini ni su esposa tenían parientes en Brujas; y la costumbre en ese momento era grabar el “libro artístico familiar” y para ello hacían falta dos testigos de la boda. “Así que podemos entender la idea original de una imagen que era un retrato conmemorativo y un documento al mismo tiempo, y en el que un caballero conocido (el pintor) firmó con su nombre; es decir, tanto como artista y como testigo”.

Pequeños lujos que alguna gente puede darse: encargarle un cuadro a Jan van Eyck y de paso hacerlo testigo de la boda. ¿A quién podría encargarle la tarea para la próxima vez que me case? A ver… déjenme contar cuánto tengo en la billetera…

Querer volver a ser niño

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Shaun Tan es un notable artista gráfico que ha creado las portadas de numerosos libros y que también ha ilustrado de manera magistral a clásicos infantiles, entre otros. En Los huesos cantores, recopila 75 esculturas que representan a otros tantos cuentos de los hermanos Grimm (Los huesos cantores toma su título de uno de los cuentos; el que habla sobre el hueso de un muchacho asesinado que, una vez tallado en una flauta, canta el destino y la injusticia). Cada escultura está fotografiada por el propio Tan y está acompañada de un breve texto del cuento. Juntos, fragmento y escultura, nos ponen en situación de quiénes son los personajes de la historia y se complementan en significado y connotaciones.

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Las esculturas tienen una altura de entre 10 y 30 cm. y están realizadas, según explica el propio autor, con papel maché y arcilla de secado al aire y pintura además de otros materiales como madera, pátina de hierro y de bronce, papel de aluminio, pan de oro, alambre, papel, hilo, tela, arena, azúcar y sal, arroz, flores o caramelos entre otros.
El libro tiene varios apartados. El primero de ellos es una breve explicación de quiénes eran y cómo crearon su obra los hermanos Grimm. Interesante historia que demuestra lo importante de su obra y el esfuerzo y las dificultades que se les presentaron en el camino. La contribución de los Grimm a la literatura infantil es importantísima y con esta introducción se hace latente su esfuerzo por conseguir su obra y el paralelismo con su vida personal.

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Al finalizar estas páginas, nos encontramos un epílogo del autor en el que explica el impacto de los cuentos de los hermanos Grimm en su vida y cómo se inspiró para crear estas esculturas. “A la hora de crear mis propias ilustraciones para Los huesos cantores, me he inspirado en gran medida en las tallas de piedra de los inuit y en las estatuillas de arcilla precolombinas (…). En estas manifestaciones se da una maravillosa mezcla de fantasía y realidad (…)”.

Una pequeña galería de sus trabajos en este libro. Para ver las imágenes en mayor tamaño, deben hacer clic en una de ellas. También pueden visitar la página personal de Shaun Tan aquí.

 

Confluencia

Remedios Varo - La huida

Remedios Varo – La huida

Más que leo, me deleito con ese amigo entrañable que es, para mí, Heny David Thoreau. Un pequeño volumen titulado Colores de otoño está haciendo que estas tardes de lluvia moreliana se vuelvan casi irreales de tan bucólicas (la lluvia lleva aquí más de un mes; si por mi fuera, que no se vaya nunca). Thoreau camina por su bosque en otoño y toma nota de todos los colores de las hojas que crujen bajo sus pies. Llega a su bote y lo encuentra alfombrado con ellas y decide no quitarlas de allí. Las acepta como una esterilla apropiada para el fondo de mi carruaje. Más adelante me encuentro con esta descripción:

“Por la tarde de aquel día, cuando las aguas están perfectamente calmas y llenas de reflejos, remo con suavidad por el brazo principal y, río arriba por el Assabet, llego a una caleta silenciosa, donde inesperadamente me veo rodeado por millares de hojas, como si fueran compañeras de viaje con el mismo propósito, o falta de propósito, que yo. Miren a esa gran flota de hojas-barco dispersas entre las que remamos por la bahía de este río plano, cada una de ellas curvada hacia arriba gracias al talento del sol, cada nervadura rígida, como las canoas de piel, con todos los posibles dibujos, algunas con proas y popas elevadas, como los majestuosos navíos de la antigüedad, que avanzaban despacio sobre las aguas mansas”.

¿Dónde vi antes a estas embarcaciones? Me pregunté sabiendo que en algún sitio había visto estas hojas que describe Thoreau. El nombre no tardó mucho en llegar: Remedios Varo. La huida es el cuadro en el que estaba pensando cuando leí ese fragmento; pero luego encontré algunos más con una idea que también puede adjuntarse aquí. Me gustó ese encuentro casual entre Thoreau y Remedios Varo; entre el realismo puro de uno y el surrealismo romántico de la otra.

Tomo nota, también, de una frase que Thoreau deja como al pasar, pero que me parece de una lucidez digna de ser destacada: “[…] como si fueran compañeras de viaje con el mismo propósito, o falta de propósito, que yo”. Toda una declaración de principios. ¿Tiene sentido nuestra vida o no lo tiene? Bueno, diría Thoreau; todo depende de lo que hagas con ella. O de cómo mires a las hojas secas que están a tu alrededor…

El arte siempre habla en voz baja; sólo hay que estar atentos a lo que susurra.

Remedios Varo - El hilo invisible

Remedios Varo – El hilo invisible

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Remedios Varo - Hallazgo

Remedios Varo – hallazgo

Pueden ver en mayor tamaño a La huida, aquíEl hilo invisible, aquí; y Hallazgo, aquí.

Tomar la espada

“Todo extremismo destruye lo que afirma” María Zambrano.

El 3 de mayo de 1808 en Madrid.

Francisco de Goya – El 3 de mayo de 1808 en Madrid.

Como corolario a la entrada de ayer, copio este fragmento de Dionisio Garzón; del prólogo a Pensamiento, palabras y música:

“En el Museo del Prado puede verse uno de los cuadros más intenso y trágicos de Goya: El 3 de mayo de 1808 en Madrid. Los fusilamientos en las montañas del Príncipe Pío. Ceremonia de horror y muerte: el paso arrollador de la guerra, el trágico patetismo de esos seres humanos indefensos ante su destrucción implacable. Con trazos recios, casi violentos, en apariencia sin el menor refinamiento, la mano maestra del pintor plasma esa crueldad dramática llevando la luz y el color a sus extremos más intensos.

De este cuadro dice De Amicis: «Es el último punto a que puede llegar la pintura antes de convertirse en acción; pasado este punto, uno tira el pincel y coge la espada»”.

Esa frase final de De Amicis es el verdadero corolario: lega un momento en que se hace necesario tirar el pincel y tomar la espada, metafórica o literalmente. Todo lo demás es cobardía, aunque se la disfrace de racionalismo o de pacifismo.