De cómo una botella de licor nos lleva de la mano hasta una mujer desnuda

 

Lady Godiva by John Collier

Lady Godiva, por John Collier

Termina la cena y el anfitrión trae, entre otras botellas varias, una de un licor de chocolate Godiva. Alguien pregunta si el licor toma su nombre de leyenda de Lady Godiva y otro asegura que así es. Lo que nadie puede asegurar es si esa historia es verdadera o si es, como se dijo antes, sólo una leyenda. En esa sobremesa nadie cometió la torpeza de buscar en su smartphone la respuesta a esta pregunta; pero ya solo en casa no pude con mi genio y me dispuse a constatar la verdad detrás de ese asunto (estoy seguro de que al menos uno —tal vez dos— de las personas que estaban allí hicieron lo mismo).

La leyenda dice que esta dama anglosajona se solidarizó con los sufrimientos y apuros de sus vasallos, a los que su marido esquilmaba con tributos abusivos y que cabalgó desnuda atravesando la ciudad como forma de protesta. El primero en dejar constancia de esta historia fue el cronista del siglo XIII Roger de Wendover; quien dejó escrita la legendaria historia de Godiva, la esposa del duque Leofric que lució su desnudez por las calles de Coventry para lograr así que su marido bajara los impuestos locales.

En realidad, aquella noble británica sí existió en el siglo XI, tal y como queda constatado en las crónicas de Florence de Worcester. En ellas habla de Godiva, una bella joven que estaba casada con Leofric, uno de los nobles más importantes del siglo XI. Sin embargo, no hay ninguna referencia al célebre paseo a caballo, algo que parece haber surgido o de la imaginación del pueblo o del propio puño de Wendover.

Algunos historiadores creen que en realidad lo hizo vestida tan sólo con un camisón, la ropa interior de la época, pero que para la moral de aquellos días ya se consideraba como si fuese desnuda. La leyenda, que según los historiadores puede estar basada en una historia real —al menos parcialmente—, finaliza aclarando que Leofric, conmovido por el gesto de su esposa, cumplió su promesa y rebajó los impuestos (que tomen nota las primeras damas de países varios).

Para finalizar, vuelvo al licor de aquella sobremesa: Es cierto que  una de las marcas de bombones de lujo más populares se llama Godiva Chocolatier en homenaje a esta figura histórica. Con los años, sus cajas doradas de bombones con el dibujo de la condesa desnuda se han convertido en un souvenir típico de Bélgica.

Una galería de obras varias sobre esta figura histórica y mítica al mismo tiempo. Para ver las imágenes en mayor tamaño, hacer clic sobre una de ellas:

 

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El movimiento se demuestra andando

 

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Un cuadro que siempre ha llamado mi atención es el Desnudo bajando la escalera, de Marcel Duchamp. Ya el título nos ayuda a comprender que esas formas abstractas son en realidad las diferentes poses de momentos sucesivos de una persona al bajar por una escalera. En general, cuando uno vuelve a una pintura en particular una y otra vez lo hace por alguna razón en especial, es decir, por algo que va más allá del mero placer estético (éste, al igual que sucede con el humor, va apagándose a medida que pasa el tiempo, del mismo modo en que ya no nos reímos cuando nos cuentan una y otra vez el mismo chiste).

En mi caso, el Desnudo bajando la escalera me resulta fascinante porque a veces veo a la figura moverse mientras que otras veces sólo veo a la figura y otras veces sólo veo las líneas rectas y el color que las circunda. No sé si se deberá al cansancio o a la lucidez de cada momento; pero sea como fuere, ese cuadro de Duchamp es, para mí, tres o cuatro cuadros diferentes, según sea el momento en que me lo encuentre.

Ahora, tal vez, me veré obligado a sumar una o dos formas más de verlo, lo cual, lejos de agobiarme, es una idea que me agrada muchísimo. Y es que leyendo La cuarta dimensión en el arte del siglo XX, de Javier Ibáñez, me encuentro con que Duchamp se inspiró en los conocidos trabajos del fotógrafo Eadweard Muybridge; sobre todo en su serie Mujer bajando una escalera:

 

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Claro, ahora todo resulta obvio ¿No? Pero es lo mismo de siempre; como nos sucedía en la escuela cuando no podíamos resolver un problema y la maestra, al fin, nos daba la respuesta ¡Por supuesto que así era! Todo estaba ante nuestros ojos, de una u otra manera.

Como dije, creo que a partir de ahora el Desnudo bajando la escalera de Duchamp ya no sólo se moverá (cuando le dé la gana, claro) sino que también será una serie de fotos fijas o de líneas o de lo que se le antoje. Sea lo quiera ser, estoy seguro de que lo voy a disfrutar muchísimo.

Nota: buscando las imágenes que necesitaba para ilustrar esta entrada, me encuentro con este montaje (de quien desconozco la autoría) pero que ilustra a la perfección la unión entre ambos artistas:

 

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Bajo el andamio

 

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Antoine Joseph Wiertz – Dernières pensées et visions d’une tête coupee

 

El artista belga Antoine Joseph Wiertz (1806-1865) dedicó la mayor parte de su arte a expresar su obsesión —propia de la era romántica— con la muerte. Wiertz se interesó personalmente en la cuestión científica de cuánto tiempo sobrevivía la consciencia en la cabeza de una víctima de ejecución mediante la guillotina, y en 1848 utilizó la hipnosis para intentar compartir los dolores y la rápida pérdida de conciencia en un asesino sometido a decapitación por el crimen de haber asesinado a su casera. El resultado fue un tríptico completado en 1853 titulado Dernières pensées et visions d’une tête coupee (Últimos pensamientos y visiones de una cabeza cortada), donde representa las impresiones de una cabeza guillotinada de sus últimos tres minutos de conciencia.

Wietz agregó una descripción verbal de cada uno de los paneles. Aquí hay un extracto del segundo minuto, Under the Scaffold (Bajo el andamio):

«Por primera vez, el prisionero ejecutado es consciente de su posición. Mide con sus ojos ardientes la distancia que separa su cabeza de su cuerpo y se dice a sí mismo: “Mi cabeza está realmente cortada”.

Ahora el frenesí se redobla en fuerza y ​​energía. El prisionero ejecutado imagina que su cabeza está ardiendo y girando sobre sí misma, que el universo se está derrumbando y girando con él, que un fluido fosforescente gira alrededor de su cráneo a medida que se derrite. En medio de esta horrible fiebre, una idea loca, increíble e inaudita toma posesión del cerebro moribundo. ¿Lo creerías? Este hombre cuya cabeza ha sido cortada todavía concibe una esperanza. Toda la sangre que queda en burbujas, brota y recorre con furia todos los canales de la vida para captar esta esperanza.

En este momento, el prisionero ejecutado está convencido de que está extendiendo sus manos convulsas y llenas de rabia hacia su cabeza expirada. No sé lo que significa este movimiento imaginario. Espera … Entiendo … ¡Es horrible!

Oh! Dios mío, ¿qué es la vida que continúa la lucha hasta la última gota de sangre?»

En el mismo año, el autor estadounidense Theodore Witmer había registrado sus propias impresiones luego de ver una ejecución en la década de 1840. «¿Por qué alguien no nos da Las reflexiones de un hombre decapitado?», Preguntó. «Si resultara estúpido, podría excusarse por falta de cabeza». Más allá de la broma algo torpe, hubiese sido interesante saber qué hubiese pensado Witmer de la obra del Antoine Joseph Wiertz.

Y a falta de músculos…

 

The Uncertainty of the Poet 1913 by Giorgio de Chirico 1888-1978

Giorgio de Chirico – La incertidumbre del poeta

Octavio Paz, en el primer ensayo de su El laberinto de la soledad, se pregunta sobre la inseguridad casi genética de los mexicanos. Allí se hace algunas preguntas muy atinadas: «¿Qué somos y cómo realizaremos lo que somos?» y la más importante: «¿No sería mejor crear, obrar sobre una realidad que no se entrega al que la contempla, sino al que es capaz de sumergirse en ella?». Ésa es la pregunta clave que toda persona debería plantearse y, sobre todo, responderse de manera tajante. Hoy en día, en cambio, está de moda la idea contraria: la de sentirse nada ante la realidad que nos rodea o que creamos.

Acabo de ver Jot Down una entrevista a la escritora española Sara Mesa, quien dice: «Por escribir libros mi opinión no está más cualificada ni es mejor que la de alguien que no escribe». Ante casos como este no puedo dejar de preguntarme ¿Para qué escribe, entonces? Si su opinión es tan válida o inválida como la de cualquiera ¿Por qué debería leer sus libros? Este tipo de postura supuestamente humilde parte del error de confundir seguridad con soberbia y de olvidar que si bien lo segundo es reprochable, lo primero no lo es en lo absoluto.

Cuando uno accede al trabajo de un profesional, sea éste cual fuere, no quiere medias tintas, quiere lo mejor. Así se trate de nuestro seleccionado de fútbol, de un médico, de un político o de un artista, uno no quiere a una persona que ya parte desde el mismo inicio sintiéndose mediocre; uno quiere que su equipo gane, que su médico sea excelente, que su político sea capaz y que su escritor le entregue una buena historia. ¿Se imaginan un boxeador que se suba al ring diciendo algo así como «Bueno, yo no soy mucho mejor que cualquiera de ustedes… sólo hago lo que puedo…» ¿Quién apostaría por él? Es por eso que los boxeadores son unos bravucones irredentos: porque tienen que serlo. Luego la realidad dirá si están a la altura de sus palabras o no; y eso mismo es lo que quiero en un escritor (o un artista cualquiera, si vamos al caso). Quiero que ese escritor me dé lo mejor de sí mismo; quiero que ataque a la hoja en blanco con el convencimiento de que escribirá la mejor novela, el mejor poema, el mejor ensayo. Quiero que al tomar su pluma esté convencido de que su trabajo marcará un antes y un después en la historia de la literatura. Después la realidad marcará si merece el bronce o el olvido; eso es algo que él nunca podrá determinar y tampoco debe importarle; sólo debe hacer su trabajo con el convencimiento de que es el mejor en ello. Eso es lo respetable, incluso más que el resultado de su obra.

Por cierto, hablando de poetas y boxeadores, dejo un fragmento de Lectura, de Wislawa Szymborska, quien por algo es la mejor de todas:

Lectura

No ser un púgil, Musa, es como no ser nada.

[…]

No ser un boxeador, ser un poeta,

con una condena a poemas forzados,

y a falta de músculos mostrarle al mundo

—en el mejor de los casos— una lectura escolar en el futuro.

Oh Musa. Oh Pegaso,

ángel equino.

La fotógrafa silenciosa

 

Vivian Maier (1)

Vivian Maier

John Maloof es un tipo con suerte. También nosotros, si vamos al caso, pero debemos reconocer que al menos en este particular asunto, lo somos por interpósita persona; es decir, gracias a él. Resulta que un día cualquiera John Maloof (documentalista) se encontraba en una subasta pública y vio una caja llena de fotografías, negativos y muchos rollos fotográficos. Pujó, ganó y comenzó revisar todo ese material que había comprado. Fue así que salió a la luz la existencia de Vivian Maier. ¿Quién fue esta mujer? Pues una simple y anónima baby sitter de origen franco-húngaro quien emigró a Nueva York y allí se dedicó a alternar en silencio su trabajo de niñera con su pasión: la fotografía. Salía a recorrer las calles y a fotografiar todo aquello que se le cruzara en el camino (esto es una exageración mía; pero viendo su trabajo es la sensación que se tiene).

Su trabajo aún está siendo investigado, ya que de sus 120.000 negativos hay muchos aún que no han sido, siquiera, revelados. No he podido encontrar el documental de John Maloof sobre Vivian Maier y sobre su golpe de suerte al encontrar todo este material; pero lo he visto en el canal Film & Arts y es probable que vuelvan a pasarlo por allí. En la red sólo se encuentran trailers y algunos videos que pueden acercar el trabajo de la hasta hace poco ignota fotógrafa.

 

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Por mi parte me quedo con los retratos. Parece que Maier no tenía prurito alguno en pararse frente a cualquier persona, apuntar su cámara y disparar; y eso hace que muchos de sus retratos hayan captado ese momento de sorpresa o indecisión del retratado. Eso, para mí, le brinda una «capa» de sentido extra que hace de esos retratos algo único e irrepetible.

Por último; y como suele ocurrir cuando uno se entera de casos como este, me pregunto cuántos otros artistas maravillosos permanecen en las sombras y cuántos lo harán para siempre. Roguemos porque haya muchos más John Maloof por allí y que el azar les brinde un simple momento de suerte.

Una brevísima galería con algunos de sus trabajos. Para verlos en mayor tamaño, hacer clic sobre uno de ellos.

 

La hermandad animal

 

Martin Wittfooth - Brahman (Sacrifice)

Martin Wittfooth – Brahman (Sacrifice)

 

La historia, esa disciplina que consideramos, en general, como lineal, gradual y ascendente, nos permite acceder en «vivo y en directo» —y eso sólo a veces—, a sus avances o retrocesos. Esos avances o retrocesos en general sólo pueden ser bien vistos a través de la distancia; es decir que hay que tomar cierta lejanía temporal para poder determinar si los cambios fueron beneficiosos o no; pero algunas cosas hemos aprendido en el camino y a veces no es necesario esperar tanto para darnos cuenta de que las cosas cambian para mejor.

Uno de esos cambios sociales he históricos a los que estamos asistiendo en primera fila es el de las consideraciones sobre los animales. Poco a poco éstos van siendo considerados como lo que son, seres sintientes y en algunos casos hasta con ciertas capacidades racionales (el concepto de “racional” es el que está siendo reinterpretado en este aspecto) y al mismo tiempo se está poniendo en tela de juicio el lugar que ocupa el ser humano en el complejo sistema biológico.

 

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Libros como Comer animales, de Jonathan Safran Foer; Los animales son parte de la clase trabajadora, de Jason Hribal; Leche que no has de beber, de David Roman; Todos los animales somos hermanos, de Jorge Riechmann; Malcomidos, de Soledad Barruti; Un animal es una persona, de Franz-Olivier Giesbert; o En la mente de un perro, de Alexandra Horowitz; entre muchos otros, son ejemplos de este cambio de paradigma que implica el considerar a un animal como a algo más que a ese autómata mecánico, tal como lo hicieron Gómez Pereira o Descartes, por ejemplo.

 

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Como todo en esta vida, hay que empezar a pensar en términos lógicos, lo cual parece ser algo bastante difícil para muchos seres humanos. Si bien es moralmente correcto comenzar a pensar en los animales como seres con derechos, no hay que caer en el facilismo de muchos que si los dejamos empezarían a pedir para el mosquito los mismos derechos que para los humanos. El asunto, como siempre, es dónde trazar las líneas adecuadas (aunque ello no deje de ser una señal de nuestras limitaciones culturales históricas; pero como no podemos salir de ello, sigamos adelante).

Por último; una pequeña nota sobre la obra con la que se abre esta entrada. El arte ha sido siempre una forma de comunicación humana; una forma de expresión, sí, pero también de decir ciertas cosas (El siglo XX ha sido tal vez el más caótico en el aspecto artístico pero también lo ha sido en los aspectos sociales; así que de algún modo también el arte está hablando de lo suyo). En este principio de siglo estamos asistiendo a un renacimiento de la pintura figurativa; del relato; es decir, del decir. Brahman (Sacrifice),de Martin Wittfooth fue la obra que me impulsó a escribir esta entrada y lo hizo desde la interpelación; desde la pregunta que ese animal representado me hizo desde el lienzo. Ese mandala en la frente contrapuesta a la etiqueta numerada en la oreja y esas banderillas como una corona roja dicen (dicen) más de nosotros de lo que habitualmente solemos reconocer.

Tesoros escondidos IV

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Las entradas seriadas son hijas inevitables de los encuentros del azar. A veces estoy buscando algo en particular y encuentro más material del que esperaba; a veces encuentro otra cosa distinta que me llama la atención y a veces encuentro cosas de las que ni siquiera sabía de su existencia. Cuando escribí la primera entrada titulada Tesoros escondidos fue debido a este último caso; es decir el de haber encontrado algo que no conocía con anterioridad. Ahora encontré más libros con estas características y aquí los comparto porque sé que a muchos de ustedes les gustan tanto como a mí. Empecemos.

The Holy Bible

The Holy Bible – Split fore-edge painting

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Letters of Lady Rachel Russell, 1801

Letters of Lady Rachel Russell, 1801, by J. Mawman

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Analysis of the Game of Chess, 1790

Analysis of the Game of Chess, 1790, by François-André Danican Philidor

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Characteristics of women, moral, political, and historical, v.2 1833

Characteristics of women, moral, political, and historical, v.2 1833
by Anna Jameson
Painting of Anne Hathaway’s Cottage

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Speeches of Henry Lord Brougham, v.1 1838

Speeches of Henry Lord Brougham, v.1 1838, by Henry Lord Brougham
A view of Philadelphia showing the Delaware

Por último, las tres entradas anteriores, por si alguien quiere ver más bellezas como las anteriores.

Tesoros escondidos

Tesoros escondidos II

Tesoros escondidos III