De la incongruencia y sus límites

 

De los muchos defectos que tenemos los seres humanos, uno de los más graves —considerando que es uno de los evitables, es decir, uno que puede ser subsanado mediante cierto trabajo consciente—, es el de la incoherencia (por otra parte, si bien es cierto que todos los seres humanos somos entes ambiguos y que cierto nivel de comportamiento paradójico puede sernos tolerado, hay grados en este punto, así que aferrarnos a él para justificarnos no siempre es algo válido). Veamos un ejemplo de esto a partir de una foto que acabo de ver:

 

toros

 

La imagen nos muestra la plaza de toros de la Ciudad de México y, en primer plano, a dos felices y elegantes damas. De manera indirecta conozco a estas señoras pero nada diré de ellas, ya que el motivo de esta entrada no es la burla ni el escarnio personal, sino la crítica general a una postura ideológica, la cual es la de declararse amante de los animales y, al mismo tiempo, ser un ferviente admirador de las corridas de toros.

lo dije antes: podemos tolerar cierto nivel de ambigüedad, pero para todo hay límites. También dije que mediante cierto trabajo consciente —es decir, de la voluntad— podemos subsanar nuestros niveles de incoherencia; y esto se logra simplemente pensando y considerando si nuestras ideas so compatibles las unas con las otras y, si esto no es así, debemos desechar a una de ellas (o a veces a ambas). Claro, he aquí la dificultad: debemos cambiar nuestra forma de pensar ¡Vaya horror, con lo apegados que nos encontramos a nuestros prejuicios! (Ya lo dijo Descartes: No hay nada mejor distribuido que el sentido común: todo el mundo cree tener el suficiente).

Por si alguien no notó el detalle, aclaro que, básicamente, no estoy hablando de las corridas de toros en sí (su crítica es tan banal y recurrente que ya nada puede decirse acerca de ellas sin caer en lugares comunes); sino de lo que se ve en el fondo de la imagen; en esa silueta de la virgen María trazada en la arena donde serán torturados y sacrificados algunos animales a manos de otros animales de otra especie. Allí es donde tenemos la mayor cantidad de tela para cortar. Es allí donde veo los mayores niveles de incoherencia. La suma es lo que me interesa: una sonrisa bonita, una virgen amorosa, una matanza en ciernes, el amor divino, una foto orgullosa…

Anuncios

Curiosas imágenes encontradas en manuscritos medievales (IV de IV)

Última entrega de esta entrega de dibujos raros o poco usuales en manuscritos medievales.

.

b29

Gato tocando la gaita – Libro de Horas, París, c.1460

.

b32

Infidelidad draconiana – Ilustración de Les faize d’Alexandre (una traducción de Historiae Alexandri Magni de Quintus Curtius Rufus), Brujas, c. 1468-1475

.

b33

Esqueleto sonriente – Ars bene moriendi, Francia, 1470-1480

.

b34

Broma pesada de un mono – Recueil des croniques d’Engleterre, Brujas, 1471-1483

.

b35

Teletubbies en una canasta – Le Livre des hystoires du Mirouer du monde, París, 15th century

.

b36

Demonios en un castillo, de Le mister par personages de la vie, passion, mort, resurrection et assention de Nostre Seigneur Jesus Christ, 1547

.

b37

Gente extraña sobre un mapa – Cosmographie universelle, 1555

.

b38

Fiesta caníbal – Wunderbarliche, doch wahrhaftige Erklärung von der Gelegenheit und Sitten der Wilden in Virginia by Theodor de Bry, c. 1590

.

b39

Demonio parecido a un pájaro con un demonio 
más pequeño peleando con una mujer en su canasta – Nürnberger Schembart-Buch, 17th century

 

 

Curiosas imágenes encontradas en manuscritos medievales (III de IV)

Tercera parte de esta entrega con menos palabras aún que las anteriores.

.

b21

Una sabrosa rosquilla para un extraño animal, en Les Grandes Heures du duc de Berry, París, 1409

.

b22

Mono defecando en una edición del siglo XV de Jean de Wavrin Anciennes et nouvelles chronicles d’Angleterre

.

b23

Gato melancólico tocando la lira, Libro de Horas, Francia, siglo XV

.

b24

El mono pensador, Breviary of Mary of Savoy, Lombardy, c. 1430

.

b25

Extraños seres (tal vez demonios) con una lista de cosas por hacer y un látigo, en Livres du roi Modus et de la reine Ratio, Francia, siglo XV

.

b26

Personas y demonios marinos, de Histoire de Merlin, por el Maestro de Adelaida de Saboya en Poitiers, alrededor de 1450-1455

.

b27

Demonios avivando el fuego infernal –  Traité des quatre dernières choses de Jean Le Tavernier, c. 1455

.

b28

Monstruo marino, ilustración de Poggio Bracciolini, añadida a una copia de Le Miroir du Monde, a mediados del siglo XV.

.

b30

.

b31

Flechazos anales (no encontré datos sobre los manuscritos)

Curiosas imágenes encontradas en manuscritos medievales (II de IV)

Sin muchas palabras, vamos con la segunda parte de estas ilustraciones raras o curiosas encontradas en manuscritos medievales.

.

b04

Una bestia etíope llamada Anabula, que parece un elefante triste – Liber de nature rerun, Francia, c. 1290

.

b12

Animal de cuello largo – Libro de horas, Inglaterra, principios del siglo XVIV

.

b13

Gatos haciendo cosas de gatos: duermen, juegan con ratones y se interesan poco en las aves enjauladas de un bestiario medieval

.

b14

Cocinero enojado con un gran cuchillo – de The Luttrell Psalter, 1325-1335

.

b15

Mono decapitando a un hombre (No encontré datos del manuscrito)

.

b16

El Gran Pene Verde o monstruo volador, del Decreto Gratiani con comentario de Bartolomeo de Brescia, Italia, 1340-1345

.

b17

Un intruso descarado en el margen izquierdo, de Votos del pavo real, c. 1350

.

b18

Boca del infierno – Horas de Taymouth, siglo XIV

.

b19

Árbol de penes, de una copia del siglo XIV del Romace de la rosa

.

b20

Un conejo con hacha amenazando al rey, en Gorleston Psalter, Inglaterra, siglo XIV

 

Pajaritos

 

Scan 612

Collage: Borgeano (detalle)

 

Hace poco leí un artículo donde se detallaban algunas excentricidades de escritores famosos. Uno de los más deliciosos que encontré fue aquel que señalaba que Virginia Woolf, a lo largo de un verano, creyó que los pájaros piaban en griego. Esta estupenda y particular forma de sinestesia me hizo recordar aquella historia que cuenta Jules Renard en sus Les Histoires Naturelles, 1896:

«Félix no entiende cómo las personas pueden mantener a las aves en jaulas. «Es un crimen» dice, «como recoger flores. Personalmente, preferiría olerlas en sus tallos; y los pájaros deben volar de la misma manera». Sin embargo, Félix compra una jaula y la cuelga en su ventana. Pone dentro un nido de algodón, un platillo de semillas y una taza de agua limpia y renovable. También cuelga un columpio en la jaula y un pequeño espejo. Y cuando lo interrogan, responde con cierta sorpresa: «Me enorgullezco de mi generosidad cada vez que miro esa jaula» dice. «Podría poner un pájaro allí, pero la dejo vacía. Si quisiera, podría encerrar algún zorzal pardo, algún camachuelo gordo o algún otro pájaro de todos los tipos que tenemos por aquí; pero eso sería cautiverio. Pero gracias a mí, al menos uno de ellos sigue siendo libre. Siempre hay eso…».

 

Scan 613

Collage: Borgeano (detalle)

 

Ayer escuchaba (y eso fue el detonante definitivo que me impulsó a reunir todos estos fragmentos dispersos en una sola entrada) El álbum de Ian Anderson The Secret Language Of Birds; es decir: El lenguaje secreto de los pájaros. En la canción que lleva este título, la noche cae y una pareja se encuentra, después de compartir una botella de vino y demás, sin posibilidad de que ella pueda irse a su casa; entonces él simplemente le dice: «Quédate conmigo y aprendamos el lenguaje secreto de los pájaros»; una poética propuesta que podríamos aprender a poner en práctica, llegado el caso.

Por último, y con toda modestia, recuerdo un haiku que escribí para alguien:

Un ave canta
sobre la piel de mi voz
dice tu nombre.

El haiku fue aceptado con contenida alegría o satisfacción (fue suficiente). De todos modos, me quedo con la imagen de Virginia Woolf mirando hacia lo alto de un roble mientras intentaba descifrar alguna palabra griega que tal vez pudiera parecerle conocida y, por sobre todo, me quedo con la poética metáfora de Ian Anderson. Esperaré hasta la próxima noche de lluvia y en el momento adecuado, esperanzado, sólo diré: «Quédate conmigo y aprendamos el lenguaje secreto de los pájaros».

 

Huellas (II)

 

Hace poco visité un convento del siglo XVI donde me encontré con la huella de un perro, huella que me llevó a hacerme algunas preguntas de esas que uno se hace porque sí y que resultan más útiles y válidas que las habituales ¿Lloverá mañana? o similares. Ahora encuentro esto, que me hace ver que no soy el único en «perder el tiempo en cuestiones triviales». El asunto no es menos encantador que el que me tocó en suerte a mí, pero sí mucho más atractivo por el detalle de que esta huella fue dejada en un manuscrito medieval. Vamos al grano:

 

w8KT9Bu

 

Mientras investigaba un manuscrito medieval, Emir O. Filipović, un asistente de enseñanza en la Universidad de Sarajevo, descubrió páginas del libro manchadas con las huellas entintadas de un gato. Como todo hijo de la modernidad, Filipović  tomó algunas fotos para mostrársela a sus amigos y, por extensión, a todos nosotros.

 

ggv5PIA

 

Los manuscritos medievales generalmente contienen muchas cosas extrañas: garabatos pequeños, hongos extraños, iniciales decoradas elaboradas, agujeros presumiblemente perforados por gusanos u otras plagas, e incluso filigranas cuidadosamente hechas a mano.

 

waakAGk

 

Estas huellas de tinta se hicieron poco después de escribir las páginas y podemos imaginar al monje que copiaba el libro, furioso, espantando al gato con pánico mientras intentaba sacarlo de su escritorio. Sea como haya sido, el daño ya estaba hecho y no había nada más que se pudiera hacer, tan sólo pasar la página y continuar el trabajo. Así, tal vez sin decirle nada a nadie, el monje siguió con su trabajo y el episodio fue «archivado» para la historia y para que yo pueda, hoy, escribir esta pequeña entrada.

Colmillos

Imaginemos por un momento una situación descabellada, digamos una de esas películas con ideas algo absurdas pero con mucha acción: por ejemplo, una mujer está ahogando en un lago a sus dos hijos pequeños y quien viene al rescate es un perro. El animal salva a uno de los niños e intenta, infructuosamente, salvar al otro. Claro; el animal es un animal y no tiene aparejos ni herramientas ni, si los tuviera, tampoco tendría la capacidad para usarlos, así que usa lo que tiene: sus dientes. El animal es un héroe, por supuesto, pero aquí viene el meollo ridículo de la película: como el perro mordió al niño que salvó (y digamos que también a la harpía de la madre) y la ley establece que un animal que ataca a un humano debe ser sacrificado, eso es lo que se hará: el perro será sacrificado.

 

media.discovermine

 

Bueno, eso es lo que pasó hace un par de meses en Nueva Gales del Sur, en Australia y, por supuesto, después de la sorpresa inicial, comienzan a aparecer las frases y las preguntas de rigor. Las primeras son las más obvias, esas en las que todos caemos pero donde se quedan las personas como la tía Esmeralda, que nunca pasa de los titulares. Cosas como «No, si yo te digo que ya no se sabe quién es más animal…» o lo que dice el indignado de siempre «¡A ella habría que matarla, no al perro, que es un héroe!».

derechos de los animalesDespués podemos pasar a una segunda categoría de preguntas que, si bien tienen la misma base y el mismo fundamento que lo que acabo de decir, su objetivo es el de ir un poco más allá en estas cuestiones. Por ejemplo: ¿No va siendo hora que comencemos a reconsiderar el concepto de animal? Hace quinientos años René Descartes quitó a Dios del centro de las cosas, pero puso al hombre en ese centro y, peor aún, puso al pensamiento allí. A partir de entonces los humanos nos hemos dedicado a fregar las cosas con más entusiasmo aún de lo que lo habíamos hecho antes. Ahora nada podía detenernos. Sin embargo, ahora, en pleno siglo XXI, vemos que no somos más racionales que antaño o vemos que el concepto de racionalidad, para ser más precisos, debe ser puesto en tela de juicio.

Animales

En otras palabras; lo que quiero decir es que tal vez debamos, ahora, descentrar al ser humano de manera definitiva y colocarlo donde corresponde: en un sitio particular y privilegiado dentro del entramado de la naturaleza. Y soy consciente de que dije «privilegiado»; pero no olvido que ese privilegio conlleva, también, la mayor de las responsabilidades. Sólo de ese modo dejaremos de ahogar a nuestros niños en un lago y, por sobre todo, dejaremos de asombrarnos de lo que puede hacer la naturaleza con los dientes de un Pitbull.

 

Hay muchos artículos sobre esta noticia en la red; aquí les dejaré el enlace a uno solo de ellos para que vean que no deliro. Quise decir: aquí.